Información principal sobre el VIH y el sida
El VIH es un virus que infecta principalmente los linfocitos T CD4+, células que coordinan una parte importante de las defensas del organismo. Sin tratamiento, la reducción progresiva de estas células puede conducir al sida, la fase más avanzada de la infección.
Tener el VIH no significa tener sida. En la actualidad, la mayoría de las personas diagnosticadas de forma precoz y tratadas adecuadamente nunca llegan a desarrollar sida.
El virus puede transmitirse mediante las relaciones sexuales, el contacto con sangre contaminada y de la madre al bebé durante el embarazo, el parto o la lactancia. Los abrazos, los besos, la saliva, el sudor, los cubiertos, los inodoros, las piscinas y las picaduras de insectos no transmiten el VIH.
Muchas personas con VIH no presentan síntomas durante años. Por este motivo, no es posible confirmar ni descartar la infección únicamente por las manifestaciones clínicas: el diagnóstico depende de pruebas específicas.
El tratamiento se realiza con una combinación de medicamentos antirretrovirales y debe iniciarse lo antes posible después del diagnóstico.
Cuando el tratamiento mantiene la carga viral por debajo de 200 copias por mililitro de sangre, la persona deja de transmitir el VIH por vía sexual. Este concepto se conoce como indetectable igual a intransmisible, o I = I.
Todavía no existe una cura disponible para el VIH, pero el tratamiento actual permite controlar el virus de forma indefinida. Cuando el diagnóstico es precoz y la carga viral permanece suprimida, la esperanza de vida puede aproximarse a la observada en la población sin VIH.
¿Qué es el VIH?
VIH es la sigla de virus de la inmunodeficiencia humana. Se trata de un retrovirus que infecta principalmente los linfocitos T CD4+, células que ayudan a coordinar la respuesta del sistema inmunitario frente a las infecciones y algunos tipos de cáncer.
Sin tratamiento, el VIH se multiplica continuamente y provoca una reducción progresiva del número de linfocitos CD4. Con el paso del tiempo, esta pérdida puede comprometer las defensas del organismo y conducir al sida, la fase más avanzada de la infección.
Durante las primeras décadas de la epidemia, cuando todavía no existían tratamientos eficaces, la infección por el VIH evolucionaba con frecuencia hacia el sida y se asociaba a una mortalidad elevada. La situación actual es muy diferente.
Los medicamentos antirretrovirales modernos pueden detener la multiplicación del virus, preservar o recuperar el sistema inmunitario y evitar la aparición de la mayoría de las complicaciones relacionadas con la infección.
Por este motivo, actualmente el VIH se considera una infección crónica controlable. Esto no significa que el diagnóstico haya dejado de ser importante ni que el tratamiento sea prescindible. La persona debe continuar tomando correctamente los medicamentos y realizar un seguimiento médico periódico.
Existen dos tipos principales del virus:
- VIH-1: responsable de la gran mayoría de los casos en todo el mundo.
- VIH-2: menos frecuente y presente principalmente en personas procedentes de África occidental o con vínculos epidemiológicos con esa región.
Ambos tipos pueden causar inmunodeficiencia y requieren seguimiento y tratamiento, aunque existen algunas diferencias en cuanto a su transmisión, evolución y sensibilidad a los medicamentos.
¿Cuál es la diferencia entre el VIH y el sida?
El VIH es el virus. El sida es la fase más avanzada de la infección provocada por este virus.
Una persona puede vivir con el VIH durante muchos años sin presentar sida. De hecho, cuando el diagnóstico se realiza precozmente y el tratamiento se sigue correctamente, generalmente se evita la progresión al sida.
El diagnóstico de sida puede establecerse cuando una persona con VIH presenta un recuento de linfocitos CD4 inferior a 200 células por milímetro cúbico o desarrolla alguna enfermedad definitoria de sida, independientemente del valor de los CD4.
Entre las enfermedades definitorias se encuentran determinadas infecciones oportunistas y algunos tipos de cáncer, como:
- Neumonía por Pneumocystis jirovecii.
- Toxoplasmosis cerebral.
- Candidiasis esofágica.
- Meningitis criptocócica.
- Tuberculosis en determinadas formas.
- Infección por citomegalovirus.
- Sarcoma de Kaposi.
- Algunos linfomas.
Por lo tanto, expresiones como «prueba del sida» o «contagiarse de sida» son frecuentes, pero técnicamente imprecisas. Lo que se transmite y lo que detectan las pruebas es el VIH. El sida es una posible consecuencia de la infección no tratada.
¿Cómo causa el VIH el sida?
Para comprender cómo causa el VIH el sida, hay que recordar que ataca principalmente a los linfocitos T CD4+, células que ayudan a coordinar el funcionamiento del sistema inmunitario.
Los linfocitos CD4 no son solamente células que combaten directamente los microorganismos. También envían señales que estimulan y organizan la actuación de otras células de defensa. Por este motivo, la reducción progresiva del número y de la función de estos linfocitos perjudica diferentes partes de la respuesta inmunitaria.
¿Cómo invade y utiliza el VIH los linfocitos CD4?
El VIH no puede multiplicarse por sí solo. Para producir nuevos virus, necesita entrar en una célula humana y utilizar su estructura.
El virus infecta principalmente los linfocitos CD4. Primero, se adhiere a la superficie de la célula y consigue entrar en su interior.
A continuación, el VIH transforma su material genético en ADN y lo incorpora al ADN del linfocito. A partir de ese momento, la célula infectada es «secuestrada» y comienza a funcionar como una especie de fábrica de nuevos virus.
Las nuevas partículas del VIH se producen dentro de la célula, salen de ella y comienzan a infectar otros linfocitos CD4.

¿Por qué disminuye el número de linfocitos CD4?
La reducción de los linfocitos CD4 no se produce mediante un único mecanismo.
Algunas células resultan directamente dañadas o destruidas durante la multiplicación y la salida de las nuevas partículas virales. Otras son eliminadas por el propio sistema inmunitario, que reconoce que están infectadas.
Además, principalmente cuando la infección no está siendo tratada, la multiplicación continua del VIH mantiene el sistema inmunitario en estado de activación. Las células de defensa son estimuladas constantemente para combatir el virus, incluso cuando la persona no presenta síntomas.
Esta activación persistente contribuye a la muerte prematura y al funcionamiento inadecuado de parte de las células de defensa. También puede dañar la estructura de los ganglios linfáticos, lugares donde se concentran los linfocitos y donde se organiza gran parte de la respuesta inmunitaria. Con el tiempo, estas alteraciones dificultan el mantenimiento y la recuperación de los linfocitos CD4.
El VIH también afecta precozmente a las defensas presentes en la mucosa intestinal, una región que concentra una gran cantidad de linfocitos CD4. La pérdida de estas células y la alteración de la barrera intestinal contribuyen a mantener la activación y la inflamación del organismo.
Por lo tanto, el VIH no causa enfermedad únicamente porque destruye directamente las células que infecta. También provoca una desorganización más amplia de la respuesta inmunitaria, con activación persistente, inflamación y pérdida progresiva de la capacidad de reponer y mantener linfocitos funcionales.
Sin tratamiento, el VIH continúa multiplicándose. A lo largo de los años, la carga viral puede aumentar, mientras que el número de linfocitos CD4 tiende a disminuir. La velocidad de esta evolución varía de una persona a otra.
A medida que la inmunidad se debilita, el organismo pierde la capacidad de controlar determinados microorganismos. Infecciones que normalmente serían leves o permanecerían latentes pueden volverse graves. También aumenta el riesgo de algunos tipos de cáncer asociados a la inmunosupresión.
Estas complicaciones se denominan infecciones oportunistas y enfermedades definitorias de sida porque aprovechan la reducción de las defensas del organismo para desarrollarse.
¿Por qué el organismo no puede eliminar el VIH?
Una de las principales dificultades para eliminar el VIH es su capacidad para integrar su propio ADN en el ADN de la célula humana.
No todos los linfocitos infectados comienzan inmediatamente a producir nuevos virus. Algunos permanecen en estado de reposo, portando el ADN del VIH, pero sin fabricar activamente partículas virales.
Estas células forman los llamados reservorios virales. Pueden permanecer durante muchos años en la sangre y en diferentes tejidos, como los ganglios linfáticos, el intestino y otros órganos.
Como no están produciendo virus de forma activa, estas células son difíciles de reconocer y eliminar por el sistema inmunitario. Tampoco son destruidas por los medicamentos antirretrovirales, que actúan principalmente bloqueando las etapas necesarias para la producción y propagación de nuevos virus.
Mientras el tratamiento se utiliza correctamente, la multiplicación viral permanece bloqueada, la carga viral disminuye y el sistema inmunitario puede recuperarse. Sin embargo, el ADN del VIH permanece oculto en las células de los reservorios.
Si el tratamiento se interrumpe, algunas de estas células pueden volver a producir virus, provocando el aumento de la carga viral. Por este motivo, los medicamentos actuales controlan eficazmente la infección, pero todavía no pueden eliminar completamente el VIH del organismo.
En resumen, el VIH causa enfermedad mediante tres mecanismos principales: utiliza los linfocitos CD4 para multiplicarse, provoca la pérdida y la disfunción progresivas de estas células y mantiene reservorios virales capaces de reactivar la infección cuando se suspende el tratamiento.
¿Cuáles son las fases de la infección por el VIH?
Sin tratamiento, la infección por el VIH suele evolucionar a través de tres fases principales. El tiempo de progresión varía mucho de una persona a otra.
1. Infección aguda por el VIH
La infección aguda, también denominada síndrome retroviral agudo, se produce durante las primeras semanas después de la transmisión del virus.
Durante este periodo, el VIH se multiplica rápidamente y la carga viral suele alcanzar valores muy elevados. Algunas personas presentan fiebre, dolor de garganta, manchas en la piel, dolor de cabeza, aumento de los ganglios linfáticos, dolores musculares, diarrea o úlceras en la boca o los genitales.
El cuadro puede parecerse a una gripe, una mononucleosis u otra infección vírica frecuente. Algunas personas presentan síntomas leves y otras no perciben ninguna manifestación.
La ausencia de síntomas no descarta la infección, y la presencia de estos síntomas no confirma el VIH.
2. Infección crónica por el VIH
Después de la fase aguda, la carga viral disminuye parcialmente debido a la respuesta del sistema inmunitario. La persona entra entonces en la fase crónica de la infección.
Sin tratamiento, el VIH continúa multiplicándose y dañando el sistema inmunitario, incluso cuando no existen síntomas. Esta fase asintomática puede durar varios años.
Sin tratamiento, una persona puede transmitir el VIH aunque se sienta perfectamente sana. Con un tratamiento eficaz y una carga viral mantenida por debajo de 200 copias/mL, no se produce transmisión sexual.
Cuando se inicia el tratamiento antirretroviral, la progresión de la infección puede detenerse durante esta fase. La carga viral disminuye, los linfocitos CD4 se recuperan y el riesgo de desarrollar sida se vuelve muy bajo.
3. Sida
El sida aparece cuando la destrucción de las células CD4 provoca una inmunodeficiencia avanzada.
En esta situación, microorganismos que normalmente serían controlados por el sistema inmunitario pueden causar enfermedades graves. También aumenta el riesgo de algunos tumores asociados a la inmunosupresión.
Incluso cuando el diagnóstico se produce durante esta fase, el tratamiento antirretroviral puede reducir la carga viral, permitir la recuperación de los linfocitos CD4 y mejorar significativamente el pronóstico.
Por lo tanto, tener sida no significa necesariamente encontrarse en una fase terminal.
¿Cómo se transmite el VIH?
El VIH puede estar presente en concentraciones capaces de transmitir la infección en la sangre, el semen, el líquido preseminal, las secreciones vaginales, las secreciones rectales y la leche materna.
Las principales formas de transmisión son:
- Relaciones sexuales anales o vaginales sin un método preventivo eficaz.
- Compartir jeringas, agujas u otros materiales utilizados para inyectarse drogas.
- Accidentes laborales con agujas o material biológico contaminado.
- Utilización de instrumentos punzantes o cortantes que no hayan sido esterilizados.
- Transfusiones de sangre o trasplantes de órganos contaminados, una situación actualmente muy poco frecuente en los lugares donde existe un cribado adecuado de los donantes.
- Transmisión de la madre al bebé durante el embarazo, el parto o la lactancia.
El sexo anal receptivo es la práctica sexual con mayor riesgo de transmisión. El sexo vaginal también puede transmitir el VIH. La transmisión mediante el sexo oral es posible, pero el riesgo es mucho más bajo, especialmente cuando no hay eyaculación en la boca, sangre, úlceras o lesiones en las mucosas.
El VIH no atraviesa la piel intacta y no se transmite mediante:
- Abrazos o apretones de manos.
- Besos sociales.
- Saliva, sudor o lágrimas.
- Tos o estornudos.
- Cubiertos, vasos, platos o alimentos.
- Ropa de cama o toallas.
- Inodoros, bañeras o piscinas.
- Picaduras de mosquitos u otros insectos.
- Convivencia doméstica, escolar o laboral.
- Masturbación sin contacto con sangre contaminada.
Una persona que utiliza correctamente el tratamiento y mantiene una carga viral inferior a 200 copias/mL no transmite el VIH mediante las relaciones sexuales, incluso sin preservativo.
¿Cuáles son los síntomas del VIH y del sida?
No existe un síntoma aislado que permita diagnosticar el VIH.
Durante la fase aguda, algunas personas presentan un cuadro parecido a una infección vírica, con fiebre, dolor de garganta, manchas en la piel, cansancio, aumento de los ganglios linfáticos y dolores musculares. Estos síntomas son inespecíficos y también aparecen en muchas otras infecciones.
Después de esta fase, es frecuente permanecer durante muchos años sin ninguna manifestación clínica.
Cuando la inmunidad comienza a verse comprometida, pueden aparecer:
- Pérdida de peso sin explicación.
- Fiebre prolongada o recurrente.
- Sudores nocturnos.
- Diarrea persistente.
- Cansancio intenso.
- Candidiasis oral recurrente.
- Aumento persistente de los ganglios linfáticos.
- Infecciones frecuentes o con una evolución poco habitual.
En el sida, los síntomas dependen de la infección oportunista o del tumor desarrollado. Pueden aparecer dificultad para respirar, alteraciones neurológicas, convulsiones, dificultad para tragar, lesiones cutáneas, pérdida importante de peso y afectación de diferentes órganos.
Estas manifestaciones no son exclusivas del VIH. El diagnóstico solo puede confirmarse mediante pruebas.
Para conocer las manifestaciones de cada fase, lea: Síntomas del VIH y del sida.
Atención: si una posible exposición al virus se produjo hace menos de 72 horas, acuda inmediatamente a un servicio sanitario para valorar la indicación de la profilaxis posexposición, la PEP. No es necesario esperar a que aparezcan síntomas ni al resultado de una prueba para solicitar atención.
¿Cómo se diagnostica el VIH?
El diagnóstico se realiza mediante pruebas que detectan anticuerpos contra el VIH, antígenos del virus o su material genético.
Las pruebas más utilizadas son:
- Pruebas de laboratorio de cuarta generación, que detectan anticuerpos y el antígeno p24.
- Pruebas rápidas realizadas con sangre obtenida de la punta del dedo.
- Pruebas con fluido oral.
- Pruebas moleculares que detectan el ARN del VIH.
Las pruebas de cuarta generación, que son las más utilizadas actualmente, detectan simultáneamente los anticuerpos contra el VIH y el antígeno p24, una proteína del virus que suele aparecer en la sangre antes de que se formen los anticuerpos. Por este motivo, pueden identificar la infección antes que las pruebas que detectan únicamente anticuerpos.
Cuando se realiza en un laboratorio con sangre extraída de una vena, la prueba de cuarta generación suele detectar el VIH entre 18 y 45 días después de la exposición. Alrededor de los 30 días, la mayoría de las infecciones ya pueden identificarse, pero un resultado negativo obtenido antes de los 45 días todavía puede tener que repetirse después de que finalice el periodo ventana.
Las pruebas rápidas que combinan antígeno y anticuerpos, realizadas con sangre de la punta del dedo, pueden presentar un periodo ventana más prolongado, que puede llegar hasta los 90 días. Por lo tanto, el momento adecuado para repetir la prueba depende del tipo de prueba utilizada y de la fecha de la exposición.
Ninguna prueba puede detectar el VIH inmediatamente después de la transmisión. Durante el periodo ventana, la persona puede estar infectada y presentar todavía un resultado negativo.
El intervalo entre la exposición y el momento en que la prueba puede identificar la infección se denomina periodo ventana o ventana diagnóstica. Este periodo varía según el método utilizado.
Un resultado negativo obtenido demasiado pronto puede tener que repetirse. Por otro lado, una prueba de detección reactiva tampoco debe interpretarse de manera aislada: el laboratorio debe completar el algoritmo de confirmación antes de establecer el diagnóstico.
Las pruebas de autodiagnóstico y las pruebas rápidas son útiles para ampliar el acceso al diagnóstico, pero un resultado reactivo debe confirmarse en un servicio sanitario.
Para saber qué prueba debe realizarse y cuándo un resultado negativo es fiable, lea: Prueba del VIH: periodo ventana, prueba rápida y ELISA.
¿Cómo prevenir la infección por el VIH?
No existe un único método preventivo adecuado para todas las personas y situaciones. Por este motivo, se recomienda la denominada prevención combinada, que reúne diferentes estrategias.
Preservativos
Los preservativos o condones reducen el riesgo de infección por el VIH y de varias otras infecciones de transmisión sexual.
Además de ser útiles para quienes no utilizan otros métodos preventivos, siguen siendo importantes para las personas que toman PrEP o para las parejas que utilizan el tratamiento del VIH como prevención, ya que una carga viral indetectable no evita la transmisión de otras ITS, como la sífilis, la gonorrea, la clamidia, el VPH o el herpes.
PrEP
PrEP significa profilaxis preexposición. Consiste en el uso de medicamentos antirretrovirales por personas que no tienen el VIH, pero presentan una posibilidad relevante de exposición al virus.
La forma oral de PrEP más utilizada combina tenofovir y emtricitabina en un solo comprimido. La disponibilidad, los criterios de acceso y los protocolos exactos pueden variar según el país. Actualmente, existen dos formas principales de utilización:
- PrEP diaria: se toma un comprimido al día. Algunos protocolos indican una dosis inicial de dos comprimidos para alcanzar más rápidamente las concentraciones protectoras. Puede utilizarse en cualquier persona con indicación de PrEP. Es la modalidad preferida para quienes mantienen relaciones sexuales frecuentes o imprevisibles y para quienes practican sexo vaginal receptivo.
- PrEP a demanda, con la pauta 2 + 1 + 1: se toman dos comprimidos entre 2 y 24 horas antes de la relación sexual, un comprimido 24 horas después de la primera dosis y otro comprimido 24 horas más tarde. Es una opción para hombres cis y otras personas a las que se asignó el sexo masculino al nacer que no utilicen estradiol. Además, la persona debe mantener relaciones sexuales menos de dos veces por semana y poder planificarlas con al menos dos horas de antelación.
Las mujeres cis, los hombres trans y otras personas a las que se asignó el sexo femenino al nacer, así como las personas que utilizan estradiol, deben utilizar la PrEP diaria. La modalidad a demanda no ha sido adecuadamente estudiada para el sexo vaginal o neovaginal receptivo.
El lenacapavir inyectable, administrado cada seis meses, también ha sido recomendado como opción de PrEP y está autorizado en algunos países y en la Unión Europea. Sin embargo, su disponibilidad y financiación en los sistemas públicos de salud todavía varían según el país.
La PrEP es altamente eficaz cuando se utiliza correctamente, pero no protege frente a otras ITS ni sustituye el seguimiento periódico y la realización de pruebas.
PEP
PEP significa profilaxis posexposición. Es una medida de urgencia indicada después de determinadas situaciones con riesgo de transmisión, como una relación sexual sin protección, la rotura del preservativo, una agresión sexual o un accidente con material biológico.
Los esquemas preferentes para adultos suelen combinar tres antirretrovirales. Una de las combinaciones utilizadas con frecuencia contiene tenofovir y lamivudina o emtricitabina, asociados a dolutegravir. Los medicamentos se toman durante 28 días. El esquema exacto puede variar según los protocolos de cada país y debe adaptarse cuando alguno de los medicamentos está contraindicado.
La PEP debe iniciarse lo antes posible, como máximo dentro de las 72 horas posteriores a la exposición. Cuanto antes se inicien los medicamentos, mayor tiende a ser su eficacia. Por este motivo, la persona no debe esperar a que aparezcan síntomas ni a que finalice el periodo ventana para solicitar atención.
Tratamiento como prevención
El tratamiento de las personas que viven con el VIH también es una de las formas más eficaces de prevención.
Cuando los medicamentos mantienen la carga viral por debajo de 200 copias/mL, no se produce transmisión sexual. Este principio se conoce como I = I: indetectable igual a intransmisible.
Prevención de la transmisión durante el embarazo
El diagnóstico y el tratamiento durante el embarazo reducen de forma muy importante el riesgo de transmisión al bebé.
La embarazada con VIH necesita seguimiento especializado, utilización correcta de los antirretrovirales y planificación de las medidas necesarias durante el parto y después del nacimiento.
Las recomendaciones sobre la lactancia pueden variar según el país y las condiciones sanitarias locales. En España y en otros lugares donde puede garantizarse de forma segura y continuada la alimentación con fórmula, la lactancia artificial continúa siendo la opción recomendada porque elimina el riesgo de transmisión mediante la leche materna, incluso cuando la carga viral es indetectable.
En países o regiones donde no puede garantizarse el acceso permanente a fórmula segura, agua potable y condiciones higiénicas adecuadas, la Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna junto con un tratamiento antirretroviral eficaz y un seguimiento especializado. Por lo tanto, la decisión debe tomarse de acuerdo con las recomendaciones nacionales y junto con el equipo médico.
El recién nacido también recibe medicamentos preventivos y realiza un seguimiento específico.
Otras medidas
También forman parte de la prevención:
- No compartir agujas, jeringas ni equipos utilizados para inyectarse drogas.
- Utilizar materiales esterilizados en procedimientos médicos, odontológicos y estéticos, así como en tatuajes y piercings.
- Realizarse pruebas del VIH periódicamente cuando existan exposiciones recurrentes.
- Diagnosticar y tratar otras infecciones de transmisión sexual.
- Analizar adecuadamente la sangre, los órganos y los tejidos donados.
Todavía no existe una vacuna contra el VIH aprobada para su utilización en la población.
¿El VIH tiene cura?
Todavía no existe un tratamiento capaz de eliminar de forma habitual todo el VIH del organismo.
Los medicamentos antirretrovirales bloquean la multiplicación del virus, pero no pueden eliminar completamente las células que contienen VIH latente. Si el tratamiento se interrumpe, estas células pueden volver a producir virus y la carga viral generalmente vuelve a aumentar.
Algunas personas sometidas a un trasplante de células madre para tratar cánceres hematológicos han presentado una remisión prolongada del VIH. Sin embargo, estos casos son poco frecuentes, dependen de circunstancias muy específicas e implican un procedimiento de alto riesgo. El trasplante no es una opción terapéutica para las personas que únicamente tienen el VIH.
Continúan las investigaciones sobre vacunas terapéuticas, anticuerpos neutralizantes, terapia génica y medicamentos dirigidos contra los reservorios virales, pero actualmente ninguna de estas estrategias constituye una cura disponible.
¿Cómo se trata el VIH?
El tratamiento se denomina terapia antirretroviral, frecuentemente abreviada como TAR.
La TAR combina medicamentos que actúan en diferentes etapas del ciclo de multiplicación del VIH. El uso de más de un antirretroviral reduce rápidamente la carga viral y dificulta la aparición de resistencias.
La terapia antirretroviral se recomienda para todas las personas diagnosticadas de VIH, independientemente de que:
- Presenten o no síntomas.
- Tengan una carga viral alta o baja.
- Tengan un recuento de CD4 normal o reducido.
- Se encuentren en la fase aguda o crónica de la infección.
En general, se recomienda iniciar el tratamiento lo antes posible después del diagnóstico, frecuentemente el mismo día o durante los primeros días, siempre que las condiciones clínicas lo permitan. Algunas infecciones oportunistas graves pueden exigir que el momento de inicio se individualice, pero la TAR no debe retrasarse sin una razón médica específica.
Los esquemas iniciales preferentes suelen incluir un inhibidor de la integrasa, como dolutegravir o bictegravir, combinado con otros antirretrovirales. En numerosos países de América Latina se utiliza con frecuencia la combinación de tenofovir, lamivudina y dolutegravir. En España también se emplean esquemas basados en inhibidores de la integrasa, incluidas combinaciones administradas en un único comprimido.
Sin embargo, la elección puede modificarse según la función renal, la presencia de hepatitis B o tuberculosis, el embarazo, las interacciones medicamentosas, la resistencia viral, otras enfermedades y los tratamientos anteriores.
Los principales objetivos de la TAR son:
- Reducir la carga viral hasta niveles indetectables.
- Permitir la recuperación de los linfocitos CD4.
- Evitar la progresión al sida.
- Prevenir las infecciones oportunistas y los tumores asociados al VIH.
- Reducir las complicaciones cardiovasculares, renales y neurológicas.
- Impedir la transmisión sexual del virus.
- Mejorar la calidad y la esperanza de vida.
La carga viral es la principal prueba utilizada para comprobar si los medicamentos están controlando el VIH. El recuento de CD4 ayuda a evaluar el estado del sistema inmunitario y el riesgo de infecciones oportunistas.
Los medicamentos actuales son más sencillos, eficaces y mejor tolerados que los utilizados durante las primeras décadas de la epidemia. Aun así, pueden producirse efectos adversos e interacciones con otros medicamentos.
El tratamiento no debe interrumpirse, sustituirse ni ajustarse sin orientación médica. La interrupción puede provocar un aumento de la carga viral, una disminución de los linfocitos CD4, la transmisión del virus y el desarrollo de resistencias.
¿Qué significa tener una carga viral indetectable?
La carga viral mide la cantidad de ARN del VIH presente en un mililitro de sangre.
Cuando el tratamiento funciona, la cantidad de virus disminuye progresivamente. El resultado se considera indetectable cuando se encuentra por debajo del límite que la prueba puede medir, con frecuencia 20, 40 o 50 copias/mL, dependiendo del método utilizado.
Para prevenir la transmisión sexual, las evidencias indican que una carga viral mantenida por debajo de 200 copias/mL impide la transmisión del VIH. Esto incluye resultados muy bajos que todavía aparezcan expresados numéricamente en el informe, pero que permanezcan por debajo de este límite.
Por lo tanto, indetectable no significa que el virus haya desaparecido del organismo. Significa que está siendo controlado eficazmente.
El concepto I = I se aplica a la transmisión sexual. No significa que exista protección frente a otras ITS y no debe extrapolarse automáticamente al uso compartido de agujas, los accidentes con sangre o la lactancia.
Al iniciar el tratamiento, la persona debe mantener otro método preventivo hasta que la supresión viral haya sido documentada y confirmada por el equipo médico. Si se interrumpe el tratamiento o se produce una elevación persistente de la carga viral hasta 200 copias/mL o más, el riesgo de transmisión sexual puede reaparecer.
¿Cuál es el pronóstico de las personas que viven con el VIH?
El pronóstico ha cambiado radicalmente desde la introducción de la terapia antirretroviral combinada.
Una persona diagnosticada precozmente, que toma correctamente los medicamentos y mantiene la carga viral suprimida, puede vivir durante muchas décadas. En algunos grupos tratados desde las fases iniciales y con una buena recuperación de los CD4, la esperanza de vida se aproxima a la observada en la población sin VIH.
Esto no significa que el pronóstico sea igual para todas las personas. Los principales factores asociados a peores resultados son:
- Diagnóstico tardío.
- Recuento de CD4 muy bajo al iniciar el tratamiento.
- Presencia de infecciones oportunistas.
- Interrupciones frecuentes o abandono de la TAR.
- Resistencia a los antirretrovirales.
- Tuberculosis y hepatitis víricas.
- Tabaquismo y consumo problemático de alcohol u otras drogas.
- Enfermedades cardiovasculares, renales o hepáticas.
- Dificultad para acceder regularmente a los medicamentos y a los servicios sanitarios.
A medida que las personas con VIH viven más tiempo, el seguimiento deja de centrarse únicamente en la prevención del sida. También pasa a incluir la vacunación, la salud mental, el control de la presión arterial y el colesterol, la prevención de la diabetes, el cribado y la detección precoz del cáncer, la evaluación renal y ósea y el diagnóstico de otras ITS.
Incluso las personas diagnosticadas de sida pueden presentar una gran recuperación de la inmunidad después de iniciar el tratamiento. La carga viral puede hacerse indetectable, el recuento de CD4 puede aumentar y las infecciones oportunistas pueden ser tratadas o prevenidas.
Por este motivo, un diagnóstico tardío es más grave, pero no significa que el tratamiento no vaya a funcionar.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Una persona con VIH desarrollará obligatoriamente sida?
No. Con un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado, la mayoría de las personas con VIH no desarrolla sida.
La progresión se produce principalmente cuando la infección permanece sin diagnosticar, cuando no se inicia el tratamiento o cuando existen interrupciones prolongadas.
¿Una carga viral indetectable significa que el VIH ha desaparecido?
No. El virus continúa presente en reservorios celulares, incluso cuando no se detecta en la sangre.
Una carga viral indetectable significa que el tratamiento está controlando eficazmente la infección. Si se interrumpen los medicamentos, el virus generalmente vuelve a multiplicarse.
¿Una persona con VIH puede tener hijos sin transmitir el virus?
Sí. Las personas con VIH pueden quedarse embarazadas o tener hijos con un riesgo muy bajo de transmisión cuando utilizan correctamente el tratamiento y reciben un seguimiento adecuado.
La planificación debe individualizarse. Durante el embarazo son necesarias medidas específicas para controlar la carga viral y proteger al bebé. Las recomendaciones sobre la lactancia dependen de los protocolos nacionales y de la posibilidad de garantizar de forma segura la alimentación con fórmula.
¿Una persona que ha tenido sida puede recuperar el sistema inmunitario?
Con frecuencia, sí. Después de iniciar la TAR, la carga viral disminuye y el recuento de CD4 tiende a aumentar. El grado de recuperación varía según el valor inicial de los CD4, la edad, la presencia de otras enfermedades y el tiempo necesario para controlar el virus.
Incluso después de la recuperación inmunitaria, el diagnóstico anterior de sida continúa formando parte de los antecedentes médicos de la persona.
- Ministerio de Salud de Brasil. Protocolo clínico y directrices terapéuticas para el manejo de la infección por el VIH en adultos — Módulo I: Tratamiento.
- Organización Mundial de la Salud. Updated recommendations on HIV clinical management.
- Organización Mundial de la Salud. HIV and AIDS — Fact sheet.
- Organización Mundial de la Salud. Guidelines for HIV post-exposure prophylaxis.
- Organización Mundial de la Salud. Guidelines on lenacapavir for HIV prevention and testing strategies for long-acting injectable pre-exposure prophylaxis.
- GeSIDA. Recomendaciones sobre la profilaxis preexposición para la prevención de la infección por el VIH en España.
- GeSIDA. Documento de consenso sobre la profilaxis posexposición ocupacional y no ocupacional al VIH, VHB y VHC en adultos y niños.
- GeSIDA. Lactancia materna en el recién nacido expuesto al VIH: recomendaciones y seguimiento madre-hijo.
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Dudas de los lectores sobre este tema
Preguntas reales enviadas por lectores y seleccionadas por el editor por su relevancia para este artículo.