Varicela: síntomas, contagio, tratamiento y vacuna

Autor: Dr. Pedro Pinheiro

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Tiempo estimado de lectura: 5 minutos.

¿Qué es la varicela?

La varicela, conocida también como lechina, peste cristal o viruela loca, es una enfermedad altamente contagiosa causada por el virus Varicela-zoster (VVZ), también llamado virus de la varicela-zoster o virus de la varicela y del herpes zóster.

El virus Varicela-zoster pertenece al grupo de los herpesvirus (Herpesviridae), pero su infección no tiene nada que ver con el herpes labial o el herpes genital.

La infección por el virus Varicela-zoster causa dos formas clínicamente distintas de la enfermedad:

  • Varicela.
  • Herpes zóster.

La primera vez que una persona entra en contacto con el virus de la varicela-zoster, resulta en varicela. La reactivación del virus en la edad adulta provoca el herpes zoster.

La varicela siempre ha sido una de las infecciones infantiles más comunes en todo el mundo, pero desde la introducción de la vacuna en 1995, la incidencia de la enfermedad se ha reducido drásticamente.

Solo para ilustrar la importancia de la vacunación: en los EE. UU., a principios de la década de 1990, cada año alrededor de 4 millones de personas contraían varicela, entre 10.500 y 13.000 eran hospitalizadas y entre 100 y 150 morían. Desde la introducción del programa de vacunación contra la varicela en 1995, la morbilidad (casos y hospitalizaciones) y la mortalidad (muertes) han disminuido en más del 90 %. Cada año desde que comenzó la vacunación, se evitan más de 3,5 millones de casos de varicela, 9.000 hospitalizaciones y 100 muertes en los Estados Unidos.

La varicela es a menudo una infección infantil. En niños inmunocompetentes (sanos) hasta los 12-13 años, suele ser autolimitada, con tasa de complicaciones y mortalidad muy baja.

En adultos, adolescentes y personas inmunodeprimidas, la varicela puede ser más grave, con mayores tasas de complicaciones, especialmente en personas inmunodeprimidas.

Transmisión

La varicela es una enfermedad altamente contagiosa. El virus de la varicela-zoster se transmite fácilmente de personas con varicela a otras que nunca han tenido la enfermedad o que nunca han sido vacunadas.

La transmisión de la varicela es predominantemente por vía respiratoria, por gotitas y aerosoles eliminados por la boca o la nariz. El virus es tan contagioso que el riesgo de contagio entre personas que viven en una misma casa es superior al 90 %. La transmisión también puede darse por objetos contaminados o por contacto directo con las lesiones cutáneas del paciente.

Curiosamente, el primer caso en la familia suele ser el más leve. Probablemente, esto se deba a la diferencia entre los tiempos y la intensidad de exposición al virus entre quienes adquieren la enfermedad en la comunidad y quienes se infectan en el hogar.

El período de incubación varía de 10 a 20 días. El individuo infectado comienza a transmitir el virus hasta 48 horas antes del inicio de los síntomas y permanece contagioso hasta que todas las lesiones de la piel hayan formado una costra (lo explicamos mejor en la parte de síntomas).

En general, la inmunidad después de un episodio de varicela es permanente y una segunda infección es poco común. En casos raros de reinfección, el cuadro suele ser mucho más leve que la primera vez.

Tras la cura, el virus permanece latente y oculto en nuestro organismo durante el resto de nuestra vida, pudiendo volver décadas después en forma de herpes zoster, como explicaremos más adelante.

Síntomas

La varicela suele comenzar como un cuadro inespecífico de malestar, dolor de garganta, fiebre baja y pérdida de apetito. 24 horas después de la aparición de estos síntomas, aparece la típica erupción cutánea de la varicela.

Las lesiones comienzan como pequeñas elevaciones rojizas (pápulas) que pronto se convierten en vesículas (ampollas) con una base rojiza. Algunas de estas vesículas pueden convertirse en pústulas, que son ampollas con pus en su interior.

Al cabo de unos 7 días, las vesículas y las pústulas se convierten en costras, que se desprenden al cabo de 1 o 2 semanas, dejando la piel temporalmente más clara en esas zonas.

La erupción de la varicela se produce “en cultivos”, es decir, aparecen grupos de lesiones en diferentes momentos a lo largo de los días. Esto hace que el paciente tenga lesiones en diferentes fases de desarrollo, con costras, vesículas, pústulas y pápulas repartidas por todo el cuerpo.

Este patrón ayuda a distinguir la erupción de la varicela de la de otras enfermedades víricas, como la rubeola y el sarampión, por ejemplo.

sarpullido de la varicela
Sarpullido de la varicela

El sarpullido de la varicela pica mucho y es muy común que los niños quieran rascarse todo el tiempo. Es importante evitar que el paciente reviente las ampollas, evitando así la contaminación de las lesiones por bacterias naturales de la piel, como estafilococos y estreptococos.

Erupción de la varicela: pápulas, vesículas, pústulas y costras diseminadas por todo el cuerpo
Erupción de la varicela: pápulas, vesículas, pústulas y costras diseminadas por todo el cuerpo

El paciente sigue siendo contagioso hasta que todas sus lesiones se han convertido en costras, lo que suele tardar de 1 a 2 semanas. Mientras haya ampollas, todavía existe el riesgo de transmisión de la varicela.

Síntomas en pacientes vacunados

Eventualmente, algunas personas vacunadas contra la varicela contraen la enfermedad. Sin embargo, suelen tener síntomas mucho más leves, con menos o ninguna lesión en la piel, fiebre leve o nula, y están enfermas durante un período de tiempo más corto que las personas que no están vacunadas.

En muy raras ocasiones, las personas vacunadas contraen la varicela y desarrollan una enfermedad similar a la de las personas no vacunadas. Esto suele ocurrir en personas con algún tipo de inmunosupresión, que no pueden desarrollar inmunidad tras la vacunación.

Complicaciones

Desde el inicio de la vacunación en 1995, las complicaciones de la varicela, que ya no eran frecuentes, son aún más raras.

Entre las complicaciones más comúnmente descritas de la varicela están

  • Infecciones cutáneas bacterianas (contaminación de las lesiones).
  • Neumonía.
  • Hepatitis.
  • Encefalitis (infección del cerebro).
  • Miocarditis (inflamación del músculo cardíaco).
  • Sepsis.
  • Deshidratación.

Otra posible complicación es el síndrome de Reye, un cuadro de alteración neurológica, que puede acabar incluso en coma. El síndrome de Reye puede desencadenarse por el uso de ácido acetilsalicílico (AAS o aspirina) durante el curso de la infección. Por lo tanto, el uso de la aspirina está contraindicado en la varicela.

Las personas con mayor riesgo de desarrollar complicaciones de la varicela son

  • Bebés.
  • Adolescentes.
  • Adultos.
  • Mujeres embarazadas.
  • Personas con el sistema inmunitario debilitado, tales como receptores de trasplantes, personas con VIH/SIDA, personas que reciben quimioterapia, que toman medicamentos inmunosupresores o que utilizan corticosteroides de forma prolongada.

Tratamiento

La varicela es una enfermedad autolimitada en la gran mayoría de los casos. El tratamiento en personas sanas sin deficiencias del sistema inmunitario es básicamente de apoyo.

Debe evitarse el rascado de las lesiones para evitar una infección bacteriana secundaria. En los niños, las uñas deben estar muy cortas. Los antihistamínicos orales (antialérgicos), la loción de calamina y el baño frío con adición de bicarbonato de sodio pueden ayudar a reducir el picor.

La fiebre debe tratarse preferentemente con paracetamol. Nunca debe utilizarse la aspirina. La Academia Americana de Pediatría recomienda evitar el tratamiento con antiinflamatorios en la varicela, ya que este grupo de medicamentos se ha asociado a un mayor riesgo de infecciones de las lesiones por bacterias estreptocócicas.

Los baños con permanganato de potasio o solución de yodo, aunque son muy famosos, no tienen evidencia científica. La higiene de la piel puede y debe hacerse solamente con agua y jabón.

El aciclovir, el valaciclovir y el fanciclovir son antivirales que pueden utilizarse en pacientes mayores de 12 años, en mujeres embarazadas o en aquellos con mayor riesgo de complicaciones. Los antivirales no eliminan el virus, pero disminuyen la duración de la enfermedad, el número de lesiones cutáneas y el riesgo de complicaciones.

Los pacientes inmunodeprimidos o con otras enfermedades graves que entren en contacto con personas infectadas deben usar la inmunoglobulina contra la varicela para evitar que desarrollen la enfermedad. La inmunoglobulina contra el VVZ debe administrarse preferentemente dentro de las 96 horas siguientes al contacto con una persona infectada.

Vacuna

La vacuna contra la varicela ha cambiado la historia natural de la enfermedad en los últimos años.

Todos los niños mayores de un año pueden ser vacunados contra la varicela, así como los adultos que aún no han padecido la enfermedad.

La mayoría de las sociedades pediátricas recomiendan dos dosis de la vacuna contra la varicela: la primera a los 12 meses y la segunda entre los 15 y los 24 meses. Estas dosis coinciden con el esquema de vacunación tetraviral (sarampión, paperas, rubeola y varicela).

En los adultos, también están indicadas 2 dosis, la segunda con un intervalo de 4 meses.

Todos los niños, adolescentes y adultos susceptibles (que no hayan tenido varicela) deben ser vacunados.

La vacuna de la varicela está hecha con organismo vivo atenuado, por lo que debe evitarse en:

  • Mujeres embarazadas.
  • Personas inmunodeprimidas (SIDA, cáncer, uso de inmunosupresores, etc.).
  • Personas que han recibido otra vacuna de virus vivos en las últimas 4 semanas.

Herpes zoster

Como se ha dicho antes, incluso después de la curación completa, el virus de la varicela permanece en nuestro cuerpo por el resto de nuestras vidas. Está escondido en las células del sistema nervioso. No causa síntomas y no es contagioso. Cada vez que el virus intenta salir de su escondite, nuestro sistema inmunitario es capaz de detenerlo.

Todo paciente que ha tenido varicela en algún momento de su vida, cuando tiene bajadas las defensas del organismo, puede tener la reactivación del virus de la varicela-zoster.

A medida que envejecemos, nuestro sistema inmunitario se debilita, por lo que a partir de los 50 o 60 años existe el riesgo de reactivación del virus, que no se presenta como un nuevo episodio de varicela, sino como herpes zóster.

El herpes zóster es una lesión cutánea de características similares a la varicela común, pero restringida a una pequeña zona del cuerpo.

El herpes zóster tiene una característica típica: la lesión suele estar en una “banda” y se detiene en la línea media del cuerpo. La región afectada es la que está inervada por el nervio que alberga el virus.

Si quieres más informaciones sobre herpes zoster, tenemos un texto específico sobre esta enfermedad: Herpes zóster: qué es, síntomas y Tratamiento.


Referencias


Autor(es)

Médico licenciado por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), con títulos de especialista en Medicina Interna por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y de Nefrología por la Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ) y por la Sociedad Brasileña de Nefrología (SBN). Actualmente vive en Lisboa, Portugal, tiene títulos reconocidos por la Universidad de Oporto y por el Colegio de Nefrología de Portugal.

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