Mastitis en la lactancia: qué es, síntoma y tratamiento

Autor: Dr. Pedro Pinheiro

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Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

¿Qué es la mastitis puerperal?

La mastitis puerperal, también llamada mastitis en la lactancia, es una inflamación de las glándulas mamarias que ocurre en mujeres en fase de lactancia materna y cursa con enrojecimiento en los senos, dolor, escalofríos y fiebre alta.

Del 10 al 20 % de las mujeres desarrollan al menos un episodio de mastitis durante el período de lactancia. En la mayoría de los casos, la inflamación ocurre en los tres primeros meses de lactancia, pero nada impide que pueda ocurrir en fases posteriores.

Las mastitis son causadas por diversos microorganismos, siendo la bacteria Staphylococcus aureus el agente más común, responsable de más de la mitad de los casos.

Causas

El principal factor de riesgo para la mastitis puerperal es la estasis láctea, es decir, la permanencia de leche presa en uno de los conductos mamarios durante un tiempo prolongado.

La estasis de la leche puede ocurrir por alguna obstrucción de uno de los conductos de la mama o por un incompleto vaciamiento de los senos por el bebé durante la lactancia. Otro factor importante son las fisuras del pezón, que favorecen la invasión de bacterias de la piel dentro del tejido mamario.

En resumen, la mastitis de la lactancia ocurre básicamente cuando una bacteria presente en la piel o en la boca del bebé logra alcanzar una región de la mama en la que hay estasis de la leche.

Factores de riesgo

La inflamación generalmente ocurre en el contexto de los siguientes problemas, que típicamente ocasionan ingurgitación de la mama o mal drenaje de la leche:

  • Bloqueo parcial del conducto de la leche, provocando reducción del drenaje y estancamiento.
  • Frecuente presión sobre las mamas, por ejemplo, uso sujetador apretado o cinturón de seguridad del coche.
  • Producción excesiva de la leche.
  • Vaciamiento poco frecuente del seno.
  • Escoriación o grietas en el pezón.
  • Interrupción temprana de la lactancia materna.
  • Estrés materno o la fatiga excesiva.
  • Desnutrición materna.

La mejor manera de prevenir la mastitis en el puerperio es a través de una técnica correcta de amamantamiento, con el bebé bien agarrado, buscando el vaciado eficiente del pecho en cada toma y evitando la aparición de lesiones en los pezones que sirvan como punto de entrada para la invasión de bacterias.

Síntomas

La mastitis puerperal presenta como principales signos y síntomas el endurecimiento en un punto de la mama (llamado popularmente leche empedrada), enrojecimiento local, dolor, cansancio, escalofríos y fiebre, generalmente por encima de 38ºC.

Al tacto, la zona mamaria afectada suele estar endurecida, con aumento de temperatura y dolorosa. La mastitis de la lactancia suele afectar a un solo pecho, y la infección bilateral al mismo tiempo es poco frecuente.

La afección suele comenzar de forma leve, primero con el endurecimiento de una zona de la mama, lo que indica una estasis de leche en ese lugar. A partir de entonces, puede aparecer dolor y un pequeño enrojecimiento local. El vaciado adecuado del pecho en este momento es importante para evitar que la inflamación progrese. Si la estasis continúa, puede producirse una infección en la zona, surgiendo entonces los síntomas de fiebre alta, escalofríos y postración.

Mastitis
Mastitis

Si no se trata correctamente, la mastitis de la lactancia puede evolucionar con la formación de abscesos, que se convierte en un cuadro grave con riesgo de sepsis y necesidad de internación hospitalaria. Si hay signos de inflamación de la mama, busca a su ginecólogo o al pediatra de su hijo para que el tratamiento adecuado pueda iniciarse precozmente.

Diagnóstico

En la mayoría de los casos, el diagnóstico de mastitis es simple y se puede hacer basado solamente en las manifestaciones clínicas. Los exámenes de laboratorio raramente son necesarios.

En los casos más graves, sin embargo, el cultivo de la leche materna puede ser útil para orientar la selección de antibióticos, principalmente si el tratamiento antibiótico inicial no ha sido efectivo.

Los exámenes de imagen pueden ser necesarios si la mastitis de la lactancia no presenta signos de mejora después de aproximadamente 48 a 72 horas de antibióticos. La ecografía mamaria es el método más simple y eficaz para identificar la existencia de un absceso en la mama.

Tratamiento

Debido a la incomodidad, la postración y el dolor, y también por creer que la leche de la mama inflamada está contaminada y hará mal al bebé, muchas mujeres suspenden precozmente la lactancia materna. ¡Este procedimiento es incorrecto! La suspensión de la lactancia favorece aún más la congestión de la mama y la proliferación de las bacterias. El vaciamiento mamario frecuente es esencial para el éxito del tratamiento.

En cuanto a la seguridad del bebé, no hay que preocuparse. La leche materna es muy rica en anticuerpos y sustancias antibacterianas. Además, la acidez del estómago del bebé se encarga de destruir las bacterias y toxinas que se ingieren. Por lo tanto, la lactancia durante la mastitis puerperal no solo está permitida, como también está indicada plenamente.

Si el bebé está inquieto durante la toma en el seno acometido, puede ser por alguna demora en el descenso de la leche debido a la obstrucción. No tome esto como una señal de que la leche está haciendo mal al bebé. Mantiene la lactancia y drena el resto de la leche con una bomba, si es necesario, después del final de la lactancia.

En los casos más blandos, solamente el vaciamiento correcto de la mama puede ser suficiente para el control de la mastitis. Sin embargo, cuando hay fiebre alta, malestar o postración, el uso de antibióticos suele ser necesario. Los más usados son las penicilinas y cefalosporinas, como dicloxacilina, cefalexina o cefradina. El tratamiento suele ser prescrito por 7 a 14 días, de acuerdo con la gravedad de la infección 

Las clases de antibióticos sugeridas arriba se consideran seguras durante la lactancia, ya que las cantidades eliminadas en la leche son mínimas y no causan daño al bebé.

Después de la resolución del cuadro, es necesario revisar las técnicas de lactancia para minimizar las posibilidades de un nuevo episodio de mastitis.

¿Qué hacer para aliviar el dolor de la mastitis?

El dolor de la mastitis puede ser controlado con analgésicos comunes, tipo paracetamol, o antiinflamatorios, como el ibuprofeno. Ambos fármacos también actúan contra la fiebre y son seguros para el bebé.

Las medidas que facilitan el drenaje de la leche también ayudan a controlar el dolor. Algunos ejemplos son masajes en los lugares más endurecidos, compresas o baños calientes. El correcto posicionamiento del bebé y el agarre del pezón son importantes, no solo para garantizar el correcto descenso de la leche, sino también para reducir el dolor a la hora de la mamada.

Prevención

Quien ya ha tenido una mastitis puerperal tiene mayor riesgo de tenerla nuevamente. Algunos consejos ayudan a reducir la posibilidad de un nuevo episodio:

  • Deja a tu bebé vaciar completamente un seno antes de cambiar a otro durante la mamada.
  • Gire entre los senos. Si el bebé fue amamantado antes a la izquierda, comience a la derecha para la próxima toma.
  • Asegúrese de que su bebé se ajuste correctamente durante las tomas.
  • Si hay signos de leche empedrada, haz masajes, aplica una compresa caliente y asegúrate de que el bebé pueda vaciar ese seno.
  • Si fumas, deja de hacerlo.

Algunos estudios sugieren que en el caso de las mujeres embarazadas que tuvieron mastitis en el puerperio anterior, la administración del probiótico Lactobacillus al final del embarazo puede reducir la probabilidad de mastitis con el nuevo bebé.


Referencias


Autor(es)

Médico licenciado por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), con títulos de especialista en Medicina Interna por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y de Nefrología por la Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ) y por la Sociedad Brasileña de Nefrología (SBN). Actualmente vive en Lisboa, Portugal, tiene títulos reconocidos por la Universidad de Oporto y por el Colegio de Nefrología de Portugal.

Médica graduada por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), con títulos de especialista en Medicina Interna y Nefrología por la Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ) y la Sociedad Brasileña de Nefrología (SBN). Actualmente con sede en Lisboa, Portugal, tiene títulos reconocidos por la Universidad de Oporto y el Colegio de Especialista de Nefrología de Portugal.

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