Información principal sobre la tuberculosis
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada principalmente por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, también llamada bacilo de Koch. Afecta sobre todo a los pulmones, pero también puede alcanzar los ganglios linfáticos, la pleura, los huesos, los riñones, el cerebro y otros órganos.
La transmisión se produce por el aire, mediante la inhalación de aerosoles liberados por personas con tuberculosis pulmonar o laríngea activa al toser, hablar, cantar o estornudar. La enfermedad no suele transmitirse al dar la mano ni por la ropa, las sábanas, los vasos, los cubiertos u otros objetos compartidos.
El principal síntoma de la tuberculosis pulmonar es la tos persistente, que puede ser seca o acompañada de flema. También pueden aparecer fiebre al final de la tarde, sudoración nocturna, pérdida de peso, falta de apetito, cansancio, dolor en el pecho y presencia de sangre en el esputo.
El diagnóstico se realiza mediante la evaluación clínica, las pruebas de imagen y la detección de la bacteria, principalmente a través de pruebas moleculares rápidas, baciloscopia y cultivo del esputo o de otro material biológico.
La tuberculosis tiene cura. El tratamiento habitual de la tuberculosis sensible a los medicamentos dura al menos seis meses y combina varios antibióticos. En España y en los países de América Latina, el diagnóstico, los medicamentos y el seguimiento suelen estar disponibles a través de los sistemas públicos de salud y de los programas nacionales de control de la tuberculosis.
La infección tuberculosa latente se produce cuando una persona ha sido infectada por la bacteria, pero no presenta enfermedad activa, síntomas ni riesgo de transmitir el bacilo. Algunas de estas personas deben recibir tratamiento preventivo para reducir el riesgo de desarrollar tuberculosis en el futuro.
¿Qué es la tuberculosis?
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada principalmente por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, también conocida como bacilo de Koch, en homenaje al médico Robert Koch, quien identificó el microorganismo en el siglo XIX.
Los pulmones son los órganos afectados con mayor frecuencia, lo que da lugar a la tuberculosis pulmonar. Sin embargo, la bacteria también puede alcanzar la pleura, los ganglios linfáticos, los riñones, los huesos, el sistema nervioso central, el intestino, la piel y prácticamente cualquier otro órgano.
Aunque es una enfermedad prevenible y curable, la tuberculosis continúa siendo un importante problema de salud pública. En 2024, se estimaron alrededor de 342.000 nuevos casos y 35.000 muertes por tuberculosis en la Región de las Américas, aunque la incidencia varía considerablemente entre los países. En España, ese mismo año se notificaron 4.270 casos autóctonos, lo que corresponde a una tasa de aproximadamente 8,8 casos por cada 100.000 habitantes.
Transmisión de la tuberculosis
La tuberculosis se transmite por el aire. Las personas con tuberculosis pulmonar o laríngea activa pueden liberar aerosoles que contienen la bacteria al toser, hablar, cantar o estornudar.
Los aerosoles son partículas muy pequeñas que pueden permanecer suspendidas en el aire, principalmente en lugares cerrados y mal ventilados. Por este motivo, el riesgo es mayor cuando existe una convivencia frecuente o prolongada con una persona que todavía transmite la enfermedad.
Vivir en la misma casa, compartir una habitación, trabajar diariamente en un espacio cerrado o permanecer durante largos períodos en un lugar poco ventilado aumenta el riesgo de exposición. Por el contrario, un contacto breve al aire libre presenta un riesgo mucho menor.
La tuberculosis no suele transmitirse por:
- Dar la mano o abrazar.
- La ropa o las sábanas.
- Vasos, platos o cubiertos.
- Inodoros.
- Alimentos.
- Objetos personales.
La tuberculosis extrapulmonar generalmente no se transmite por el aire, salvo que el paciente también presente afectación pulmonar o laríngea. Las lesiones abiertas con secreciones que contienen bacilos requieren cuidados específicos, pero no representan la forma habitual de transmisión entre personas.
Tuberculosis activa y tuberculosis latente: diferencias
Después de la inhalación de la bacteria, el sistema inmunitario puede impedir que se multiplique y provoque la enfermedad. En esta situación, algunos bacilos pueden permanecer vivos y controlados en el organismo, sin causar síntomas. Este cuadro se denomina infección latente por Mycobacterium tuberculosis o tuberculosis latente.
La persona con infección latente:
- No presenta síntomas.
- No transmite la bacteria.
- Suele tener una radiografía de tórax normal.
Sin embargo, puede:
- Presentar pruebas diagnósticas positivas, como PPD o IGRA.
- Desarrollar tuberculosis activa en el futuro.
Se estima que aproximadamente una cuarta parte de la población mundial está infectada por el bacilo de la tuberculosis. Sin tratamiento preventivo, alrededor del 5 % al 10 % de estas personas desarrolla la enfermedad activa a lo largo de su vida. El riesgo es mayor durante los primeros años posteriores a la infección y en las personas con disminución de la inmunidad.
La tuberculosis activa aparece cuando el sistema inmunitario no consigue mantener la bacteria bajo control. Los bacilos comienzan a multiplicarse y provocan lesiones y síntomas. Cuando la enfermedad activa afecta a los pulmones o a la laringe, también puede transmitirse a otras personas.

¿Quién tiene mayor riesgo de desarrollar tuberculosis?
Cualquier persona expuesta al bacilo puede infectarse, pero el riesgo de desarrollar la enfermedad activa es mayor cuando existe una exposición intensa o una reducción de la capacidad del sistema inmunitario para controlar la bacteria.
Los principales grupos de riesgo incluyen:
- Personas que conviven con alguien que tiene tuberculosis pulmonar o laríngea.
- Personas que viven con el VIH.
- Niños menores de cinco años.
- Personas mayores.
- Pacientes tratados con medicamentos inmunosupresores, especialmente inhibidores del TNF.
- Personas que utilizan corticoides en dosis elevadas durante períodos prolongados.
- Receptores de trasplantes de órganos.
- Pacientes con cáncer o sometidos a quimioterapia.
- Personas con enfermedad renal crónica avanzada o en diálisis.
- Personas con diabetes.
- Pacientes con silicosis.
- Personas con bajo peso o desnutrición.
- Fumadores.
- Personas con consumo perjudicial de alcohol u otras drogas.
La tuberculosis también está estrechamente relacionada con condiciones sociales que favorecen la exposición prolongada, el retraso del diagnóstico y las dificultades de acceso al tratamiento.
Por este motivo, su incidencia es mayor entre las personas sin hogar, las personas privadas de libertad, los residentes de albergues o instituciones colectivas y las poblaciones que viven en viviendas superpobladas y mal ventiladas.
¿Cuáles son los síntomas de la tuberculosis?
Los síntomas dependen del órgano afectado. La tuberculosis pulmonar es la forma más frecuente y la de mayor importancia para la transmisión.
Tuberculosis pulmonar
El principal síntoma es la tos persistente, que puede ser seca o acompañada de flema. La tos con sangre, denominada hemoptisis, también puede aparecer, pero no está presente en todos los casos.
Otros síntomas frecuentes de la tuberculosis pulmonar son:
- Fiebre, generalmente baja y más perceptible al final de la tarde.
- Sudoración nocturna.
- Pérdida de peso.
- Disminución del apetito.
- Cansancio o debilidad.
- Dolor en el pecho.
- Falta de aire.
La tuberculosis suele evolucionar de forma más lenta que una neumonía bacteriana común. Los síntomas suelen persistir y empeorar a lo largo de varias semanas.

Lectura recomendada: Diferencias entre neumonía y tuberculosis.
En la población general, una tos que dura tres semanas o más, especialmente si se acompaña de fiebre, sudoración nocturna o pérdida de peso, debe ser evaluada para descartar una tuberculosis.
En las personas que viven con el VIH, los niños, las personas mayores y otros pacientes inmunodeprimidos, la presentación puede ser menos típica. En estos grupos, una tos de menor duración también puede justificar una evaluación diagnóstica.
Para obtener más información sobre los síntomas de la tuberculosis, lea también: 10 síntomas de la tuberculosis.
Síntomas de la tuberculosis extrapulmonar
En la mayoría de los casos, la infección extrapulmonar comienza de la misma forma que la tuberculosis pulmonar: la persona inhala el bacilo de Koch, que llega a los pulmones.
A partir de este foco inicial, algunas bacterias pueden alcanzar los ganglios linfáticos y diseminarse a través de la circulación linfática o de la sangre, llegando a otros lugares, como la pleura, los ganglios, los huesos, los riñones, el intestino o el sistema nervioso.
La enfermedad extrapulmonar puede aparecer poco después de la infección inicial o años más tarde, debido a la reactivación de bacterias que permanecieron inactivas en un determinado órgano.
Por lo tanto, la tuberculosis extrapulmonar generalmente no aparece porque la bacteria haya entrado directamente en el órgano afectado, sino porque se ha diseminado desde la infección inicial adquirida por las vías respiratorias.
La tuberculosis extrapulmonar puede provocar fiebre, pérdida de peso, sudoración nocturna, cansancio y disminución del apetito, además de síntomas relacionados con el órgano afectado.
Como la enfermedad se localiza fuera de los pulmones, el paciente puede no presentar tos. Sin embargo, algunas personas tienen simultáneamente tuberculosis pulmonar y extrapulmonar; en estos casos, también pueden aparecer tos, flema, dolor en el pecho u otros síntomas respiratorios.
Tuberculosis pleural
La tuberculosis pleural es una de las formas extrapulmonares más frecuentes. Afecta a la pleura, la membrana que recubre los pulmones y la parte interna del tórax.
Los síntomas más habituales son:
- Dolor en un lado del tórax que empeora al respirar.
- Tos generalmente seca.
- Falta de aire.
- Fiebre.
- Derrame pleural, conocido popularmente como líquido o agua en la pleura.
Tuberculosis ganglionar
La tuberculosis ganglionar afecta a los ganglios linfáticos. Es más frecuente en el cuello, pero también puede aparecer en las axilas, el tórax, el abdomen o la ingle.
Los ganglios suelen aumentar de tamaño lentamente y, por lo general, no provocan dolor. A medida que la enfermedad progresa, pueden agruparse, ablandarse y formar una abertura en la piel por la que sale una secreción purulenta.
Esta forma es más frecuente en niños, adultos jóvenes y personas inmunodeprimidas, aunque también puede afectar a personas sin otras enfermedades.
Tuberculosis ósea
La tuberculosis puede afectar a los huesos y las articulaciones. La columna vertebral es una de las localizaciones más frecuentes, cuadro denominado tuberculosis vertebral o mal de Pott.
La enfermedad suele provocar dolor persistente de espalda, rigidez y limitación de los movimientos. En los casos avanzados, la destrucción de las vértebras puede causar deformidad, compresión de la médula espinal, debilidad en las piernas e incluso parálisis.
Tuberculosis genitourinaria
La tuberculosis genitourinaria puede afectar a los riñones, los uréteres, la vejiga y los órganos genitales.
Entre sus posibles manifestaciones se encuentran:
- Escozor o dolor al orinar.
- Aumento de la frecuencia urinaria.
- Sangre en la orina.
- Dolor lumbar.
- Infecciones urinarias recurrentes que no responden al tratamiento habitual.
- Presencia de leucocitos en el análisis de orina, pero con un urocultivo negativo.
Sin tratamiento, la inflamación crónica puede provocar estrechamientos, deformidades de las vías urinarias y pérdida de la función renal.
Tuberculosis del sistema nervioso central
La tuberculosis puede provocar meningitis tuberculosa o formar tuberculomas, que son masas inflamatorias causadas por la infección y no verdaderos tumores.
Los síntomas pueden incluir:
- Dolor de cabeza persistente.
- Fiebre.
- Vómitos.
- Somnolencia o confusión.
- Rigidez de nuca.
- Convulsiones.
- Alteraciones de la fuerza o de la sensibilidad.
La meningitis tuberculosa es una forma grave que requiere un diagnóstico y un tratamiento rápidos.
Tuberculosis miliar
La tuberculosis miliar es una forma diseminada de la enfermedad que aparece cuando el bacilo se propaga por el torrente sanguíneo y alcanza diferentes órganos. El nombre «miliar» procede del aspecto observado en las pruebas de imagen, con numerosos nódulos pequeños distribuidos por los pulmones, semejantes a granos de mijo.
La tuberculosis miliar puede provocar fiebre prolongada, pérdida de peso, debilidad intensa, falta de aire, aumento del tamaño del hígado o del bazo y alteraciones en diferentes órganos. Es más frecuente en niños pequeños y personas con la inmunidad debilitada.
También existen formas intestinales, cutáneas, oculares, pericárdicas y genitales, entre otras.
Busque atención médica urgente si presenta una gran cantidad de sangre en el esputo, dificultad respiratoria importante, confusión, convulsiones, rigidez de nuca, debilidad en las piernas o dolor intenso y progresivo en la columna vertebral.
¿Cómo se diagnostica la tuberculosis?
El diagnóstico de la tuberculosis comienza con la evaluación de los síntomas, los antecedentes de exposición, los factores de riesgo y la exploración física.
Cuando se sospecha una tuberculosis pulmonar, las pruebas más utilizadas son:
- Prueba molecular rápida para la tuberculosis.
- Baciloscopia del esputo.
- Cultivo para micobacterias.
- Prueba de sensibilidad a los medicamentos.
- Radiografía de tórax.
- Tomografía computarizada en situaciones seleccionadas.
Prueba molecular rápida
La prueba molecular rápida para la tuberculosis detecta material genético del Mycobacterium tuberculosis en una muestra biológica. Cuando se sospecha una tuberculosis pulmonar, generalmente se utiliza una muestra de esputo.
En las formas extrapulmonares o cuando no es posible obtener esputo, pueden analizarse otras muestras, como lavado broncoalveolar, aspirado o lavado gástrico, líquido cefalorraquídeo, material de los ganglios linfáticos y fragmentos de tejido, dependiendo de la localización de la enfermedad y de las muestras validadas por el laboratorio.
Además de proporcionar el resultado rápidamente, algunas versiones de la prueba permiten identificar la resistencia a la rifampicina, uno de los medicamentos más importantes del tratamiento.
Las pruebas moleculares rápidas, como Xpert MTB/RIF y Xpert MTB/RIF Ultra, son actualmente una de las principales pruebas iniciales recomendadas para las personas con sospecha de tuberculosis pulmonar. Su disponibilidad y los protocolos de utilización pueden variar entre España y los diferentes países de América Latina.
Baciloscopia y cultivo
La baciloscopia, también conocida como búsqueda de bacilos ácido-alcohol resistentes o BAAR, busca estos bacilos en el esputo. Es una prueba rápida y ayuda a estimar la cantidad de bacilos eliminados, pero puede ser negativa incluso cuando la persona tiene tuberculosis.
Además, un resultado positivo no identifica por sí solo la especie de micobacteria, por lo que debe complementarse con pruebas moleculares y, en algunas situaciones, con el cultivo.
El cultivo permite que la bacteria crezca en el laboratorio. Es más sensible que la baciloscopia, ayuda a confirmar el diagnóstico y permite evaluar la sensibilidad a los medicamentos. Su principal limitación es que el resultado puede tardar varias semanas.
Pruebas de imagen
La radiografía de tórax suele ser la primera prueba de imagen solicitada. Puede mostrar alteraciones sugestivas, como infiltrados, nódulos y cavidades pulmonares.
La tomografía computarizada es más sensible y permite identificar lesiones más pequeñas o caracterizar mejor las alteraciones observadas en la radiografía. Puede mostrar pequeños nódulos, cavidades, diseminación miliar, alteraciones de los bronquios, aumento de los ganglios linfáticos y afectación de la pleura.

La tomografía suele utilizarse cuando la radiografía es normal o no concluyente, pero persiste la sospecha de tuberculosis, así como en personas inmunodeprimidas, en la investigación de complicaciones o para evaluar mejor la extensión de la enfermedad.
Sin embargo, ninguna alteración radiológica aislada confirma la tuberculosis. Las neumonías, las infecciones por hongos, el cáncer y otras enfermedades pueden producir imágenes similares. Siempre que sea posible, la confirmación depende de la identificación del bacilo mediante pruebas moleculares, baciloscopia o cultivo.
Del mismo modo, una radiografía normal no excluye por completo la enfermedad, especialmente en niños y personas inmunodeprimidas. La tomografía puede detectar alteraciones que no son visibles en la radiografía, pero también puede ser normal en algunos casos.
Diagnóstico de las formas extrapulmonares
En las formas extrapulmonares, el estudio diagnóstico depende del órgano afectado.
Pueden analizarse:
- Líquido pleural.
- Líquido cefalorraquídeo.
- Orina.
- Material de los ganglios linfáticos.
- Líquido articular.
- Fragmentos obtenidos mediante biopsia.
El material puede someterse a pruebas moleculares, baciloscopia, cultivo y estudio histopatológico.
Prueba de tuberculina —PPD o Mantoux— e IGRA
La prueba cutánea de la tuberculina, también conocida como prueba de Mantoux y realizada con PPD, y las pruebas de liberación de interferón gamma o IGRA se utilizan principalmente para detectar la infección por Mycobacterium tuberculosis, especialmente la infección tuberculosa latente.
Estas pruebas evalúan la respuesta del sistema inmunitario frente a los antígenos de la bacteria, pero no permiten distinguir por sí solas entre una infección latente y una tuberculosis activa.
Un resultado positivo o reactivo es compatible con una infección por el bacilo, pero debe interpretarse teniendo en cuenta el riesgo de exposición, las características del paciente y la prueba utilizada. Un resultado negativo tampoco excluye por completo la posibilidad de infección o de tuberculosis activa, especialmente en personas inmunodeprimidas o infectadas recientemente.
La prueba de tuberculina se realiza mediante la inyección intradérmica de una pequeña cantidad de PPD en el antebrazo. La lectura suele efectuarse entre 48 y 72 horas después.

Lo que se mide es la induración, es decir, el área endurecida y elevada de la piel. El enrojecimiento alrededor de la zona no debe incluirse en la medición.
La interpretación depende del producto utilizado, del tamaño de la induración y de las características clínicas y epidemiológicas de la persona. Un resultado positivo muestra que el sistema inmunitario ya ha sido sensibilizado por antígenos de micobacterias y, en el contexto adecuado, es compatible con una infección por Mycobacterium tuberculosis. Sin embargo, el PPD no confirma por sí solo la infección ni permite distinguir una infección latente de una tuberculosis activa.
El IGRA es un análisis de sangre que mide la liberación de interferón gamma por los linfocitos después del contacto con antígenos específicos de M. tuberculosis. No se ve afectado por la vacunación con BCG, pero tampoco permite diferenciar una infección tuberculosa latente de una enfermedad activa.
Antes de iniciar un tratamiento preventivo, es indispensable descartar una tuberculosis activa.
¿Qué hacer después de haber estado en contacto con una persona con tuberculosis?
Las personas que conviven o han tenido un contacto cercano y prolongado con alguien diagnosticado de tuberculosis pulmonar o laríngea deben ser evaluadas por los servicios de salud.
El estudio de los contactos puede incluir:
- Evaluación de la presencia de tos y otros síntomas.
- Exploración clínica.
- Radiografía de tórax.
- Prueba de la tuberculina o PPD.
- IGRA.
- Pruebas del esputo si existen síntomas respiratorios.
Cuando el primer PPD o IGRA se realiza poco tiempo después de la exposición, el resultado todavía puede ser negativo. En algunas situaciones, la prueba debe repetirse aproximadamente entre ocho y diez semanas después del último contacto con la persona contagiosa.
Los niños pequeños, las personas que viven con el VIH y los pacientes inmunodeprimidos deben ser evaluados rápidamente, aunque todavía no presenten síntomas.
¿Cómo se trata la tuberculosis?
La tuberculosis tiene cura cuando se utiliza correctamente el esquema adecuado durante el tiempo indicado.
En España y en los países de América Latina, la atención de la tuberculosis se realiza habitualmente a través de los sistemas públicos de salud y de los programas nacionales de prevención y control. Las condiciones concretas de acceso, seguimiento y dispensación de los medicamentos pueden variar según el país.
Tratamiento de la tuberculosis activa
En la mayoría de los adolescentes y adultos con tuberculosis sensible a los medicamentos, el tratamiento básico dura seis meses.
Durante los dos primeros meses se utilizan cuatro medicamentos, en una combinación conocida como esquema HRZE:
- Isoniazida.
- Rifampicina.
- Pirazinamida.
- Etambutol.
Durante los cuatro meses siguientes, el tratamiento suele continuar con rifampicina e isoniazida.
Estos medicamentos suelen administrarse en combinaciones a dosis fijas, es decir, en comprimidos que reúnen varios fármacos antituberculosos. Esto reduce el número de comprimidos diferentes y facilita el tratamiento.
Algunas formas de tuberculosis, como la meníngea, la osteoarticular, la diseminada o la resistente a los medicamentos, pueden requerir esquemas diferentes y tratamientos más prolongados.
En los niños con tuberculosis no grave y sensible a los medicamentos puede utilizarse un esquema de cuatro meses en situaciones seleccionadas.
¿Por qué no debe interrumpirse el tratamiento?
Los síntomas suelen mejorar durante las primeras semanas, pero la eliminación completa de las bacterias puede tardar varios meses.
El tratamiento directamente observado, denominado TDO, puede utilizarse para favorecer la adherencia. En este sistema, la toma de los medicamentos es supervisada de forma presencial o, en algunas situaciones, mediante recursos digitales.
Interrumpir el tratamiento, tomar los medicamentos de forma irregular o modificarlos sin orientación médica aumenta el riesgo de:
- Reaparición de la enfermedad.
- Continuación de la transmisión.
- Lesiones permanentes en los órganos.
- Desarrollo o selección de bacterias resistentes.
- Necesidad de tratamientos más prolongados y complejos.
La tuberculosis resistente puede aparecer cuando el tratamiento se realiza de forma inadecuada, pero también puede adquirirse directamente de otra persona. En este caso, el paciente ya está infectado por una cepa del bacilo resistente a uno o más medicamentos.
Efectos adversos de los medicamentos
Los medicamentos contra la tuberculosis pueden provocar efectos adversos, pero no deben suspenderse por cuenta propia.
La rifampicina puede hacer que la orina, el sudor, la saliva y las lágrimas adquieran una coloración anaranjada o rojiza. Este cambio es esperado y no indica la presencia de sangrado.
Las lentes de contacto blandas pueden quedar manchadas de forma permanente.
Póngase rápidamente en contacto con el servicio responsable del tratamiento si presenta:
- Coloración amarillenta de la piel o de los ojos.
- Orina muy oscura acompañada de náuseas o malestar.
- Vómitos persistentes.
- Dolor abdominal intenso.
- Pérdida importante del apetito.
- Visión borrosa o alteración en la percepción de los colores.
- Hormigueo o entumecimiento persistente.
- Manchas extensas, ampollas o hinchazón de la piel.
- Sangrados o hematomas sin una causa aparente.
La rifampicina también interactúa con numerosos medicamentos y puede reducir la eficacia de algunos anticonceptivos hormonales. Antes de comenzar el tratamiento, informe al equipo médico de todos los medicamentos, suplementos y métodos anticonceptivos utilizados.
Lectura recomendada: ¿Los antibióticos reducen la eficacia de los anticonceptivos?
Tratamiento de la infección latente
No todas las personas con un PPD o un IGRA positivo necesitan recibir tratamiento preventivo. Estas pruebas indican una respuesta inmunitaria compatible con una infección por Mycobacterium tuberculosis, pero no informan cuándo ocurrió la infección ni cuál es la probabilidad individual de que evolucione hacia una tuberculosis activa.
La decisión de tratar depende principalmente del equilibrio entre dos factores: el riesgo de que la infección latente evolucione hacia una enfermedad activa y el riesgo de efectos adversos de los medicamentos.
El tratamiento suele estar más indicado en situaciones en las que el riesgo de desarrollar la enfermedad es elevado, como:
- Contacto reciente con una persona con tuberculosis pulmonar o laríngea.
- Personas que viven con el VIH.
- Niños pequeños, especialmente los menores de cinco años.
- Personas que van a comenzar o ya utilizan medicamentos inmunosupresores, como los inhibidores del TNF.
- Receptores o candidatos a un trasplante.
- Personas con otras enfermedades que reducen significativamente la inmunidad.
- Presencia de alteraciones radiológicas antiguas compatibles con una tuberculosis no tratada, después de excluir una enfermedad activa.
La edad, el tamaño de la reacción al PPD, el resultado del IGRA, el tiempo transcurrido desde la posible exposición, la presencia de enfermedades concomitantes y el uso de medicamentos que aumentan el riesgo de reactivación también forman parte de esta evaluación.
En personas jóvenes, expuestas recientemente o inmunodeprimidas, el beneficio del tratamiento preventivo suele ser mayor. En personas con un riesgo bajo de progresión, especialmente cuando la prueba se solicitó sin una indicación clara, un resultado positivo aislado puede no justificar el uso de medicamentos.
Antes de iniciar cualquier esquema es indispensable excluir una tuberculosis activa mediante la evaluación de los síntomas y, según el caso, una radiografía de tórax y pruebas bacteriológicas. Tratar una tuberculosis activa como si fuera solamente una infección latente puede provocar el fracaso terapéutico y favorecer la resistencia bacteriana.
Los esquemas de tratamiento preventivo recomendados internacionalmente y utilizados de acuerdo con las normas de cada país pueden incluir:
- Rifapentina asociada a isoniazida una vez por semana durante tres meses, esquema denominado 3HP.
- Rifampicina diariamente durante cuatro meses, esquema denominado 4R.
- Isoniazida diariamente durante seis o nueve meses, esquemas denominados 6H o 9H.
- Otras combinaciones durante períodos más cortos en situaciones específicas.
La elección del esquema depende de la edad, el embarazo, las posibles interacciones farmacológicas, las enfermedades hepáticas, el riesgo de efectos adversos, la sensibilidad de la bacteria del caso índice y la disponibilidad de los medicamentos en cada país.
Prevención y vacuna BCG
Las medidas más importantes para prevenir la tuberculosis son:
- Diagnosticar precozmente los casos activos.
- Iniciar rápidamente el tratamiento adecuado.
- Tomar los medicamentos hasta completar el tratamiento.
- Realizar el estudio de las personas que han tenido un contacto cercano.
- Tratar la infección latente cuando esté indicado.
- Mantener los ambientes ventilados.
- Utilizar mascarillas y otras medidas de protección respiratoria cuando sean recomendadas.
- Adoptar medidas de higiene respiratoria al toser o estornudar.
Como la transmisión se produce por el aire, lavar objetos o separar los vasos y cubiertos no sustituye la ventilación, el tratamiento ni el estudio de los contactos.
Vacuna BCG
En la mayoría de los países de América Latina, la BCG forma parte del calendario infantil y se administra al nacer o lo antes posible después del nacimiento. Las edades límite para la vacunación de rescate y las indicaciones específicas pueden variar según el calendario de cada país.
En España, la BCG no forma parte del calendario sistemático común para toda la población infantil. Puede recomendarse en determinadas situaciones de alto riesgo de exposición, de acuerdo con las indicaciones de las autoridades sanitarias.
La principal función de la BCG es proteger a los niños contra las formas graves y diseminadas de tuberculosis, especialmente la meningitis tuberculosa y la tuberculosis miliar.
La vacuna no evita todos los casos de tuberculosis pulmonar, no impide por completo la infección por el bacilo ni elimina la posibilidad de transmisión durante la vida adulta.
Como contiene bacterias vivas atenuadas, la BCG está contraindicada o debe aplazarse en algunas situaciones, especialmente cuando existe una inmunodeficiencia importante. Los recién nacidos que han tenido contacto domiciliario con una persona con tuberculosis también deben ser evaluados antes de recibir la vacuna.
¿Durante cuánto tiempo es contagiosa la tuberculosis?
Mientras no reciba tratamiento, una persona con tuberculosis pulmonar puede tener una gran cantidad de bacilos en el esputo y transmitir la bacteria a varios contactos cercanos.
Después de comenzar un esquema terapéutico eficaz, la cantidad de bacterias eliminadas suele disminuir rápidamente. En muchos pacientes, el riesgo de transmisión se reduce de forma considerable después de aproximadamente dos semanas.
Sin embargo, este plazo no es absoluto. La capacidad de transmisión también depende de:
- La respuesta clínica al tratamiento.
- La toma correcta de los medicamentos.
- La cantidad inicial de bacilos.
- La persistencia de la tos.
- Los resultados de las pruebas del esputo.
- La existencia de tuberculosis resistente a los medicamentos.
Por este motivo, la suspensión de las medidas de aislamiento o el regreso al trabajo o a la escuela debe realizarse siguiendo las indicaciones del equipo responsable del tratamiento.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿La tuberculosis tiene cura?
Sí. La mayoría de los casos de tuberculosis sensible a los medicamentos puede curarse cuando el diagnóstico es correcto y el tratamiento se completa adecuadamente.
¿Una persona con tuberculosis debe utilizar vasos y cubiertos separados?
No. La tuberculosis se transmite principalmente por el aire. Los vasos, los platos, la ropa y los objetos personales no desempeñan un papel relevante en la transmisión.
¿La tuberculosis deja de ser contagiosa después de 15 días de tratamiento?
En muchos pacientes, el riesgo disminuye considerablemente después de aproximadamente dos semanas de tratamiento eficaz. Sin embargo, este plazo no es igual para todos y no debe aplicarse sin una evaluación médica.
¿Una persona que ya ha tenido tuberculosis puede volver a tenerla?
Sí. La enfermedad puede reaparecer debido a una recaída o la persona puede volver a infectarse después de una nueva exposición.
¿La tuberculosis latente aparece en una radiografía?
Generalmente no. Las personas con infección latente no suelen presentar síntomas ni alteraciones activas en la radiografía. El diagnóstico se realiza principalmente mediante el PPD o el IGRA, después de excluir la enfermedad activa.
¿Un PPD positivo significa que existe tuberculosis activa?
No. Un PPD positivo indica que se ha producido una respuesta inmunitaria frente a antígenos relacionados con la tuberculosis. No permite diferenciar una infección latente de una enfermedad activa y debe interpretarse junto con los síntomas, la radiografía y otras pruebas.
- Pulmonary tuberculosis disease in adults: Clinical manifestations and complications – UpToDate.
- Diagnosis of pulmonary tuberculosis in adults – UpToDate.
- Tuberculosis: Microbiology, pathogenesis, and immunology – UpToDate.
- Tuberculosis (TB) – CDC, Division of Tuberculosis Elimination.
- Organización Panamericana de la Salud. Tuberculosis.
- Organización Panamericana de la Salud. Situación de la tuberculosis en la Región de las Américas, 2024.
- Ministerio de Sanidad e Instituto de Salud Carlos III. Tuberculosis en España e indicadores de vigilancia de 2024.
- Organización Mundial de la Salud. WHO Consolidated Guidelines on Tuberculosis: Module 1 — Prevention: Tuberculosis Preventive Treatment. Segunda edición, 2024.
- Organización Mundial de la Salud. WHO Consolidated Guidelines on Tuberculosis: Module 3 — Diagnosis. 2025.
Dudas de los lectores sobre este tema
Preguntas reales enviadas por lectores y seleccionadas por el editor por su relevancia para este artículo.