Síntomas del VIH y del sida: primeras señales y fases de la infección

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28 Oct. 2026
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Resumen

Puntos principales sobre los síntomas del VIH y del sida

  • Los primeros síntomas del VIH pueden incluir fiebre, dolor de garganta, cansancio, manchas rojas en la piel, ganglios linfáticos inflamados y dolores musculares.
  • Cuando aparecen, los síntomas iniciales generalmente surgen entre dos y cuatro semanas después de la infección y pueden durar desde unos días hasta unas pocas semanas.
  • Algunas personas no presentan síntomas en la fase inicial de la infección por el VIH.
  • Después de la fase aguda, el VIH puede permanecer varios años sin provocar síntomas, incluso en personas que todavía no han iniciado el tratamiento.
  • El sida es la fase más avanzada de la infección por el VIH y puede causar pérdida de peso, fiebre persistente, sudores nocturnos, diarrea prolongada e infecciones oportunistas.
  • Los primeros síntomas del VIH son similares en hombres y mujeres. No existe ningún síntoma específico que sea exclusivo de uno de los sexos.
  • Ningún síntoma permite confirmar o descartar la infección por el VIH. El diagnóstico depende de pruebas específicas.

¿Cómo provoca síntomas el VIH y debilita el sistema inmunitario?

Contrariamente a lo que muchas personas piensan, tener el VIH no es lo mismo que tener sida. Una persona puede vivir con el VIH durante muchos años sin presentar síntomas y sin desarrollar el síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

Los síntomas que provoca el VIH dependen principalmente de la fase de la infección. Durante las primeras semanas después de contraer el virus, el paciente puede presentar un cuadro similar a una infección vírica común. Después, puede permanecer años sin síntomas. Si no recibe tratamiento, la destrucción progresiva de las células de defensa suele conducir al sida, etapa en la que aparecen infecciones oportunistas y otras complicaciones graves.

El VIH provoca inmunosupresión porque ataca al sistema inmunitario. Las células de defensa más afectadas son los linfocitos T CD4+. El VIH invade estos linfocitos e introduce su material genético en las células, haciendo que empiecen a producir copias del propio VIH. Después de multiplicarse, el virus se libera y puede infectar otros linfocitos, mientras que las células infectadas terminan siendo destruidas o dejan de funcionar adecuadamente.

Con el paso del tiempo, si no se recibe tratamiento, el virus continúa multiplicándose y la cantidad de linfocitos CD4+ tiende a disminuir. Este proceso de destrucción es muy lento y gradual, lo que permite que los pacientes permanezcan asintomáticos durante muchos años.

Cuando el VIH ha atacado y destruido una cantidad muy grande de linfocitos, el sistema inmunitario puede quedar debilitado. Con pocos linfocitos viables, el organismo se vuelve más vulnerable a las infecciones y queda expuesto a diferentes tipos de virus, bacterias, hongos e incluso tumores.

La gravedad de la enfermedad reside principalmente en las llamadas infecciones oportunistas, que aprovechan la debilidad del sistema inmunitario para desarrollarse. El propio VIH también puede causar manifestaciones clínicas, incluidas alteraciones neurológicas, renales y de otros órganos.

Sin embargo, el VIH puede provocar síntomas mucho antes de que exista una inmunodeficiencia grave. Poco después de contraer el virus, puede aparecer un cuadro llamado infección aguda por el VIH, que no tiene nada que ver con el sida. Se trata de un cuadro similar al de cualquier infección vírica común, que se produce por una reacción del organismo ante la presencia de un virus nuevo.

Síntomas de la infección aguda por el VIH

Llamamos infección aguda por el VIH al cuadro de infección viral que puede aparecer durante las primeras semanas después de que el paciente haya contraído el virus.

Una gran variedad de signos y síntomas puede estar asociada a la infección aguda por el VIH. Muchos de estos síntomas son inespecíficos y también aparecen en otras infecciones, principalmente las provocadas por virus, como la gripe, el resfriado, la mononucleosis, etc.

Se estima que alrededor de dos tercios de las personas infectadas por el VIH desarrollan síntomas durante la fase aguda. El problema es que el cuadro es tan inespecífico y, en algunos casos, tan leve que muchos pacientes no recuerdan haberlo presentado. Además, una parte de las personas infectadas no presenta ningún síntoma en esta fase.

El síntoma más común de la infección aguda por el VIH es la fiebre (de 38 °C a 40 °C), que aparece en más del 80 % de los pacientes con síndrome retroviral agudo, según algunas series clínicas.

También son muy frecuentes:

  • Faringitis, generalmente sin un aumento importante del tamaño de las amígdalas y sin presencia de pus.
  • Manchas rojas en la piel, frecuentemente llamadas rash o exantema, que suelen aparecer dos o tres días después del inicio de la fiebre y durar entre cinco y ocho días. Esta erupción suele presentarse como pequeñas lesiones redondeadas, de menos de 1 cm, rojizas, ligeramente elevadas y distribuidas por el cuerpo, principalmente en el tórax, el cuello y la cara. También puede afectar las palmas de las manos y las plantas de los pies.
  • Aumento de tamaño de los ganglios linfáticos (adenopatías), principalmente en las axilas y el cuello.
  • Dolores articulares, musculares y dolor de cabeza.
  • Cansancio y malestar general, que pueden ser bastante intensos.
  • Sudores nocturnos.

Con menor frecuencia, también puede haber aumento del tamaño del hígado y/o del bazo, úlceras orales, anales o genitales, diarrea y vómitos. Algunos pacientes presentan una pérdida importante del apetito y pueden adelgazar varios kilos durante el cuadro agudo.

Infografía de los síntomas de la infección aguda por el VIH, que incluyen fiebre, fatiga, dolor de garganta, ganglios linfáticos inflamados, erupción cutánea, dolor de cabeza, dolores musculares y articulares y síntomas digestivos.

Las úlceras pueden aparecer en diferentes mucosas, pero su localización no permite identificar la vía por la que se transmitió el virus. Una úlcera oral, por ejemplo, no significa que el VIH se haya adquirido mediante sexo oral.

También se han descrito casos de hepatitis, neumonía y pancreatitis asociados a la infección aguda por el VIH. En algunos casos pueden aparecer manifestaciones neurológicas, como la meningitis aséptica. En raras ocasiones, el paciente también puede presentar candidiasis oral.

Como puede observarse, los síntomas de la infección aguda por el VIH son inespecíficos y comunes a muchas otras enfermedades. Es muy difícil establecer un diagnóstico únicamente a partir del cuadro clínico. Por eso, más importante que los síntomas en sí es evaluar si hubo una exposición con posibilidad de transmisión, como una relación sexual sin preservativo o compartir agujas, y el intervalo entre esa exposición y la aparición de los síntomas.

Los pacientes que se encuentran en la fase aguda de la infección por el VIH suelen tener una carga viral extremadamente elevada y, por lo tanto, un mayor potencial de transmitir el virus durante esta etapa de la infección.

¿Cuánto tardan en aparecer los primeros síntomas del VIH?

Por lo general, los síntomas de la infección aguda por el VIH comienzan entre dos y cuatro semanas después de la exposición al virus. Este intervalo puede variar, pero la aparición de síntomas muchos meses después no es característica del síndrome retroviral agudo.

El cuadro puede durar desde unos días hasta unas pocas semanas y después desaparece, aunque el paciente no reciba tratamiento. Tras la fase aguda, la carga viral (cantidad de virus circulante en la sangre) suele disminuir y estabilizarse en niveles inferiores a los observados inicialmente.

Sin embargo, esto no significa que el VIH haya sido eliminado. El virus continúa presente y, en ausencia de tratamiento, sigue multiplicándose silenciosamente durante muchos años.

También es importante entender que los síntomas no aparecen necesariamente en un orden determinado. No existe un primer síntoma obligatorio ni es posible calcular el día de la infección a partir del inicio de la fiebre, las manchas en la piel o cualquier otra manifestación.

¿Puede el VIH permanecer años sin provocar síntomas?

Sí. Después de la infección aguda, el paciente suele entrar en una fase de latencia clínica que puede durar varios años.

Durante este período, el VIH continúa presente en el organismo y multiplicándose, pero el sistema inmunitario todavía consigue mantener una parte importante de sus funciones. Por eso, el paciente puede sentirse perfectamente sano, sin fiebre, pérdida de peso, cansancio ni ningún otro síntoma.

En algunas personas pueden aparecer manifestaciones inespecíficas, como el aumento persistente de tamaño de los ganglios linfáticos, cansancio o episodios de infecciones comunes. Sin embargo, estas manifestaciones no aparecen necesariamente y no permiten determinar el grado de afectación del sistema inmunitario.

Sin tratamiento, el recuento de linfocitos CD4+ suele disminuir progresivamente.

La duración de esta «fase silenciosa» de la infección varía mucho de una persona a otra. Sin tratamiento, la progresión hacia una inmunodeficiencia avanzada suele tardar varios años, frecuentemente una década o más, aunque algunos pacientes progresan más rápidamente.

Por lo tanto, una persona puede llevar muchos años con el VIH sin saberlo. No presentar síntomas no garantiza que no se haya producido una infección.

También es importante recordar que una persona con VIH puede transmitir el virus aunque no presente síntomas, si su carga viral no está controlada. Por otro lado, quien mantiene la carga viral suprimida de forma sostenida gracias al tratamiento antirretroviral no transmite el VIH por vía sexual. Este principio se conoce como indetectable = intransmisible (I = I) (lectura recomendada: ¿Cómo se transmite el VIH? Formas de transmisión y situaciones de riesgo).

Con el tratamiento antirretroviral moderno, la progresión de la infección puede detenerse, y la mayoría de las personas que comienzan el tratamiento de forma temprana no llegan a desarrollar sida.

¿Son diferentes los síntomas del VIH en hombres y mujeres?

Los síntomas iniciales del VIH son esencialmente los mismos en hombres y mujeres. La fiebre, el cansancio, las manchas rojas en la piel, el dolor de garganta, el aumento de tamaño de los ganglios linfáticos y los dolores musculares pueden aparecer en ambos sexos.

En algunos estudios se observan pequeñas diferencias en la frecuencia de determinadas manifestaciones, pero no son suficientemente importantes como para permitir distinguir el cuadro clínico de los hombres y las mujeres.

Las principales diferencias aparecen en ciertas complicaciones asociadas a la infección, especialmente cuando ya existe un deterioro del sistema inmunitario.

Síntomas del VIH en las mujeres

En las mujeres, la infección aguda por el VIH puede provocar todos los síntomas descritos anteriormente. No existe ningún signo ginecológico que permita identificar una infección reciente por el virus.

En fases más avanzadas, cuando existe inmunosupresión, pueden producirse episodios más frecuentes o persistentes de candidiasis vaginal, además de una mayor dificultad para controlar determinadas infecciones genitales.

Las mujeres con VIH también presentan un mayor riesgo de persistencia de la infección por el VPH y de desarrollar lesiones precursoras del cáncer de cuello uterino, principalmente cuando el sistema inmunitario está comprometido.

Sin embargo, es importante destacar que la candidiasis vaginal, el flujo vaginal, las irregularidades menstruales y otras molestias ginecológicas también son problemas comunes en mujeres sin VIH. Ninguna de estas manifestaciones, por sí sola, debe interpretarse como señal de infección por el virus.

Síntomas del VIH en los hombres

En los hombres, los síntomas de la infección aguda son los mismos descritos anteriormente. No existe ningún signo específico del VIH que sea exclusivo del sexo masculino.

Las manchas en el pene, las heridas genitales, el ardor al orinar o la secreción por la uretra no son manifestaciones típicas y específicas del VIH. Cuando aparecen, pueden indicar otras infecciones de transmisión sexual, como la sífilis, el herpes genital o la gonorrea, que también deben evaluarse.

En las fases avanzadas de la infección por el VIH, las complicaciones son similares a las observadas en las mujeres e incluyen pérdida de peso, fiebre prolongada, infecciones oportunistas y determinados tipos de cáncer.

Síntomas del sida

Como ya hemos mencionado, el VIH ataca y destruye las células de defensa llamadas linfocitos CD4. El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) es la etapa más avanzada de la infección por el VIH, en la que el sistema inmunitario ya se encuentra muy comprometido.

Los síntomas del sida dependen principalmente de las complicaciones provocadas por la inmunosupresión. Las manifestaciones más comunes incluyen pérdida importante de peso, fiebre persistente, sudores nocturnos, diarrea prolongada, debilidad e infecciones que se vuelven frecuentes o difíciles de controlar.

Llamamos infecciones oportunistas a aquellas que aprovechan la debilidad de nuestro sistema inmunitario para atacarnos. Las infecciones oportunistas no solo aparecen en personas con sida, sino también en pacientes trasplantados, en tratamiento con quimioterapia, con cáncer o con cualquier otra afección que provoque inmunosupresión.

No existe un cuadro clínico único del sida. La presentación clínica dependerá del tipo de enfermedad que se desarrolle y de los órganos afectados. Si me pregunta cuáles son los síntomas del sida, le responderé: depende, hay muchos.

Algunos ejemplos ayudan a comprender esta variedad:

  • Fiebre persistente, sudores nocturnos y pérdida de peso: pueden aparecer en infecciones como la tuberculosis, la histoplasmosis y otras enfermedades asociadas a la inmunodeficiencia.
  • Tos y falta de aire: pueden estar relacionadas con la neumonía por Pneumocystis jirovecii, la tuberculosis u otras infecciones pulmonares.
  • Diarrea prolongada y pérdida de peso: pueden estar provocadas por infecciones intestinales oportunistas.
  • Dolor o dificultad al tragar: pueden aparecer en la candidiasis esofágica.
  • Dolor de cabeza persistente, confusión mental, convulsiones o pérdida de fuerza: pueden indicar complicaciones neurológicas, como toxoplasmosis cerebral o meningitis criptocócica.
  • Alteraciones visuales: pueden aparecer, por ejemplo, en la retinitis causada por el citomegalovirus.
  • Lesiones en la piel y las mucosas: pueden estar provocadas por diferentes infecciones o por tumores, como el sarcoma de Kaposi.

Ninguno de estos síntomas es exclusivo del sida. El diagnóstico depende de la confirmación de la infección por el VIH y de la evaluación del grado de afectación inmunitaria o de la presencia de determinadas enfermedades.

¿Cuándo se considera que una persona con VIH tiene sida?

Para establecer el diagnóstico de sida en adultos y adolescentes se utilizan criterios que tienen en cuenta el recuento de linfocitos CD4 y la presencia de determinadas enfermedades.

En términos generales, según los criterios de clasificación utilizados habitualmente, se considera que una persona con infección por el VIH se encuentra en la etapa de sida cuando presenta:

  1. Un recuento de linfocitos CD4 inferior a 200 células/mm³; o bien
  2. Una de las enfermedades definitorias de sida, aunque el recuento de CD4 sea superior a 200 células/mm³.

Por lo tanto, no es necesario que el paciente presente una infección oportunista para ser clasificado como una persona con sida. Un recuento de CD4 muy bajo ya puede cumplir este criterio.

Esto significa que es posible tener sida y no presentar síntomas. El paciente puede sentirse bien, pero tener ya un recuento de linfocitos CD4 lo suficientemente bajo como para ser clasificado en esta etapa.

Del mismo modo, algunas enfermedades se consideran definitorias de sida incluso cuando no se dispone de un recuento de CD4.

¿Cuáles son las enfermedades definitorias de sida?

Entre las enfermedades y afecciones consideradas definitorias de sida se encuentran:

  • Candidiasis de los bronquios, la tráquea o los pulmones.
  • Candidiasis esofágica.
  • Cáncer de cuello uterino invasivo.
  • Coccidioidomicosis diseminada o extrapulmonar (infección fúngica).
  • Criptococosis extrapulmonar, incluida la meningitis criptocócica.
  • Criptosporidiosis intestinal crónica, de más de un mes de duración (enfermedad parasitaria).
  • Enfermedad por citomegalovirus en determinados órganos, como la retina, el intestino y el esófago.
  • Encefalopatía por el VIH (afectación cerebral relacionada con el VIH).
  • Infección por el virus del herpes simple con úlceras crónicas de más de un mes de duración o afectación del esófago, los bronquios o los pulmones.
  • Histoplasmosis diseminada o extrapulmonar (infección fúngica).
  • Cistoisosporiasis intestinal crónica, anteriormente llamada isosporiasis, de más de un mes de duración (enfermedad parasitaria).
  • Sarcoma de Kaposi (neoplasia asociada a la infección por el herpesvirus humano de tipo 8).
  • Linfoma de Burkitt.
  • Linfoma inmunoblástico.
  • Linfoma primario del sistema nervioso central.
  • Infección diseminada o extrapulmonar por el complejo Mycobacterium avium, por Mycobacterium kansasii o por determinadas otras micobacterias.
  • Tuberculosis pulmonar o extrapulmonar.
  • Neumonía por el hongo Pneumocystis jirovecii.
  • Neumonía bacteriana recurrente, caracterizada por dos o más episodios en un período de 12 meses.
  • Leucoencefalopatía multifocal progresiva (enfermedad viral que afecta el cerebro).
  • Septicemia recurrente por bacterias del género Salmonella.
  • Toxoplasmosis cerebral.
  • Síndrome de desgaste asociado al VIH, caracterizado por una pérdida importante de peso acompañada de manifestaciones persistentes y sin otra causa que explique el cuadro.

Algunas de estas enfermedades pueden aparecer en personas que no tienen VIH o no presentan una inmunodeficiencia grave. La tuberculosis pulmonar y el cáncer de cuello uterino, por ejemplo, no son exclusivos de los pacientes con sida.

Sin embargo, determinadas presentaciones, como la toxoplasmosis cerebral, la candidiasis esofágica y la neumonía por Pneumocystis jirovecii, deben hacer sospechar algún tipo de deficiencia inmunitaria, especialmente cuando no existe una explicación conocida, como el uso de medicamentos inmunosupresores o la quimioterapia.

Las enfermedades más características del sida son la candidiasis esofágica, la tuberculosis, el sarcoma de Kaposi, la toxoplasmosis cerebral, la neumonía por el hongo Pneumocystis jirovecii y la enfermedad por citomegalovirus.

La inmunosupresión, además de facilitar la aparición de infecciones, también aumenta la frecuencia de neoplasias malignas. Los cánceres como el de cuello uterino presentan un mayor riesgo de aparecer o progresar en personas con VIH que tienen inmunodeficiencia, mientras que determinados tipos de linfoma son mucho más frecuentes en estos pacientes que en la población general.

Otros tumores, como el sarcoma de Kaposi, están asociados a la inmunosupresión y a la infección por el herpesvirus humano de tipo 8 (HHV-8), y pueden aparecer en personas de cualquier sexo u orientación sexual.

¿El sida sigue provocando los mismos síntomas que antes?

Aquella imagen del paciente con sida, caquéctico, con numerosas lesiones en la piel y candidiasis oral, ya no es tan común. El tratamiento ha avanzado mucho en los últimos años y una buena parte de las personas con VIH mantiene niveles elevados de CD4, lo que evita la aparición de infecciones oportunistas.

Los pacientes también reciben el diagnóstico de forma más temprana y el tratamiento suele iniciarse antes de que la enfermedad alcance etapas avanzadas.

Actualmente, una persona con VIH que inicia el tratamiento antirretroviral de forma temprana y mantiene la carga viral controlada puede tener una esperanza de vida cercana a la de alguien sin la infección.

Pero atención: todavía no existe una cura para el VIH disponible para la población general y, sin un tratamiento adecuado, puede provocar complicaciones graves y causar la muerte. La mayor parte de las muertes relacionadas con el sida se produce como consecuencia de infecciones oportunistas, neoplasias y otras complicaciones de la inmunodeficiencia.

Por eso, es importante tomar correctamente los medicamentos antirretrovirales para impedir la multiplicación del virus y la destrucción de los linfocitos CD4.

¿Cómo saber si los síntomas están provocados por el VIH?

No es posible saber si una persona tiene VIH únicamente por sus síntomas.

Lo que debe orientar la evaluación es la existencia de una exposición con posibilidad de transmisión, el tiempo transcurrido desde esa exposición y los resultados de las pruebas realizadas.

Por ejemplo, un episodio de fiebre que comienza al día siguiente de una relación sexual no corresponde al intervalo habitual de la infección aguda por el VIH adquirida en ese contacto. En cambio, un cuadro similar a una infección vírica que aparece dos o tres semanas después de una exposición de riesgo merece una evaluación, aunque también pueda tener muchas otras causas.

Del mismo modo, no haber presentado ningún síntoma después de una relación sexual sin preservativo no permite descartar una infección.

¿Cuándo hacerse la prueba del VIH?

Si ha habido una exposición con posibilidad de transmisión del VIH, no se debe esperar a que aparezcan síntomas para buscar atención sanitaria o realizar las pruebas indicadas.

Las pruebas de laboratorio de cuarta generación, que detectan simultáneamente anticuerpos contra el VIH y el antígeno p24, pueden identificar la infección antes que las pruebas que detectan únicamente anticuerpos.

En las pruebas de cuarta generación realizadas en laboratorio con sangre extraída de una vena, el período ventana de detección generalmente oscila entre 18 y 45 días después de la exposición.

Las pruebas rápidas y las pruebas de autodiagnóstico pueden tener períodos ventana diferentes, dependiendo de la tecnología utilizada. En determinadas situaciones, especialmente cuando se sospecha una infección muy reciente, puede ser necesario detectar directamente el ARN del VIH.

Un resultado negativo obtenido demasiado pronto no excluye necesariamente la infección. La interpretación depende del tipo de prueba utilizada, del tiempo transcurrido desde la última exposición y de situaciones especiales, como el uso reciente de antirretrovirales.

Para entender cuándo realizar la prueba, la fiabilidad de los resultados y la necesidad de repetir una prueba negativa, lea: Pruebas del VIH: período ventana, prueba rápida y ELISA.

¿Qué hacer si la exposición al VIH ocurrió hace menos de 72 horas?

Si ha tenido una exposición reciente con un riesgo significativo de transmisión del VIH, debe buscar atención médica lo antes posible, con o sin síntomas.

Existe una medida preventiva llamada profilaxis posexposición (PEP), que consiste en tomar medicamentos antirretrovirales durante 28 días para reducir el riesgo de infección.

La PEP, cuando está indicada, debe iniciarse lo antes posible, preferiblemente dentro de las primeras 24 horas y, como máximo, hasta 72 horas después de la exposición.

Su indicación depende del tipo de contacto, de la posibilidad real de transmisión y de la información disponible sobre la persona fuente. No todas las relaciones sexuales ni todos los contactos con material biológico requieren PEP.

Para saber más, lea: VIH: profilaxis preexposición y posexposición (PrEP y PEP).


book Referencias bibliográficas
  • Ministerio de Salud de Brasil — VIH/sida: síntomas y fases de la infección.
  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC) — About HIV.
  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC) — Getting Tested for HIV.
  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC) — Revised Surveillance Case Definition for HIV Infection.
  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC) — Antiretroviral Postexposure Prophylaxis: Recommendations, 2025.
  • National Institutes of Health (NIH) — Guidelines for the Prevention and Treatment of Opportunistic Infections in Adults and Adolescents With HIV.
  • National Institutes of Health (NIH) — Early (Acute and Recent) HIV Infection.
  • HIV.gov — Symptoms of HIV.
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  • Lapins J, et al. Mucocutaneous manifestations in 22 consecutive cases of primary HIV-1 infection. British Journal of Dermatology. 1996.
  • UpToDate — Acute and early HIV infection: Clinical manifestations and diagnosis.
  • UpToDate — The natural history and clinical features of HIV infection in adults and adolescents.


Dudas de los lectores sobre este tema

Preguntas seleccionadas por el editor por su relevancia para este artículo.

Más comentarios de los lectores

  1. Antonio

    Doc buenas tardes, tuve una relación sexual en el cual hubo rotura de preservativo, fue el 11 de mayo, me realice una prueba a los 17, 31, 45,51 días de la relación sexual todas Pruebas de 4ta generación, en todas salió no reactivo, puedo dar por concluido el resultado o necesito más pruebas?

    Dr. Pedro Pinheiro
    Dr. Pedro Pinheiro (CRM RJ 73009-2) Autor

    Antonio, si todas fueron pruebas de VIH de 4.ª generación y la última fue no reactiva a los 51 días, puede dar por descartado el VIH para esa relación del 11 de mayo. Las pruebas de 4.ª generación de laboratorio suelen cerrar la ventana diagnóstica a los 45 días. No necesita más pruebas por ese episodio, salvo que haya tenido nuevas exposiciones de riesgo después o que su médico haya indicado otro control por una situación especial. Recuerde que otras ITS, como sífilis, hepatitis B, gonorrea y clamidia, necesitan pruebas diferentes.

  2. Rudy

    Muy buena explicación relatada

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