Hipo: qué es, causas y cómo quitarlo

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15 Sep. 2026
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Resumen

Puntos clave sobre el hipo

  • El hipo está causado por una contracción involuntaria del diafragma y de otros músculos respiratorios, seguida del cierre rápido de la glotis, que produce el sonido característico.
  • La mayoría de las veces dura pocos minutos y desaparece por sí solo.
  • Comer demasiado o muy rápido, tragar aire, beber refrescos u otras bebidas gaseosas o alcohol y situaciones de ansiedad o excitación son algunos de los desencadenantes más frecuentes.
  • Aguantar la respiración durante unos segundos, beber pequeños sorbos de agua fría y otras maniobras sencillas pueden interrumpir el episodio, aunque ninguna funciona en todas las personas.
  • El hipo que dura más de 48 horas se considera persistente. Cuando se mantiene durante más de un mes, se denomina hipo intratable.
  • El hipo persistente debe ser investigado, ya que puede estar relacionado con enfermedades, alteraciones metabólicas o medicamentos.
  • Busque atención médica antes de que transcurran 48 horas si el hipo se acompaña de dificultad para respirar, dolor en el pecho o síntomas neurológicos, como debilidad, alteración del habla, confusión o pérdida del equilibrio.
  • El hipo es muy frecuente en recién nacidos y bebés y, en la mayoría de los casos, no indica ninguna enfermedad.

¿Qué es el hipo?

El hipo es una contracción súbita e involuntaria del diafragma y, en menor medida, de otros músculos de la respiración, seguida del cierre rápido de la glotis, la abertura situada entre las cuerdas vocales. Es este cierre brusco el que produce el conocido sonido del hipo.

En la inmensa mayoría de los casos, el hipo es un problema autolimitado, de corta duración y sin ninguna relevancia clínica. Sin embargo, en algunas personas puede ser persistente y convertirse en un problema crónico y difícil de controlar.

¿Cómo se produce el hipo?

El diafragma es un músculo situado entre el tórax y el abdomen y es el principal músculo de la respiración. Gracias al movimiento del diafragma podemos llenar y vaciar nuestros pulmones de aire.

Durante una inspiración normal, el diafragma se contrae y desciende, aumentando el volumen de la cavidad torácica. Como consecuencia, la presión dentro del tórax disminuye, lo que favorece la expansión de los pulmones. A medida que los pulmones se expanden, la presión en el interior de los alvéolos queda momentáneamente por debajo de la presión atmosférica, creando un gradiente que hace que el aire entre por las vías respiratorias.

Una comparación sencilla consiste en imaginar el diafragma como el émbolo de una jeringa. Cuando el émbolo se tira hacia atrás, aumenta el espacio dentro de la jeringa, disminuye la presión y entra aire. En el tórax sucede algo parecido: el movimiento del diafragma crea una diferencia de presión que hace que el aire entre en los pulmones.

Cuando el émbolo se empuja hacia dentro, el espacio dentro de la jeringa disminuye, la presión aumenta y el aire es expulsado. En el tórax ocurre algo similar durante la espiración: el diafragma se relaja y asciende, reduciendo el volumen de la cavidad torácica y favoreciendo la salida del aire de los pulmones.

El hipo aparece cuando el diafragma sufre una contracción súbita e involuntaria que provoca una inspiración rápida. Casi inmediatamente después, el mismo reflejo nervioso que desencadenó esta contracción activa los músculos de la laringe, haciendo que las cuerdas vocales se aproximen y la glotis se cierre bruscamente. Este cierre interrumpe de forma repentina el flujo de aire que estaba entrando y produce el sonido característico del hipo, el conocido «hip».

Cómo se produce el hipo
Cómo se produce el hipo

El hipo puede afectar a ambos lados del diafragma, aunque el hemidiafragma izquierdo está implicado en aproximadamente el 80 % de los casos. Se desconoce el motivo de este predominio.

Con el cierre brusco de la glotis, algunas personas tragan aire durante los episodios de hipo, pero la entrada de aire en el estómago no forma parte del mecanismo necesario para que se produzca el hipo. El fenómeno es esencialmente un reflejo respiratorio y laríngeo, aunque la distensión del estómago y la deglución excesiva de aire pueden desencadenar episodios de hipo en algunas personas.

¿Cómo se clasifica el hipo?

La mayoría de los episodios duran pocos minutos y desaparecen espontáneamente o después de alguna maniobra sencilla, como beber agua o aguantar la respiración.

Según su duración, el hipo puede clasificarse en:

  • Hipo agudo o transitorio: dura menos de 48 horas. En la práctica, la inmensa mayoría desaparece en pocos minutos.
  • Hipo persistente: se mantiene durante más de 48 horas.
  • Hipo intratable: dura más de un mes.

También hay personas que presentan hipo recurrente, es decir, varios episodios separados por períodos sin hipo. Esto es diferente de un episodio persistente, que se mantiene prácticamente sin interrupción durante más de 48 horas.

El hipo común rara vez tiene algún significado clínico y no requiere evaluación médica.

En cambio, el hipo persistente e intratable merece ser investigado, ya que es mayor la posibilidad de que exista alguna enfermedad, alteración metabólica o medicamento que esté desencadenando el problema. Aun así, incluso después de una investigación, no siempre es posible identificar una causa.

¿Qué causa el hipo?

No sabemos exactamente por qué algunas personas desarrollan hipo en determinadas situaciones y otras no.

El hipo se produce por la activación de un circuito neurológico denominado arco reflejo del hipo. Este circuito recibe estímulos procedentes del tórax, el abdomen, el cuello y la garganta a través de nervios como el vago y el frénico y de fibras del sistema nervioso simpático.

Después de que estos estímulos sean procesados por el sistema nervioso central, se genera una respuesta motora que provoca la contracción involuntaria del diafragma y de otros músculos de la inspiración y el cierre casi inmediato de la glotis.

En los episodios breves y habituales es frecuente que no exista una única causa identificable. Entre las situaciones que con mayor frecuencia desencadenan el hipo se encuentran:

  • Fumar.
  • Comer demasiado y dejar el estómago muy lleno.
  • Comer muy rápido.
  • Tragar mucho aire.
  • Beber refrescos u otras bebidas gaseosas.
  • Beber alcohol.
  • Alimentos muy condimentados o picantes.
  • Cambios bruscos de temperatura, incluso al ingerir líquidos o alimentos muy calientes o muy fríos.
  • Estrés emocional.
  • Ansiedad o excitación.

La distensión del estómago es probablemente uno de los mecanismos más frecuentes. Esto ayuda a explicar por qué comer demasiado, comer rápidamente, tragar aire o consumir bebidas gaseosas puede desencadenar un episodio.

Todavía no se conoce bien por qué estos estímulos provocan hipo solamente en algunas personas y únicamente en determinados momentos.

Si suele presentar episodios con frecuencia, intente identificar si existe algún desencadenante recurrente. A veces, cambios sencillos, como comer más despacio y evitar comidas muy abundantes, son suficientes para reducir la frecuencia de los episodios.

Hipo constante o persistente: ¿qué puede ser?

El hipo que se mantiene durante más de 48 horas es muy diferente de los episodios habituales que duran algunos minutos.

El hipo persistente puede aparecer cuando una enfermedad, una alteración metabólica o un medicamento interfieren en alguna parte del arco reflejo del hipo. Esto puede ocurrir por irritación o lesión de los nervios implicados, por alteraciones del sistema nervioso central o por cambios metabólicos que hacen que este circuito sea más excitable y favorecen la repetición involuntaria del reflejo.

Existen decenas de posibles causas. Las principales se describen a continuación.

Problemas del aparato digestivo

El aparato digestivo es una fuente frecuente de estímulos capaces de provocar hipo prolongado, principalmente porque el esófago y el estómago se encuentran cerca del diafragma y reciben una extensa inervación del nervio vago.

Entre las posibles causas se encuentran:

Problemas en el tórax, el cuello o el oído

Cualquier proceso capaz de irritar el nervio vago, el nervio frénico o las estructuras próximas al diafragma puede desencadenar hipo.

Algunos ejemplos son:

  • Neumonía.
  • Inflamación de la pleura, la membrana que recubre los pulmones.
  • Embolia pulmonar.
  • Pericarditis, inflamación de la membrana que rodea el corazón.
  • Infarto agudo de miocardio.
  • Aneurisma de aorta.
  • Tumores del cuello o del tórax.
  • Aumento importante del tamaño de la tiroides, denominado bocio.
  • Faringitis o amigdalitis.
  • Irritación del tímpano u objetos extraños dentro del oído (incluso un cabello que roce el tímpano puede actuar como desencadenante).

Enfermedades del sistema nervioso central

El sistema nervioso central participa en el control del reflejo del hipo. Por este motivo, las enfermedades que afectan principalmente al tronco encefálico, pero también a otras regiones del cerebro o de la médula espinal, pueden provocar episodios prolongados.

Algunas causas son:

Alteraciones metabólicas

Las alteraciones de los niveles de electrolitos, glucosa y otras sustancias en la sangre también pueden interferir en el funcionamiento del reflejo del hipo.

Entre las principales situaciones asociadas se encuentran:

Medicamentos

Algunos medicamentos pueden provocar o prolongar los episodios de hipo.

Entre los más relacionados se encuentran:

  • Corticoides, principalmente la dexametasona.
  • Benzodiazepinas, como diazepam y midazolam.
  • Algunos opioides.
  • Levodopa y otros medicamentos que interfieren en la transmisión dopaminérgica.
  • Medicamentos utilizados durante la anestesia general.
  • Algunos antieméticos, como el ondansetrón.
  • Alfa-metildopa.
  • Diversos medicamentos utilizados en quimioterapia, como fluorouracilo, cisplatino, carboplatino, capecitabina y otros.

En pacientes con cáncer, muchas veces es difícil determinar si el hipo está provocado directamente por la enfermedad, por la distensión del estómago, por una cirugía reciente o por los medicamentos utilizados en el tratamiento. Los corticoides, especialmente la dexametasona, y algunos esquemas de quimioterapia son desencadenantes bien reconocidos.

Hipo después de una cirugía o anestesia

El hipo también puede aparecer después de una cirugía. Entre los posibles mecanismos se encuentran la distensión del estómago, la manipulación de órganos durante la operación, la irritación del nervio frénico y la estimulación de la glotis provocada por la intubación durante la anestesia general.

La mayoría de las veces, el cuadro es transitorio. Si persiste o resulta muy molesto, el equipo médico debe evaluar otras posibles causas.

¿Cómo se estudia el hipo persistente?

Cuando el hipo dura más de 48 horas, el médico busca inicialmente posibles causas mediante la historia clínica y el examen físico.

Es importante saber cuándo comenzó el episodio, si existe relación con la alimentación, el reflujo, el consumo de alcohol o algún medicamento nuevo y si recientemente se ha realizado una cirugía, anestesia, quimioterapia u otra intervención médica.

También es útil saber si el hipo desaparece durante el sueño o continúa incluso mientras la persona duerme. Su persistencia durante el sueño hace menos probable que el problema esté provocado únicamente por factores emocionales o psicológicos.

Durante la evaluación deben buscarse síntomas digestivos, respiratorios, cardíacos y neurológicos.

Dependiendo del cuadro, pueden solicitarse análisis de sangre, como hemograma, electrolitos, calcio, función renal y pruebas de función hepática. La radiografía de tórax también puede ser útil para buscar alteraciones pulmonares, mediastínicas u otras causas torácicas de irritación del diafragma y de los nervios implicados en el reflejo del hipo.

Si existe alguna sospecha específica, la investigación puede incluir endoscopia digestiva, tomografía computarizada del tórax o del abdomen, resonancia magnética cerebral u otras pruebas.

Por lo tanto, no existe una única batería de pruebas indicada para todas las personas con hipo persistente. El estudio se orienta según los síntomas y los hallazgos del examen médico.

¿Cuándo es peligroso el hipo?

En la gran mayoría de los casos, el hipo es solamente una molestia pasajera y no representa ningún peligro.

La duración es una de las principales señales de alerta. Por convención, el hipo que se mantiene durante más de 48 horas se denomina persistente, pero este límite no debe interpretarse como una regla que indique que solo hay que buscar atención médica después de dos días. Un episodio que dure horas y esté causando un malestar importante, impidiendo a la persona dormir, comer, beber o respirar normalmente, también merece una evaluación.

La evaluación médica debe adelantarse si el hipo se acompaña de síntomas como:

  • Dificultad para respirar.
  • Dolor en el pecho.
  • Fiebre persistente.
  • Vómitos repetidos.
  • Debilidad o entumecimiento en un lado del cuerpo.
  • Alteración del habla.
  • Dificultad para caminar o pérdida del equilibrio.
  • Confusión mental.
  • Dolor de cabeza intenso o diferente del habitual.

Incluso cuando no existe una enfermedad grave detrás del cuadro, el hipo muy prolongado puede perjudicar el sueño, dificultar la alimentación y la ingesta de líquidos y provocar cansancio, pérdida de peso y deshidratación.

¿El hipo puede matar?

No. El hipo común no mata. Los episodios habituales son benignos y desaparecen espontáneamente en pocos minutos. No causan la muerte ni dejan secuelas.

El problema aparece cuando el hipo persiste durante muchos días, semanas o meses. En estos casos puede provocar privación del sueño, dificultad para comer y beber, pérdida de peso, deshidratación, agotamiento y un deterioro importante de la calidad de vida.

Además, un hipo muy prolongado puede ser una señal de alguna enfermedad neurológica, metabólica, gastrointestinal o torácica. Por este motivo, cuando dura más de 48 horas, la principal preocupación no es que el hipo sea mortal, sino identificar por qué no está desapareciendo y tratar la causa.

¿Cómo quitar el hipo?

El hipo común desaparece por sí solo en pocos minutos y no necesita un tratamiento específico.

Sin embargo, a nadie le gusta tener hipo, y existen algunas maniobras sencillas que se pueden intentar para interrumpir el episodio.

Muchas de estas técnicas intentan modificar temporalmente el ritmo de la respiración, aumentar la concentración de dióxido de carbono en la sangre o estimular nervios implicados en el reflejo del hipo. Por ejemplo:

  • Cuando nos llevamos un susto, se produce una activación súbita del sistema nervioso autónomo y un cambio brusco en la actividad de los centros nerviosos implicados en la respiración. Esta alteración puede interrumpir temporalmente el circuito responsable del hipo.
  • Cuando aguantamos la respiración, aumenta el nivel de dióxido de carbono (CO₂) en la sangre. Como el CO₂ es un importante regulador de la respiración, este cambio puede modificar la actividad de los centros respiratorios y del arco reflejo del hipo, haciendo que el episodio cese.
  • Cuando bebemos agua fría, el paso del agua por la boca, la garganta y el esófago produce estímulos sensitivos intensos, incluso a través del nervio vago. Este cambio brusco en las señales que llegan al sistema nervioso puede interferir en el arco reflejo del hipo e interrumpir el episodio.

Existe una explicación fisiológica plausible para varias de estas maniobras que ayudan a interrumpir un episodio de hipo; sin embargo, faltan estudios de buena calidad que permitan afirmar cuál funciona mejor.

Por este motivo, una técnica puede funcionar rápidamente en una persona y no producir ningún efecto en otra.

Ejemplos de algunas técnicas que pueden ayudar a quitar el hipo

Puede intentar:

  • Llevarse un susto.
  • Recibir cosquillas.
  • Aguantar la respiración durante unos segundos.
  • Hacer gárgaras con agua fría.
  • Beber pequeños sorbos de agua fría.
  • Chupar un pequeño trozo de hielo.
  • Realizar una maniobra de Valsalva, es decir, cerrar la boca, taparse la nariz e intentar espirar suavemente contra la resistencia durante unos 5 a 10 segundos.
  • Chupar o morder un trozo de limón.
  • Masticar un pequeño trozo de jengibre.
  • Tirar suavemente de la lengua hacia delante durante unos segundos.
  • Toser voluntariamente varias veces.
  • Tragar una pequeña cantidad de azúcar granulado.
  • Doblar las rodillas y abrazar las piernas, acercándolas al pecho.
  • Inclinar el tronco hacia delante durante unos instantes.
  • Beber agua lentamente por el borde opuesto del vaso, inclinando el tronco hacia delante.
  • Probar una pequeña cantidad de vinagre.
  • Presionar suavemente los tragos —las pequeñas prominencias situadas en la entrada de los oídos— durante unos segundos.

Existen muchos otros métodos populares para intentar interrumpir el hipo. Algunos consisten en presionar determinados puntos de los dedos, las manos u otras partes del cuerpo, pero no existe ningún punto específico cuya presión haya demostrado ser eficaz para detener el hipo.

Otras maniobras intentan estimular intensamente el nervio vago o alterar la respiración. Aunque algunas tienen una explicación fisiológica plausible, no vale la pena recurrir a técnicas potencialmente peligrosas solo para tratar un episodio que, en la mayoría de los casos, desaparece espontáneamente. Por este motivo, no recomendamos provocar atragantamientos, introducir objetos en la garganta, presionar los ojos ni respirar repetidamente dentro de una bolsa de papel.

Cómo tratar el hipo persistente o intratable

Cuando existe una causa identificable para el hipo persistente, el tratamiento debe dirigirse a ella. Si el problema es una alteración de los niveles de sodio, por ejemplo, es necesario corregirla. Si un medicamento está provocando el cuadro, el médico puede decidir sustituirlo o suspenderlo.

El reflujo gastroesofágico es una causa frecuente de hipo persistente. Cuando existe reflujo conocido o se sospecha su presencia, el médico puede indicar una prueba terapéutica con omeprazol, pantoprazol u otro inhibidor de la bomba de protones. En algunos casos de hipo persistente, este tratamiento puede plantearse incluso en ausencia de ardor de estómago o regurgitación típicos, ya que el reflujo no siempre produce los síntomas clásicos.

Esto no significa que el omeprazol sea un «medicamento para el hipo» en cualquier situación. Si la persona no tiene reflujo ni otro problema relacionado con la acidez gástrica, no hay motivos para esperar que el medicamento interrumpa el hipo.

Cuando no se identifica la causa, no puede corregirse o el hipo persiste hasta el punto de causar un malestar importante, pueden utilizarse algunos medicamentos para intentar interrumpir el reflejo del hipo.

Para el hipo persistente o intratable, el baclofeno y la gabapentina suelen ser las opciones preferidas como tratamiento inicial, especialmente cuando es necesario mantener la medicación durante más tiempo. La metoclopramida también puede utilizarse, sobre todo cuando se sospecha una causa gastrointestinal.

La clorpromazina puede ser bastante eficaz, pero actualmente tiende a reservarse para cuadros más intensos, incapacitantes o que no han respondido a las opciones anteriores, debido a su mayor riesgo de efectos adversos, como somnolencia, descenso de la presión arterial y alteraciones neurológicas.

Otros medicamentos, como haloperidol, pregabalina y algunos anticonvulsivantes, también se han utilizado en casos seleccionados, pero existe menos experiencia y menos información sobre su eficacia.

En general, la evidencia científica sobre el tratamiento farmacológico del hipo sigue siendo limitada. El baclofeno y la metoclopramida cuentan con pequeños estudios clínicos, mientras que la gabapentina y la clorpromazina están respaldadas principalmente por estudios observacionales y series de casos. Por este motivo, no existe un medicamento considerado el mejor para todos los pacientes.

La elección depende de la probable causa del hipo, de la intensidad de los síntomas, de las enfermedades que presenta el paciente y del perfil de efectos adversos de cada fármaco. El baclofeno y la gabapentina, por ejemplo, deben utilizarse con mayor precaución en pacientes con enfermedad renal.

Estos medicamentos no deben utilizarse por cuenta propia para tratar un episodio común de hipo.

La acupuntura y la hipnosis también se han utilizado en casos persistentes. Algunos estudios sugieren un posible beneficio de la acupuntura, principalmente en pacientes con cáncer o después de un ACV, pero la calidad de la evidencia sigue siendo limitada y estos métodos no sustituyen la investigación ni el tratamiento de la causa del hipo.

En los casos extremadamente raros en los que el hipo intratable no responde al tratamiento de la causa ni a los medicamentos, pueden considerarse procedimientos sobre los nervios implicados en el reflejo del hipo. Se han descrito el bloqueo y la estimulación del nervio frénico, pero son intervenciones excepcionales, con poca evidencia disponible y riesgos propios, indicadas únicamente en pacientes cuidadosamente seleccionados.

Hipo en bebés y niños

El hipo es muy frecuente en los recién nacidos y durante los primeros meses de vida. De hecho, ya aparece durante el embarazo.

Los bebés prematuros tienden a tener hipo con una frecuencia aún mayor, y los episodios se vuelven progresivamente menos frecuentes a medida que madura el sistema nervioso.

Todavía no sabemos exactamente cuál es la función del hipo durante la vida fetal y neonatal. Los estudios muestran que cada contracción del diafragma durante el hipo produce señales detectables en el cerebro del recién nacido. Una de las hipótesis es que estos estímulos participen en la maduración de los circuitos cerebrales relacionados con los movimientos respiratorios, pero esta función todavía no está demostrada de forma definitiva.

En la inmensa mayoría de los casos, el hipo causa muchas más molestias a los padres que al propio bebé. Un bebé sano generalmente no siente dolor, angustia ni sufrimiento durante un episodio.

En los niños mayores, los episodios breves suelen presentar las mismas características observadas en los adultos. Comer deprisa, llenar demasiado el estómago e ingerir bebidas gaseosas, por ejemplo, pueden desencadenar hipo.

Los episodios aislados de hipo, aunque se produzcan varias veces a lo largo del día, no son suficientes para diagnosticar reflujo gastroesofágico en un bebé.

¿Cómo quitar o reducir el hipo del bebé?

En la mayoría de los casos no es necesario hacer nada. El hipo desaparece por sí solo.

Cuando el episodio aparece durante una toma, puede ser útil interrumpir la alimentación durante unos instantes, cambiar la posición del bebé e intentar que eructe. Cuando esté más tranquilo, puede reanudarse la toma.

Si el bebé suele tener hipo durante las tomas, algunas medidas pueden reducir la frecuencia de los episodios:

  • Evite que llegue a la toma con demasiada hambre y agitación.
  • Intente evitar que se alimente demasiado rápido.
  • Compruebe que el agarre al pecho sea adecuado.
  • Si utiliza biberón, compruebe que el flujo de la tetina no sea excesivamente rápido.
  • Haga pequeñas pausas durante la alimentación si el bebé está tragando mucho aire.
  • Después de la toma, manténgalo en posición vertical durante unos minutos mientras esté despierto.

Estas medidas buscan principalmente reducir la cantidad de aire tragado y la distensión del estómago.

Sin embargo, para dormir, el bebé debe colocarse siempre boca arriba, sobre una superficie plana y firme, independientemente de que tenga hipo o reflujo.

No utilice en los bebés las maniobras empleadas por los adultos. No los asuste, no les presione los ojos ni la fontanela, no les tire de la lengua ni introduzca objetos en la boca o en la garganta.

Tampoco ofrezca agua, azúcar ni miel únicamente para intentar interrumpir el hipo.

Consulte al pediatra si los episodios de hipo son muy prolongados o frecuentes hasta el punto de perjudicar la alimentación o el sueño, o si se acompañan de dificultad para respirar, vómitos repetidos, fiebre, dificultad para alimentarse, somnolencia excesiva o una ganancia de peso insuficiente.

A medida que el niño crece, los episodios de hipo tienden a hacerse menos frecuentes. Si un niño mayor presenta hipo persistente o recurrente sin una explicación clara, conviene comentarlo con el pediatra.


book Referencias bibliográficas
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  • American Academy of Pediatrics. Baby Burping, Hiccups & Spit-Up. HealthyChildren.org.


Dudas de los lectores sobre este tema

Preguntas seleccionadas por el editor por su relevancia para este artículo.

Más comentarios de los lectores

  1. Sandra vallejo

    Mi esposo lleva 8 días con hipo le da por unas dos horas y le pasa vuelve es persistente ya lleva tomando medicamentos y haciendo todos las recomendaciones caseras pero nada que le pasa 😫

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