Síntomas de la hipertensión arterial (presión alta)

Autor: Dr. Pedro Pinheiro

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Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

¿Qué es la presión arterial?

La presión arterial es la presión que la sangre dentro de las arterias ejerce sobre sus paredes. La presión arterial es pulsátil, es decir, aumenta a cada palpitación del corazón y disminuye cuando el mismo se relaja.

Sístole es el nombre que se le da a la contracción del músculo cardíaco, por lo tanto, la presión sistólica es la presión arterial durante cada latido del corazón. La diástole es el breve momento de relajación del corazón entre cada latido. Por tanto, la presión diastólica es la presión arterial durante la fase de relajación del músculo cardíaco.

Sístole es el nombre que se le da a la contracción del músculo cardíaco, por lo tanto, la presión sistólica es la presión arterial durante cada latido del corazón. La diástole es el breve momento de relajación del corazón entre cada latido. Por tanto, la presión diastólica es la presión arterial durante la fase de relajación del músculo cardíaco.

La presión arterial es medida en estos dos momentos; por eso, es descrita siempre con dos valores, conocidos como presión máxima y presión mínima. En realidad, como acabamos de ver, el nombre correcto es presión sistólica y presión diastólica. Por lo tanto, una presión de 110/70 mmHg* significa una presión sistólica de 110 mmHg y una presión diastólica de 70 mmHg.

* mmHg es la sigla para milímetro de mercurio, que es la unidad estándar para medir la presión arterial.

Los valores de la presión arterial son clasificados de la siguiente manera:

  • Presión arterial normal: pacientes con presión sistólica menor de 120 mmHg y presión diastólica menor de 80 mmHg.
  • Prehipertensión: pacientes con presión sistólica entre 120 y 129 mmHg o presión diastólica menor de 80 mmHg.
  • Hipertensión en etapa 1: pacientes con presión sistólica entre 130 y 139 mmHg o presión diastólica entre 80 y 89 mmHg.
  • Hipertensión en etapa 2: pacientes con presión sistólica superior a 140 mmHg o presión diastólica superior a 90 mmHg.
  • Crisis hipertensiva: pacientes con presión sistólica superior a 180 mmHg o presión diastólica superior a 110 mmHg.

Nuestro organismo fue creado para trabajar con presiones arteriales alrededor de 120/80 mmHg. Cuando nuestros vasos y órganos son expuestos a un aumento crónico de la presión arterial, o sea, la hipertensión, existe un gran riesgo de lesiones en los mismos, principalmente en el cerebro, corazón, riñones y ojos.

La hipertensión arterial, conocida popularmente como presión alta, es una de las enfermedades más comunes en todo el mundo, y acomete cerca de 1 de cada 5 personas. En muchos países, más de la mitad de la población arriba de 60 años es hipertensa.

Síntomas de la hipertensión

La hipertensión arterial es una enfermedad peligrosísima, pues tiene una característica: no produce síntomas en la inmensa mayoría de los casos. No es de extrañar que la llamen «la asesina silenciosa».

El simple hecho de que la presión dentro de las arterias se eleve no es suficiente para producir síntomas. Los síntomas de la presión arterial alta solo aparecen más tarde, después de que algún órgano ya esté severamente dañado. En realidad, en estos casos, no son señales o síntomas de hipertensión lo que sentimos, sino señales y síntomas de las consecuencias de años y años de hipertensión no tratada adecuadamente, como, por ejemplo, síntomas de insuficiencia cardiaca, accidente cerebrovascular o insuficiencia renal.

Por eso, todas las personas deben tener su presión arterial medida por lo menos una vez cada dos años. Si usted nunca trató de saber cómo anda su presión arterial porque cree que algún síntoma lo alertará sobre el problema, sepa que usted puede estar en este momento con la presión elevada, sufriendo daños en órganos vitales.

Para reforzar el enunciado más importante de este texto: si usted no mide su presión arterial es IMPOSIBLE saber si está normal o alta.

Mitos acerca de los síntomas de la hipertensión

Lamentablemente, algunos mitos sobre la hipertensión están tan difundidos entre la población que incluso la palabra del médico no logra convencer al paciente de lo contrario. Vamos a examinar algunos de estos mitos:

Dolor de cabeza o dolor en la nuca

Este tal vez sea el mayor mito en relación a la hipertensión. Es extremadamente común que el paciente relacione un dolor de cabeza con una elevación de su presión arterial. Vamos a los hechos.

Todos paciente con dolor, principalmente si es de fuerte intensidad, presenta una presión arterial arriba de los valores habituales, ya sea por dolor de cabeza, dolor de estómago o dolor en el dedo del pie. Por lo tanto, es lógico que el paciente note siempre que su presión está alta cada vez que tiene un dolor de cabeza fuerte. El problema aquí es confundir causa con efecto.

La presión arterial sólo puede ser considerada como la causa del dolor de cabeza cuando alcanza niveles muy elevados, generalmente arriba de 200 mmHg de presión sistólica y/o 110 de presión diastólica. Los pacientes con crisis hipertensiva, es decir, con elevaciones súbitas de la presión, muy arriba de lo habitual, son generalmente aquellos en que es aceptable asociar un dolor de cabeza a un descontrol de la presión arterial.

Aquí cabe hacer una aclaración: si el paciente tiene hipertensión grado II mal controlada desde hace meses, puede no sentir molestias incluso con valores exorbitantes como 220-240 mmHg de presión sistólica.

Conclusión: dolor de cabeza o dolor en la nuca no son síntomas confiables de hipertensión arterial.

Nerviosismo y ansiedad

Otra asociación muy común es la de crisis de ansiedad e hipertensión. La lógica es la misma de la del dolor de cabeza. Es obvio que toda persona nerviosa tendrá su presión arterial más elevada. Pero es la ansiedad la que aumenta la presión y no la presión alta la que provoca una ansiedad. Aquella creencia de «Fulano de Tal anda muy nervioso últimamente. Eso debe ser presión alta», no tiene ninguna base científica.

No obstante, una vez más, la crisis hipertensiva es una excepción. En algunos casos, principalmente en pacientes con corazón débil, una elevación grave y súbita de la presión puede causar un mayor esfuerzo para el corazón, llevando a síntomas como cansancio y falta de aire, que pueden provocar mucha ansiedad en personas más sensibles.

Conclusión: nerviosismo y ansiedad no son síntomas confiables de hipertensión arterial.

Sangrado nasal

El sangrado nasal es otro síntoma frecuentemente asociado a la hipertensión, pero que ocurre solo en algunos casos. Hay estudios que muestran que apenas el 15% de los pacientes que buscan una emergencia por descontrol de la presión arterial presentan sangrado nasal. O sea, el 85% de los pacientes, incluso con crisis hipertensiva, no sangran por la nariz.

Existen decenas de causas para el sangrado nasal. Por eso, antes de culpar a la hipertensión, si su nariz sangra con frecuencia, busque un otorrinolaringólogo, pues es posible que haya otra causa para este problema.

Conclusión: el sangrado nasal no es un síntoma confiable de hipertensión arterial.

Mareos

Los mareos no son un síntoma habitual de la hipertensión. En realidad, los pacientes hipertensos, incluso bajo tratamiento, suelen tener mareos, no como síntoma de elevación de la presión, sino como efecto colateral de los medicamentos, principalmente cuando la presión cae muy rápidamente.

Si la presión sube mucho y súbitamente, y aquí estamos hablando de valores arriba de 200-220 mmHg de presión sistólica, es posible que el paciente refiera algún grado de mareo o sensación de cabeza leve. Es importante destacar que los picos hipertensivos pueden ocurrir en los cuadros de ACV, y el mareo es un síntoma común de esta complicación.

Conclusión: los mareos no son un síntoma confiable de hipertensión arterial.

Ondas de calor y rojez facial

El aumento de la presión arterial no provoca calores ni deja el rostro más enrojecido.

El rubor y el calor facial ocurren cuando los vasos sanguíneos se dilatan en el rostro. Este cuadro puede surgir por diversos factores, tales como la exposición al sol, calor, frío, alimentos picantes, viento fuerte, bebidas calientes, reacciones a productos de piel, estrés emocional, consumo de alcohol o ejercicio físico, situaciones estas que pueden causar alteraciones de la presión arterial temporalmente.

Conclusión: calor y rubor facial no son síntomas confiables de hipertensión arterial.

Consideraciones finales

Lo que querríamos transmitir en este artículo es la noción de que en más del 90% de los casos, la hipertensión arterial es una enfermedad silenciosa, que puede estar presente durante años, sin provocar ni siquiera un síntoma.

Cuando los síntomas ocurren, generalmente están relacionados a crisis hipertensivas, con aumentos importantes y súbitos de la presión arterial, situaciones que no son frecuentes en la mayoría de los pacientes hipertensos.

Por lo tanto, si usted no midió su presión arterial recientemente, es imposible estimar su valor. Y si usted no mide su presión arterial de tiempo en tiempo, puede estar sufriendo lesiones de órganos nobles, que lo llevarán en el futuro a enfermedades graves.


Referencias


Autor(es)

Médico licenciado por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), con títulos de especialista en Medicina Interna por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y de Nefrología por la Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ) y por la Sociedad Brasileña de Nefrología (SBN). Actualmente vive en Lisboa, Portugal, tiene títulos reconocidos por la Universidad de Oporto y por el Colegio de Nefrología de Portugal.

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