Apendicitis aguda: qué es, causas, síntomas y tratamiento

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9 Sep. 2026
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Resumen

Puntos clave sobre la apendicitis

  • La apendicitis es la inflamación del apéndice, una pequeña estructura unida al intestino grueso, y requiere una evaluación médica urgente.
  • El dolor suele comenzar cerca del ombligo y después concentrarse en la parte inferior derecha del abdomen, aunque no todas las personas presentan este patrón.
  • La pérdida del apetito, las náuseas, los vómitos y la fiebre pueden acompañar al dolor. La ausencia de fiebre no descarta una apendicitis.
  • El diagnóstico combina la evaluación clínica, los análisis de sangre y, cuando están indicados, la ecografía, la tomografía computarizada o la resonancia magnética.
  • La cirugía es el tratamiento más utilizado. Los antibióticos sin cirugía son una alternativa en casos seleccionados, pero puede haber fracaso del tratamiento o recurrencia de la enfermedad.
  • El dolor abdominal persistente o que está empeorando debe evaluarse rápidamente, incluso sin todos los síntomas típicos. Sin tratamiento, pueden producirse perforación, peritonitis y sepsis.

¿Qué es la apendicitis?

La apendicitis es el nombre que recibe la inflamación del apéndice, un cuadro que suele presentarse con dolor abdominal progresivo. Es una de las principales causas de cirugía abdominal de urgencia.

La enfermedad aparece con mayor frecuencia en adolescentes y adultos jóvenes, pero puede presentarse a cualquier edad. Los niños pequeños y las personas mayores suelen tener síntomas menos característicos, lo que puede dificultar el reconocimiento del problema.

¿Qué es el apéndice?

El apéndice es una prolongación del ciego, la primera porción del intestino grueso, situada cerca del punto donde desemboca el intestino delgado.

El apéndice mide aproximadamente 10 cm de longitud y tiene un fondo ciego, como si fuera un dedo de guante. Su forma recuerda a la de un gusano, por lo que también recibe el nombre de apéndice vermiforme.

Apéndice
Apéndice

Aunque no es un órgano esencial, el apéndice no es una estructura completamente inútil o inerte. Su pared contiene tejido linfático, que participa en las defensas del organismo y en la producción de anticuerpos.

Además, el apéndice parece funcionar como reservorio de bacterias beneficiosas de la microbiota intestinal. En situaciones de diarrea intensa, cuando se produce un desequilibrio de esta microbiota, puede actuar como una especie de refugio, protegiendo bacterias que ayudan a repoblar el intestino una vez resuelta la infección.

A pesar de estas posibles funciones, la extirpación del apéndice generalmente no provoca perjuicios importantes para la digestión ni para las defensas del organismo.

¿Qué causa la apendicitis?

Una de las formas en que puede desarrollarse la apendicitis es la obstrucción del interior del apéndice. El órgano produce normalmente moco, que se drena hacia el ciego y se mezcla con las heces. Cuando este drenaje queda bloqueado, las secreciones se acumulan, provocando dilatación y aumento de la presión dentro del apéndice.

Existen varias causas de esta obstrucción. En personas jóvenes, puede producirse un aumento del tejido linfático de la pared como respuesta a una infección viral o bacteriana. Como el espacio interno del apéndice es estrecho, este aumento puede dificultar la salida de las secreciones.

Otra causa es la acumulación de material fecal endurecido, denominado fecalito o apendicolito. En personas de mayor edad también deben considerarse alteraciones cicatriciales y tumores. Con menor frecuencia, pueden estar implicados parásitos intestinales, como los oxiuros.

A medida que aumentan la presión y la inflamación, la circulación sanguínea de la pared puede verse comprometida. Las bacterias presentes en el órgano se multiplican e invaden sus tejidos, agravando la inflamación. El proceso puede provocar necrosis, es decir, muerte del tejido, y evolucionar hacia la perforación.

Sin embargo, la obstrucción no explica todos los casos. Muchos pacientes no presentan un bloqueo identificable y no todas las apendicitis evolucionan necesariamente hasta la perforación.

Apendicitis supurada, gangrenosa o perforada: ¿qué significa?

La expresión popular «apéndice reventado» suele utilizarse para referirse a la apendicitis perforada, es decir, cuando se produce una ruptura de la pared del apéndice.

Al explicar los hallazgos de la cirugía o describir el apéndice extirpado, los médicos pueden utilizar términos como supurada, gangrenosa y perforada. Estas palabras describen el tipo de alteración encontrada en el órgano y ayudan a comprender la extensión de la inflamación.

  • En la apendicitis supurada, la inflamación provoca la formación de pus, un material compuesto por células de defensa, bacterias y restos de tejidos. A pesar de la infección, la pared del apéndice puede permanecer íntegra.
  • En la apendicitis gangrenosa, el compromiso de la circulación sanguínea provoca necrosis, es decir, la muerte de parte del tejido de la pared. Esta pared se vuelve más frágil, lo que aumenta el riesgo de ruptura, pero la presencia de gangrena no significa que ya se haya producido una perforación.
  • En la apendicitis perforada, en cambio, se ha producido una ruptura de la pared, lo que permite que bacterias y secreciones salgan del apéndice. Esta complicación puede provocar un absceso localizado o una infección más extendida dentro del abdomen.

Estas alteraciones pueden coexistir: un apéndice puede presentar pus, zonas de necrosis y perforación. Por lo tanto, estos términos no son sinónimos, y la descripción de una apendicitis supurada, por sí sola, no permite concluir que el órgano se haya roto.

Síntomas de la apendicitis

El dolor abdominal es el principal síntoma de la apendicitis. Suele aumentar a lo largo de las horas y puede empeorar al caminar, toser o mover el cuerpo.

Además del dolor, pueden aparecer pérdida del apetito, náuseas, vómitos y fiebre, generalmente baja. Los vómitos suelen comenzar después del inicio del dolor. La fiebre puede aparecer más tarde o estar ausente. También puede haber diarrea o estreñimiento.

¿En qué lado del abdomen suele doler la apendicitis?

El ciego y el apéndice se encuentran habitualmente en el cuadrante inferior derecho del abdomen, es decir, en la parte inferior derecha del vientre. Por este motivo, la apendicitis suele provocar dolor en esa región.

Ubicación del apéndice
Ubicación del apéndice

Al principio, sin embargo, el dolor puede ser impreciso y sentirse en la zona del estómago o alrededor del ombligo. Esto ocurre porque el cerebro percibe de forma menos precisa el dolor procedente de los órganos internos.

Cuando la inflamación alcanza el peritoneo parietal, la membrana que recubre internamente la pared abdominal, el dolor pasa a estar mejor localizado. Esto se debe a que esta membrana posee una inervación diferente de la de los órganos internos, capaz de transmitir al cerebro información más precisa sobre el punto que está siendo irritado.

De esta forma, el dolor que antes era impreciso y se percibía cerca del ombligo pasa a concentrarse en la región donde el apéndice inflamado irrita esta membrana, generalmente en la parte inferior derecha del abdomen. No es el apéndice el que cambia de lugar, sino la forma en que el dolor se produce y se percibe a medida que la inflamación alcanza los tejidos circundantes.

No todos los pacientes presentan esta migración. La posición de la punta del apéndice varía y algunos pacientes sienten dolor más cerca de la pelvis, en el lado derecho o en la espalda. Un dolor aislado en el lado izquierdo no suele estar causado por el apéndice, aunque esto es posible en situaciones anatómicas poco frecuentes.

Síntomas de apendicitis en mujeres

En las mujeres, los síntomas de la apendicitis son, en general, los mismos que se observan en los hombres: dolor abdominal progresivo, habitualmente más intenso en la parte inferior derecha del abdomen, pérdida del apetito, náuseas, vómitos y, en ocasiones, fiebre.

La principal diferencia se encuentra en el diagnóstico diferencial, ya que algunas afecciones ginecológicas pueden provocar síntomas similares, como embarazo ectópico, torsión ovárica, ruptura de un quiste ovárico y enfermedad inflamatoria pélvica.

Durante el embarazo, la localización del dolor de la apendicitis también puede variar, y las náuseas o los vómitos pueden confundirse con manifestaciones propias de la gestación.

Síntomas en niños y personas mayores

En los niños pequeños, especialmente en los menores de 5 años, puede no haber una descripción clara del dolor. La irritabilidad, el rechazo de los alimentos, los vómitos, la diarrea y la dificultad o negativa a caminar pueden formar parte del cuadro.

En las personas mayores y en las personas inmunosuprimidas, el dolor, la fiebre y los signos inflamatorios pueden ser menos evidentes, incluso cuando la enfermedad ya es grave.

Para conocer más detalles sobre los signos y síntomas de la apendicitis, lea: 10 síntomas de la apendicitis en adultos, niños y bebés.

¿La apendicitis puede causar la muerte?

Sí. La apendicitis puede causar la muerte, principalmente cuando evoluciona con perforación e infección grave, pero este desenlace es poco frecuente cuando el diagnóstico y el tratamiento son precoces.

Cuando el apéndice se perfora, las bacterias y las secreciones pueden alcanzar la cavidad abdominal. La infección puede quedar contenida alrededor del órgano, formando un absceso, que es una acumulación de pus, o propagarse y provocar una peritonitis más extensa.

El paciente con peritonitis difusa suele presentar dolor intenso en gran parte del abdomen, y el abdomen puede ponerse duro como una piedra. La persona siente dolor incluso con estímulos simples, como pisar el suelo o cambiar de posición.

En los casos graves puede aparecer sepsis, una complicación en la que la respuesta del organismo a la infección provoca disfunción de órganos. El descenso de la presión arterial, la confusión mental y la dificultad para respirar son signos de gravedad.

No existe un número de horas que permita predecir con seguridad cuándo se perforará el apéndice. Por este motivo, no se debe esperar a que el dolor sea insoportable o a que aparezcan signos de peritonitis para buscar atención médica.

Apendicitis crónica y recurrente

La apendicitis recurrente consiste en episodios de inflamación que vuelven a aparecer después de un periodo de mejoría. Esto puede ocurrir, por ejemplo, en pacientes que tuvieron una apendicitis tratada con antibióticos y conservaron el apéndice.

Por su parte, el término apendicitis crónica se utiliza para describir situaciones de dolor persistente o intermitente asociado a inflamación crónica o fibrosis del apéndice, generalmente identificadas mediante el examen microscópico después de su extirpación. Este diagnóstico sigue siendo controvertido y no existen criterios clínicos universalmente aceptados.

Una de las hipótesis es la obstrucción parcial o intermitente. Imagine un fragmento de heces resecas alojado en la salida del apéndice. Si no está firmemente atrapado, el aumento de la presión de las secreciones puede desplazarlo, permitiendo el drenaje y la mejoría de los síntomas.

Otra posibilidad es el engrosamiento de la pared interna del apéndice, por ejemplo debido al aumento del tejido linfático, que estrecha el conducto por el que se drenan las secreciones. Si esta obstrucción es parcial o intermitente, el moco puede acumularse hasta que la presión consiga vencer la resistencia a su salida. El drenaje reduce la distensión del apéndice y puede aliviar los síntomas. Este es uno de los mecanismos propuestos para explicar episodios de dolor que mejoran y posteriormente reaparecen.

La apendicitis crónica suele provocar dolor persistente o intermitente y puede ser difícil de diagnosticar. Cuando la inflamación del apéndice es realmente la causa de los síntomas, la extirpación quirúrgica del órgano puede resolver el cuadro.

Diagnóstico de la apendicitis

El diagnóstico comienza con la evaluación de los signos y síntomas, la historia clínica y la exploración física. Los análisis de laboratorio y las pruebas de imagen ayudan a confirmar la sospecha y a identificar otras posibles causas del dolor.

Al palpar el abdomen puede haber dolor en la parte inferior derecha y contracción involuntaria de la musculatura abdominal. Cuando existe irritación del peritoneo, el médico también puede identificar dolor a la descompresión: el dolor se intensifica cuando se retira rápidamente la presión ejercida sobre el abdomen.

Este signo no es exclusivo de la apendicitis y su ausencia no descarta la enfermedad. No es necesario intentar reproducirlo en casa para decidir si se debe buscar atención médica.

Análisis de sangre y orina

El hemograma puede mostrar leucocitosis, es decir, un aumento del número de leucocitos, y la proteína C reactiva puede estar elevada. Estas alteraciones indican inflamación, pero no son exclusivas de la apendicitis ni significan necesariamente que se haya producido una perforación.

Unos resultados normales, principalmente al comienzo del cuadro, no descartan el diagnóstico. Según el caso, también pueden solicitarse un análisis de orina y una prueba de embarazo para ayudar a investigar otras causas de dolor abdominal.

Ecografía, tomografía computarizada y resonancia magnética

La tomografía computarizada del abdomen y la pelvis tiene una elevada precisión y se utiliza con frecuencia en adultos, excepto durante el embarazo. Además de mostrar la inflamación del apéndice, ayuda a identificar perforaciones, abscesos y otras enfermedades que pueden provocar síntomas similares.

En los niños, cuando es necesaria una prueba de imagen, la ecografía suele ser la primera opción porque no utiliza radiación. Durante el embarazo, la ecografía también puede ser el estudio inicial, y la resonancia magnética es una alternativa importante cuando persisten las dudas.

Una ecografía en la que no se haya podido visualizar el apéndice no descarta una apendicitis. Dependiendo de la sospecha clínica, puede ser necesario mantener al paciente en observación, repetir la prueba o realizar una resonancia magnética o una tomografía computarizada.

Cuando los resultados no son concluyentes, pero el dolor persiste o empeora, la reevaluación médica es fundamental. En situaciones de alta sospecha o gravedad, el equipo quirúrgico puede indicar una operación sin esperar a disponer de todos los resultados.

¿Qué otras enfermedades pueden confundirse con una apendicitis?

La apendicitis es una de las principales causas de dolor abdominal y de necesidad de cirugía abdominal. Sin embargo, otros procesos inflamatorios del abdomen o la pelvis pueden provocar síntomas similares. Entre ellos se encuentran:

  • Diverticulitis, especialmente cuando afecta al lado derecho del intestino grueso.
  • Enfermedad de Crohn y otras causas de ileítis, que es la inflamación de la porción final del intestino delgado.
  • Enfermedad inflamatoria pélvica.
  • Embarazo ectópico, cuando la gestación se desarrolla fuera del útero.
  • Cálculo en el uréter derecho, el conducto que lleva la orina desde el riñón hasta la vejiga.
  • Gastroenteritis y adenitis mesentérica, una inflamación de los ganglios linfáticos del abdomen, especialmente en niños.
  • Diverticulitis de Meckel, inflamación de una pequeña bolsa congénita del intestino delgado.
  • Torsión ovárica o ruptura de un quiste ovárico.

Tratamiento de la apendicitis

El tratamiento de la apendicitis se realiza, en la mayoría de los casos, mediante una apendicectomía, es decir, la extirpación quirúrgica del apéndice. La operación puede realizarse mediante la técnica tradicional, denominada cirugía abierta, o mediante laparoscopia.

Antes del procedimiento, el paciente recibe antibióticos, medicamentos para el dolor y, cuando es necesario, líquidos por vía intravenosa para corregir la deshidratación, especialmente en los casos en los que hay vómitos.

La laparoscopia es la vía preferida en la mayoría de los centros que disponen de equipos y recursos adecuados. La cirugía se realiza mediante pequeñas incisiones, con ayuda de una cámara, y suele provocar menos dolor, un menor riesgo de infección de la herida y una recuperación más rápida. También puede utilizarse en casos de apendicitis perforada.

La cirugía abierta continúa siendo una opción válida. La decisión depende del estado del paciente, de la extensión de la inflamación y de la experiencia del cirujano. En algunas situaciones, puede ser necesario convertir una cirugía iniciada por laparoscopia en una cirugía abierta.

Apéndice inflamado extirpado quirúrgicamente
Apéndice inflamado extirpado quirúrgicamente

El apéndice extirpado se envía para un estudio anatomopatológico, que evalúa el tejido al microscopio y puede identificar alteraciones que no se habían detectado antes de la cirugía.

¿La cirugía debe realizarse inmediatamente?

Los pacientes con perforación libre, peritonitis difusa o inestabilidad clínica necesitan una cirugía de urgencia, acompañada de las medidas necesarias para controlar la infección y estabilizar el organismo.

En los casos no complicados y con el paciente estable, la operación puede programarse dentro de las primeras 24 horas, bajo vigilancia hospitalaria. Este intervalo permite administrar hidratación y antibióticos y realizar una preparación adecuada; no significa que sea seguro esperar en casa cuando existe sospecha de apendicitis.

¿Es posible tratar la apendicitis sin operar?

Sí. Existen dos situaciones diferentes: el tratamiento con antibióticos de una apendicitis no complicada y el control inicial de una infección localizada con absceso.

Antibióticos en la apendicitis no complicada

En algunos adultos con apendicitis no complicada confirmada mediante pruebas de imagen, los antibióticos pueden ser una alternativa a la cirugía. Para considerar esta opción, no debe haber signos de perforación, absceso, peritonitis difusa ni sospecha de tumor. El paciente también debe poder mantener un seguimiento médico y regresar rápidamente al hospital si se produce un empeoramiento.

La presencia de un apendicolito que obstruye el apéndice aumenta el riesgo de fracaso y complicaciones con el tratamiento sin cirugía, lo que favorece la indicación quirúrgica.

La principal desventaja es que los antibióticos pueden no controlar el episodio o la apendicitis puede reaparecer. En un estudio realizado en adultos sin apendicolito, alrededor del 44 % acabó necesitando una cirugía para extirpar el apéndice a lo largo de 10 años. Este porcentaje incluye tanto los fracasos del tratamiento inicial como las operaciones realizadas posteriormente.

Por lo tanto, la decisión debe tener en cuenta los beneficios de evitar una operación en ese momento y la posibilidad de necesitarla más adelante. El tratamiento debe ser prescrito y supervisado por el equipo médico; no consiste en tomar un antibiótico por cuenta propia ante un dolor abdominal cuyo diagnóstico todavía no se conoce.

En los niños, la cirugía sigue siendo la opción preferida en la mayoría de los casos. El tratamiento sin cirugía puede discutirse en situaciones seleccionadas de bajo riesgo con el cirujano pediátrico. Durante el embarazo, la cirugía también suele recomendarse, ya que el tratamiento exclusivamente con antibióticos no está suficientemente estudiado.

Apendicitis con absceso localizado

Cuando la apendicitis evoluciona durante varios días, puede producirse una inflamación intensa alrededor del órgano. El apéndice y las asas intestinales próximas pueden quedar adheridos entre sí, formando una masa inflamatoria, con o sin absceso. En estas condiciones, separar los tejidos durante la cirugía puede resultar más difícil, aumentando el riesgo de lesionar el intestino y, en algunos casos, de tener que extirpar también un segmento intestinal.

Si la infección está localizada y el paciente se encuentra estable, puede ser preferible comenzar con antibióticos y, cuando sea necesario, drenar el absceso mediante un catéter introducido a través de la piel y guiado por ecografía o tomografía computarizada. Esto permite controlar la infección y reducir la inflamación antes de una eventual cirugía. Esta estrategia no se aplica a los pacientes con infección extendida por el abdomen o inestabilidad clínica, que necesitan tratamiento quirúrgico urgente.

Después de la mejoría, la necesidad y el momento de extirpar el apéndice dependen principalmente de la edad y de los hallazgos. En adultos de 35 años o más que hayan presentado un absceso periapendicular tratado inicialmente sin cirugía, las recomendaciones actuales indican realizar una apendicectomía programada entre 6 y 12 semanas después, debido al mayor riesgo de que exista una neoplasia del apéndice asociada. En estos pacientes, el seguimiento también puede incluir una colonoscopia y nuevas pruebas de imagen.

En los adultos más jóvenes, la conducta puede individualizarse.

Postoperatorio y recuperación

El tiempo de recuperación después de la extirpación del apéndice depende de varios factores: edad, estado clínico, tipo de cirugía y presencia de perforación u otras complicaciones.

Después de una apendicectomía sin complicaciones, la hospitalización suele durar 1 o 2 días. En pacientes seleccionados operados mediante laparoscopia, el alta puede producirse el mismo día. Quienes han tenido una perforación, un absceso o una recuperación más difícil pueden necesitar permanecer hospitalizados durante varios días.

La alimentación se reintroduce según la tolerancia. En los casos complicados, el intestino puede funcionar temporalmente de forma más lenta, lo que requiere una progresión más cuidadosa de la dieta. No suele ser necesaria una dieta especial permanente por haber extirpado el apéndice.

Los antibióticos después de la cirugía generalmente no son necesarios en la apendicitis no complicada. Cuando ha habido perforación o infección abdominal, suelen mantenerse durante un periodo determinado por el equipo médico, según el control de la infección y la evolución.

¿Cuánto tiempo de reposo es necesario?

No se recomienda el reposo absoluto durante la recuperación habitual. Deben iniciarse caminatas cortas tan pronto como el equipo médico lo autorice, aumentando gradualmente la actividad según la tolerancia. Durante los primeros días, el paciente debe descansar entre las actividades y evitar esfuerzos que provoquen dolor.

Después de una laparoscopia sin complicaciones, muchas personas pueden volver a la escuela o a un trabajo que no requiera esfuerzo físico en aproximadamente 1 a 2 semanas. La recuperación puede ser más lenta después de una cirugía abierta o de una apendicitis perforada.

Levantar peso, realizar ejercicios abdominales y practicar deportes requiere la autorización del cirujano. La restricción puede durar varias semanas, en ocasiones entre 4 y 6 semanas, dependiendo de la operación y de la evolución. No existe un plazo único para todos los pacientes.

Para volver a conducir, el paciente debe ser capaz de moverse y frenar bruscamente sin dolor, además de no estar utilizando medicamentos que provoquen somnolencia o alteren la atención.

Las relaciones sexuales pueden retomarse según el nivel de comodidad y las indicaciones del equipo médico, evitando esfuerzos o presión sobre la zona operada.

¿Cuándo buscar atención médica después de la cirugía?

La aparición de fiebre, dolor abdominal que está aumentando, vómitos persistentes, distensión abdominal importante o salida de pus por la herida requiere contactar con el equipo quirúrgico o acudir a una nueva evaluación médica. Estos síntomas pueden indicar una infección de la herida, un absceso dentro del abdomen u otra complicación.


book Referencias bibliográficas
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  • Appendectomy – American College of Surgeons.
  • Appendicitis – NHS.


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  1. Gloria Cordova

    Gracias por la información, es muy interesante y muy completa.

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