Resumen
Puntos clave sobre la meningitis
- La meningitis es una inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal.
- Las bacterias, los virus, los hongos y los parásitos son posibles causas de meningitis.
- La fiebre, el dolor de cabeza intenso y la rigidez de nuca se encuentran entre los síntomas más típicos.
- La meningitis bacteriana es una emergencia médica y requiere tratamiento rápido con antibióticos.
- Muchas formas de meningitis tienen cura, pero el pronóstico depende de la causa, de la gravedad de la enfermedad y de la rapidez con la que se inicia el tratamiento.
- No todas las meningitis son contagiosas. El riesgo de transmisión depende del agente causante y del tipo de contacto.
- La punción lumbar, con análisis del líquido cefalorraquídeo, es la principal prueba para confirmar el diagnóstico.
- Existen vacunas capaces de prevenir varias de las principales formas de meningitis bacteriana.
¿Qué es la meningitis?
Meningitis es el nombre que damos a la inflamación de las meninges, las membranas que rodean y protegen el cerebro y la médula espinal.
La mayoría de las veces, la meningitis se debe a una infección, principalmente por virus o bacterias, pero los hongos, los parásitos y algunas enfermedades no infecciosas también pueden inflamar las meninges.
La meningitis bacteriana es la forma que más preocupa, ya que puede provocar sepsis, lesiones neurológicas permanentes o la muerte. La meningitis meningocócica, causada por la bacteria Neisseria meningitidis, es especialmente temida por la posibilidad de una evolución muy rápida, sobre todo cuando aparece junto con meningococemia, que es la diseminación del meningococo por el torrente sanguíneo.
¿Qué son las meninges y dónde se encuentran?
Del mismo modo que el pulmón está rodeado por la pleura y el corazón por el pericardio, el sistema nervioso central, formado por el cerebro y la médula espinal, está rodeado por unas membranas llamadas meninges.
Las meninges están compuestas por tres capas:
- Duramadre: es la membrana más externa, gruesa y resistente, situada junto a los huesos del cráneo y de la columna vertebral.
- Aracnoides: es la membrana intermedia.
- Piamadre: es la membrana más interna, fina y adherida a la superficie del cerebro y de la médula espinal.
Entre la aracnoides y la piamadre se encuentra el espacio subaracnoideo, por donde circula el líquido cefalorraquídeo, también llamado líquor.

En la meningitis, la inflamación suele afectar principalmente a la piamadre, la aracnoides y el líquido cefalorraquídeo.
Tipos y causas de meningitis
La meningitis puede clasificarse según su causa. En la mayoría de los casos, la inflamación de las meninges se debe a una infección, principalmente por virus o bacterias. Los hongos y los parásitos también pueden causar meningitis, aunque son causas mucho menos frecuentes.
También existen meningitis no infecciosas, que pueden aparecer en enfermedades como el cáncer y el lupus, o como reacción a determinados medicamentos. Los traumatismos craneales y las cirugías del sistema nervioso también pueden estar asociados al desarrollo de meningitis, entre otros motivos porque pueden facilitar la entrada de microorganismos en el sistema nervioso central.
Por lo tanto, no todas las meningitis son infecciosas ni todas las meningitis infecciosas son contagiosas. Incluso cuando la causa es un microorganismo, la posibilidad de transmisión de una persona a otra depende del agente implicado y de cómo se propaga.
Meningitis bacteriana
La meningitis bacteriana es, en general, la forma más grave.
Las bacterias más importantes varían según la edad, el estado inmunitario y otros factores de riesgo. Entre las principales se encuentran:
- Neisseria meningitidis: conocida como meningococo.
- Streptococcus pneumoniae: conocida como neumococo.
- Haemophilus influenzae tipo b: Hib.
- Streptococcus agalactiae: estreptococo del grupo B.
- Listeria monocytogenes.
- Staphylococcus aureus.
En los recién nacidos, el estreptococo del grupo B es una de las causas más importantes. En los niños mayores y los adolescentes, el meningococo y el neumococo se encuentran entre los principales agentes. En los adultos sin inmunosupresión, el neumococo es actualmente la causa más frecuente de meningitis bacteriana aguda, seguido del meningococo. En las personas mayores de 60 años o con el sistema inmunitario debilitado, Listeria monocytogenes es un agente importante.
La vacunación contra Haemophilus influenzae tipo b y el neumococo ha reducido notablemente la incidencia de estas infecciones, principalmente en los niños. Las vacunas contra ambos forman parte de los calendarios infantiles de España y de numerosos países de América Latina: la protección frente al Hib suele estar incluida en vacunas combinadas, como la pentavalente o la hexavalente, según el país, mientras que las vacunas neumocócicas conjugadas protegen frente al neumococo.
Otras enfermedades bacterianas, como la tuberculosis y la sífilis, también pueden afectar a las meninges, aunque generalmente presentan una evolución diferente de la meningitis bacteriana aguda típica.
Meningitis viral
La meningitis viral es más común que la bacteriana y, en la mayoría de los casos, presenta una evolución más leve.
Los enterovirus no poliomielíticos, como los virus Coxsackie y los echovirus, son los agentes más frecuentes. Sin embargo, otros muchos virus pueden afectar a las meninges, entre ellos:
- VIH.
- Virus del herpes simple.
- Virus de las paperas.
- Virus varicela-zóster, causante de la varicela y del herpes zóster.
- Virus de Epstein-Barr, causante de la mononucleosis.
- Citomegalovirus.
- Algunos arbovirus, como los virus del dengue, del Zika, del chikungunya y de la fiebre del Nilo Occidental.
La mayoría de las personas con meningitis viral leve mejora espontáneamente, habitualmente en unos 7 a 10 días. Sin embargo, los recién nacidos, las personas mayores, las personas inmunosuprimidas y los pacientes infectados por determinados virus, como los herpesvirus, pueden presentar cuadros más graves y necesitar hospitalización y tratamiento específico.
Meningitis fúngica
La meningitis fúngica es poco frecuente y suele aparecer cuando un hongo presente en otra región del organismo se disemina por la sangre y alcanza el sistema nervioso central.
Es más común en personas con el sistema inmunitario debilitado, como pacientes con infección avanzada por el VIH, cáncer, trasplante de órganos o uso prolongado de medicamentos inmunosupresores.
Entre los hongos que pueden causar meningitis se encuentran:
- Cryptococcus neoformans y Cryptococcus gattii.
- Coccidioides.
- Histoplasma.
- Candida.
La meningitis fúngica no suele transmitirse de persona a persona y con frecuencia requiere un tratamiento antifúngico prolongado.
Meningitis parasitaria y meningitis eosinofílica
Algunos parásitos también pueden provocar meningitis.
Una forma conocida es la meningitis eosinofílica, en la que aumenta la cantidad de eosinófilos, un tipo de glóbulo blanco, en el líquido cefalorraquídeo. Una de sus causas es el parásito Angiostrongylus cantonensis, conocido como gusano pulmonar de la rata, que puede infectar a los seres humanos tras la ingestión de caracoles, babosas o alimentos contaminados.
Otros parásitos también pueden, más raramente, alcanzar el sistema nervioso central. Entre los principales se encuentran Gnathostoma spinigerum y Baylisascaris procyonis, que, al igual que Angiostrongylus cantonensis, pueden provocar meningitis o meningoencefalitis eosinofílica. La meningitis parasitaria es mucho menos común que las formas viral y bacteriana.
Meningitis no infecciosa
La inflamación de las meninges también puede aparecer sin ninguna infección. Entre las posibles causas se encuentran:
- Enfermedades autoinmunes e inflamatorias, como el lupus, el síndrome de Behçet y la sarcoidosis.
- Algunos medicamentos, como los antiinflamatorios no esteroideos, ciertos antibióticos, principalmente trimetoprim-sulfametoxazol y amoxicilina, y la inmunoglobulina intravenosa.
- Tumores, como linfomas, leucemias y metástasis de tumores sólidos en las meninges.
Nota: la meningitis inducida por antibióticos es posible, pero muy poco frecuente.
En raras ocasiones, los procedimientos neuroquirúrgicos también pueden desencadenar una meningitis aséptica de origen no infeccioso, causada por la inflamación de las meninges sin que exista una infección.
En todas las situaciones descritas anteriormente, no existe riesgo de transmitir la meningitis a otras personas.
¿La meningitis es contagiosa? ¿Cómo se transmite?
No es propiamente la meningitis lo que pasa de una persona a otra. Lo que puede transmitirse es el microorganismo capaz de causar meningitis, como determinadas bacterias o virus.
Esto significa que entrar en contacto con una persona infectada y adquirir el mismo microorganismo no implica necesariamente desarrollar meningitis. La mayoría de las veces, estos agentes provocan infecciones más leves o simplemente colonizan el organismo sin causar síntomas. El meningococo, por ejemplo, puede permanecer en la garganta de personas sanas sin provocar enfermedad; solo una pequeña proporción de las personas infectadas desarrolla meningitis o meningococemia. Del mismo modo, los enterovirus circulan con frecuencia entre la población, pero solo una minoría de las personas infectadas presenta meningitis.
Por eso, el riesgo de transmisión y el riesgo de desarrollar meningitis son dos cosas diferentes. Además, no todas las meningitis infecciosas se transmiten de persona a persona, y el riesgo de contagio varía según el agente causante y el tipo de contacto.
Meningitis bacteriana
Algunas bacterias que pueden causar meningitis viven temporalmente en la nariz y la garganta de personas sanas. Es el caso, principalmente, del meningococo, del neumococo y de Haemophilus influenzae.
En el caso de la enfermedad meningocócica, la transmisión se produce a través de las secreciones respiratorias y de la saliva, generalmente cuando existe contacto estrecho o prolongado.
Vivir en la misma casa o dormitorio, besarse en la boca, tener contacto directo con secreciones respiratorias o permanecer muy cerca de la persona infectada durante varias horas son situaciones de mayor riesgo.
En cambio, un encuentro breve, un saludo, conversar durante unos minutos o simplemente pasar por el mismo lugar no suelen considerarse exposiciones importantes.
Compartir ocasionalmente vasos o cubiertos no supone el mismo riesgo que vivir o dormir con una persona infectada. Sin embargo, los objetos que realmente intervienen en el intercambio de saliva pueden constituir una exposición relevante.
Los criterios concretos de contacto estrecho pueden variar entre países. Entre las situaciones que deben evaluarse tras un caso de enfermedad meningocócica se encuentran:
- Personas que comparten la misma vivienda o dormitorio.
- Personas directamente expuestas a secreciones de la boca o de la nariz, como al besarse o compartir objetos que permitan el intercambio de saliva.
- Exposición continua durante varias horas a muy corta distancia en un espacio cerrado; los umbrales concretos de tiempo y distancia dependen del protocolo local.
- Determinadas exposiciones repetidas a lo largo de varios días, como puede ocurrir en guarderías, escuelas o lugares de trabajo.
- Profesionales sanitarios que hayan tenido contacto directo con secreciones respiratorias durante procedimientos, sin el equipo de protección adecuado.
Por lo tanto, ser compañero de clase o trabajar en el mismo lugar no significa automáticamente ser un contacto de riesgo. Deben tenerse en cuenta el tipo, la proximidad y la duración de la exposición.
Un caso aislado de meningitis meningocócica tampoco significa que la escuela, el lugar de trabajo u otros espacios deban cerrarse o someterse a una desinfección especial. Sin embargo, en situaciones de brote, las medidas las determinan las autoridades de vigilancia epidemiológica.
Asistir a un velatorio, por sí solo, tampoco se considera una exposición que indique quimioprofilaxis. El riesgo está relacionado principalmente con la exposición a las secreciones respiratorias del paciente mientras estaba infectado.
Otro punto importante es que la mayoría de las personas colonizadas por el meningococo no desarrolla meningitis. Aproximadamente entre el 5 y el 10 % de la población puede portar la bacteria Neisseria meningitidis en la nasofaringe en un momento determinado sin presentar ningún síntoma. Solo una pequeña proporción desarrolla enfermedad invasiva, pero los portadores asintomáticos pueden participar en la transmisión de la bacteria.
La meningitis bacteriana también puede aparecer sin transmisión directa de otra persona. Una otitis media, una sinusitis o una mastoiditis, por ejemplo, pueden complicarse, en raras ocasiones, con la diseminación de la infección hacia las meninges.
Los traumatismos craneales que crean una comunicación entre el sistema nervioso y el exterior, algunas neurocirugías y el consumo de drogas inyectables también pueden aumentar el riesgo de meningitis bacteriana.
Meningitis viral
La forma de transmisión de la meningitis viral depende del virus causante.
Los enterovirus, responsables de gran parte de los casos, pueden transmitirse por las secreciones de la boca y de la nariz y, principalmente, por la vía fecal-oral. Las manos contaminadas después de ir al baño o cambiar pañales son una fuente importante de propagación, por lo que una higiene adecuada de las manos es una medida preventiva importante.
Es importante destacar que contraer un enterovirus no significa desarrollar meningitis. La gran mayoría de las personas infectadas presenta únicamente síntomas leves o permanece asintomática.
¿Qué meningitis son contagiosas?
La posibilidad de transmisión varía según la causa de la meningitis. La siguiente tabla resume las principales formas de la enfermedad y muestra en qué situaciones el agente puede transmitirse de una persona a otra.
| Causa o tipo de meningitis | Transmisión |
|---|---|
| Meningocócica — Neisseria meningitidis | Puede transmitirse entre personas, principalmente a través de secreciones respiratorias y saliva en contactos estrechos o prolongados. Los contactos de riesgo pueden necesitar quimioprofilaxis. |
| Haemophilus influenzae tipo b (Hib) | Puede transmitirse entre personas. En determinadas situaciones, los contactos estrechos también deben evaluarse para determinar si necesitan quimioprofilaxis. |
| Neumocócica — Streptococcus pneumoniae | El neumococo puede transmitirse entre personas, pero la meningitis neumocócica no suele justificar la indicación de quimioprofilaxis para los contactos. |
| Viral por enterovirus | Los virus son contagiosos, principalmente por la vía fecal-oral y, en algunos casos, a través de secreciones respiratorias. La mayoría de las personas infectadas no desarrolla meningitis. |
| Viral por herpesvirus | Depende del virus. El agente puede ser transmisible, pero la meningitis suele ser una complicación poco frecuente de la infección. |
| Tuberculosa | La meningitis en sí no se transmite. Lo que puede ser contagioso es la tuberculosis pulmonar que dio origen a la infección. |
| Fúngica | Generalmente no se transmite de persona a persona. La infección suele adquirirse del ambiente y aparece con mayor frecuencia en personas con alteraciones de la inmunidad. |
| Parasitaria | No suele transmitirse entre personas. La infección generalmente se produce por exposición ambiental o por la ingestión de alimentos contaminados. |
| No infecciosa | No es contagiosa. Incluye meningitis relacionadas con enfermedades autoinmunes, cáncer, medicamentos y otras causas no infecciosas. |
¿Qué hacer después de estar en contacto con una persona con meningitis?
No todas las personas que han estado en contacto con alguien diagnosticado de meningitis necesitan tomar antibióticos.
La quimioprofilaxis está indicada principalmente para los contactos estrechos de pacientes con enfermedad meningocócica y, en algunas circunstancias, de casos de enfermedad invasiva causada por Haemophilus influenzae tipo b.
En la enfermedad meningocócica, se considera relevante la exposición ocurrida en los días anteriores al inicio de los síntomas y hasta 24 horas después de que el paciente inicie un tratamiento capaz de eliminar la bacteria de la nasofaringe.
Los contactos de riesgo deben evaluarse rápidamente, ya que la profilaxis es más útil cuanto antes se administra. Su utilidad disminuye cuando se retrasa; el intervalo durante el cual sigue estando indicada debe valorarse según el momento de la exposición y el protocolo de las autoridades sanitarias locales.
¿Quién suele necesitar quimioprofilaxis?
Entre los ejemplos se encuentran:
- Familiares que viven en la misma casa.
- Personas que comparten dormitorio.
- Parejas íntimas.
- Personas que han tenido contacto directo con saliva o secreciones respiratorias.
- Determinadas exposiciones estrechas y prolongadas en escuelas, guarderías o lugares de trabajo.
- Profesionales sanitarios directamente expuestos a secreciones respiratorias sin la protección adecuada.
Los contactos breves y casuales generalmente no necesitan antibióticos preventivos.
En el caso de Haemophilus influenzae tipo b, los criterios son diferentes y tienen en cuenta principalmente la presencia, entre los contactos domiciliarios, de niños pequeños con vacunación incompleta o personas inmunocomprometidas.
Antibióticos utilizados para prevenir la enfermedad meningocócica
La quimioprofilaxis de la enfermedad meningocócica puede realizarse con rifampicina, ceftriaxona o ciprofloxacino. La elección depende de la edad, del embarazo, de las contraindicaciones, de la disponibilidad de los medicamentos y del patrón de resistencia del meningococo en la región.
Las recomendaciones pueden variar entre países. La Organización Mundial de la Salud recomienda actualmente ceftriaxona o ciprofloxacino en dosis única como opciones preferentes para los contactos estrechos. En el caso del ciprofloxacino, su uso depende de que no exista una resistencia local relevante a las fluoroquinolonas. La rifampicina sigue siendo una alternativa eficaz y se utiliza como primera opción en algunos protocolos nacionales.
Entre las pautas utilizadas se encuentran:
- Rifampicina:
- Niños menores de 1 mes: 5 mg/kg por dosis, cada 12 horas, durante 2 días.
- Niños a partir de 1 mes: 10 mg/kg por dosis, con un máximo de 600 mg por dosis, cada 12 horas, durante 2 días.
- Adultos: 600 mg, 2 veces al día, durante 2 días.
- Ceftriaxona: se administra por vía intramuscular, en dosis única. La dosis varía según la edad, generalmente 125 mg en niños y 250 mg en adolescentes de mayor edad y adultos.
- Ciprofloxacino: se administra por vía oral, en dosis única. En adultos, la pauta habitual es de 500 mg. Su uso en niños y adolescentes varía según el protocolo adoptado por las autoridades sanitarias locales; algunos protocolos restringen esta pauta a los adultos, mientras que otros contemplan su uso pediátrico con una dosis ajustada al peso.
La ceftriaxona suele ser la opción preferida durante el embarazo. La rifampicina presenta diversas interacciones medicamentosas, incluso con los anticonceptivos hormonales, y el uso del ciprofloxacino debe tener en cuenta la edad, el embarazo y la presencia de resistencia del meningococo a las fluoroquinolonas.
Por eso, la elección del antibiótico y de la dosis debe seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias del país donde ocurrió la exposición. Algunos protocolos utilizan la rifampicina como primera opción, mientras que otros pueden dar prioridad a la ceftriaxona o al ciprofloxacino.
Estos medicamentos deben ser prescritos por un profesional sanitario o indicados por las autoridades de vigilancia epidemiológica. No se recomienda tomar antibióticos por cuenta propia solo por haber estado en contacto con alguien que tuvo meningitis.
Incluso quienes hayan recibido quimioprofilaxis deben vigilar la aparición de síntomas durante los 10 días siguientes a la última exposición. La fiebre, el dolor de cabeza intenso, la rigidez de nuca, la somnolencia, la confusión o las manchas rojizas o violáceas en la piel justifican una evaluación médica inmediata.
Eficacia de la quimioprofilaxis
La quimioprofilaxis es muy eficaz para eliminar el meningococo de la nasofaringe. Los antibióticos utilizados habitualmente, como la rifampicina, la ceftriaxona y el ciprofloxacino, consiguen erradicar la colonización por Neisseria meningitidis en aproximadamente el 90-95 % de los casos.
La eliminación del estado de portador es importante porque reduce la posibilidad de transmitir la bacteria. Con ello también disminuye el riesgo de que aparezcan nuevos casos de enfermedad meningocócica entre familiares, personas que duermen en la misma casa, parejas íntimas u otros contactos estrechos del paciente. Estos nuevos episodios que aparecen después de la exposición al primer caso se denominan casos secundarios.
Sin embargo, la profilaxis no ofrece una protección absoluta. Por eso, incluso después de recibir el antibiótico preventivo, la persona expuesta debe permanecer atenta a la aparición de síntomas compatibles con enfermedad meningocócica durante los días posteriores a la exposición.
Síntomas de la meningitis
La meningitis bacteriana suele provocar un cuadro agudo y potencialmente grave. La meningitis viral, en la mayoría de los casos, es más leve. El problema es que, sobre todo al principio, no siempre es posible distinguir una de otra solo por los síntomas.
Los signos y síntomas más comunes de la meningitis son:
- Fiebre.
- Dolor de cabeza intenso.
- Rigidez de nuca.
- Náuseas y vómitos.
- Fotofobia (molestia excesiva ante la luz).
- Postración.
- Confusión mental.
- Somnolencia o dificultad para despertar.
- Convulsiones.
La combinación de fiebre, dolor de cabeza y rigidez de nuca es bastante típica, pero no es necesario que los tres síntomas estén presentes al mismo tiempo para que exista meningitis.
En los recién nacidos y los bebés, el cuadro puede ser menos característico. La irritabilidad, el llanto persistente, la dificultad para alimentarse al pecho, la somnolencia excesiva, los vómitos o el abombamiento de la fontanela pueden ser las principales manifestaciones.
En la enfermedad meningocócica pueden aparecer pequeñas manchas rojas o violáceas en la piel, llamadas petequias o púrpura, que generalmente no desaparecen al presionarlas. Estas lesiones indican principalmente una infección meningocócica en el torrente sanguíneo y pueden acompañar a un cuadro de sepsis. Sin embargo, la ausencia de estas manchas no excluye la meningitis meningocócica.

Cuando el proceso inflamatorio también afecta al propio tejido cerebral, se produce una meningoencefalitis, un cuadro en el que pueden aparecer alteraciones importantes de la conciencia, convulsiones, déficits neurológicos y coma.
En la enfermedad meningocócica, el período de incubación suele ser de unos 3 a 4 días, pero puede variar de 1 a 10 días. Una vez iniciados los síntomas, la evolución puede ser muy rápida.
Prueba del vaso: test de Tumbler
Cuando aparecen manchas rojizas o violáceas en la piel, puede realizarse la llamada prueba del vaso o test de Tumbler, que consiste en presionar firmemente un vaso transparente contra la zona afectada y puede hacerse en casa.

Si las manchas siguen siendo visibles a través del vidrio y no desaparecen con la presión, se trata de un patrón típico de petequias o púrpura.
Las petequias o las zonas violáceas que no desaparecen con la presión, especialmente cuando se acompañan de fiebre y deterioro del estado general, son un signo de alarma de enfermedad meningocócica y requieren una evaluación médica inmediata.
Sin embargo, la prueba del vaso no sirve para confirmar ni descartar meningitis o enfermedad meningocócica. Las manchas pueden no aparecer, ser muy discretas o, en las fases iniciales, desaparecer todavía al presionarlas. Si la persona está muy enferma, no se debe esperar a que aparezcan las manchas para buscar atención médica.
¿Cómo se diagnostica la meningitis?
La principal prueba para confirmar una sospecha de meningitis es la punción lumbar, un procedimiento en el que se extrae una pequeña cantidad de líquido cefalorraquídeo mediante una aguja introducida en la región lumbar.

El análisis del líquido cefalorraquídeo permite evaluar:
- La cantidad y el tipo de glóbulos blancos.
- La concentración de proteínas.
- La concentración de glucosa.
- La presencia de bacterias en la tinción de Gram.
- El crecimiento de bacterias en el cultivo.
- La presencia de material genético de bacterias o virus mediante pruebas moleculares, como la PCR.
Estos resultados ayudan no solo a confirmar que existe inflamación de las meninges, sino también a distinguir entre la meningitis bacteriana, la viral y otras formas de la enfermedad.
Los análisis de sangre también son útiles. Siempre que sea posible, deben obtenerse muestras para hemocultivos antes de iniciar el antibiótico, ya que pueden identificar la bacteria incluso cuando el cultivo del líquido cefalorraquídeo es negativo. El hemograma, la proteína C reactiva y la procalcitonina pueden aportar información adicional, pero ninguno de estos análisis de sangre, por sí solo, confirma o descarta la meningitis.
¿Es necesario realizar una tomografía antes de la punción lumbar?
No en todos los pacientes.
La tomografía de cráneo antes de la punción lumbar no está indicada de forma rutinaria, ya que puede retrasar innecesariamente el diagnóstico y el inicio del tratamiento.
Suele ser necesaria antes de la punción cuando existen signos que hacen sospechar una lesión cerebral expansiva o un aumento importante de la presión dentro del cráneo, como una alteración profunda del nivel de conciencia, déficits neurológicos focales, alteraciones de los nervios craneales, edema de la papila óptica, una convulsión de nueva aparición en un adulto o inmunosupresión grave.
Incluso cuando la punción lumbar debe posponerse para realizar una tomografía, el tratamiento de la sospecha de meningitis bacteriana no debe esperar a la prueba de imagen.
Tratamiento de la meningitis
La meningitis bacteriana es una emergencia médica.
Antes de la aparición de los antibióticos, la mortalidad de la meningitis bacteriana era extremadamente alta. Incluso en la actualidad, con los tratamientos modernos, alrededor de 1 de cada 6 pacientes con meningitis bacteriana muere y aproximadamente 1 de cada 5 presenta complicaciones importantes.
Ante una sospecha fundada, el paciente debe ser derivado inmediatamente a un centro hospitalario.
Tratamiento de la meningitis bacteriana
El tratamiento se realiza con antibióticos, generalmente por vía intravenosa.
La punción lumbar debe realizarse lo antes posible y, si es posible, antes de la primera dosis del antibiótico. Sin embargo, no se debe retrasar la administración del antibiótico para esperar una punción lumbar, una tomografía o los resultados de las pruebas cuando existe una sospecha importante de meningitis bacteriana.
La elección inicial de los antibióticos depende de la edad, del estado inmunitario, de las bacterias más probables y del patrón local de resistencia a los antimicrobianos. La ceftriaxona o la cefotaxima, por ejemplo, se utilizan con frecuencia como tratamiento inicial mientras todavía no se ha identificado la bacteria responsable.
En las personas con mayor riesgo de infección por Listeria monocytogenes, como las personas mayores, las embarazadas y los pacientes inmunosuprimidos, suele añadirse ampicilina o amoxicilina a la pauta inicial. En las regiones donde existe una elevada resistencia del neumococo a las penicilinas o a las cefalosporinas de tercera generación, también puede añadirse vancomicina hasta que estén disponibles los resultados de las pruebas de sensibilidad.
Una vez identificada la bacteria mediante el cultivo o las pruebas moleculares, el tratamiento puede ajustarse según el agente identificado y, cuando esté disponible, el resultado del antibiograma.
¿Cuándo se utilizan corticoides en la meningitis?
En muchos casos de sospecha de meningitis bacteriana, se utiliza un corticoide, generalmente dexametasona, junto con la primera dosis de antibiótico.
El objetivo es reducir la intensa respuesta inflamatoria provocada por la infección dentro del sistema nervioso y, con ello, disminuir el riesgo de algunas complicaciones, principalmente la pérdida de audición y las secuelas neurológicas.
Las directrices de la Organización Mundial de la Salud de 2025 recomiendan que, en situaciones no epidémicas en las que pueda realizarse la punción lumbar, el corticoide intravenoso se inicie junto con la primera dosis de antibiótico en niños y adultos con sospecha de meningitis bacteriana. Si el análisis del líquido cefalorraquídeo no es compatible con una infección bacteriana, debe suspenderse el corticoide.
Tratamiento de la meningitis viral
Los antibióticos no sirven para tratar la meningitis viral.
En la mayoría de los casos causados por enterovirus, el tratamiento consiste en reposo, hidratación, medicamentos para el dolor y la fiebre y seguimiento clínico. Muchos pacientes con cuadros leves mejoran espontáneamente en 7 a 10 días.
Sin embargo, esto no significa que todas las meningitis virales sean banales. Las personas con enfermedad grave, los recién nacidos, las personas mayores o los pacientes inmunosuprimidos pueden necesitar hospitalización. Además, algunas infecciones virales, como las causadas por determinados herpesvirus, pueden tratarse con medicamentos antivirales.
La distinción entre meningitis bacteriana y viral no debe hacerse en casa basándose únicamente en los síntomas. Ante la sospecha de meningitis, la evaluación médica debe ser rápida.
Tratamiento de la meningitis fúngica
La meningitis fúngica se trata con medicamentos antifúngicos, cuya elección depende del hongo causante y del estado inmunitario del paciente.
El tratamiento suele ser mucho más prolongado que el de la meningitis bacteriana y puede durar semanas o meses.
Vacunas contra la meningitis
No existe una única «vacuna contra la meningitis», porque distintas bacterias y virus pueden causar inflamación de las meninges.
Sin embargo, existen vacunas capaces de prevenir algunas de las causas más importantes de la enfermedad.
Entre ellas se encuentran:
- Vacuna meningocócica C: protege frente al meningococo del serogrupo C.
- Vacuna meningocócica ACWY: protege frente a los meningococos de los serogrupos A, C, W e Y.
- Vacuna meningocócica B: protege frente al meningococo del serogrupo B.
- Vacunas neumocócicas: protegen frente a diversos serotipos de Streptococcus pneumoniae.
- Vacuna contra Haemophilus influenzae tipo b: protege frente a las infecciones invasivas por Hib.
- BCG: además de prevenir formas graves de tuberculosis, reduce el riesgo de meningitis tuberculosa en niños.
Las vacunas contra algunas infecciones virales, como las paperas, el sarampión, la varicela y la gripe, también previenen indirectamente casos de meningitis causados por estos virus.
Neisseria meningitidis tiene 12 serogrupos conocidos. Entre ellos, A, B, C, W, X e Y son los más relacionados con la enfermedad meningocócica invasiva en el mundo. Las vacunas meningocócicas son específicas para determinados serogrupos, por lo que una vacuna no protege necesariamente frente a todos los tipos de meningococo.
Vacunación contra la meningitis meningocócica en España y América Latina
Los calendarios de vacunación varían entre países y, en España, también pueden existir diferencias entre comunidades autónomas. Como referencia, el calendario común español de 2026 incluye:
- Vacuna meningocócica B a los 2 y 4 meses, con una dosis de refuerzo a los 12 meses.
- Vacuna meningocócica C a los 4 y 12 meses.
- Vacuna meningocócica ACWY a los 12 años, si no se ha recibido una dosis desde los 10 años de edad, con vacunación de rescate para adolescentes no vacunados hasta los 18 años.
En América Latina, las edades, las vacunas incluidas y su disponibilidad en los programas públicos dependen de cada país. La indicación de la vacuna meningocócica ACWY en adolescentes debe comprobarse según el calendario local y los antecedentes de vacunación.
La vacunación contra el Hib suele administrarse mediante vacunas combinadas, como la pentavalente o la hexavalente, según el país. Las vacunas neumocócicas también forman parte de numerosos calendarios infantiles y amplían la protección frente a otras causas importantes de meningitis bacteriana.
Posibles secuelas de la meningitis
Incluso con un diagnóstico y un tratamiento adecuados, la meningitis puede dejar secuelas, principalmente cuando la causa es bacteriana.
Entre las posibles complicaciones se encuentran:
- Pérdida parcial o total de la audición.
- Convulsiones recurrentes o epilepsia.
- Parálisis y otros déficits neurológicos.
- Dificultades de memoria, concentración o aprendizaje.
- Alteraciones del comportamiento.
- Hidrocefalia.
- Trastornos de la visión.
- Cicatrices extensas en la piel.
- Amputación de dedos o extremidades, principalmente después de casos graves de sepsis meningocócica.
La meningitis viral suele presentar un riesgo mucho menor de secuelas permanentes, especialmente cuando está causada por enterovirus y el cuadro es leve. Sin embargo, las formas virales graves también pueden dejar complicaciones neurológicas.
Preguntas frecuentes sobre la meningitis
¿La meningitis tiene cura?
Sí. Muchas formas de meningitis tienen cura.
En la meningitis bacteriana, la posibilidad de recuperación depende de varios factores, como la bacteria causante, la edad, las condiciones clínicas del paciente, la gravedad de la enfermedad y la rapidez con la que se inicia el tratamiento. El antibiótico debe administrarse lo antes posible porque los retrasos pueden empeorar el pronóstico.
La mayoría de las meningitis virales mejoran espontáneamente, mientras que las meningitis fúngicas, tuberculosas o provocadas por otras causas pueden necesitar un tratamiento específico y prolongado.
¿Una persona que ha tenido meningitis puede volver a tenerla?
Sí. Haber tenido meningitis una vez no hace que la persona sea permanentemente inmune a todas sus posibles causas.
Los episodios recurrentes son poco frecuentes, pero pueden ocurrir, principalmente en personas con alteraciones anatómicas que facilitan la entrada de bacterias en el sistema nervioso, como defectos de la base del cráneo, o con determinados trastornos del sistema inmunitario, como deficiencias del sistema del complemento.
Cuando una persona presenta más de un episodio de meningitis, es importante investigar la existencia de factores predisponentes.
¿Cuánto dura el tratamiento de la meningitis?
Depende de la causa.
En la meningitis bacteriana, la duración del tratamiento varía según la bacteria identificada, la edad, la respuesta clínica y la presencia de complicaciones. Algunos casos necesitan aproximadamente una semana de antibióticos, mientras que otros requieren de 10 a 14 días o períodos aún más prolongados.
En la meningitis viral leve, los síntomas generalmente mejoran en unos 7 a 10 días.
En las meningitis fúngica y tuberculosa, el tratamiento puede durar semanas o meses.
¿Cómo diferenciar la meningitis de la gripe?
La gripe y la meningitis pueden compartir algunos síntomas al principio, como fiebre, dolor de cabeza, dolores corporales y malestar general. Sin embargo, la gripe suele provocar también síntomas respiratorios, como tos, dolor de garganta y secreción o congestión nasal.
En la meningitis, deben llamar especialmente la atención el dolor de cabeza intenso, la rigidez de nuca, las náuseas o los vómitos, la sensibilidad a la luz, la somnolencia excesiva, la confusión y, en algunos casos, las convulsiones.
Sin embargo, no siempre es posible diferenciar con seguridad la gripe de la meningitis basándose únicamente en los síntomas. Si existe rigidez de nuca, alteración del estado mental, empeoramiento rápido del estado general u otros signos sugestivos de meningitis, es necesaria una evaluación médica inmediata.
¿Qué tipo de meningitis es el más peligroso?
En general, la meningitis bacteriana es la forma que supone un mayor riesgo inmediato de muerte y secuelas.
La enfermedad meningocócica merece especial atención porque puede progresar rápidamente y provocar meningococemia, shock, alteraciones de la coagulación, lesiones extensas en la piel e insuficiencia multiorgánica. La meningitis neumocócica también puede ser muy grave y está asociada a un riesgo importante de muerte y secuelas neurológicas.
Por eso, ante la sospecha de meningitis bacteriana, la prioridad no es intentar descubrir en casa qué bacteria puede ser la responsable, sino buscar atención médica inmediatamente.
- Organización Mundial de la Salud. WHO guidelines on meningitis diagnosis, treatment and care. 2025.
- Organización Mundial de la Salud. Meningitis — Fact sheet.
- Ministério da Saúde de Brasil. Meningite — Saúde de A a Z.
- Ministério da Saúde de Brasil. Nota Técnica Conjunta nº 154/2024-DPNI/SVSA/MS — Vigilância e quimioprofilaxia das meningites.
- Centers for Disease Control and Prevention. Viral Meningitis.
- Centers for Disease Control and Prevention. Fungal Meningitis.
- Centers for Disease Control and Prevention. Meningococcal Disease.
- Ministerio de Sanidad de España. Calendario común de vacunación e inmunización a lo largo de toda la vida. 2026.
Dudas de los lectores sobre este tema
Preguntas seleccionadas por el editor por su relevancia para este artículo.