Sepsis: qué es, causas, síntomas y tratamiento

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8 Sep. 2026
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Resumen

Puntos clave sobre la sepsis

  • La sepsis es una complicación grave de una infección, en la que la respuesta del organismo se desregula y comienza a provocar disfunción de uno o más órganos.
  • Popularmente, a menudo se la denomina «infección generalizada», aunque esta expresión no es técnicamente precisa.
  • La sepsis puede surgir a partir de infecciones relativamente comunes, como neumonía, infección urinaria, infecciones abdominales, meningitis o infecciones de la piel.
  • El riesgo es mayor en personas mayores, recién nacidos, pacientes hospitalizados, personas inmunosuprimidas y pacientes con enfermedades crónicas.
  • Los principales signos de alarma incluyen alteración del estado mental, descenso de la presión arterial, respiración acelerada, falta de aire, disminución de la cantidad de orina, postración intensa y alteraciones de la temperatura corporal.
  • La sepsis es una emergencia médica.
  • El tratamiento incluye el control rápido de la infección, generalmente con antimicrobianos, además de líquidos por vía intravenosa y soporte de los órganos cuando sea necesario. Sin un tratamiento precoz, puede evolucionar hacia una insuficiencia multiorgánica y un shock séptico.

¿Qué es la sepsis?

La sepsis es una condición potencialmente mortal que aparece cuando la respuesta del organismo a una infección se desregula y comienza a provocar lesión y disfunción de órganos.

Popularmente, la sepsis suele denominarse «infección generalizada», «infección en la sangre» o «septicemia», aunque estas expresiones no son técnicamente precisas. La sepsis no significa necesariamente que la infección se haya extendido por todo el organismo ni que existan microorganismos circulando en la sangre.

En circunstancias normales, el sistema inmunitario combate una infección de manera localizada y organizada. Sin embargo, en la sepsis, la reacción frente a la infección deja de estar adecuadamente controlada y comienza a interferir en el funcionamiento de la circulación, los vasos sanguíneos, la coagulación, el metabolismo y diferentes órganos.

Según la definición utilizada actualmente en adultos, conocida como Sepsis-3, la sepsis es una disfunción orgánica potencialmente mortal causada por una respuesta desregulada del huésped (el paciente) a una infección.

Por lo tanto, sepsis y bacteriemia no son lo mismo. Bacteriemia significa presencia de bacterias en el torrente sanguíneo. Un paciente puede presentar bacteriemia sin desarrollar sepsis y, del mismo modo, puede tener sepsis sin que los cultivos de sangre demuestren la presencia de bacterias.

Síntomas y signos de alarma de la sepsis

Los síntomas de la sepsis varían según el lugar de la infección, el microorganismo implicado, la edad del paciente y la gravedad del cuadro.

En las fases iniciales pueden aparecer:

  • Fiebre o temperatura corporal anormalmente baja.
  • Escalofríos.
  • Latidos cardíacos acelerados.
  • Respiración más rápida de lo habitual.
  • Cansancio intenso y postración.
  • Pérdida del apetito.
  • Náuseas o vómitos, dependiendo del origen de la infección.

A medida que aparece la disfunción de los órganos, pueden surgir signos más preocupantes, como:

  • Confusión mental, desorientación o somnolencia excesiva.
  • Disminución de la producción de orina.
  • Falta de aire.
  • Descenso de la presión arterial.
  • Piel fría, pálida, pegajosa o con manchas violáceas.
  • Disminución del nivel de conciencia.
  • Descenso del número de plaquetas en el hemograma.
  • Alteraciones de la función renal, hepática o de la coagulación en los análisis de sangre.

Las personas mayores y los pacientes inmunosuprimidos pueden presentar manifestaciones menos típicas. En estos pacientes, una postración intensa, la confusión mental o un deterioro repentino del estado general pueden ser los primeros signos, incluso en ausencia de fiebre.

En los cuadros más graves, las alteraciones de los vasos sanguíneos y de la circulación pueden provocar una disminución importante de la presión arterial y una reducción del flujo de sangre hacia los tejidos, cuadro que puede conducir al shock séptico (explicado más adelante). Además, el aumento de la permeabilidad de los vasos favorece la salida de líquido hacia los tejidos, lo que puede contribuir a la aparición de edema, incluido el edema pulmonar.

La combinación de alteraciones circulatorias, inflamatorias, metabólicas y de la microcirculación puede afectar los riñones, los pulmones, el hígado, el corazón y el cerebro, cuadro denominado insuficiencia multiorgánica. También puede aparecer coagulación intravascular diseminada (CID), una condición en la que se produce una activación anormal de la coagulación, con formación de pequeños trombos y, paradójicamente, un aumento del riesgo de hemorragias.

Atención: no existe un síntoma aislado que confirme o descarte la sepsis. Una persona con una infección que desarrolla confusión mental, falta de aire, descenso de la presión arterial, disminución importante de la orina o un deterioro rápido del estado general debe ser evaluada con urgencia.

Causas: ¿cómo se desarrolla la sepsis?

Siempre que nuestro organismo es invadido por microorganismos, el sistema inmunitario se activa para combatirlos. Una de las estrategias de las células de defensa consiste en liberar sustancias que desencadenan una respuesta inflamatoria.

La inflamación es una reacción natural y necesaria para combatir las infecciones y reparar los tejidos lesionados. El enrojecimiento, el calor, la hinchazón y el dolor son consecuencia del aumento del flujo sanguíneo y de la actividad de las células de defensa en la región afectada.

En el caso de las infecciones, gran parte de estos signos se debe a la respuesta del propio sistema inmunitario, aunque los microorganismos y algunas de las sustancias que producen también pueden provocar lesiones directas en los tejidos. El enrojecimiento, el dolor, el calor y la presencia de pus en una herida infectada son manifestaciones de esta interacción entre el sistema inmunitario y los gérmenes invasores.

Las infecciones generalmente comienzan en una región específica del organismo. Entre los focos que con mayor frecuencia pueden dar origen a una sepsis se encuentran:

¿Qué es la sepsis pulmonar o sepsis de foco pulmonar?

Las expresiones sepsis pulmonar y sepsis de foco pulmonar significan que la infección que desencadenó la sepsis comenzó en los pulmones, generalmente como una neumonía. La sepsis sigue siendo una condición sistémica, con disfunción de órganos; el término «pulmonar» simplemente identifica el lugar de origen de la infección.

El mismo razonamiento se aplica a expresiones como sepsis urinaria, sepsis abdominal o sepsis de foco cutáneo, que indican dónde se inició la infección responsable del cuadro.

Cualquiera de estas infecciones puede permanecer localizada y ser controlada por el organismo o mediante el tratamiento. Sin embargo, en algunos pacientes, la respuesta frente a la infección se desregula y comienza a provocar alteraciones sistémicas.

Es importante comprender que no es necesario que las bacterias invadan la sangre en grandes cantidades para que aparezca una sepsis.

Pequeñas bacteriemias transitorias pueden producirse incluso en situaciones cotidianas, como después de determinados procedimientos odontológicos o incluso durante el cepillado de los dientes, sin que esto provoque ninguna enfermedad. Por otro lado, los pacientes con neumonía, pielonefritis u otras infecciones graves pueden desarrollar sepsis aunque los hemocultivos permanezcan negativos.

En la sepsis, el principal problema es la respuesta inadecuada del organismo. Se produce disfunción del revestimiento interno de los vasos sanguíneos, alteración de la distribución del flujo sanguíneo, activación de la coagulación y deterioro de la microcirculación. Como consecuencia, los órganos pueden dejar de recibir o utilizar adecuadamente el oxígeno y los nutrientes.

En términos más técnicos, la sepsis implica alteraciones complejas del sistema inmunitario, con producción y regulación anormales de mediadores como TNF-α, IL-6 e IL-1β, activación del sistema del complemento, lesión endotelial y formación de microtrombos. Al mismo tiempo, algunas etapas de la enfermedad pueden cursar con una reducción de la capacidad de respuesta del sistema inmunitario.

La gravedad depende tanto de las características de la infección como de las condiciones del paciente. Una persona previamente sana puede ser capaz de controlar una infección que, en un paciente mayor, inmunosuprimido o con varias enfermedades crónicas, puede desencadenar una respuesta mucho más grave.

Diagnóstico de la sepsis

El diagnóstico de sepsis no se realiza mediante un único síntoma o análisis de sangre. Depende de la combinación de una infección sospechada o confirmada con signos de que dicha infección está provocando una nueva disfunción en uno o más órganos.

En adultos, la definición utilizada actualmente es la de Sepsis-3, publicada en 2016. Según este consenso, la sepsis es una disfunción orgánica potencialmente mortal causada por una respuesta desregulada del organismo frente a una infección.

En la práctica, el médico debe responder a dos preguntas principales:

  1. ¿Existe una infección sospechada o confirmada?
  2. ¿Esta infección está provocando una nueva disfunción de órganos?

Para evaluar la segunda pregunta, Sepsis-3 utiliza la puntuación SOFA.

Los criterios descritos a continuación se refieren a los adultos. Los niños y los recién nacidos tienen criterios propios. En niños y adolescentes, los criterios internacionales actuales utilizan el Phoenix Sepsis Score para evaluar la disfunción orgánica asociada a la infección.

Criterios de Sepsis-3

Para definir la sepsis en adultos, son fundamentales dos elementos:

  1. Infección sospechada o confirmada

La sepsis siempre se produce en el contexto de una infección. Esta puede ser bacteriana, viral, fúngica o estar causada por otros agentes infecciosos.

No es necesario identificar inmediatamente el microorganismo responsable. En muchos casos, el diagnóstico de la infección es inicialmente clínico y el tratamiento debe comenzar antes de que estén disponibles los resultados de los cultivos.

  1. Disfunción orgánica provocada por la infección

Sepsis-3 utiliza el SOFA (Sequential Organ Failure Assessment) para cuantificar el grado de disfunción de los órganos.

En el contexto de una infección sospechada o confirmada, un aumento agudo de al menos 2 puntos en el SOFA respecto al valor basal es el criterio operativo utilizado por Sepsis-3 para caracterizar una disfunción orgánica compatible con sepsis.

Esto no significa que el diagnóstico se realice automáticamente mediante la suma de puntos. El médico también debe evaluar si la alteración de los órganos puede atribuirse realmente a la infección.

Por ejemplo, un paciente puede presentar una creatinina elevada porque ya padece una enfermedad renal crónica. En ese caso, el valor elevado no significa necesariamente que la infección haya provocado una nueva disfunción renal. Lo importante es el deterioro respecto al estado habitual del paciente.

Cuando no existe una disfunción orgánica previa conocida, suele considerarse un SOFA basal igual a cero.

SOFA

El SOFA evalúa seis sistemas del organismo:

  1. Sistema respiratorio.
  2. Coagulación.
  3. Hígado.
  4. Sistema cardiovascular.
  5. Sistema nervioso central.
  6. Riñones.

Cada sistema recibe de 0 a 4 puntos, según el grado de afectación. La puntuación total puede variar de 0 a 24.

Cuanto mayor sea el SOFA, mayor será la disfunción orgánica. Además del valor inicial, también es importante la evolución de la puntuación: un SOFA que aumenta a lo largo de las horas o los días indica un empeoramiento del funcionamiento de los órganos.

  1. Sistema respiratorio

La afectación respiratoria se evalúa mediante la relación entre la presión arterial de oxígeno (PaO₂) y la fracción de oxígeno inspirado (FiO₂), denominada relación PaO₂/FiO₂.

Cuanto menor sea esta relación, peor será la capacidad de los pulmones para oxigenar la sangre.

  • ≥ 400: 0 puntos.
  • 300 a 399: 1 punto.
  • 200 a 299: 2 puntos.
  • 100 a 199 con soporte respiratorio: 3 puntos.
  • < 100 con soporte respiratorio: 4 puntos.

Una relación PaO₂/FiO₂ baja indica un deterioro de la oxigenación, pero no significa, por sí sola, que el paciente necesite obligatoriamente ventilación mecánica.

  1. Coagulación

La coagulación se evalúa mediante el número de plaquetas en la sangre:

  • ≥ 150.000/mm³: 0 puntos.
  • 100.000 a 149.000/mm³: 1 punto.
  • 50.000 a 99.000/mm³: 2 puntos.
  • 20.000 a 49.000/mm³: 3 puntos.
  • < 20.000/mm³: 4 puntos.

El descenso de las plaquetas puede ser un signo de activación anormal de la coagulación y de una mayor gravedad de la sepsis.

  1. Función hepática

El funcionamiento del hígado se evalúa mediante la concentración de bilirrubina en la sangre:

  • < 1,2 mg/dL: 0 puntos.
  • 1,2 a 1,9 mg/dL: 1 punto.
  • 2,0 a 5,9 mg/dL: 2 puntos.
  • 6,0 a 11,9 mg/dL: 3 puntos.
  • ≥ 12,0 mg/dL: 4 puntos.
  1. Sistema cardiovascular

El sistema cardiovascular se evalúa mediante la presión arterial y la necesidad de medicamentos vasopresores para mantenerla en niveles adecuados:

  • Presión arterial media (PAM) ≥ 70 mmHg: 0 puntos.
  • PAM < 70 mmHg: 1 punto.
  • Dopamina ≤ 5 µg/kg/min o dobutamina a cualquier dosis: 2 puntos.
  • Dopamina > 5 hasta 15 µg/kg/min o noradrenalina/adrenalina ≤ 0,1 µg/kg/min: 3 puntos.
  • Dopamina > 15 µg/kg/min o noradrenalina/adrenalina > 0,1 µg/kg/min: 4 puntos.
  1. Sistema nervioso central

El estado neurológico se evalúa mediante la Escala de Coma de Glasgow:

  • Glasgow 15: 0 puntos.
  • Glasgow 13 a 14: 1 punto.
  • Glasgow 10 a 12: 2 puntos.
  • Glasgow 6 a 9: 3 puntos.
  • Glasgow < 6: 4 puntos.

Alteraciones como confusión mental, somnolencia o disminución del nivel de conciencia pueden reflejar una afectación del sistema nervioso causada por la sepsis.

  1. Función renal

La función de los riñones se evalúa mediante la creatinina sérica o la cantidad de orina producida:

  • Creatinina < 1,2 mg/dL: 0 puntos.
  • Creatinina 1,2 a 1,9 mg/dL: 1 punto.
  • Creatinina 2,0 a 3,4 mg/dL: 2 puntos.
  • Creatinina 3,5 a 4,9 mg/dL o diuresis < 500 mL/día: 3 puntos.
  • Creatinina ≥ 5,0 mg/dL o diuresis < 200 mL/día: 4 puntos.

Otras pruebas utilizadas en la investigación

El SOFA ayuda a determinar si existe disfunción de los órganos, pero no responde a todas las preguntas necesarias durante la atención de un paciente con sospecha de sepsis.

También es necesario determinar:

  • Dónde se encuentra la infección.
  • Qué microorganismo puede estar causando el cuadro.
  • Cuál es la gravedad de la enfermedad.
  • Qué órganos están afectados.
  • Si existe algún foco que requiera drenaje o cirugía.

Para ello se utilizan pruebas como el hemograma, la evaluación de la función renal y hepática, los electrolitos, las pruebas de coagulación, los cultivos y los estudios de imagen.

Los hemocultivos buscan identificar bacterias u hongos circulando en el torrente sanguíneo. Deben obtenerse lo antes posible, preferiblemente antes de iniciar los antimicrobianos, siempre que esto no provoque un retraso relevante en el tratamiento.

Un hemocultivo negativo no descarta la sepsis, ya que muchos pacientes con sepsis no presentan microorganismos detectables en la sangre.

Dependiendo del foco sospechado, también pueden solicitarse cultivos de orina, secreciones respiratorias, líquido cefalorraquídeo, secreciones de heridas u otros materiales.

Los estudios de imagen, como radiografías, ecografías y tomografías computarizadas, pueden ayudar a localizar infecciones como neumonía, abscesos, obstrucciones de las vías urinarias o biliares e infecciones intraabdominales.

Por lo tanto, los cultivos y los estudios de imagen son fundamentales para investigar la causa de la sepsis, pero no constituyen, por sí solos, criterios diagnósticos.

Nota: en 2025 se publicó una versión actualizada de la puntuación, denominada SOFA-2. Sin embargo, los criterios de Sepsis-3 descritos anteriormente siguen basándose en el SOFA original, por lo que esta es la versión que presentamos en esta sección.

¿Cuál es el papel del lactato?

El lactato sanguíneo se mide con frecuencia en pacientes con sospecha de sepsis porque su elevación puede estar asociada a una mayor gravedad y a alteraciones importantes de la circulación y del metabolismo.

Ayuda a identificar a los pacientes de mayor riesgo y también puede utilizarse para controlar la respuesta al tratamiento.

Sin embargo, un lactato elevado no significa automáticamente que exista sepsis. Muchas otras condiciones pueden aumentar sus niveles y un lactato normal tampoco es suficiente para descartar la enfermedad.

El lactato no forma parte del criterio utilizado para diagnosticar la sepsis según Sepsis-3. Sin embargo, sí interviene en la definición de shock séptico, como veremos más adelante.

¿Y el qSOFA?

El qSOFA (quick SOFA) suele causar confusión por la similitud de su nombre con el SOFA, pero ambos tienen funciones diferentes.

Mientras que el SOFA se utiliza para cuantificar la disfunción de los órganos, el qSOFA es una evaluación rápida destinada principalmente a identificar a los pacientes con infección que presentan un mayor riesgo de evolución desfavorable.

Utiliza solamente tres datos clínicos:

  1. Frecuencia respiratoria ≥ 22 respiraciones por minuto.
  2. Alteración del estado mental.
  3. Presión arterial sistólica ≤ 100 mmHg.

Cada elemento vale 1 punto.

La presencia de dos o más de estos hallazgos aumenta la preocupación por un posible deterioro clínico e indica la necesidad de una evaluación más completa.

Sin embargo, el qSOFA no forma parte de los criterios diagnósticos de la sepsis. Un paciente puede tener sepsis incluso con un qSOFA de 0 o 1.

Debido a su sensibilidad limitada, las guías actuales no recomiendan utilizar el qSOFA de forma aislada como principal herramienta hospitalaria para la detección de la sepsis. Cuando se utiliza una única puntuación para el cribado, se prefieren otros sistemas de alerta temprana al qSOFA.

Por lo tanto, la diferencia puede resumirse de la siguiente manera:

  • SOFA: mide la disfunción de los órganos y forma parte del criterio operativo de Sepsis-3 para el diagnóstico de sepsis.
  • qSOFA: es una herramienta rápida de alerta para identificar a pacientes potencialmente más graves, pero no confirma ni descarta la sepsis.

En resumen, para diagnosticar la sepsis, el razonamiento principal es: ¿existe una infección y está provocando una nueva disfunción de órganos? El SOFA ayuda a medir esta disfunción. Los cultivos ayudan a identificar el microorganismo, los estudios de imagen ayudan a localizar el foco, el lactato contribuye a evaluar la gravedad y el qSOFA funciona únicamente como una señal rápida de alerta.

¿Qué es el shock séptico?

El shock séptico, también llamado choque séptico, es una forma particularmente grave de sepsis, en la que las alteraciones circulatorias, celulares y metabólicas son intensas y están asociadas a un riesgo muy elevado de muerte.

En adultos, el shock séptico se identifica cuando, a pesar de una reposición adecuada de líquidos, el paciente necesita medicamentos vasopresores para mantener una presión arterial media de al menos 65 mmHg y presenta un lactato sanguíneo superior a 2 mmol/L.

El lactato elevado no debe interpretarse simplemente como una medida directa de la «falta de oxígeno en los tejidos». En la sepsis, su elevación puede deberse a una combinación de alteraciones de la perfusión, respuesta al estrés, aumento de la producción y reducción de la depuración.

El shock séptico requiere tratamiento inmediato, con control de la infección, corrección de las alteraciones circulatorias y soporte de los órganos afectados.

Factores de riesgo y pronóstico

Cualquier persona con una infección puede desarrollar sepsis, pero algunas condiciones aumentan el riesgo:

  • Edad avanzada.
  • Recién nacidos y niños muy pequeños.
  • Diabetes mellitus.
  • Enfermedad renal crónica.
  • Cirrosis hepática.
  • Insuficiencia cardíaca.
  • Enfermedades pulmonares crónicas.
  • Cáncer.
  • Inmunosupresión causada por enfermedades o medicamentos.
  • Trasplante de órganos.
  • Desnutrición.
  • Obesidad.
  • Hospitalización reciente o prolongada.
  • Uso de catéteres, sondas y otros dispositivos invasivos.
  • Cirugías recientes.

El pronóstico depende de diversos factores, como la edad, las enfermedades previas, el origen de la infección, el número de órganos afectados, la presencia de shock y la rapidez con la que se inicia el tratamiento.

Cuanto mayor sea la disfunción de los órganos y más prolongada sea la inestabilidad circulatoria, mayor será el riesgo de complicaciones y muerte.

¿En cuánto tiempo puede matar la sepsis?

No existe un número fijo de horas o días para que una persona con sepsis evolucione hacia la muerte. La velocidad de progresión depende del origen y la gravedad de la infección, de los órganos afectados, del estado de salud del paciente y de la rapidez con la que se inicie el tratamiento.

En los cuadros graves, el deterioro clínico puede producirse en pocas horas, con evolución hacia shock séptico e insuficiencia multiorgánica. Por este motivo, ante signos sugestivos de sepsis, no se debe esperar en casa para observar cómo evoluciona el cuadro.

¿La sepsis es contagiosa?

No. La sepsis en sí misma no es contagiosa. Es una respuesta del organismo frente a una infección. Lo que eventualmente puede transmitirse a otras personas es la infección que originó el cuadro.

Por ejemplo, algunas neumonías, meningitis e infecciones virales pueden ser contagiosas. Otras causas frecuentes de sepsis, como la pielonefritis, las infecciones de las vías biliares o los abscesos internos, normalmente no se transmiten de persona a persona.

Por lo tanto, las medidas de aislamiento o prevención dependen del microorganismo responsable de la infección y no del hecho de que el paciente haya desarrollado sepsis.

Tratamiento de la sepsis y del shock séptico

La sepsis y el shock séptico son emergencias médicas. El tratamiento debe comenzar rápidamente, al mismo tiempo que el equipo intenta identificar el origen de la infección y evalúa qué órganos están afectados.

Las principales medidas son:

1. Antimicrobianos

Cuando existe shock séptico o cuando la sepsis se considera probable o definida, los antimicrobianos deben administrarse inmediatamente, idealmente dentro de la primera hora después de reconocer el cuadro.

Cuando solamente existe la posibilidad de sepsis y el paciente no presenta shock, puede realizarse una investigación rápida para diferenciar una infección de otras causas. Si la sospecha persiste, las guías recomiendan iniciar el tratamiento antimicrobiano dentro de las primeras tres horas.

En la mayoría de los casos de sepsis bacteriana, se inicia un tratamiento empírico con antibióticos capaces de cubrir los microorganismos más probables, teniendo en cuenta el lugar de la infección, las enfermedades del paciente, las hospitalizaciones recientes y los patrones locales de resistencia bacteriana.

Si es posible, los cultivos se obtienen antes de administrar la primera dosis, siempre que esto no provoque un retraso relevante en el inicio del tratamiento.

Cuando se conocen el agente infeccioso y su sensibilidad a los medicamentos, el tratamiento debe ajustarse y, siempre que sea posible, debe reducirse su espectro.

2. Reposición de líquidos

Los pacientes con signos de hipoperfusión causada por la sepsis o con shock séptico reciben líquidos por vía intravenosa para mejorar la circulación y la llegada de sangre a los órganos.

Los cristaloides son la primera opción para la reposición de volumen. Las guías actuales sugieren preferir soluciones cristaloides balanceadas, como el Ringer lactato, al suero fisiológico al 0,9 %, siempre que no exista una razón específica para utilizar otra solución.

A pesar de su nombre, el Ringer lactato puede utilizarse incluso cuando el lactato sanguíneo está elevado. El lactato presente en la solución es metabolizado por el organismo y no provoca la acidosis láctica observada en los pacientes graves.

En adultos con hipoperfusión causada por la sepsis o con shock séptico, la guía de 2026 sugiere una reposición inicial de al menos 30 mL/kg de cristaloides durante las primeras tres horas. Sin embargo, este volumen no debe interpretarse como una cantidad obligatoria y fija para todos los pacientes.

La respuesta al tratamiento debe reevaluarse con frecuencia para decidir si el paciente necesita más líquidos u otras medidas, como vasopresores. Esta reevaluación es especialmente importante en pacientes con insuficiencia cardíaca, enfermedad renal u otras condiciones que aumenten el riesgo de congestión y acumulación excesiva de líquidos.

Después de la reposición inicial, la decisión de administrar más volumen debe individualizarse de acuerdo con la respuesta circulatoria del paciente.

3. Vasopresores

Cuando la presión arterial continúa baja a pesar de la reposición inicial de líquidos, se utilizan medicamentos vasopresores.

La noradrenalina es el medicamento de primera elección en el shock séptico. El objetivo inicial habitual es mantener la presión arterial media alrededor de 65 mmHg.

Si se necesitan dosis progresivamente mayores de noradrenalina, puede asociarse vasopresina. Si la presión continúa siendo inadecuada a pesar de estas medidas, puede añadirse adrenalina.

En los casos de shock muy inestable, puede ser necesario iniciar el vasopresor al mismo tiempo que la reposición de líquidos. Tampoco es necesario retrasar su inicio mientras se espera la obtención de un acceso venoso central; en determinadas situaciones, puede administrarse inicialmente por un acceso venoso periférico bajo una monitorización adecuada.

4. Control del foco de la infección

Los antibióticos por sí solos no siempre son suficientes para controlar la infección.

Algunos pacientes necesitan procedimientos para eliminar el origen de la sepsis, como:

  • Drenaje de un absceso.
  • Retirada de un catéter infectado.
  • Desobstrucción de las vías urinarias o biliares.
  • Cirugía de una perforación intestinal.
  • Eliminación de tejidos necróticos o infectados.

Cuando existe un foco que requiere una intervención, el control debe realizarse lo antes posible. Las guías actuales sugieren que, cuando esté indicado, se realice preferentemente durante las primeras horas, idealmente dentro de las seis horas siguientes al diagnóstico.

5. Soporte de los órganos

Dependiendo de la gravedad, pueden ser necesarias medidas como:

  • Oxígeno o ventilación mecánica en caso de insuficiencia respiratoria.
  • Hemodiálisis cuando existe insuficiencia renal con indicación de tratamiento renal sustitutivo.
  • Transfusión de sangre en situaciones específicas.
  • Tratamiento de las alteraciones de la coagulación.
  • Control de los trastornos metabólicos y electrolíticos.

No todos los pacientes con sepsis necesitan ingresar en una unidad de cuidados intensivos (UCI). Sin embargo, los pacientes con shock séptico o disfunción orgánica que requiera monitorización y soporte intensivos deben ser trasladados a cuidados intensivos. Cuando existe indicación de ingreso en la UCI, la recomendación actual es que este se produzca rápidamente, idealmente en un plazo de hasta seis horas.

6. Corticoides y otras medidas

En adultos con shock séptico, las guías actuales sugieren el uso de corticoides intravenosos. La hidrocortisona es el medicamento más utilizado, generalmente en una dosis total de 200 mg al día, administrada en dosis divididas o mediante infusión continua. El momento ideal para iniciar el tratamiento varía según la evolución del shock y la necesidad de vasopresores.

Otras medidas utilizadas con frecuencia incluyen:

  • Control de la glucemia: la insulina está indicada cuando la glucemia alcanza o supera los 180 mg/dL, evitando un control excesivamente estricto que aumente el riesgo de hipoglucemia.
  • Prevención del tromboembolismo venoso: generalmente con heparina de bajo peso molecular, salvo que existan contraindicaciones.
  • Nutrición: cuando sea posible, se prefiere iniciar precozmente la alimentación enteral, habitualmente dentro de las primeras 72 horas.
  • Reevaluaciones frecuentes: se controlan la presión arterial, el lactato, la diuresis, la oxigenación y otros indicadores para comprobar la respuesta al tratamiento.

¿La sepsis se cura? ¿Puede dejar secuelas?

Sí. Muchos pacientes se recuperan de la sepsis, especialmente cuando la infección se reconoce y se trata de forma precoz.

Sin embargo, la recuperación varía considerablemente. Los pacientes que han sufrido shock séptico, insuficiencia de varios órganos o que han permanecido mucho tiempo hospitalizados en una UCI pueden necesitar semanas o meses para volver a su estado previo.

Después del alta, algunas personas presentan:

  • Debilidad muscular.
  • Cansancio persistente.
  • Pérdida de capacidad física.
  • Falta de apetito y pérdida de peso.
  • Alteraciones del sueño.
  • Dificultades de memoria o concentración.
  • Ansiedad, depresión u otros problemas emocionales.

Este conjunto de alteraciones se denomina en ocasiones síndrome postsepsis y puede estar relacionado tanto con la propia enfermedad como con el periodo prolongado de hospitalización y cuidados intensivos.

No todos los pacientes presentan secuelas permanentes. Muchas de estas alteraciones mejoran progresivamente con el tiempo, pero algunos pacientes necesitan fisioterapia, rehabilitación, seguimiento nutricional o evaluación de problemas cognitivos y emocionales.

Las guías actuales recomiendan que los supervivientes de una sepsis sean evaluados después del alta para detectar problemas físicos, cognitivos y emocionales que puedan haber aparecido durante o después de la hospitalización.

¿Cuál es el código CIE de la sepsis?

En la CIE-10, la sepsis no tiene un único código. Las categorías A40 y A41 incluyen diferentes formas de sepsis según el microorganismo causante. Cuando el agente no está especificado, el código A41.9 corresponde a sepsis o septicemia no especificada.


book Referencias bibliográficas
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