Antiinflamatorios (AINEs): para qué sirven, ejemplos y riesgos

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6 Ago. 2026
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Información principal sobre los antiinflamatorios

Los antiinflamatorios no esteroideos, conocidos por la sigla AINEs, reducen el dolor, la fiebre y la inflamación. El ibuprofeno, el diclofenaco, el naproxeno, la nimesulida, el ketoprofeno, el meloxicam, el celecoxib y el etoricoxib son algunos ejemplos.

Estos medicamentos generalmente alivian los síntomas, pero no necesariamente tratan la causa del dolor o de la inflamación.

Los principales riesgos de los AINEs incluyen gastritis, úlceras y sangrado digestivo, lesión renal, retención de líquidos, aumento de la presión arterial, empeoramiento de la insuficiencia cardíaca y eventos cardiovasculares.

Ningún AINE es el más seguro para todas las personas. La elección depende principalmente de los riesgos gastrointestinales, renales y cardiovasculares, así como de las interacciones con otros medicamentos.

No deben combinarse dos AINEs, como ibuprofeno y diclofenaco o naproxeno y nimesulida. La combinación aumenta los riesgos sin proporcionar un beneficio analgésico proporcional.

Las personas con enfermedad renal, úlcera o sangrado digestivo, insuficiencia cardíaca, enfermedad cardiovascular, cirrosis o alergia a los AINEs no deben utilizarlos sin indicación médica.

Durante el embarazo, los AINEs deben evitarse a partir de la semana 20, salvo que exista una indicación médica específica, y están especialmente contraindicados aproximadamente a partir de la semana 30.

Cuando sea necesario utilizar un AINE, la regla general es emplear la dosis eficaz más baja durante el menor tiempo posible.

¿Qué son los antiinflamatorios no esteroideos?

Los antiinflamatorios no esteroideos, abreviados como AINE o AINEs, forman parte de una clase de medicamentos que actúan sobre los procesos inflamatorios del organismo.

El término «no esteroideo» sirve para diferenciarlos de los corticoides, que también tienen acción antiinflamatoria, pero pertenecen a otra clase de medicamentos y poseen mecanismos, indicaciones y efectos secundarios diferentes.

Los AINEs se encuentran entre los medicamentos más utilizados en el mundo y son especialmente eficaces para tratar dolores de intensidad leve a moderada e inflamaciones, principalmente las de origen osteoarticular. También pueden utilizarse en algunos cuadros de dolor intenso, como los ataques de gota y el cólico renal.

Los antiinflamatorios no esteroideos presentan, con diferentes intensidades, tres efectos básicos:

  • Antipirético: reduce la fiebre.
  • Analgésico: combate el dolor.
  • Antiinflamatorio: reduce la inflamación.

Las diferencias entre los distintos AINEs disponibles en el mercado se encuentran principalmente en la potencia de cada una de estas acciones, la duración del efecto, la selectividad por las enzimas COX-1 y COX-2 y los tipos de efectos secundarios.

En este artículo hablaremos sobre los beneficios y los riesgos del uso de los antiinflamatorios no esteroideos.

¿Cuáles son los principales antiinflamatorios?

Existen decenas de antiinflamatorios. Algunos ejemplos son:

  • Diclofenaco (Cataflam®, Voltaren®).
  • Ibuprofeno (Advil®, Motrin®).
  • Naproxeno (Flanax®, Naprosyn®).
  • Nimesulida (Nisulid®, Scaflam®).
  • Indometacina (Indocid®).
  • Ketoprofeno (Profenid®).
  • Ácido mefenámico (Ponstan®).
  • Piroxicam (Feldene®).
  • Celecoxib (Celebra®).
  • Etoricoxib (Arcoxia®).
  • Meloxicam (Movatec®).
  • Aceclofenaco (Proflam®).
  • Ácido acetilsalicílico (AAS, Aspirina®).

Todos los medicamentos mencionados presentan mecanismos de acción similares, pero tienen particularidades relacionadas con la duración de su acción, las interacciones medicamentosas y la selectividad por las enzimas COX-1 y COX-2, que se explicará más adelante.

El paracetamol y el metamizol o dipirona son principalmente analgésicos y antipiréticos. Aunque también reducen el dolor y la fiebre, no suelen clasificarse como AINEs porque presentan poca acción antiinflamatoria periférica en las dosis utilizadas habitualmente. Los corticoides también combaten la inflamación, pero pertenecen a otra clase de medicamentos y tienen mecanismos, indicaciones y efectos secundarios diferentes.

Algunos AINEs, especialmente el diclofenaco, también están disponibles en forma de gel, crema o parche. Para dolores localizados, como algunas tendinitis, esguinces y casos de artrosis, las formulaciones tópicas pueden proporcionar alivio con una exposición del resto del organismo menor que la de los comprimidos. Aun así, no están completamente libres de efectos adversos. Las guías para el tratamiento de la artrosis recomiendan considerar los AINEs tópicos antes que los orales cuando la articulación afectada permite este tipo de aplicación.

¿Para qué sirven los antiinflamatorios?

En general, los antiinflamatorios son medicamentos utilizados como tratamiento sintomático, es decir, alivian los síntomas, pero no necesariamente tratan la enfermedad que los provoca.

Un paciente con faringitis, por ejemplo, puede tomar un AINE para aliviar el dolor de garganta y la fiebre. Sin embargo, si existe una infección bacteriana con indicación de tratamiento específico, el antiinflamatorio no sustituye al antibiótico.

Los AINEs se utilizan principalmente para tratar dolores agudos o crónicos, especialmente cuando existe un componente inflamatorio, como ocurre en las enfermedades osteoarticulares.

Entre las situaciones en las que pueden utilizarse estos medicamentos se encuentran:

La indicación depende de la causa del dolor, de las enfermedades que presente el paciente y del riesgo de efectos secundarios. Como los AINEs pueden provocar lesiones en el estómago y los riñones, retención de líquidos y complicaciones cardiovasculares, no deben utilizarse de forma prolongada sin indicación médica.

¿Cómo actúan los antiinflamatorios?

De forma simplificada, los procesos inflamatorios implican la producción de distintas sustancias que provocan dilatación de los vasos sanguíneos, hinchazón, dolor y aumento de la temperatura local. Entre estas sustancias se encuentran las prostaglandinas.

Las prostaglandinas se producen mediante la acción de unas enzimas llamadas ciclooxigenasas, conocidas por la sigla COX.

Existen dos tipos principales de ciclooxigenasa:

  • COX-1: participa en la producción de prostaglandinas implicadas en funciones normales del organismo, como la protección de la mucosa del estómago, el mantenimiento del flujo sanguíneo renal y el funcionamiento de las plaquetas.
  • COX-2: aumenta su actividad principalmente durante los procesos inflamatorios, contribuyendo a la producción de prostaglandinas relacionadas con el dolor, la fiebre y la inflamación.

Esta división es útil para comprender el efecto de los medicamentos, pero no es absoluta. La COX-1 también puede participar en procesos inflamatorios, mientras que la COX-2 desempeña algunas funciones normales, incluso en los riñones y los vasos sanguíneos.

Los antiinflamatorios actúan inhibiendo las enzimas COX. Al disminuir la actividad de estas enzimas, se reduce la producción de prostaglandinas y, como consecuencia, disminuyen los estímulos que provocan inflamación, dolor y fiebre.

El problema es que existen diferentes tipos de prostaglandinas y ciclooxigenasas. No todas las prostaglandinas provocan inflamación o fiebre. Algunas protegen el estómago, ayudan a mantener el flujo sanguíneo renal y participan en otras funciones importantes.

Como muchos AINEs inhiben tanto la COX-1 como la COX-2, no solo disminuyen las prostaglandinas relacionadas con el dolor y la inflamación, sino también las que protegen el estómago y los riñones. Esto explica gran parte de los efectos secundarios de esta clase de medicamentos.

Los AINEs denominados selectivos de la COX-2, como el celecoxib y el etoricoxib, actúan predominantemente sobre la COX-2. Por este motivo, suelen provocar menos lesiones en el estómago que los AINEs no selectivos. Sin embargo, no eliminan el riesgo gastrointestinal y siguen pudiendo causar efectos adversos renales y cardiovasculares.

¿Por qué los antiinflamatorios pueden perjudicar el estómago, los riñones y la coagulación?

Las ciclooxigenasas y las prostaglandinas participan en diferentes funciones del organismo. La inhibición de estas sustancias explica tanto los efectos deseados como una buena parte de las complicaciones de los AINEs.

Protección del estómago frente a los ácidos producidos en su interior

Las prostaglandinas ayudan a proteger el estómago al reducir la producción de ácido, aumentar la secreción de moco y bicarbonato y mantener el flujo sanguíneo hacia la mucosa gastrointestinal.

Cuando estas prostaglandinas son inhibidas, el estómago y el duodeno quedan más expuestos a la acción del ácido, lo que aumenta el riesgo de dolor o ardor, erosiones, úlceras, sangrado y, con menor frecuencia, perforación gastrointestinal.

No es casualidad que una de las principales complicaciones del uso indiscriminado de AINEs sea el sangrado de úlceras gástricas o duodenales.

Los inhibidores selectivos de la COX-2, como el celecoxib y el etoricoxib, suelen causar menos úlceras y sangrados gastrointestinales que los AINEs no selectivos. Sin embargo, esta protección no es completa: estos medicamentos todavía pueden provocar lesiones en el estómago, especialmente en personas con factores de riesgo.

El riesgo de complicaciones gastrointestinales es mayor en personas con:

  • Edad avanzada.
  • Antecedentes de úlcera o sangrado digestivo.
  • Uso de dosis elevadas.
  • Tratamiento prolongado.
  • Uso simultáneo de AAS.
  • Uso de anticoagulantes o antiagregantes plaquetarios.
  • Uso de corticoides.
  • Uso simultáneo de otro AINE.
  • Consumo excesivo de bebidas alcohólicas.

En los pacientes con riesgo gastrointestinal elevado que realmente necesitan un AINE, el médico puede optar por un inhibidor selectivo de la COX-2 asociado a un inhibidor de la bomba de protones, como omeprazol o pantoprazol. Ni siquiera esta combinación hace que el tratamiento sea completamente seguro.

Tomar el antiinflamatorio después de comer puede reducir la sensación de ardor, las náuseas o las molestias en algunas personas, pero no evita la formación de úlceras ni protege frente a los sangrados digestivos.

Flujo sanguíneo renal

Las prostaglandinas ayudan a dilatar los vasos que llevan sangre a los riñones, contribuyendo al mantenimiento de la perfusión y de la filtración renal.

En personas jóvenes, sanas y bien hidratadas, los tratamientos cortos suelen tolerarse adecuadamente. Sin embargo, ningún antiinflamatorio es completamente seguro para los riñones.

El riesgo de lesión renal es mayor en personas con:

La combinación de un AINE con un diurético y un inhibidor de la ECA o un bloqueador de los receptores de la angiotensina es especialmente peligrosa. Esta asociación, conocida popularmente como «triple golpe» o triple whammy, aumenta el riesgo de lesión renal aguda, principalmente en personas mayores, pacientes con enfermedad renal y personas deshidratadas.

En los pacientes con mayor riesgo, los AINEs deben evitarse preferentemente o utilizarse solamente bajo supervisión médica, en la dosis eficaz más baja y durante el menor tiempo posible. En determinadas situaciones, puede ser necesario controlar la creatinina, el potasio, la presión arterial y la aparición de edemas.

No existe ningún antiinflamatorio seguro para los riñones. Todos los AINEs sistémicos pueden provocar una lesión renal o agravar una lesión ya existente. En las personas con enfermedad renal crónica, las guías recomiendan utilizar otras opciones siempre que sea posible.

Explicamos con más detalle la lesión renal provocada por estos medicamentos en el artículo: Los antiinflamatorios dañan los riñones.

Coagulación sanguínea

La COX también participa en la producción de tromboxano A2, una sustancia que favorece la agregación de las plaquetas y contribuye a la formación de coágulos.

El efecto sobre las plaquetas varía según el medicamento.

El AAS inhibe las plaquetas de forma irreversible. Como las plaquetas no pueden producir una nueva enzima COX, el efecto antiagregante permanece durante varios días, hasta que el organismo produce nuevas plaquetas.

Por este motivo, el AAS en dosis bajas, generalmente de entre 75 y 100 mg al día, se utiliza para prevenir el infarto y el accidente cerebrovascular en determinados pacientes. La expresión «hacer la sangre más líquida» es una descripción popular de esta acción antiagregante.

La mayoría de los demás AINEs no selectivos también interfieren en las plaquetas, pero de forma temporal y reversible. Por su parte, los inhibidores selectivos de la COX-2, como el celecoxib y el etoricoxib, tienen poco efecto directo sobre la agregación plaquetaria.

A pesar de estas diferencias, los AINEs pueden aumentar el riesgo de sangrado, principalmente porque provocan lesiones en el estómago o el intestino. Este riesgo es mayor cuando se combinan con medicamentos como:

  • AAS.
  • Clopidogrel.
  • Warfarina.
  • Apixabán.
  • Rivaroxabán.
  • Dabigatrán.
  • Otros anticoagulantes o antiagregantes plaquetarios.

La necesidad y el momento de suspender un AINE antes de una intervención quirúrgica dependen del medicamento utilizado, de la duración de su acción, del tipo de operación y del riesgo de sangrado. Por lo tanto, no existe un único plazo aplicable a todos los antiinflamatorios.

Los pacientes que utilizan AAS para prevenir un infarto o un accidente cerebrovascular no deben suspenderlo por iniciativa propia antes de una cirugía o procedimiento.

Otros efectos secundarios e interacciones de los antiinflamatorios

Los AINEs pueden utilizarse de forma segura en muchos pacientes cuando existe una indicación adecuada y se evalúan los factores de riesgo. El problema es que se encuentran entre los medicamentos más utilizados para la automedicación, lo que aumenta el riesgo de utilizar dosis inadecuadas, prolongar el tratamiento, duplicar medicamentos y sufrir interacciones.

Los efectos adversos más frecuentes incluyen:

  • Dolor o ardor de estómago.
  • Indigestión.
  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Retención de líquidos.
  • Hinchazón de las piernas.
  • Aumento de la presión arterial.

Las complicaciones menos frecuentes, pero potencialmente graves, incluyen:

  • Úlcera, sangrado o perforación gastrointestinal.
  • Lesión renal aguda.
  • Empeoramiento de la enfermedad renal crónica.
  • Aumento del potasio en la sangre.
  • Síndrome nefrótico.
  • Empeoramiento de la insuficiencia cardíaca.
  • Infarto de miocardio o accidente cerebrovascular.
  • Urticaria o angioedema.
  • Crisis de asma inducida por AINEs.
  • Lesión hepática provocada por el medicamento.
  • Reacciones cutáneas graves.
  • Zumbidos en los oídos y, con menor frecuencia, disminución temporal de la audición, especialmente con dosis elevadas de salicilatos, como el ácido acetilsalicílico.

El riesgo aumenta con las dosis elevadas, el uso prolongado, la edad avanzada, la presencia de otras enfermedades y la combinación con medicamentos que interactúan con los AINEs.

Las principales interacciones medicamentosas de los AINEs se producen con:

  • Otros AINEs.
  • AAS y otros antiagregantes plaquetarios.
  • Warfarina y anticoagulantes orales directos.
  • Corticoides.
  • Diuréticos.
  • Inhibidores de la ECA, como enalapril, captopril, lisinopril y ramipril.
  • Bloqueadores de los receptores de la angiotensina, como losartán, valsartán y candesartán.
  • Litio.
  • Metotrexato.
  • Ciclosporina y tacrolimus.
  • Algunos antidepresivos que aumentan el riesgo de sangrado.

Los AINEs pueden reducir el efecto de los diuréticos y de algunos medicamentos para la hipertensión. También pueden elevar las concentraciones de litio o metotrexato y aumentar el riesgo de toxicidad.

Entre los AINEs, el ibuprofeno es el ejemplo mejor documentado de interacción con el AAS en dosis bajas. Cuando ambos se toman con poca diferencia de tiempo, el ibuprofeno puede reducir el efecto antiagregante utilizado para prevenir el infarto y el accidente cerebrovascular. Otros AINEs también pueden interferir en este efecto o aumentar el riesgo de sangrado. Por este motivo, quienes toman AAS diariamente para la prevención cardiovascular no deben comenzar a utilizar un antiinflamatorio de forma regular sin indicación médica.

Tampoco deben combinarse dos AINEs. Tomar, por ejemplo, ibuprofeno junto con diclofenaco, naproxeno, nimesulida o meloxicam no suele proporcionar un alivio proporcionalmente mayor, pero aumenta los riesgos gastrointestinales, renales y cardiovasculares.

Es importante comprobar la composición de los medicamentos para la gripe, el resfriado, el dolor de cabeza y los dolores menstruales, ya que algunos ya contienen AAS, ibuprofeno, naproxeno u otro antiinflamatorio.

Por lo tanto, aunque son medicamentos muy utilizados y relativamente seguros en pacientes adecuadamente seleccionados, los AINEs están lejos de estar libres de complicaciones. Su consumo sin indicación, en dosis elevadas o durante períodos prolongados puede provocar consecuencias graves.

Eventos cardiovasculares relacionados con los antiinflamatorios

Aunque los antiinflamatorios no esteroideos son eficaces para aliviar el dolor y la inflamación, su uso puede aumentar el riesgo de eventos cardiovasculares, principalmente cuando se utilizan en dosis elevadas o durante períodos prolongados.

Las principales complicaciones incluyen:

  • Descompensación de la insuficiencia cardíaca.
  • Infarto de miocardio.
  • Accidente cerebrovascular.
  • Trombosis arterial.
  • Elevación de la presión arterial.
  • Retención de líquidos.

El riesgo de infarto o accidente cerebrovascular puede aparecer ya durante las primeras semanas de tratamiento y tiende a aumentar con dosis mayores y un uso más prolongado. Las personas que ya presentan una enfermedad cardiovascular tienen un riesgo absoluto más elevado, pero las complicaciones también pueden producirse en pacientes sin un diagnóstico cardíaco previo.

El riesgo cardiovascular no depende únicamente de que el antiinflamatorio sea selectivo o no selectivo de la COX-2. Algunos AINEs tradicionales también presentan un riesgo relevante.

El diclofenaco, por ejemplo, presenta un riesgo cardiovascular similar al de algunos inhibidores selectivos de la COX-2. El ibuprofeno también puede aumentar este riesgo cuando se utiliza en dosis elevadas. Con dosis de hasta 1200 mg al día, utilizadas habitualmente sin receta, este aumento no se ha demostrado de manera consistente, aunque esto no significa que el medicamento esté libre de riesgo.

¿Quiénes presentan un riesgo mayor?

El riesgo cardiovascular es mayor en los siguientes grupos:

  • Pacientes con enfermedad cardiovascular previa, como enfermedad de las arterias coronarias, insuficiencia cardíaca, infarto o accidente cerebrovascular.
  • Personas que se han sometido a una cirugía de revascularización coronaria.
  • Personas con factores de riesgo cardiovascular, como hipertensión, diabetes, colesterol elevado, tabaquismo y obesidad.
  • Personas mayores.
  • Pacientes con enfermedad renal crónica.
  • Personas que utilizan AINEs en dosis elevadas o durante períodos prolongados.

Para reducir el riesgo de eventos cardiovasculares, se recomienda:

  • Utilizar la dosis eficaz más baja durante el menor tiempo posible.
  • Evitar la automedicación prolongada.
  • No combinar dos AINEs.
  • Consultar a un médico antes de iniciar el tratamiento si existe una enfermedad cardíaca o factores de riesgo.
  • Controlar la presión arterial durante los tratamientos prolongados.
  • Valorar alternativas, como el paracetamol o los tratamientos tópicos, cuando sean apropiadas.

Ningún AINE presenta el mejor perfil para todos los pacientes. Un medicamento con menor riesgo gastrointestinal puede no ser la mejor elección para alguien con una enfermedad cardiovascular, mientras que otro medicamento con un perfil cardiovascular aparentemente más favorable puede presentar un mayor riesgo de sangrado digestivo.

¿Cuál es el antiinflamatorio más seguro?

No existe un antiinflamatorio que sea el más seguro para todas las personas. La elección depende de los riesgos gastrointestinales, renales y cardiovasculares, de las enfermedades del paciente y de los demás medicamentos utilizados. Un AINE que dañe menos el estómago puede no ser la mejor opción para una persona con una enfermedad cardíaca, mientras que otro con un perfil cardiovascular más favorable puede presentar un riesgo mayor de úlcera o sangrado.

¿Quién no debe tomar antiinflamatorios sin indicación médica?

Debido a su potencial para provocar efectos adversos, los antiinflamatorios deben utilizarse con precaución, especialmente por las personas pertenecientes a los siguientes grupos:

  • Personas mayores.
  • Mujeres embarazadas.
  • Pacientes con enfermedad renal crónica o una lesión renal reciente.
  • Personas deshidratadas por vómitos, diarrea, fiebre o baja ingesta de líquidos.
  • Pacientes con cirrosis, principalmente cuando existe ascitis.
  • Personas con hipertensión no controlada.
  • Pacientes con insuficiencia cardíaca.
  • Personas con enfermedad de las arterias coronarias, infarto o accidente cerebrovascular previos.
  • Personas que consumen bebidas alcohólicas de forma frecuente o excesiva.
  • Pacientes que utilizan warfarina u otros anticoagulantes.
  • Pacientes que utilizan AAS, clopidogrel u otros antiagregantes plaquetarios.
  • Personas con riesgo elevado de hemorragia.
  • Personas con antecedentes de úlcera o sangrado gastrointestinal.
  • Pacientes que utilizan diuréticos asociados a inhibidores de la ECA o bloqueadores de los receptores de la angiotensina.
  • Personas tratadas con litio, metotrexato, ciclosporina o tacrolimus.
  • Pacientes que previamente hayan presentado alergia, urticaria, angioedema o una crisis de asma provocados por el AAS u otro AINE.
  • Personas con urticaria crónica cuyas lesiones empeoran después de utilizar AINEs.
  • Personas con sospecha o diagnóstico de dengue.
  • Niños y adolescentes con gripe, varicela u otra enfermedad viral acompañada de fiebre.

Ante la sospecha de dengue, no deben utilizarse AAS ni otros antiinflamatorios no esteroideos, como ibuprofeno, diclofenaco, naproxeno o nimesulida, ya que estos medicamentos pueden aumentar el riesgo de sangrado y complicaciones.

El AAS no debe utilizarse en niños o adolescentes con gripe, varicela u otra enfermedad viral febril sin indicación médica, debido al riesgo de síndrome de Reye, una complicación poco frecuente pero grave que puede afectar al hígado y al cerebro.

Uso durante el embarazo

Los AINEs deben evitarse a partir de la semana 20 de embarazo, salvo cuando el obstetra considere que el tratamiento es necesario. A partir de esta etapa, estos medicamentos pueden provocar alteraciones en la función renal del feto y una disminución del volumen de líquido amniótico.

Aproximadamente entre las semanas 20 y 30, cuando el tratamiento sea imprescindible, deberá utilizarse la dosis más baja posible durante el menor tiempo necesario y con seguimiento obstétrico.

A partir de aproximadamente la semana 30, los AINEs también deben evitarse debido al riesgo de cierre prematuro del conducto arterioso, un vaso sanguíneo esencial para la circulación fetal.

Esta recomendación no se aplica al AAS en dosis bajas cuando lo prescribe el obstetra para prevenir la preeclampsia o por otra indicación específica. La mujer embarazada no debe comenzar ni suspender el AAS por iniciativa propia.

¿Cuándo se debe buscar atención médica?

Suspenda el antiinflamatorio y busque atención médica si aparecen:

  • Heces negras, muy oscuras o con sangre.
  • Vómitos con sangre o con aspecto de posos de café.
  • Dolor abdominal intenso.
  • Disminución importante de la cantidad de orina.
  • Sangre en la orina.
  • Hinchazón intensa o aumento rápido de peso.
  • Falta de aire.
  • Dolor o presión en el pecho.
  • Debilidad repentina en un lado del cuerpo.
  • Dificultad para hablar.
  • Hinchazón de la cara, los labios o la lengua.
  • Silbidos en el pecho o dificultad para respirar.
  • Ampollas, descamación o lesiones extensas en la piel.
  • Coloración amarillenta de la piel o los ojos.

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