Hemograma: qué es, para qué sirve y valores normales

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Escrito por Dr. Pedro Pinheiro
Revisado y actualizado el 5 de agosto de 2026
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Qué es un hemograma?

El hemograma es el análisis utilizado para evaluar las tres principales líneas celulares de la sangre: hematíes, leucocitos y plaquetas. Se emplea para diagnosticar diversas enfermedades, entre ellas anemia, infecciones y leucemia.

Aunque es extremadamente frecuente, este análisis todavía provoca mucha confusión entre la población e incluso en los medios de comunicación. Algunas personas creen que cualquier análisis de sangre es un hemograma, como si ambos términos fueran sinónimos. Esto es un error.

El análisis de sangre no funciona como el antivirus de un ordenador, que examina automáticamente todo el sistema en busca de algún problema. Cuando el médico solicita una extracción de sangre, debe indicar al laboratorio qué quiere que se analice en la muestra.

En la sangre circulan numerosas sustancias que pueden medirse o investigarse, como proteínas, anticuerpos, células, electrolitos —potasio, sodio, calcio, magnesio, etc.—, colesterol, hormonas, medicamentos e incluso bacterias o virus en caso de infección.

Cuando el médico quiere conocer los niveles de colesterol, debe indicar en la solicitud que desea medir el colesterol. Si el objetivo es saber si la glucosa en sangre está controlada, solicita la medición de la glucemia. El hemograma se solicita cuando se desea obtener información sobre las células sanguíneas.

Por lo tanto, un hemograma no proporciona información sobre los niveles de colesterol o glucosa, la presencia de bacterias, el consumo de drogas, la infección por el VIH, etc. Solo se investigan datos relacionados con las tres líneas celulares de la sangre. Y esto ya representa una gran cantidad de información, como veremos a continuación.

¿Para qué sirve el hemograma?

En nuestra sangre circulan tres tipos básicos de células producidas en la médula ósea. Estas son las células que estudiamos mediante el hemograma:

  • Hematíes, también llamados glóbulos rojos o eritrocitos.
  • Leucocitos o glóbulos blancos.
  • Plaquetas.

¿Cuál es la diferencia entre hemograma y hemograma completo?

Llamamos hemograma completo al análisis que incluye los resultados de las tres líneas celulares. En realidad, la expresión «hemograma completo» es un pleonasmo, ya que no existe un hemograma incompleto. La palabra hemograma ya engloba el recuento de hematíes, leucocitos y plaquetas.

Si, por algún motivo, el médico desea conocer únicamente el recuento de hematíes, debe solicitar un eritrograma. Si solo quiere evaluar los leucocitos, el análisis que debe pedir es un leucograma. Si únicamente le interesan las plaquetas, debe solicitar un plaquetograma o recuento de plaquetas.

Cuando el médico solicita un hemograma, se sobreentiende que quiere el resultado completo, con la evaluación de los hematíes, los leucocitos y las plaquetas.

Cómo interpretar los resultados del hemograma

Los actuales valores de referencia del hemograma se establecieron en la década de 1960, tras observar a numerosos individuos sin enfermedades. Lo que se considera normal corresponde, en realidad, a los valores encontrados en el 95 % de la población sana. El 5 % de las personas sin problemas médicos puede presentar resultados fuera del intervalo de referencia: un 2,5 % ligeramente por debajo y otro 2,5 % ligeramente por encima.

Por lo tanto, pequeñas variaciones por encima o por debajo de los valores de referencia no indican necesariamente la presencia de una enfermedad. Evidentemente, cuanto más alejado se encuentre un resultado del intervalo de referencia, mayor será la probabilidad de que realmente represente alguna patología.

No nos centraremos demasiado en valores específicos, ya que actualmente los laboratorios realizan estos recuentos automáticamente mediante analizadores y los valores de referencia siempre aparecen impresos en los resultados. Cada laboratorio dispone de sus propios valores de referencia, aunque, en general, todos son muy similares.

Eritrograma

El eritrograma es la primera parte del hemograma. Consiste en el estudio de los eritrocitos, que también reciben el nombre de hematíes, glóbulos rojos o células rojas. Mediante la evaluación del eritrograma podemos saber si un paciente presenta anemia. Lea también: Anemia: qué es, causas y síntomas.

Hematocrito y hemoglobina

Los tres primeros datos —recuento de hematíes, hemoglobina y hematocrito— se analizan conjuntamente. Cuando están disminuidos, indican anemia, es decir, un número bajo de glóbulos rojos en la sangre. Cuando están elevados, indican policitemia, que es el exceso de hematíes circulantes.

El hematocrito es el porcentaje de la sangre ocupado por los hematíes. Un hematocrito del 45 % significa que el 45 % de la sangre está compuesto por glóbulos rojos. El 55 % restante está constituido básicamente por agua y por todas las demás sustancias diluidas en ella. Por lo tanto, prácticamente la mitad de nuestra sangre está formada por células rojas.

Si, por un lado, la falta de hematíes perjudica el transporte de oxígeno, por otro, el exceso de células rojas hace que la sangre sea demasiado viscosa, dificulta su circulación y favorece la formación de coágulos.

La hemoglobina es una molécula que se encuentra dentro de los hematíes. Es la responsable del transporte de oxígeno. En la práctica, la medición de la hemoglobina suele ser el dato más preciso para evaluar una anemia.

Por lo tanto, una hemoglobina baja y un hematocrito bajo son indicadores de anemia.

¿Qué son el VCM, la HCM, la CHCM y el RDW?

El volumen globular medio —VGM— o volumen corpuscular medio —VCM— mide el tamaño de los hematíes.

Un VCM elevado indica la presencia de hematíes macrocíticos, es decir, glóbulos rojos grandes. Un VCM reducido indica hematíes microcíticos, es decir, de menor tamaño. Este dato ayuda a diferenciar los distintos tipos de anemia.

Por ejemplo, las anemias por déficit de ácido fólico cursan con hematíes grandes, mientras que las anemias por carencia de hierro presentan glóbulos rojos pequeños. También existen anemias con hematíes de tamaño normal.

El alcoholismo es una causa de VCM elevado —macrocitosis— sin anemia.

La CHCM, concentración de hemoglobina corpuscular media, o CHGM, concentración de hemoglobina globular media, evalúa la concentración de hemoglobina dentro del hematíe.

La HCM, hemoglobina corpuscular media, o HGM, hemoglobina globular media, representa el peso de la hemoglobina dentro de los hematíes.

Ambos valores indican básicamente lo mismo: la cantidad de hemoglobina presente en los glóbulos rojos. Cuando los hematíes contienen poca hemoglobina, se denominan hipocrómicos. Cuando contienen mucha, se consideran hipercrómicos.

Al igual que el VCM, la HCM y la CHCM también se utilizan para diferenciar los distintos tipos de anemia.

Dos ejemplos prácticos:

  • Los pacientes con anemia por déficit de hierro suelen presentar anemia microcítica e hipocrómica, es decir, un recuento bajo de hematíes, con VCM y CHCM bajos.
  • Un paciente con anemia por déficit de ácido fólico o vitamina B12 suele presentar anemia macrocítica e hipercrómica, es decir, un recuento bajo de hematíes, con VCM y CHCM elevados.

RDW

El RDW es un índice que evalúa las diferencias de tamaño entre los hematíes. Cuando está elevado, significa que circulan numerosos glóbulos rojos de tamaños diferentes. Esto puede indicar alteraciones en la morfología de los hematíes.

Por ejemplo, es muy frecuente encontrar un RDW elevado en la deficiencia de hierro, ya que la falta de este elemento impide la formación normal de hemoglobina y da lugar a hematíes de menor tamaño.

Algunas causas de RDW alto son:

  • Deficiencia de hierro: la anemia por déficit de hierro puede provocar un aumento del RDW, con glóbulos rojos de tamaños variados.
  • Deficiencia de vitamina B12 o ácido fólico: las anemias megaloblásticas causadas por la deficiencia de vitamina B12 o ácido fólico pueden producir glóbulos rojos de mayor tamaño y contribuir a un RDW elevado.
  • Enfermedades hemolíticas: las enfermedades en las que existe una mayor destrucción de glóbulos rojos, como la anemia hemolítica, pueden elevar el RDW.
  • Hemorragias recientes: después de una hemorragia reciente, la liberación de glóbulos rojos jóvenes al torrente sanguíneo puede aumentar temporalmente el RDW.
  • Anemia de las enfermedades crónicas: algunas enfermedades crónicas, como la artritis reumatoide, pueden causar anemia de las enfermedades crónicas y alterar el RDW.
  • Talasemias: trastornos genéticos como las talasemias pueden producir variaciones en el tamaño de los glóbulos rojos y contribuir a un RDW elevado.

Un RDW bajo generalmente no es motivo de preocupación y no está asociado a ningún tipo específico de anemia.

Anisocitosis

Anisocitosis es el término utilizado para describir la variación en el tamaño de las células sanguíneas, principalmente de los glóbulos rojos. Esta variación puede observarse al analizar un frotis de sangre al microscopio, una evaluación que suele complementar el hemograma.

La anisocitosis puede clasificarse en:

  1. Anisocitosis leve: variación discreta en el tamaño de los hematíes.
  2. Anisocitosis moderada: variación moderada en el tamaño de los hematíes.
  3. Anisocitosis marcada: variación significativa en el tamaño de los hematíes.

La presencia de anisocitosis puede indicar diferentes enfermedades, entre ellas anemias, deficiencias nutricionales y trastornos de la médula ósea.

Existe una relación directa entre la anisocitosis y el RDW. Cuanto más intensa sea la anisocitosis, mayor será el RDW.

A excepción del hematocrito y la hemoglobina, que son fáciles de entender, los demás índices del eritrograma son más complejos y las personas sin formación médica difícilmente podrán interpretarlos correctamente. Es necesario conocer bien los diferentes tipos de anemia para que estos datos puedan resultar útiles.

Leucograma

El leucograma es la parte del hemograma que evalúa los leucocitos, también conocidos como células blancas o glóbulos blancos.

Los leucocitos son las células de defensa responsables de combatir a los agentes invasores. En realidad, los leucocitos no constituyen un único tipo de célula, sino un grupo de células diferentes que desempeñan distintas funciones en el sistema inmunitario. Algunos leucocitos atacan directamente al invasor, otros producen anticuerpos y algunos se encargan principalmente de identificar al microorganismo invasor.

El valor normal de los leucocitos varía entre 4000 y 11 000 células por microlitro o milímetro cúbico.

Cuando los leucocitos están elevados, hablamos de leucocitosis. Cuando están disminuidos, lo denominamos leucopenia.

Cuando se detecta un aumento o una reducción de los leucocitos, es importante determinar cuál de las seis líneas descritas más adelante es responsable de la alteración. Como los neutrófilos y los linfocitos son los tipos más frecuentes de leucocitos, suelen ser los principales responsables del aumento o la disminución del recuento total.

Pueden producirse elevaciones importantes en las leucemias, que son cánceres de los leucocitos. Mientras que los procesos infecciosos pueden aumentar el recuento de leucocitos hasta 20 000 o 30 000 células/mm³, en la leucemia estos valores pueden superar fácilmente las 50 000 células/mm³.

Las leucopenias suelen producirse por lesiones de la médula ósea. Pueden deberse a la quimioterapia, determinados medicamentos, la invasión de células cancerosas o la invasión por microorganismos.

Existen seis tipos de leucocitos, cada uno con sus propias características:

1. Neutrófilos

El neutrófilo es el tipo más frecuente de leucocito. Representa, por término medio, entre el 45 y el 75 % de los leucocitos circulantes.

Los neutrófilos están especializados en combatir las bacterias. Cuando existe una infección bacteriana, la médula ósea aumenta su producción, lo que eleva su concentración en la sangre. Por lo tanto, cuando se produce un aumento del número total de leucocitos debido principalmente a la elevación de los neutrófilos, probablemente nos encontremos ante una infección bacteriana.

Los neutrófilos tienen una vida aproximada de entre 24 y 48 horas. Por este motivo, una vez controlado el proceso infeccioso, la médula ósea reduce la producción de nuevas células y sus niveles sanguíneos regresan rápidamente a los valores basales.

  • Neutrofilia: término utilizado cuando existe un aumento del número de neutrófilos.
  • Neutropenia: término utilizado cuando existe una reducción del número de neutrófilos.

Explicamos con más detalle la leucocitosis con neutrofilia en el artículo: ¿Qué significan la leucocitosis y la neutrofilia?

2. Neutrófilos en banda y segmentados

Los neutrófilos en banda son neutrófilos jóvenes. Cuando existe una infección, la médula ósea aumenta rápidamente la producción de leucocitos y termina liberando al torrente sanguíneo neutrófilos jóvenes recién producidos.

La infección debe controlarse rápidamente, por lo que no hay tiempo para esperar a que estas células maduren antes de enviarlas a combatir. En una guerra, un ejército no envía únicamente a sus soldados más experimentados, sino también a todos aquellos que están disponibles.

Normalmente, solo entre el 4 y el 5 % de los neutrófilos circulantes son neutrófilos en banda. La presencia de un porcentaje mayor de células jóvenes sugiere que puede existir un proceso infeccioso en curso.

En medicina, cuando el hemograma presenta numerosos neutrófilos en banda, este hallazgo se denomina «desviación a la izquierda». Esta expresión tiene su origen en la forma en que los laboratorios enumeran los diferentes tipos de leucocitos, colocando sus valores uno junto a otro. Como los neutrófilos en banda suelen aparecer a la izquierda de la lista, cuando aumenta su número se dice que existe una desviación a la izquierda en el hemograma.

Por lo tanto, si escucha la expresión «desviación a la izquierda», significa simplemente que existe un aumento de la producción de neutrófilos jóvenes.

Las causas frecuentes de desviación a la izquierda en el hemograma incluyen:

  • Infecciones bacterianas: en las infecciones bacterianas, especialmente en aquellas que provocan una respuesta inmunitaria intensa, como la sepsis, puede producirse un aumento de los neutrófilos en banda.
  • Inflamaciones graves: cualquier proceso inflamatorio agudo e intenso, como un traumatismo grave o la inflamación aguda de un órgano, puede provocar una desviación a la izquierda.
  • Hemorragia aguda: en algunos casos de hemorragia aguda, la médula ósea puede liberar neutrófilos en banda al torrente sanguíneo como parte de la respuesta inmunitaria.
  • Reacciones a medicamentos: algunos medicamentos o tratamientos médicos, como la administración de corticosteroides, pueden influir en la producción de neutrófilos en banda.

Los segmentados, por su parte, son los neutrófilos maduros. Cuando el paciente no está enfermo o ya se encuentra en la fase final de una enfermedad, prácticamente todos los neutrófilos son segmentados, es decir, células maduras. En muchas situaciones se produce simultáneamente un aumento de los neutrófilos en banda y de los segmentados.

Algunas causas frecuentes de neutrófilos segmentados elevados —neutrofilia— son:

  • Infecciones bacterianas agudas: la neutrofilia es frecuente como respuesta a las infecciones bacterianas, ya que los neutrófilos son células del sistema inmunitario implicadas en la defensa contra las bacterias.
  • Inflamaciones agudas: cualquier proceso inflamatorio agudo, como apendicitis, pancreatitis o lesiones traumáticas, puede provocar un aumento temporal de los neutrófilos.
  • Estrés físico: situaciones de estrés físico, como cirugías, quemaduras extensas o traumatismos, pueden aumentar el número de neutrófilos segmentados.
  • Infarto agudo de miocardio: el infarto agudo de miocardio puede asociarse a un aumento temporal de los neutrófilos.
  • Medicamentos: algunos medicamentos, como los corticosteroides, pueden provocar neutrofilia como efecto secundario.
  • Enfermedades infecciosas crónicas: algunas infecciones crónicas, como la tuberculosis, pueden asociarse a un aumento persistente de los neutrófilos.
  • Enfermedades inflamatorias crónicas: las enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, y otros procesos inflamatorios crónicos pueden producir niveles elevados de neutrófilos.
  • Síndromes mieloproliferativos: algunas enfermedades, como la leucemia mieloide crónica, pueden provocar una producción excesiva de neutrófilos.

3. Linfocitos

Los linfocitos son el segundo tipo más frecuente de glóbulos blancos. Representan entre el 15 y el 45 % de los leucocitos presentes en la sangre.

Los linfocitos son una de las principales líneas de defensa contra las infecciones virales y contra la aparición de tumores. También son responsables de la producción de anticuerpos.

Cuando existe un proceso viral en curso, es frecuente que aumente el número de linfocitos. En ocasiones, pueden superar el número de neutrófilos y convertirse en el tipo de leucocito más abundante en la circulación.

Los linfocitos son las células encargadas de reconocer a los organismos extraños e iniciar el proceso de activación del sistema inmunitario. Por ejemplo, son las células que inician el proceso de rechazo en los trasplantes de órganos.

Los linfocitos también son las células atacadas por el VIH. Este es uno de los motivos por los que el sida provoca inmunosupresión y favorece la aparición de infecciones oportunistas.

  • Linfocitosis: término utilizado cuando existe un aumento del número de linfocitos.
  • Linfopenia: término utilizado cuando existe una reducción del número de linfocitos.

Nota: los linfocitos atípicos son un grupo de linfocitos con una morfología diferente que pueden encontrarse en la sangre. Suelen aparecer en infecciones virales, como mononucleosis, gripe, dengue, varicela, etc.

Además de las infecciones, algunos medicamentos y enfermedades autoinmunes, como el lupus, la artritis reumatoide y el síndrome de Guillain-Barré, también pueden estimular la aparición de linfocitos atípicos. Atención: los linfocitos atípicos no tienen ninguna relación directa con el cáncer.

4. Monocitos

Los monocitos representan normalmente entre el 3 y el 10 % de los leucocitos circulantes. Se activan tanto en procesos virales como bacterianos.

Cuando un tejido está siendo invadido por algún microorganismo, el sistema inmunitario envía monocitos al lugar de la infección. Allí, el monocito se activa y se transforma en un macrófago, una célula capaz de «comerse» a los microorganismos invasores.

  • Monocitosis: término utilizado cuando existe un aumento del número de monocitos.
  • Monocitopenia: término utilizado cuando existe una reducción del número de monocitos.

Los monocitos suelen elevarse en las infecciones, principalmente en las de carácter más crónico, como la tuberculosis.

Algunas de las causas más frecuentes de monocitos altos incluyen:

  • Infecciones bacterianas o virales: las infecciones, especialmente las crónicas, pueden provocar un aumento de los monocitos. Algunos ejemplos son la tuberculosis, la endocarditis infecciosa y la mononucleosis infecciosa.
  • Enfermedades autoinmunes: algunas enfermedades autoinmunes, como el lupus y la artritis reumatoide, pueden causar monocitosis.
  • Enfermedades inflamatorias crónicas: trastornos inflamatorios crónicos, como la enfermedad inflamatoria intestinal, la sarcoidosis y las vasculitis, pueden asociarse a monocitosis.
  • Trastornos hematológicos: algunas enfermedades de la sangre, como la leucemia mieloide crónica, pueden causar monocitosis.
  • Reacciones a medicamentos: determinados medicamentos pueden alterar los niveles de monocitos, entre ellos los corticosteroides, el interferón, el litio, la procainamida y algunos anticonvulsivos.
  • Trastornos mieloproliferativos: enfermedades como el síndrome mielodisplásico pueden provocar un aumento de los monocitos.
  • Recuperación después de quimioterapia o radioterapia: después de tratamientos como la quimioterapia o la radioterapia, puede producirse una respuesta de recuperación con aumento de los monocitos.
  • Estrés o traumatismos: situaciones de estrés físico o traumatismo, como cirugías o lesiones graves, pueden desencadenar una respuesta inflamatoria con monocitosis.

5. Eosinófilos

Los eosinófilos son los leucocitos responsables de combatir los parásitos y participan en los mecanismos de las alergias. Solo representan entre el 1 y el 5 % de los leucocitos circulantes.

El aumento de los eosinófilos se produce en personas alérgicas o asmáticas y en casos de infección intestinal por parásitos.

  • Eosinofilia: término utilizado cuando existe un aumento del número de eosinófilos.
  • Eosinopenia: término utilizado cuando existe una reducción del número de eosinófilos.

6. Basófilos

Los basófilos son el tipo menos frecuente de leucocito en la sangre. Representan entre el 0 y el 2 % de los glóbulos blancos.

El aumento de los basófilos suele producirse en reacciones alérgicas, hipotiroidismo, estados de inflamación crónica o leucemia.

La presencia de basófilos bajos puede ser un signo de reacción alérgica, infección, uso prolongado de corticosteroides o hipertiroidismo.

  • Basocitosis: se refiere al aumento del número de basófilos en la sangre, también denominado basofilia.
  • Basopenia: se refiere a la reducción del número de basófilos en la sangre.

Es importante señalar que cualquier resultado del hemograma situado fuera del intervalo de normalidad debe interpretarse teniendo en cuenta los síntomas y la historia clínica del paciente.

Un pequeño aumento en el recuento de basófilos, eosinófilos, monocitos, etc., no indica necesariamente un problema grave de salud. Muchas veces, estas alteraciones son transitorias e irrelevantes.

Explicamos los leucocitos con más detalle en el artículo: Leucocitos: qué son, cómo actúan y cómo se producen.

Plaquetas

Las plaquetas son fragmentos celulares responsables de iniciar el proceso de coagulación.

Cuando se lesiona el tejido de un vaso sanguíneo, el organismo envía rápidamente las plaquetas al lugar de la lesión. Las plaquetas se agrupan y forman un trombo, una especie de tapón que detiene inmediatamente el sangrado.

Gracias a la acción de las plaquetas, el organismo dispone de tiempo para reparar los tejidos lesionados sin que se produzca una pérdida importante de sangre.

El valor normal de las plaquetas varía entre 150 000 y 450 000 por microlitro —µl—. Sin embargo, con valores cercanos a 50 000, el organismo todavía no suele presentar dificultades para iniciar la coagulación.

Cuando el recuento se encuentra por debajo de 10 000 plaquetas/µl, existe riesgo de muerte, ya que pueden producirse hemorragias espontáneas.

  • Trombocitopenia: reducción del número de plaquetas en la sangre por debajo de los valores de referencia.
  • Trombocitosis: aumento del número de plaquetas en la sangre por encima de los valores de referencia.

El recuento de plaquetas es importante antes de una cirugía para comprobar que el paciente no presenta un riesgo elevado de sangrado, así como para investigar a pacientes con hemorragias o equimosis frecuentes —hematomas o manchas moradas en la piel—.

Bicitopenia y pancitopenia

Como ya se ha explicado, cuando un paciente presenta una reducción de una sola línea celular, utilizamos un término específico para cada una. La reducción del número de hematíes se denomina anemia, la reducción del número de leucocitos se denomina leucopenia y la reducción del número de plaquetas se denomina trombocitopenia.

Cuando están reducidas dos de las tres líneas de células sanguíneas, como sucede en un paciente con anemia y leucopenia, decimos que presenta bicitopenia. Cuando las tres líneas celulares se encuentran por debajo de los valores de referencia, hablamos de pancitopenia.

Tanto la pancitopenia como la bicitopenia suelen aparecer en pacientes con algún problema en la médula ósea.

En general, la reducción de más de una línea de células sanguíneas puede estar causada por uno o varios de los siguientes mecanismos:

  • Infiltración de la médula ósea: las neoplasias hematológicas —por ejemplo, leucemia, linfoma, mieloma múltiple o síndrome mielodisplásico—, el cáncer metastásico, la mielofibrosis y las enfermedades infecciosas —por ejemplo, tuberculosis o infecciones por hongos— pueden invadir la médula ósea y ocupar el espacio destinado a la producción de células sanguíneas.
  • Aplasia de la médula ósea: las deficiencias nutricionales —por ejemplo, la deficiencia de vitamina B12 o folato—, la anemia aplásica, las enfermedades infecciosas —por ejemplo, VIH, hepatitis viral o parvovirus B19—, las enfermedades autoinmunes y determinados medicamentos pueden afectar a las células madre de la médula ósea e impedir la producción de nuevas células sanguíneas.
  • Destrucción de las células sanguíneas circulantes: la destrucción prematura de las células sanguíneas circulantes también puede causar bicitopenia o pancitopenia. Entre las principales causas se encuentran la coagulación intravascular diseminada, la púrpura trombocitopénica trombótica, los síndromes mielodisplásicos, los trastornos megaloblásticos y el hiperesplenismo, que consiste en una destrucción excesiva de células en el bazo y puede producirse en casos de cirrosis hepática, linfoma o enfermedades autoinmunes.

¿Es necesaria alguna preparación para realizar un hemograma?

No es necesario realizar ninguna preparación especial para la extracción de sangre del hemograma.

Algunos laboratorios recomiendan un ayuno mínimo de cuatro horas antes del hemograma, pero, en la práctica, comer antes de la extracción influye muy poco en los resultados. Por lo tanto, si puede acudir en ayunas, mejor; si no puede, no merece la pena retrasar o cambiar la fecha de la extracción únicamente por este motivo.

Si toma medicamentos por la mañana, puede tomarlos normalmente antes del análisis. No es necesario suspender ningún fármaco antes del hemograma.


Referencias



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