Helicobacter pylori: qué es, síntomas y tratamiento

Autor: Dr. Pedro Pinheiro

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Tiempo estimado de lectura: 5 minutos.

¿Qué es el Helicobacter pylori?

El Helicobacter pylori, también conocido como H. pylori, es una bacteria que vive en nuestro estómago y duodeno, siendo responsable de la infección bacteriana crónica más común en humanos, presente en todas las poblaciones y en individuos de todas las edades. Estimaciones conservadoras sugieren que más del 50% de la población mundial tiene el estómago colonizado por esta bacteria.

Los estudios que involucran el análisis de secuencias genéticas sugieren que los humanos han sido infectados con H. pylori desde que emigraron de África hace unos 58.000 años.

El Helicobacter pylori es una bacteria que posee una increíble capacidad de sobrevivir en uno de los ambientes más inhóspitos de nuestro organismo: el estómago, que presenta un medio extremamente ácido, con un pH inferior a 4.

La acidez del estómago es uno de los mecanismos de defensa de nuestro organismo contra las bacterias que son ingeridas con los alimentos. Pocos son los seres vivos que logran sobrevivir en un ambiente tan ácido. El Helicobacter pylori es una de esas excepciones.

El H. pylori presenta algunos «trucos» evolutivos que le permiten adaptarse a un ambiente tan hostil. La bacteria produce sustancias que neutralizan los ácidos, formando una especie de nube protectora a su alrededor, permitiéndole moverse dentro del estómago hasta encontrar un punto para fijarse.

Además de esta protección, el Helicobacter pylori logra sobrepasar la barrera de moco que el estómago posee para protegerse de la propia acidez, adhiriéndose a la mucosa, área por debajo de la mucosidad, donde la acidez es mucho menos intensa. Por lo tanto, además de producir sustancias contra la acidez, el H. pylori logra penetrar el estómago hasta partes donde el ambiente es menos agresivo.

Transmisión

El modo de contagio del Helicobacter pylori aún no es plenamente conocido. Sabemos que la transmisión puede ocurrir de una persona contaminada a una persona sana por medio del contacto con vómitos o heces; en el caso de las heces, generalmente bajo la forma de agua o alimentos contaminados.

Los seres humanos parecen ser el reservorio principal de la bacteria, sin embargo, el H. pylori ya fue aislado en otros primates, ovejas y en gatos domésticos, lo que sugiere que puede ocurrir la transmisión de estos a los humanos.

El agua contaminada, particularmente en los países en desarrollo, a menudo sirve como fuente de bacterias. H. pylori puede permanecer viable en el agua por varios días.

Los estudios realizados con técnicas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) mostraron evidencia de que el H. pylori se puede encontrar en muestras de agua municipal de áreas endémicas para la infección. Los niños que nadan regularmente en ríos, arroyos, piscinas, beben agua de arroyos o comen verduras crudas tienen más probabilidades de infectarse.

En países sin saneamiento básico universal, la mayoría de los niños se infectan antes de los 10 años y la prevalencia en la población adulta es superior al 80%. En países desarrollados, como Estados Unidos y en Europa, la contaminación en niños es poco común, pero la transmisión en la edad adulta es frecuente, donde más del 50% de la población mayor de 60 años se encuentra infectada.

Cuando un miembro de la familia se infecta con Helicobacter pylori, el riesgo de transmisión a los hijos y cónyuge es muy alto. Esta transmisión es común incluso en casas con buenas condiciones higiénicas, lo que genera dudas sobre si la transmisión se produce siempre por la vía fecal/oral.

La transmisión a través de la saliva aún no está probada. El H. pylori se puede encontrar en la boca, principalmente en las placas dentales, sin embargo, su concentración parece ser demasiado baja para que haya transmisión.

Un dato que habla en contra de esta forma de transmisión es el hecho de que los dentistas no presentan mayores tasas de contaminación que otros profesionales que no lidian constantemente con saliva y placas bacterianas.

Reinfección

La reinfección por H. pylori después de una curación exitosa es poco común. La recurrencia de la infección suele representar un fracaso del tratamiento, con el retorno de la cepa original que ya colonizó el estómago, y no una nueva contaminación por una cepa diferente.

Por lo tanto, cuando el paciente es tratado y luego descubre que todavía tiene la bacteria, no es porque se haya reinfectado, sino porque el tratamiento no tuvo éxito y no condujo a la erradicación completa del H. pylori.

La baja tasa de reinfección se debe a que los adultos son más resistentes a la bacteria y la inmunidad adquirida desde la primera infección también es un factor protector.

El riesgo de reinfección real es mayor en áreas con saneamiento deficiente y agua insegura para beber o bañarse.

Enfermedades causadas por el Helicobacter pylori

Como ya se ha dicho al inicio de este artículo, el Helicobacter pylori suele alojarse en la pared del estómago, justo debajo de la capa protectora de moco. Esa capa es esencial para la protección del estómago, impidiendo que el ácido clorhídrico agreda a su mucosa.

El problema es que el H. pylori produce una serie de enzimas, algunas de ellas directamente irritantes para las células del estómago, y otras activas contra la capa de moco, tornándola más débil, dejando la pared del estómago desprotegida contra su propio contenido ácido.

Estas acciones provocan inflamación de la mucosa del estómago, lo cual lleva a la gastritis y, en algunos casos, a la formación de úlcera péptica y hasta de tumores.

En resumen, la presencia del Helicobacter pylori causa lesión en el estómago y en el duodeno, estando así asociado a un mayor riesgo de:

  • Gastritis.
  • Duodenitis (inflamación del duodeno).
  • Úlcera de duodeno.
  • Úlcera de estómago.
  • Cáncer de estómago.
  • Linfoma de estómago (linfoma MALT).

Síntomas

La gran mayoría de los pacientes contaminados por el Helicobacter pylori no presenta ningún tipo de síntoma o complicación. Existen cepas de la bacteria más agresivas y cepas más indolentes, lo cual explica, en parte, la ocurrencia de síntomas apenas en pocas personas contaminadas.

Es importante destacar que el Helicobacter pylori en sí no causa síntomas. Los pacientes contaminados con H. pylori que presentan quejas lo hacen por la presencia de gastritis o úlceras pépticas provocadas por la bacteria. En estos casos, los síntomas más comunes son:

  • Dolor o incomodidad, generalmente como quemazón en la parte superior del abdomen.
  • Sensación de hinchazón del estómago.
  • Saciedad rápida del hambre, generalmente después de comer tan solo una pequeña cantidad de alimento.

Estos síntomas reciben el nombre de dispepsia.

En el caso de úlceras, las siguientes señales y síntomas también son comunes:

  • Náuseas o vómitos.
  • Heces oscuras.
  • Anemia.

Si el paciente no presenta gastritis ni úlceras, la simple presencia de H. pylori no puede ser responsabilizada por síntomas como dolores estomacales.

A manera de ejemplo, varios estudios muestran que solo 1 de cada 14 pacientes con quejas de quemazón estomacal, sin gastritis o úlcera documentadas en la endoscopia, presentan mejoría con el tratamiento para el H. pylori.

El H. pylori también parece ser responsable por la aparición de aftas recurrentes en algunos pacientes, pero esta asociación aún no está comprobada.

Diagnóstico

Actualmente, existen varios métodos para diagnosticar la presencia de la bacteria Helicobacter pylori. Sin embargo, más importante que el diagnóstico de la bacteria es saber en quién se debe investigar su presencia. Como en algunos lugares hasta el 90% de la población está contaminada por la bacteria, los exámenes serán positivos en casi todo mundo. Por lo tanto, no tiene sentido solicitar la investigación de H. pylori en personas sin quejas específicas.

Antiguamente, la investigación del H. pylori se realizaba solo con la endoscopia digestiva, por medio de biopsias del estómago. En la actualidad existen pruebas no invasivas, a través de heces, sangre o aliento.

Por lo tanto, las tres pruebas más utilizadas para diagnosticar la infección por H. pylori son:

  • Pruebas endoscópicas con biopsia y prueba de ureasa.
  • Prueba de aliento para H. pylori.
  • Prueba de antígeno fecal.

En los pacientes que se quejan de dolor de estómago, la endoscopia digestiva es importante para evaluar el estado del estómago, sirviendo también para el diagnóstico de gastritis, úlceras o tumores. Por lo tanto, muchos de los diagnósticos de Helicobacter pylori aún se realizan por medio de la endoscopia digestiva, a través de la biopsia y del test de ureasa.

Las pruebas no invasivas (prueba de aliento y antígeno fecal) acaban siendo más utilizadas después del tratamiento, como forma de confirmar la eliminación de la bacteria.

Los pacientes con menos de 55 años que presentan quejas de quemazón estomacal, sin señales que puedan indicar un tumor o úlceras activas (sangrado, anemia, saciedad precoz, pérdida de peso inexplicada, vómitos recurrentes o historial familiar de cáncer gastrointestinal) pueden ser sometidos a un examen no invasivo, con miras a un tratamiento en caso de que sean positivos para el H. pylori. La endoscopia digestiva es indicada solo si no hay mejoría de los síntomas con el tratamiento.

Helicobacter pylori y cáncer de estómago

Sabemos que la mayoría de la población se encuentra colonizada por el H. pylori, no obstante, apenas una pequeñísima parte desarrolla cáncer de estómago. Luego, podemos concluir que el H. pylori aumenta el riesgo de cáncer, pero no es el único factor.

Por lo tanto, no está indicado el tratamiento contra el Helicobacter pylori para todo aquel que tenga la bacteria. No solo sería poco práctico tratar a más de la mitad de la población mundial, sino que también conduciría inevitablemente a la aparición de cepas de bacterias ultrarresistentes a los antibióticos.

Solo los pacientes con antecedentes familiares de cáncer gástrico deben preocuparse con la presencia asintomática del H. pylori. En estos casos, incluso si el paciente no presenta ningún síntoma, se indica la investigación de la bacteria y el tratamiento a fin de erradicarla.

El Helicobacter pylori está relacionado con el surgimiento de un tipo específico de linfoma del estómago, llamado linfoma MALT. La relación entre la bacteria y el tumor es tan estrecha que el tratamiento se hace con antibióticos y la erradicación de la bacteria conduce a la curación de la neoplasia.

Tratamiento

Recientemente, las indicaciones para el tratamiento del H. pylori fueron expandidas, englobando grupos que hasta hace poco tiempo atrás no eran habitualmente tratados.

Las actuales indicaciones para tratamiento del Helicobacter pylori son:

  • Gastritis.
  • Úlcera gástrica y/o duodenal.
  • Linfoma MALT gástrico.
  • Familiares de primer grado de pacientes con cáncer gástrico.
  • Anemia por carencia de hierro sin causa aparente.
  • Púrpura trombocitopénica idiopática.
  • Pacientes en terapia de largo plazo con antiinflamatorios, que tienen sangrado gastrointestinal y/o úlcera péptica.

El tratamiento se suele hacer con 3 fármacos durante 14 días con:

  • Un inhibidor de la bomba de protones (Omeprazol, Pantoprazol o Lansoprazol) + dos antibióticos (Claritromicina y Amoxicilina o Claritromicina y Metronidazol).

Las dosis recomendadas de antibióticos son:

As doses indicadas dos antibióticos são:

  • Claritromicina 500 mg 12/12h.
  • Amoxicilina 500 1g de 12/12h.
  • Metronidazol 500 mg 8/8h.

En lugares donde hay una alta tasa de bacterias resistentes a la claritromicina, el tratamiento puede ser con un régimen alternativo de 4 medicamentos, también durante 14 días:

  • Un inhibidor de la bomba de protones (Omeprazol, Pantoprazol o Lansoprazol) + Subsalicilato de bismuto (Pepto-Bismol) + dos antibióticos (metronidazol y tetraciclina).

Después de 4 semanas del fin del tratamiento, el paciente puede realizar los exámenes no invasivos para confirmar la eliminación de la bacteria.

H. pylori y cirugía bariátrica

Aunque aún no hay consenso, la mayoría de los médicos solicitan la investigación de H. pylori, y hacen el tratamiento adecuado en caso de un resultado positivo, para pacientes obesos que serán sometidos a cirugía bariátrica.

Este enfoque parece reducir el riesgo de lesiones estomacales, como úlceras, en el período postoperatorio.


Referencias


Autor(es)

Médico licenciado por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), con títulos de especialista en Medicina Interna por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y de Nefrología por la Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ) y por la Sociedad Brasileña de Nefrología (SBN). Actualmente vive en Lisboa, Portugal, tiene títulos reconocidos por la Universidad de Oporto y por el Colegio de Nefrología de Portugal.

Médica graduada por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), con títulos de especialista en Medicina Interna y Nefrología por la Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ) y la Sociedad Brasileña de Nefrología (SBN). Actualmente con sede en Lisboa, Portugal, tiene títulos reconocidos por la Universidad de Oporto y el Colegio de Especialista de Nefrología de Portugal.

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