Información principal sobre la anemia
La anemia aparece cuando la concentración de hemoglobina en la sangre está por debajo del valor de referencia para la edad y el sexo de la persona.
Como la hemoglobina es la proteína responsable del transporte de oxígeno en la sangre, su reducción puede provocar cansancio, debilidad, falta de aire, palpitaciones, mareos y palidez.
En adultos de 15 a 65 años, se considera anemia una hemoglobina inferior a 13 g/dl en los hombres o a 12 g/dl en las mujeres no embarazadas. Los límites son diferentes durante el embarazo y la infancia.
Las anemias pueden aparecer por tres mecanismos principales: producción insuficiente de glóbulos rojos, pérdida de sangre o destrucción prematura de estas células, denominada hemólisis.
La deficiencia de hierro es la causa más frecuente de anemia porque, sin suficiente hierro, la médula ósea no puede producir glóbulos rojos con una cantidad adecuada de hemoglobina. Esta deficiencia puede deberse a una alimentación inadecuada, dificultades de absorción o pérdidas crónicas de sangre, como las menstruaciones abundantes y las hemorragias digestivas.
Otras causas incluyen enfermedades renales, procesos inflamatorios crónicos, deficiencia de vitamina B12 o ácido fólico, enfermedades de la médula ósea y alteraciones hereditarias de los glóbulos rojos.
Después de confirmar la anemia mediante la disminución de la hemoglobina, es necesario investigar su causa. Según el contexto clínico, pueden solicitarse pruebas como el VCM, el recuento de reticulocitos, la ferritina, la saturación de transferrina, la vitamina B12, la creatinina y los marcadores de hemólisis. Cuando existe sospecha de hemorragia en el tracto gastrointestinal, la investigación también puede incluir una endoscopia digestiva alta o una colonoscopia.
El tratamiento depende del diagnóstico. Tomar hierro sin confirmar que existe una deficiencia puede retrasar la identificación de hemorragias u otras enfermedades.
¿Qué es la anemia?
La anemia aparece cuando la concentración de hemoglobina en la sangre está por debajo del valor esperado para la edad y el sexo de la persona. En las mujeres embarazadas se utilizan límites específicos para cada trimestre del embarazo.
La hemoglobina es la proteína presente en los glóbulos rojos responsable de transportar oxígeno desde los pulmones hasta los órganos y tejidos.
Popularmente, la anemia se conoce como «falta de sangre», pero esta definición no es precisa. En la mayoría de los casos, el volumen total de sangre permanece normal; el problema es que hay poca hemoglobina disponible para transportar oxígeno.
La anemia tampoco significa necesariamente falta de hierro. La deficiencia de hierro es la causa más frecuente, pero las hemorragias, las enfermedades renales, las inflamaciones crónicas, las deficiencias vitamínicas, la destrucción acelerada de los glóbulos rojos y las enfermedades de la médula ósea también pueden reducir la hemoglobina.
En la mayoría de los casos, la anemia es una manifestación de otro problema y no el diagnóstico definitivo. Por eso, descubrir que la hemoglobina está baja debe ser el inicio de la investigación y no su conclusión.
Por tanto, la anemia no es una enfermedad, sino un signo de enfermedad.
Para que sea más fácil de entender, expliquemos de qué está compuesta la sangre.
¿De qué está compuesta la sangre?
La sangre está formada por una parte líquida, denominada plasma, y por elementos celulares: glóbulos rojos, leucocitos y plaquetas.

El plasma representa aproximadamente el 55 % del volumen sanguíneo. Está compuesto principalmente por agua, en la que se encuentran disueltas proteínas, anticuerpos, nutrientes, hormonas, sales minerales y otras sustancias transportadas por el organismo.
El 45 % restante está formado casi en su totalidad por glóbulos rojos. Los leucocitos y las plaquetas representan solamente una pequeña fracción de este volumen.
Los glóbulos rojos contienen hemoglobina, la proteína responsable de transportar oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos.
Como ya se ha explicado, la anemia aparece cuando la concentración de hemoglobina en la sangre está por debajo del valor esperado. Aunque muchas anemias también presentan una reducción del número de glóbulos rojos o del hematocrito, estas alteraciones no siempre se producen en la misma proporción.
El diagnóstico se realiza mediante el hemograma, principalmente a partir de la concentración de hemoglobina. Este análisis también informa del hematocrito, el recuento de glóbulos rojos y otras características de estas células, que ayudan a identificar la posible causa de la anemia.
Glóbulos rojos, hemoglobina y hematocrito
Los glóbulos rojos, también llamados hematíes o eritrocitos, se producen en la médula ósea y circulan por la sangre durante aproximadamente 120 días. Su principal función es transportar oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos.
Este transporte lo realiza la hemoglobina, una proteína que contiene hierro y se encuentra en el interior de los glóbulos rojos. La concentración de hemoglobina, expresada habitualmente en g/dl, es el principal parámetro utilizado para diagnosticar la anemia.

El recuento aislado de glóbulos rojos no es suficiente para confirmar o descartar una anemia. En algunas situaciones, como en las talasemias, el número de glóbulos rojos puede ser normal o incluso estar relativamente elevado, a pesar de la reducción de la hemoglobina.
El hematocrito indica el porcentaje del volumen sanguíneo ocupado por los glóbulos rojos. Por lo general, disminuye junto con la hemoglobina, pero puede verse influido por el estado de hidratación. La deshidratación puede elevarlo temporalmente, mientras que el exceso de líquidos puede reducirlo por dilución.
Por eso, aunque el hemograma informa de la hemoglobina, el hematocrito y el recuento de glóbulos rojos, el diagnóstico de anemia se realiza principalmente a partir del valor de la hemoglobina.
¿Cómo se diagnostica la anemia?
El diagnóstico de la anemia se realiza mediante el hemograma, principalmente a partir de la concentración de hemoglobina.
En adultos de entre 15 y 65 años, los puntos de corte utilizados por la Organización Mundial de la Salud para definir la anemia son:
- Hombres: hemoglobina inferior a 13 g/dl.
- Mujeres no embarazadas: hemoglobina inferior a 12 g/dl.
- Primer trimestre del embarazo: hemoglobina inferior a 11 g/dl.
- Segundo trimestre del embarazo: hemoglobina inferior a 10,5 g/dl.
- Tercer trimestre del embarazo: hemoglobina inferior a 11 g/dl.
Los intervalos de referencia pueden variar ligeramente entre laboratorios. Los valores utilizados habitualmente en adultos son:
- Hematocrito normal: aproximadamente del 41 % al 54 % en los hombres y del 35 % al 47 % en las mujeres.
- Hemoglobina normal: aproximadamente de 13 a 17 g/dl en los hombres y de 12 a 16 g/dl en las mujeres.
Sin embargo, para definir la anemia, deben tenerse en cuenta los puntos de corte presentados anteriormente, además de la edad, el sexo, el embarazo y el contexto clínico.
Los niños presentan valores diferentes según la edad. En las personas mayores, los resultados también deben interpretarse teniendo en cuenta los valores de referencia del laboratorio y el contexto clínico.
Pueden existir pequeñas diferencias entre laboratorios. La altitud, el tabaquismo, el estado de hidratación, el embarazo y el método de extracción también pueden influir en la hemoglobina.
Un flujo menstrual abundante puede ser la causa de una hemoglobina baja, pero no hace que el resultado sea normal. Las mujeres que tienen menstruaciones abundantes pueden desarrollar deficiencia de hierro y anemia ferropénica, por lo que debe evaluarse la causa del sangrado.
¿Cuándo se considera que la anemia es leve, moderada o grave?
En adultos de 15 a 65 años, la clasificación basada en la hemoglobina es la siguiente:
En los hombres:
- Anemia leve: de 11 a 12,9 g/dl.
- Anemia moderada: de 8 a 10,9 g/dl.
- Anemia grave: menos de 8 g/dl.
En las mujeres no embarazadas:
- Anemia leve: de 11 a 11,9 g/dl.
- Anemia moderada: de 8 a 10,9 g/dl.
- Anemia grave: menos de 8 g/dl.
Según la clasificación de la Organización Mundial de la Salud de 2024, los valores de hemoglobina utilizados para definir y clasificar la anemia en las mujeres embarazadas varían según el trimestre del embarazo:
Primer trimestre:
- Sin anemia: hemoglobina ≥ 11 g/dl.
- Anemia leve: hemoglobina entre 10 y 10,9 g/dl.
- Anemia moderada: hemoglobina entre 7 y 9,9 g/dl.
- Anemia grave: hemoglobina inferior a 7 g/dl.
Segundo trimestre:
- Sin anemia: hemoglobina ≥ 10,5 g/dl.
- Anemia leve: hemoglobina entre 9,5 y 10,4 g/dl.
- Anemia moderada: hemoglobina entre 7 y 9,4 g/dl.
- Anemia grave: hemoglobina inferior a 7 g/dl.
Tercer trimestre:
- Sin anemia: hemoglobina ≥ 11 g/dl.
- Anemia leve: hemoglobina entre 10 y 10,9 g/dl.
- Anemia moderada: hemoglobina entre 7 y 9,9 g/dl.
- Anemia grave: hemoglobina inferior a 7 g/dl.
Esta clasificación no determina por sí sola la urgencia del cuadro. Una disminución rápida de la hemoglobina puede provocar síntomas importantes incluso antes de alcanzar valores muy bajos. La edad avanzada, las enfermedades cardíacas o pulmonares, el embarazo, la presencia de una hemorragia activa y la intensidad de los síntomas también influyen en la gravedad clínica.
¿Cómo ayuda el hemograma a descubrir la causa?
Después de confirmar la anemia, el médico evalúa otros datos del hemograma.
El VCM, o volumen corpuscular medio, indica el tamaño de los glóbulos rojos:
- VCM bajo: anemia microcítica, frecuentemente relacionada con la deficiencia de hierro o la talasemia.
- VCM normal: anemia normocítica, que puede aparecer en hemorragias recientes, enfermedad renal, inflamación crónica o hemólisis.
- VCM alto: anemia macrocítica, que puede deberse a una deficiencia de vitamina B12 o ácido fólico, consumo excesivo de alcohol, enfermedad hepática, medicamentos o enfermedades de la médula ósea.
El recuento de reticulocitos muestra si la médula ósea está respondiendo adecuadamente:
- Los reticulocitos bajos o inapropiadamente normales sugieren una producción insuficiente.
- Los reticulocitos elevados sugieren pérdida de sangre o destrucción acelerada de los glóbulos rojos.
Dependiendo del caso, la investigación puede incluir ferritina, saturación de transferrina, vitamina B12, ácido fólico, creatinina, función tiroidea, bilirrubina, LDH, haptoglobina, prueba de Coombs y análisis del frotis de sangre periférica.
Principales causas de anemia
La anemia puede aparecer por tres mecanismos básicos que, en ocasiones, se producen simultáneamente.
- Disminución de la producción de glóbulos rojos por la médula ósea.
- Pérdida de glóbulos rojos y hierro a través de hemorragias.
- Destrucción acelerada de los glóbulos rojos por el organismo.
1. Disminución de la producción de glóbulos rojos
La médula ósea puede no producir suficientes glóbulos rojos por falta de las materias primas necesarias o por no recibir el estímulo adecuado.
Las principales causas incluyen:
- Deficiencia de hierro (para obtener más información sobre la anemia por falta de hierro, lea: Anemia ferropénica | Deficiencia de hierro).
- Deficiencia de vitamina B12 o ácido fólico.
- Insuficiencia renal crónica, con reducción de la producción de eritropoyetina.
- Enfermedades inflamatorias o infecciosas crónicas.
- Hipotiroidismo.
- Consumo excesivo de alcohol.
- Enfermedades de la médula ósea, como aplasia medular, mielodisplasia, leucemia, linfoma o mieloma múltiple.
- Medicamentos, quimioterapia o exposición a sustancias tóxicas.
Pérdida de sangre
La pérdida puede ser rápida y evidente, como después de un traumatismo, una intervención quirúrgica, un parto o una hemorragia digestiva abundante.
También puede ser pequeña y continua, pasando inadvertida durante meses. Entre sus causas se encuentran:
- Menstruación abundante o prolongada.
- Úlceras de estómago o duodeno.
- Tumores del tracto gastrointestinal.
- Hemorragia digestiva.
- Enfermedad inflamatoria intestinal, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa.
- Angiodisplasias.
- Hemorragias urinarias.
- Donaciones de sangre demasiado frecuentes.
En las pérdidas crónicas, el organismo también pierde el hierro presente en la hemoglobina, por lo que puede desarrollar anemia ferropénica.
Destrucción acelerada de los glóbulos rojos
La destrucción de los glóbulos rojos antes del final de su vida normal se denomina hemólisis.
Puede deberse a:
- Anemias hemolíticas autoinmunes.
- Anemia falciforme.
- Talasemia.
- Esferocitosis hereditaria.
- Deficiencia de G6PD.
- Infecciones.
- Reacciones a medicamentos.
- Prótesis valvulares u otras causas mecánicas.
- Hemoglobinuria paroxística nocturna.
La hemólisis puede provocar un aumento de la bilirrubina, ictericia, orina oscura, elevación de la LDH y aumento de los reticulocitos.
¿Por qué no se debe tomar hierro sin un diagnóstico?
El hierro solamente corrige la anemia cuando existe una deficiencia de hierro u otra indicación específica para administrarlo.
Una persona con enfermedad renal, deficiencia de vitamina B12, talasemia, hemólisis o una enfermedad de la médula ósea no corregirá la causa de la anemia simplemente tomando hierro.
Incluso cuando se confirma la deficiencia de hierro, es necesario descubrir por qué han disminuido las reservas. La administración de hierro puede mejorar temporalmente el hemograma, pero no detiene una hemorragia menstrual o digestiva ni trata las enfermedades que estén provocando la pérdida.
También es posible presentar una deficiencia de hierro antes de que aparezca la anemia. En estos casos, la ferritina puede estar baja aunque la hemoglobina todavía sea normal.
Anemias hereditarias y otras enfermedades de la sangre
Algunas anemias están causadas por alteraciones hereditarias de los glóbulos rojos. Entre los ejemplos se encuentran:
- Anemia falciforme.
- Talasemias.
- Esferocitosis hereditaria.
- Deficiencia de G6PD.
Estas enfermedades pueden alterar la hemoglobina, la membrana o las enzimas de los glóbulos rojos, reduciendo su producción o provocando su destrucción prematura.
Otras enfermedades propias de la sangre se adquieren a lo largo de la vida y no se transmiten de padres a hijos. Es el caso de la anemia aplásica adquirida, el síndrome mielodisplásico, algunas anemias hemolíticas autoinmunes y la hemoglobinuria paroxística nocturna.
Por tanto, no es correcto considerar que todas las anemias causadas por alteraciones de los glóbulos rojos o de la médula ósea sean genéticas o estén presentes desde el nacimiento.
¿La anemia puede convertirse en leucemia?
La anemia no se convierte en leucemia ni en ningún otro tipo de cáncer.
Lo que puede suceder es lo contrario: las leucemias y otras enfermedades de la médula ósea pueden reducir la producción de glóbulos rojos y causar anemia.
Una anemia persistente y sin causa conocida, principalmente cuando se acompaña de alteraciones en los leucocitos o las plaquetas, debe investigarse. Esto no significa que el paciente tenga leucemia, pero indica que el hemograma debe analizarse de forma completa.
Síntomas de la anemia
Los síntomas dependen del grado de anemia, de la velocidad con la que disminuye la hemoglobina, de la edad y de la presencia de enfermedades cardíacas o pulmonares.
Los signos y síntomas más frecuentes de la anemia son:
- Cansancio y debilidad.
- Disminución de la tolerancia al ejercicio.
- Falta de aire durante los esfuerzos.
- Palpitaciones o latidos cardíacos acelerados.
- Mareos.
- Dolor de cabeza.
- Somnolencia o dificultad para concentrarse.
- Sensación de frío en las manos y los pies.
- Palidez de la piel y las mucosas.
Las anemias que se desarrollan lentamente pueden provocar pocos síntomas, incluso cuando la hemoglobina está considerablemente baja. Por el contrario, una disminución rápida puede causar mareos intensos, taquicardia, falta de aire o desmayos con valores de hemoglobina menos reducidos.

La palidez de la piel, de las manos o de la cara interna de los párpados puede aumentar la sospecha de anemia, pero no confirma ni descarta el diagnóstico. Algunas personas con anemia no parecen pálidas, y la valoración a partir del color de la piel es especialmente difícil en personas de piel oscura. La confirmación debe realizarse mediante un hemograma.

Algunos signos pueden ayudar a sugerir la causa. El deseo de masticar hielo puede aparecer en la deficiencia de hierro; los hormigueos pueden acompañar a la deficiencia de vitamina B12; la ictericia y la orina oscura pueden indicar hemólisis; las heces negras o la presencia visible de sangre pueden indicar una hemorragia.
Para obtener más información sobre los signos y síntomas de la anemia, lea: 10 síntomas de la anemia.
¿Cuándo se debe buscar atención médica urgente?
Busque atención médica rápidamente si presenta cualquiera de los siguientes signos, principalmente si existe una anemia conocida o sospechada:
- Dolor en el pecho.
- Falta de aire en reposo.
- Desmayo o sensación de desmayo inminente.
- Confusión mental.
- Debilidad intensa o de inicio repentino.
- Palpitaciones persistentes o frecuencia cardíaca muy elevada.
- Vómitos con sangre.
- Heces negras o con sangre.
- Hemorragia intensa.
- Descenso importante de la presión arterial.
Las mujeres embarazadas, las personas mayores y quienes tienen enfermedades cardíacas o pulmonares pueden presentar complicaciones con niveles de hemoglobina menos reducidos.
¿Qué hacer después de recibir el diagnóstico de anemia?
Recibir un resultado que indica «anemia» no concluye el diagnóstico. El siguiente paso es descubrir por qué la hemoglobina está baja.
No tome hierro, vitamina B12 ni ácido fólico por su cuenta basándose únicamente en el hemograma. Una suplementación inadecuada puede no tratar la causa y, además, retrasar la investigación de hemorragias, enfermedades renales, hemólisis o alteraciones de la médula ósea.
La evaluación debe tener en cuenta el valor de la hemoglobina, el VCM, los reticulocitos, los demás elementos del hemograma, los síntomas, la velocidad de aparición y los antecedentes clínicos.
Tratamiento de la anemia
El tratamiento de la anemia depende de su causa. No existe un único tratamiento que sea adecuado para todos los tipos de anemia.
En la anemia ferropénica, generalmente es necesario administrar hierro y, al mismo tiempo, investigar y controlar la causa de la deficiencia, como una menstruación abundante, una hemorragia digestiva, una mala absorción o una dieta muy restrictiva.
Las anemias por deficiencia de vitamina B12 o ácido fólico requieren la administración de la vitamina que falta y la investigación del motivo de la deficiencia.
En la enfermedad renal crónica, el tratamiento puede incluir la corrección de la deficiencia de hierro y, en determinadas situaciones, medicamentos que estimulan la producción de glóbulos rojos.
Las anemias causadas por inflamación, infecciones, enfermedades autoinmunes o cáncer mejoran principalmente mediante el control de la enfermedad de base.
Las anemias hemolíticas, hereditarias y de la médula ósea tienen tratamientos específicos y frecuentemente requieren seguimiento por un hematólogo.
Las transfusiones de sangre pueden ser necesarias en casos seleccionados, principalmente cuando existe una hemorragia activa, síntomas importantes, inestabilidad circulatoria o anemia grave. La decisión no depende únicamente de un valor aislado de hemoglobina.
Una alimentación equilibrada ayuda a prevenir algunas deficiencias nutricionales, pero generalmente no es suficiente por sí sola para corregir una anemia moderada o grave ya establecida.
- Anemia – American Society of Hematology.
- Anemia – Lab Tests Online – American Association for Clinical Chemistry.
- Your Guide to Anemia – The National Heart, Lung, and Blood Institute.
- Approach to the adult with anemia – UpToDate.
- Anemia in the older adult – UpToDate.
- Greer, J. P., Arber, D. A., Glader, B. E., List, A. F., Means, R. T., Rodgers, G. M., Fehniger, T. A. (2018). Wintrobe’s clinical hematology: Fourteenth edition. Wolters Kluwer Health Pharma Solutions (Europe) Ltd.
- World Health Organization. Guideline on haemoglobin cutoffs to define anaemia in individuals and populations. Geneva: WHO; 2024.
Dudas de los lectores sobre este tema
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Más comentarios de los lectores
se puede identificar si una anemia es por deficiencia de hierro o de vitamina B12? y cómo se distingue?