Cistitis: síntomas, causas y tratamiento de la infección de la vejiga

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Escrito por Dr. Pedro Pinheiro
Revisado y actualizado el 26 de julio de 2026
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Información principal sobre la cistitis

La cistitis es una infección de la vejiga que provoca ardor al orinar, urgencia urinaria, necesidad frecuente de ir al baño y molestias en la parte inferior del abdomen.

En la mayoría de los casos, la infección está causada por la bacteria Escherichia coli, que vive normalmente en el intestino. La cistitis es mucho más frecuente en las mujeres porque la uretra femenina es corta y su abertura se encuentra cerca del ano.

La fiebre, los escalofríos, el dolor en uno de los lados de la espalda, las náuseas y los vómitos no son síntomas habituales de una cistitis simple. Estos signos pueden indicar que la infección ha alcanzado los riñones y ha causado una pielonefritis.

En mujeres adultas no embarazadas con síntomas típicos, muchas veces el diagnóstico puede realizarse sin un urocultivo. El tratamiento suele hacerse con antibióticos, pero la elección del medicamento y la duración dependen del sexo, el embarazo, la función renal, los antecedentes de alergias y el perfil de resistencia bacteriana.

¿Qué es la cistitis?

Cistitis es el nombre que recibe la inflamación de la vejiga. En la gran mayoría de los casos agudos, esta inflamación está provocada por una infección bacteriana. Por este motivo, en el uso cotidiano, los términos cistitis e infección de la vejiga suelen utilizarse como sinónimos.

También existen formas no infecciosas de cistitis, como la cistitis intersticial —síndrome de la vejiga dolorosa—, la cistitis provocada por la radioterapia o la inflamación causada por determinados medicamentos. Este artículo aborda específicamente la cistitis bacteriana aguda.

La infección urinaria es una enfermedad extremadamente frecuente, sobre todo en las mujeres. Aproximadamente el 60 % de las mujeres adultas tendrá al menos un episodio de infección urinaria a lo largo de su vida.

Existen tres tipos de infección urinaria:

  • Cistitis: infección de la vejiga.
  • Pielonefritis: infección de uno o ambos riñones.
  • Uretritis: inflamación o infección de la uretra.

La cistitis es una infección de la vejiga causada, en la mayoría de los casos, por la bacteria Escherichia coli. Habitualmente es una enfermedad de tratamiento sencillo, pero puede ser dolorosa y molesta.

La infección de la vejiga puede convertirse en un problema de salud grave si las bacterias se desplazan hasta los riñones y causan lo que denominamos pielonefritis. Mientras que la cistitis suele ser una enfermedad sencilla, la pielonefritis puede provocar sepsis y, en consecuencia, la muerte por una infección generalizada.

¿Cómo se “contrae” una infección urinaria?

En realidad, la expresión “contraer una infección urinaria” no es la más apropiada, ya que la cistitis bacteriana común no es una enfermedad contagiosa ni una infección de transmisión sexual.

Más del 80 % de las infecciones urinarias están causadas por una bacteria que vive en nuestro intestino, denominada Escherichia coli, también conocida como E. coli.

La infección urinaria se produce cuando estas bacterias, que deberían permanecer en el aparato digestivo, consiguen colonizar la región alrededor de la entrada de la vagina y de la uretra. Esta colonización es el primer paso para el desarrollo de la cistitis. Las bacterias procedentes del intestino que logran establecerse en esa región tienen más facilidad para penetrar en la uretra y alcanzar la vejiga.

Las relaciones sexuales pueden favorecer la aparición de cistitis, especialmente en las mujeres, porque facilitan el desplazamiento de bacterias desde la región perianal hasta la entrada de la uretra. Sin embargo, esto no significa que la cistitis haya sido transmitida por la pareja ni que se trate de una infección de transmisión sexual. En la cistitis bacteriana común, la pareja sexual no necesita recibir tratamiento.

Las cepas de E. coli que causan infecciones urinarias son inofensivas mientras permanecen dentro del intestino. Solo provocan enfermedad cuando alcanzan otros órganos del cuerpo, como la vejiga.

Además de E. coli, otras bacterias habituales del aparato gastrointestinal pueden causar cistitis, entre ellas Klebsiella pneumoniae, Proteus mirabilis, Staphylococcus saprophyticus y Enterococcus.

Cistitis en hombres y mujeres

La imagen siguiente muestra la anatomía del aparato urinario inferior femenino y masculino. Observe que la salida de la uretra femenina se encuentra mucho más cerca del ano que la masculina. Además, la uretra del hombre es más larga, lo que obliga a E. coli a recorrer una distancia mayor para llegar hasta la vejiga.

Anatomía genitourinaria de hombres y mujeres.
Anatomía genitourinaria de hombres y mujeres

Esto significa que, desde el punto de vista anatómico, es mucho más fácil que las bacterias procedentes del ano alcancen la vejiga de la mujer que la del hombre. Por tanto, la anatomía genitourinaria explica por qué las mujeres presentan cistitis con frecuencia y los hombres no.

Sin embargo, existen situaciones en las que esta ventaja anatómica no es suficiente para proteger a los hombres frente a las infecciones urinarias. Algunos ejemplos son:

1. Sexo anal insertivo, en relaciones homosexuales o heterosexuales

La penetración del pene en el ano elimina la distancia anatómica que protege a los hombres. La abertura de la uretra del pene entra en contacto directo con las bacterias intestinales. En este caso, E. coli es transportada directamente hasta la región de la uretra y solo necesita atravesarla para llegar a la vejiga. Por tanto, el sexo anal insertivo sin preservativo es un factor de riesgo para las infecciones urinarias.

Aun así, incluso entre los hombres que practican sexo anal, la cistitis no es una enfermedad frecuente. Además de la barrera anatómica, existen otros factores que dificultan la aparición de cistitis en los hombres.

La región alrededor de la uretra masculina es menos húmeda que la de las mujeres, lo que dificulta la colonización bacteriana. Además, el líquido prostático contiene sustancias con actividad antibacteriana.

2. Enfermedades de la próstata

Los hombres de mayor edad suelen presentar un aumento del tamaño de la próstata, que comprime la uretra y provoca una obstrucción de la salida de la orina.

El acto de orinar protege frente a la cistitis, ya que la orina ayuda a arrastrar las bacterias alojadas en la vejiga y en la uretra. Cuando la próstata obstruye la uretra, aunque sea parcialmente, puede quedar una determinada cantidad de orina dentro de la vejiga, lo que crea un ambiente favorable para la multiplicación de las bacterias.

Por tanto, siempre que un hombre adulto presente episodios repetidos de infección urinaria, debe considerarse la posibilidad de alteraciones de la próstata, obstrucción de la salida de la orina, cálculos o lesiones de la vejiga.

En los hombres, el ardor al orinar, el aumento de la frecuencia urinaria y el dolor pélvico también pueden estar causados por una prostatitis, que requiere una evaluación y un tratamiento diferentes de los utilizados para la cistitis simple.

¿Cómo prevenir las infecciones urinarias?

La mayoría de las personas suele pensar que, si la cistitis aparece cuando las bacterias normalmente presentes en las heces colonizan la región vaginal, bastaría con lavar abundantemente la vagina y la región circundante para eliminar esas bacterias y evitar la infección.

Según este razonamiento, la cistitis sería una enfermedad de quienes no se lavan correctamente. Sin embargo, esta idea es incorrecta. En medicina, no siempre lo que parece más lógico es lo que realmente sucede.

La vagina posee su propia flora bacteriana, formada por microorganismos inofensivos y beneficiosos que dificultan la colonización de la región por otros gérmenes capaces de causar enfermedades. La higiene íntima excesiva, especialmente mediante duchas vaginales, jabones irritantes o productos antisépticos, puede alterar esta flora natural e irritar la mucosa.

Cuando E. coli llega a la región alrededor de la vagina, lo que más favorece su proliferación es poder multiplicarse libremente sin tener que “competir” con otras bacterias por espacio y nutrientes.

Por tanto, tener cistitis no significa necesariamente tener malos hábitos de higiene. La higiene íntima excesiva tampoco protege frente a la infección y puede causar irritación local.

Ahora que sabemos cómo aparecen las infecciones de la vejiga, podemos ofrecer algunos consejos para prevenirlas:

  • Realice la higiene íntima con moderación. Debe prestarse especial atención a la limpieza después de defecar. Quienes utilizan papel higiénico deben limpiarse siempre de delante hacia atrás, es decir, en dirección contraria a la vagina y a la uretra.
  • No realice duchas vaginales. Este procedimiento altera la flora vaginal y puede irritar la mucosa, lo que favorece la colonización bacteriana.
  • Evite los desodorantes en aerosol en la zona genital y cualquier otro producto de limpieza que pueda irritar la vagina. Las zonas inflamadas facilitan la adherencia de las bacterias.
  • Evite pasar muchas horas sin orinar.
  • Orine después de las relaciones sexuales. La evidencia científica sobre el efecto protector de esta medida es limitada, pero es sencilla, segura y puede ayudar a eliminar las bacterias que hayan alcanzado la entrada de la uretra.
  • Beba suficientes líquidos para orinar con regularidad. El aumento del consumo de agua parece ser especialmente útil en mujeres con cistitis recurrente que habitualmente beben poco líquido.
  • Las mujeres con infecciones recurrentes deben evitar los espermicidas. Lo mismo se aplica a los diafragmas utilizados junto con espermicidas.
  • El uso indiscriminado de antibióticos puede alterar la flora natural de la vagina y favorecer la aparición de bacterias resistentes. No tome antibióticos a menos que sean realmente necesarios. Nunca se automedique.
  • Las mujeres posmenopáusicas que presentan cistitis recurrentes pueden beneficiarse del uso de estrógenos vaginales. El tratamiento debe ser indicado por el ginecólogo o el urólogo, ya que no es necesario para todas las mujeres después de la menopausia.

Para conocer más consejos sobre cómo prevenir la cistitis, lea: Cómo prevenir las infecciones urinarias.

Factores de riesgo para la cistitis

A pesar de todas las medidas preventivas, algunas personas presentan predisposición a las infecciones urinarias. Algunas mujeres sufren infecciones urinarias recurrentes, con varios episodios a lo largo del año.

Entre los factores que pueden aumentar el riesgo de cistitis se encuentran:

  • Sexo femenino.
  • Diabetes mellitus.
  • Vida sexual activa. Cuantas más relaciones sexuales se mantengan por semana, mayor será el riesgo (Lea: Cistitis de la luna de miel).
  • Factores genéticos y antecedentes familiares de cistitis.
  • Antecedentes de infección urinaria durante la infancia.
  • Nueva pareja sexual.
  • Uso de espermicidas o diafragma.
  • Embarazo.
  • Menopausia.
  • Presencia de una sonda vesical.
  • Incontinencia urinaria.
  • Enfermedades de la próstata.
  • Cálculos urinarios.
  • Dificultad para vaciar completamente la vejiga.
  • Alteraciones anatómicas o neurológicas de las vías urinarias.

Síntomas de la cistitis

La infección de la vejiga provoca algunos síntomas típicos:

  • Ardor al orinar, denominado disuria.
  • Urgencia para orinar y dificultad para retener la orina.
  • Necesidad frecuente de orinar, incluso cuando hay poca orina en la vejiga.
  • Sensación de que la vejiga no se ha vaciado completamente.
  • Sensación de peso, presión o dolor en la parte inferior del abdomen.
  • Presencia de sangre en la orina, denominada hematuria.

La fiebre no es un síntoma habitual de una cistitis simple. Siempre que haya fiebre, escalofríos, dolor en uno de los lados de la espalda, náuseas, vómitos, pérdida de apetito o malestar general, debe considerarse la posibilidad de pielonefritis.

Algunas personas relacionan la orina con olor fuerte con una infección urinaria. Sin embargo, el mal olor aislado no confirma el diagnóstico de cistitis.

La principal causa de olor fuerte es una orina muy concentrada. Si la orina presenta un color amarillo muy intenso y un olor fuerte, aumente el consumo de líquidos. Normalmente, esto mejora el problema y también ayuda a evitar la formación de cálculos renales.

Síntomas de la cistitis

La orina turbia también puede aparecer en la cistitis, pero no debe utilizarse de forma aislada para diagnosticar la infección.

En los hombres de edad avanzada, las enfermedades de la próstata pueden provocar síntomas similares a los de una infección urinaria, además de ser un factor de riesgo para la propia infección.

En los hombres jóvenes con disuria, siempre es importante considerar las infecciones de transmisión sexual como diagnóstico diferencial, ya que las uretritis causadas por gonorrea o clamidia son más frecuentes en este grupo que la cistitis.

En las mujeres, la presencia de flujo vaginal, picor, olor vaginal desagradable o dolor durante las relaciones sexuales hace más probables otros diagnósticos, como vaginitis o cervicitis.

Para conocer más detalles sobre los síntomas de las infecciones urinarias, lea: Síntomas de la infección urinaria.

¿Cómo se diagnostica una infección de la vejiga?

En la mayoría de los casos de cistitis en mujeres adultas, sanas, no embarazadas y con síntomas típicos, el diagnóstico es clínico y el médico puede iniciar el tratamiento sin solicitar pruebas.

La combinación de ardor al orinar, urgencia urinaria, aumento de la frecuencia urinaria y ausencia de flujo o irritación vaginal hace que el diagnóstico de cistitis sea bastante probable.

Si existen dudas, puede solicitarse un análisis de orina. La presencia de leucocitos, nitritos o sangre ayuda al diagnóstico, pero ninguno de estos hallazgos debe interpretarse de forma aislada.

La prueba más específica para identificar una infección urinaria es el urocultivo. Además de identificar la bacteria, el cultivo informa sobre qué antibióticos son capaces de combatirla.

Sin embargo, como el resultado tarda algunos días y el cuadro clínico suele ser característico, el urocultivo no siempre es necesario durante el primer episodio de cistitis simple en una mujer no embarazada.

El urocultivo es especialmente importante en las siguientes situaciones:

  • Mujeres embarazadas.
  • Hombres.
  • Sospecha de pielonefritis.
  • Cistitis recurrente.
  • Síntomas atípicos o dudas sobre el diagnóstico.
  • Ausencia de mejoría con el tratamiento indicado.
  • Reaparición de los síntomas poco después de finalizar el antibiótico.
  • Uso reciente de antibióticos.
  • Antecedentes de infección por bacterias resistentes.
  • Presencia de alteraciones anatómicas o funcionales de las vías urinarias.

No se debe solicitar un urocultivo de forma rutinaria en personas sin síntomas. Algunas personas presentan bacterias en la orina sin desarrollar necesariamente una cistitis. Este cuadro se denomina bacteriuria asintomática.

En la mayoría de las personas, la bacteriuria asintomática no debe tratarse. El uso de antibióticos en estos casos no aporta beneficios y facilita el desarrollo de bacterias resistentes.

Las principales excepciones son las mujeres embarazadas y los pacientes que vayan a someterse a procedimientos urológicos capaces de provocar lesiones en la mucosa de las vías urinarias.

Tampoco es necesario repetir el urocultivo después del tratamiento si los síntomas han desaparecido, excepto en situaciones específicas, principalmente durante el embarazo.

Explicamos detalladamente la bacteriuria asintomática en el artículo: ¿Qué es la bacteriuria asintomática?

Tratamiento de la cistitis

La cistitis bacteriana suele tratarse con antibióticos. El tratamiento aumenta las probabilidades de curación, reduce los síntomas más rápidamente y disminuye el riesgo de que la infección alcance los riñones.

El antibiótico más indicado depende de factores como:

  • Presencia de fiebre o signos de infección renal.
  • Sexo y edad del paciente.
  • Embarazo.
  • Función renal.
  • Alergias.
  • Uso reciente de antibióticos.
  • Resultados de urocultivos anteriores.
  • Perfil de resistencia bacteriana de la región.

En mujeres adultas no embarazadas y sin factores de complicación, los tratamientos más utilizados incluyen:

  • Nitrofurantoína durante cinco días.
  • Fosfomicina en dosis única.
  • Trimetoprima/sulfametoxazol, también denominado cotrimoxazol, durante tres días, comercializado en algunos países con marcas como Bactrim®, siempre que la resistencia bacteriana local sea baja o que se haya comprobado la sensibilidad de la bacteria.
  • Algunos antibióticos de la familia de los betalactámicos, como determinadas cefalosporinas o la amoxicilina con ácido clavulánico, pueden utilizarse como alternativas en situaciones seleccionadas.

La duración del tratamiento varía según el antibiótico elegido. Por tanto, no es correcto afirmar que todos los casos de cistitis deban tratarse durante solo tres días.

El ciprofloxacino, el norfloxacino y otros antibióticos de la familia de las fluoroquinolonas no deben utilizarse de forma rutinaria como primera opción para una cistitis simple. Además de favorecer la resistencia bacteriana, estos medicamentos pueden provocar efectos adversos importantes y deben reservarse para situaciones en las que las opciones preferentes no sean adecuadas.

La nitrofurantoína y la fosfomicina alcanzan concentraciones adecuadas en la vejiga, pero no están indicadas para tratar la pielonefritis. Si aparecen fiebre, escalofríos, dolor en uno de los lados de la espalda, náuseas o vómitos, es necesario solicitar atención médica.

En los hombres suele estar indicado realizar un urocultivo y el tratamiento generalmente dura siete días. Pueden ser necesarios periodos más prolongados cuando existe sospecha de prostatitis, fiebre u otros signos de infección sistémica. En estos casos, la elección del antibiótico también debe tener en cuenta su capacidad para penetrar adecuadamente en el tejido prostático.

En mujeres adultas no embarazadas, que no sean de edad avanzada y presenten síntomas leves sin factores de riesgo, puede discutirse con el médico un tratamiento inicial sin antibióticos. Sin embargo, esta estrategia suele proporcionar un alivio más lento, presenta una mayor probabilidad de fracaso y aumenta ligeramente el riesgo de pielonefritis. Por tanto, no debe intentarse por cuenta propia.

Para obtener más información sobre el tratamiento de la cistitis, lea: Tratamiento de la infección urinaria.

Medicamentos para aliviar los síntomas de la infección urinaria

Algunos medicamentos pueden aliviar temporalmente el dolor y el ardor, pero no sustituyen al antibiótico cuando este está indicado.

La fenazopiridina, comercializada en algunos países con marcas como Pyridium®, es un analgésico de las vías urinarias. Puede reducir el dolor, el ardor y la urgencia, pero no elimina la bacteria.

La fenazopiridina también puede teñir la orina de color anaranjado o rojizo y manchar la ropa. Cuando se utiliza junto con un antibiótico, su uso generalmente debe limitarse a los dos primeros días (lectura recomendada: Alteraciones del color de la orina).

En determinados países se comercializan productos combinados como Cystex®, que puede contener sustancias con acciones antisépticas y antiespasmódicas, como metenamina, acriflavina, azul de metileno y belladona. A pesar de su posible acción antiséptica, este producto no debe utilizarse como sustituto de los tratamientos antibióticos recomendados para la cistitis bacteriana. Su formulación y disponibilidad pueden variar según el país.

Para tratar la infección es necesario utilizar una estrategia capaz de eliminar la bacteria, elegida según las características del paciente y el agente causante más probable.

¿Cuánto tardan en mejorar los síntomas?

Cuando el antibiótico es eficaz, lo habitual es que se produzca una mejoría importante de los síntomas durante las primeras 24 a 48 horas.

Si no hay mejoría después de aproximadamente 48 horas, si los síntomas están empeorando o si aparecen fiebre, dolor de espalda, vómitos o malestar general, el paciente debe ser evaluado nuevamente.

En estos casos, puede ser necesario solicitar un urocultivo, cambiar el antibiótico o investigar otro diagnóstico.

Tratamiento de la cistitis recurrente

A pesar de todas las medidas mencionadas en este artículo, algunas mujeres presentan infecciones urinarias recurrentes. Generalmente son personas con predisposición genética o con factores que favorecen la colonización de la región alrededor de la uretra.

Se considera que existe cistitis recurrente cuando una mujer presenta al menos dos episodios en seis meses o tres episodios en un año.

El diagnóstico debe confirmarse mediante un urocultivo, ya que no todos los episodios de ardor, urgencia urinaria o aumento de la frecuencia están causados por una infección bacteriana.

Algunas mujeres se benefician de tomar una dosis de antibiótico después de las relaciones sexuales. Cuando los episodios son más frecuentes, puede ser necesario utilizar antibióticos en dosis bajas todos los días durante periodos de entre tres y doce meses.

La profilaxis con antibióticos solo debe considerarse cuando las medidas conductuales y las opciones no antibióticas no sean suficientes.

Otra opción preventiva es el hipurato de metenamina, que puede reducir la frecuencia de las infecciones en mujeres sin alteraciones anatómicas importantes de las vías urinarias. El medicamento debe ser prescrito y supervisado por un médico.

Para quienes prefieren productos naturales, el arándano rojo americano, también conocido como cranberry, puede reducir modestamente el riesgo de nuevas infecciones en algunas mujeres. Sin embargo, los estudios presentan resultados contradictorios, no existe una dosis ideal bien establecida y el arándano rojo no sirve para tratar una infección urinaria que ya está activa.

El OM-89, comercializado en algunos países como Uro-Vaxom®, es un inmunomodulador elaborado a partir de componentes de diferentes cepas de E. coli. Aunque algunos estudios sugieren una reducción de las recurrencias, los resultados son inconsistentes y las guías actuales no recomiendan su uso rutinario fuera de situaciones individualizadas o de estudios clínicos.

Para obtener más información sobre la cistitis recurrente, lea: Cistitis recurrente: por qué vuelve la infección urinaria y cómo prevenirla.

Infección urinaria durante el embarazo

La presencia de una infección urinaria durante el embarazo se asocia con parto prematuro y recién nacidos con bajo peso. Además, el embarazo aumenta el riesgo de que las bacterias alcancen los riñones y provoquen pielonefritis.

Por este motivo, se recomienda realizar un urocultivo al inicio del control prenatal, aunque la mujer embarazada no presente síntomas. Cuando existe un crecimiento bacteriano significativo, la bacteriuria asintomática debe tratarse.

Las mujeres embarazadas con síntomas de cistitis también deben realizarse un urocultivo. El tratamiento suele durar entre cinco y siete días, aunque la fosfomicina puede utilizarse en dosis única en situaciones específicas.

Las fluoroquinolonas, como el ciprofloxacino y el norfloxacino, generalmente se evitan durante el embarazo. La sulfametoxazol-trimetoprima debe evitarse principalmente durante el primer trimestre y cerca del parto, salvo que no existan alternativas adecuadas.

Entre las opciones que pueden utilizarse se encuentran la nitrofurantoína, la fosfomicina y algunos antibióticos betalactámicos, como las cefalosporinas o la amoxicilina con ácido clavulánico.

La elección debe tener en cuenta la etapa del embarazo, el resultado del urocultivo, la función renal, las alergias y los antecedentes de resistencia bacteriana.

La amoxicilina o la ampicilina utilizadas de forma aislada no deben prescribirse empíricamente antes de conocer el resultado del urocultivo, ya que la resistencia de E. coli a estos antibióticos es elevada.

Después del tratamiento, el obstetra puede solicitar un nuevo urocultivo para confirmar que la bacteria ha sido eliminada, principalmente cuando existen antecedentes de infecciones recurrentes u otros factores de riesgo.

Para obtener más información sobre las infecciones urinarias durante el embarazo, lea: Infección urinaria en el embarazo.


book Referencias bibliográficas
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  1. Azael Bedoya

    Excelente literatura, la releo constantemente, para analizar mis patologias en este campo, Gracias

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