Enfermedad de Parkinson: qué es, causas y tratamiento

Autor: Dr. Pedro Pinheiro

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Tiempo estimado de lectura: 5 minutos.

¿Qué es la enfermedad de Parkinson?

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad del sistema nervioso central que afecta a la capacidad del cerebro para controlar nuestros movimientos. La enfermedad de Parkinson fue nombrado en honor al Dr. James Parkinson, el primer médico a describir la enfermedad.

El grupo más afectado por esta enfermedad son los ancianos, con casos raros en menores de 40 años. Los antecedentes familiares positivos, los traumatismos craneales y la exposición a ciertas sustancias químicas también son factores de riesgo reconocidos.

La incidencia de la enfermedad en la población mayor de 40 años es de aproximadamente el 0,3%. Se estima que alrededor de 6 millones de personas en todo el mundo padecen la enfermedad de Parkinson.

Algunas personalidades famosas que padecen o han padecido la enfermedad son el boxeador Muhammad Ali, el actor Michael J. Fox, el cantante Johnny Cash y el Papa Juan Pablo II.

Temblores, rigidez muscular, lentitud de movimientos e inestabilidad postural son los síntomas más comunes de la enfermedad. Después de 10 años del diagnóstico, alrededor del 80% de los pacientes ya tienen algún grado de demencia y discapacidad física.

No existe una cura para la enfermedad de Parkinson, pero existen medicamentos que son efectivos para controlar los síntomas.

Como surge

Nuestro cerebro no es responsable solamente de nuestros pensamientos y razonamientos; cada movimiento que hacemos, desde un simple abrir y cerrar los ojos hasta el acto de caminar, nace de una orden del sistema nervioso central, que a través de neurotransmisores llega a su destino final, los músculos.

Un grupo de células cerebrales, llamadas neuronas dopaminérgicas, son responsables de producir dopamina, un neurotransmisor que actúa sobre el control de movimientos finos y coordinados.

Algunas de las actividades de nuestro día a día son tan triviales que nunca paramos para pensar acerca de su complejidad. El acto de beber un vaso de agua, por ejemplo, requiere un mayor control de nuestros músculos, no sólo para traer el brazo hasta el vaso, sino también para agarrarlo de forma estable, llevarlo hasta a la boca y girarlo lo suficiente como para que una cierta cantidad de líquido llegue a nuestra boca. Estos son los llamados movimientos finos, que son muy dependientes de la acción de las neuronas dopaminérgicas.

La enfermedad de Parkinson se caracteriza por la destrucción de estas neuronas, llevando a una escasez de dopamina en el sistema nervioso central y, en consecuencia, un trastorno de movimientos.

Factores de riesgo

Los síntomas de la enfermedad de Parkinson solamente ocurren cuando se destruyó cerca del 80% de las neuronas. La causa de esta destrucción es todavía desconocida, lo que hace que la enfermedad de Parkinson sea considerada una enfermedad idiopática, es decir, sin causa definida. Sin embargo, se han identificado algunos factores de riesgo:

  • Edad: la enfermedad de Parkinson es una enfermedad de personas mayores, comenzando generalmente alrededor de 60 años de edad. Es raro encontrar pacientes con enfermedad de Parkinson antes de la edad de 40 años.
  • Antecedentes: familiares de pacientes con Parkinson tienen un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.
  • Sexo masculino: la enfermedad de Parkinson es más común en hombres que en mujeres.
  • Traumas en el cráneo: aislados o repetitivos, como en los boxeadores, pueden dañar las neuronas dopaminérgicas.
  • Contacto con pesticidas: ciertas sustancias químicas pueden causar daños neurológicos que llevan al Parkinson.

Síntomas

Los signos y síntomas de la enfermedad de Parkinson pueden dividirse en dos categorías: motores y no motores

Síntomas motores de la enfermedad de Parkinson

Temblores: se producen principalmente cuando el paciente está en reposo y mejora cuando se mueve el miembro. Esta es una característica que distingue el temblor de la enfermedad de Parkinson de los temblores que se producen por otras causas.

En etapas iniciales de la enfermedad, el temblor es intermitente y suele pasar desapercibido por la familia y los amigos. El paciente puede relatar una sensación de “temblores internos”, como si algunos de los miembros estuviesen temblando cuando, de hecho, el temblor no es perceptible a los demás.

Los temblores perceptibles usualmente comienzan en una de las manos, generalmente con movimientos entre el dedo índice y el pulgar, como si estuviese contando el dinero. Con el pasar de los años la enfermedad progresa y los temblores se convierten en más generalizados, llegando a otros miembros.

El temblor en reposo es el síntoma inicial de la enfermedad de Parkinson en un 70% de los casos. Con el desarrollo de la enfermedad, casi todos los pacientes presentarán algún grado de temblor. Son pocos los casos de Parkinson que no causan temblores.

Como el temblor de la enfermedad de Parkinson se produce en reposo y mejora con el movimiento, esto termina no siendo un síntoma muy incapacitante, a diferencia de la bradicinesia.

Bradicinesia: significa movimientos lentificados. La bradicinesia es el síntoma más incapacitante del Parkinson. El paciente se siente cansado, con debilidad muscular intensa y sensación de incoordinación motora. Tareas sencillas llegan a ser muy difíciles, como abotonarse una camisa, escribir en la computadora, agarrar monedas en el bolsillo o amarrar sus zapatos. El paciente refiere dificultad para iniciar cualquier movimiento voluntario. El paciente se vuelve vacilante y descoordinado.

Con tiempo, incluso caminar se convierte en una tarea difícil; los pasos se convierten en cortos y lentos, el paciente tiene dificultad para levantarse y siéntese desequilibrado cuando está de pie.

Rigidez: la rigidez de los músculos es otro síntoma importante de la enfermedad de Parkinson. Al igual que el temblor y la bradicinesia, la rigidez comienza solamente en un lado, generalizándose conforme la progresión de la enfermedad.

La sensación es que los músculos están trabados, frecuentemente limitando la amplitud de los movimientos y causando dolor. Una de las señales es la pérdida del balanceo de los brazos al caminar.

Inestabilidad postural: nuestro equilibrio al caminar o permanecer de pie depende del buen funcionamiento del cerebro; él controla nuestro tono muscular y reflejos musculares que mantienen nuestro centro de gravedad estable.

La pérdida de estabilidad postural es un síntoma que ocurre solamente en etapas avanzadas de la enfermedad de Parkinson, que se manifiesta sobre todo con caídas regulares.

Signos de la enfermedad de parkinson
Signos de la enfermedad de Parkinson

Otros síntomas comunes de la enfermedad de Parkinson:

  • Pérdida de la expresión facial (expresión apática).
  • Reducción del pestañeo.
  • Cambios en el habla.
  • Aumento de la salivación.
  • Visión borrosa.
  • Micrografía (cambios de escritura y las letras se convierten en pequeñas).
  • Incontinencia urinaria.

Síntomas no motores de la enfermedad de Parkinson

Además de todos los cambios motores, los pacientes con enfermedad de Parkinson también pueden desarrollar un montón de cambios neurológicos, como demencia, cambios en el sueño, depresión, ansiedad, mala memoria, alucinaciones, psicosis, pérdida del olfato, estreñimiento, dificultad para orinar, impotencia, razonamiento lentificado y apatía.

Progresión de la enfermedad

Las complicaciones de la enfermedad de Parkinson ocurren en personas que desarrollan demencia o discapacidad física grave.

Neumonía, caídas y aspiración de alimentos son complicaciones que pueden ocurrir en los estadios más avanzados y que pueden llevar a la muerte.

En general, sin embargo, el paciente con Parkinson no tiene la expectativa de vida menor que el resto de la población. El gran problema del Parkinson es la gran pérdida de calidad de vida.

La progresión de la enfermedad de Parkinson es muy variable y no hay síntomas o signos que permitan predecir con exactitud cómo evolucionará la enfermedad a largo plazo en cada paciente. Sin embargo, la revisión de algunos estudios puede proporcionarnos una amplia visión sobre la evolución de la enfermedad de Parkinson:

En un estudio antiguo llevado a cabo entre 1949-1964, la proporción de pacientes que se encontraban discapacitados o muertos dentro de cinco años después de la aparición de la enfermedad fue del 25%. Ese número aumentó para un 67% en 9 años y para un 80% entre los pacientes con enfermedad por cerca de 14 años. El estudio también identificó la existencia de un pequeño grupo de pacientes que tuvieron una progresión lenta, manteniendo el equilibrio, estabilidad postural y ausencia de discapacidad grave inclusive después de más de 20 años de enfermedad.

Un estudio similar fue llevado a cabo entre 2000 y 2012 y han sido identificadas complicaciones como demencia, discapacidad física o muerte en cerca del 77% de pacientes con 10 años de enfermedad.

Diagnóstico

Varios otros trastornos neurológicos pueden presentar un cuadro clínico similar a la enfermedad de Parkinson, lo que hace difícil de distinguir, sobre todo en fases iniciales de la enfermedad.

El gran problema es que no hay ningún examen adicional, sea de sangre o de imagen, que proporcione el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson. El médico se basa solamente en la historia clínica y en el examen físico para cerrar el diagnóstico, lo que hace importante la experiencia del experto.

En general, para el diagnóstico es necesario identificar 2 de los 3 principales síntomas (temblor en reposo, bradicinesia y rigidez), asociados con una mejoría con el uso de medicamentos específicos para la enfermedad de Parkinson. No siempre el cuadro clínico es suficientemente claro para establecer el diagnóstico.

Tratamiento

No existe cura para la enfermedad de Parkinson, sin embargo, los tratamientos actuales son muy eficaces en el control de los síntomas.

Medicamentos

Los fármacos utilizados actualmente en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson son básicamente sintomáticos, es decir, actúan directamente sobre los síntomas, pero no interfieren en la progresión de la enfermedad.

Los cuatro principales fármacos o clases de fármacos que tienen actividad contra los síntomas de Parkinson son:

  • Inhibidores de la monoamino oxidasa tipo B (MAO B) (rasagilina, safinamida y selegilina).
  • Amantadina.
  • Agonistas de la dopamina (bromocriptina, pramipexol, ropinirol y rotigotina)
  • Levodopa-carbidopa.

La amantadina y los inhibidores de la MAO B tienen efectos antiparkinsonianos relativamente modestos, mientras que la levodopa es la terapia antiparkinsoniana más potente.

La elección de qué farmacoterapia utilizar debe ser individualizada. Los factores a tener en cuenta son: la edad, otras condiciones que pueda tener el paciente, la tolerancia a los efectos secundarios y la gravedad de los síntomas.

Los pacientes con signos y síntomas leves no necesitan necesariamente ningún tratamiento antiparkinsoniano, especialmente si los síntomas no interfieren con la calidad de vida. En los casos más leves, si se opta por el tratamiento farmacológico, un inhibidor de la MAO B suele ser la mejor opción.

Tratamiento no farmacológico

Además del tratamiento farmacológico, los estudios muestran que el ejercicio aeróbico regular es importante para retrasar los síntomas motores de la enfermedad.

También se deben fomentar los ejercicios para mejorar el equilibrio, la flexibilidad y la fuerza. El tai chi chuan, la natación y los ejercicios aeróbicos acuáticos suelen ser beneficiosos.

Ninguna dieta específica influye en el curso de la enfermedad, pero una dieta rica en fibra, una hidratación adecuada y ejercicio regular pueden ayudar a reducir el estreñimiento asociado con el Parkinson.

Deben evitarse las comidas copiosas y ricas en grasas, que retrasan el vaciado del estómago e interfieren con la absorción del fármaco.


Referencias


Autor(es)

Médico licenciado por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), con títulos de especialista en Medicina Interna por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y de Nefrología por la Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ) y por la Sociedad Brasileña de Nefrología (SBN). Actualmente vive en Lisboa, Portugal, tiene títulos reconocidos por la Universidad de Oporto y por el Colegio de Nefrología de Portugal.

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