Piercing: cuidados, cicatrización, riesgos y complicaciones

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Escrito por Dr. Pedro Pinheiro
Revisado y actualizado el 22 de agosto de 2026
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Principales cuidados y señales de alarma del piercing

Un piercing recién colocado puede presentar una ligera hinchazón, enrojecimiento, sensibilidad y una pequeña cantidad de secreción transparente o blanquecina durante la cicatrización.

El dolor y la hinchazón que empeoran, el enrojecimiento que se extiende, el calor intenso, la presencia de pus, la fiebre o el malestar general sugieren una infección.

Durante la cicatrización, lávese las manos antes de tocar el piercing, mantenga la zona limpia y evite girar o manipular la joya.

Si existe sospecha de infección, no retire el piercing por su cuenta antes de ser evaluado por un profesional de la salud.

Los piercings en el cartílago de la oreja y en la boca requieren una atención especial porque pueden causar complicaciones más importantes.

El tiempo de cicatrización varía considerablemente según la zona: puede ser de pocas semanas en la lengua o el lóbulo de la oreja y de varios meses en el cartílago, el pezón y el ombligo.

Busque atención médica si presenta un empeoramiento progresivo del dolor o la hinchazón, pus, fiebre, enrojecimiento que se extiende, sangrado importante o dificultad para respirar o tragar.

¿Cuáles son los riesgos del piercing?

En la mayoría de las personas, la colocación de un piercing evoluciona sin complicaciones importantes. Sin embargo, como el procedimiento rompe la barrera natural de la piel o de las mucosas, no está completamente exento de riesgos.

Entre las posibles complicaciones se encuentran la infección, el sangrado, la reacción alérgica al metal, la cicatrización anormal, la formación de queloides, los traumatismos provocados por la propia joya y, dependiendo de la zona perforada, las lesiones en los dientes, las encías, el cartílago u otras estructuras.

En un estudio poblacional realizado en Inglaterra, alrededor del 31 % de los piercings realizados en jóvenes de entre 16 y 24 años, en zonas distintas del lóbulo de la oreja, estuvieron asociados a algún tipo de complicación. Aproximadamente el 15 % requirió evaluación profesional y menos del 1 % dio lugar a una hospitalización. Los problemas más frecuentes fueron hinchazón, infección y sangrado.

La piel es una de las principales barreras de defensa de nuestro organismo. Cuando hacemos una perforación para colocar un piercing, creamos temporalmente una puerta de entrada para las bacterias que normalmente viven sobre la piel sin causar enfermedades.

Haciendo una analogía, podemos decir que una perforación en la piel equivale a dejar abierta la puerta de casa en un vecindario lleno de ladrones. Puede que no ocurra nada, pero el riesgo es mayor que si la puerta estuviera cerrada.

El riesgo de complicaciones depende de varios factores, entre ellos la ubicación del piercing, la técnica utilizada, las condiciones de higiene y esterilización, el material de la joya y los cuidados durante el periodo de cicatrización.

Piercing inflamado o infectado: ¿cómo diferenciarlos?

Es importante no confundir la inflamación normal de la cicatrización con una infección.

Durante los primeros días después de colocar el piercing, puede haber un ligero enrojecimiento, hinchazón localizada, sensibilidad y un pequeño sangrado. A lo largo de la cicatrización también pueden aparecer picazón y una pequeña cantidad de secreción blanquecina o ligeramente amarillenta, que forma una pequeña costra alrededor de la joya. Cuando estos hallazgos son leves y mejoran progresivamente, forman parte del proceso normal de cicatrización.

La posibilidad de infección aumenta cuando aparecen signos como:

  • Dolor que se vuelve más intenso en lugar de mejorar.
  • Hinchazón creciente.
  • Enrojecimiento que aumenta o se extiende por la piel circundante.
  • Calor local intenso.
  • Secreción espesa con aspecto de pus.
  • Mal olor asociado a la secreción.
  • Fiebre, escalofríos o malestar general.
  • Formación de un absceso.

En estos casos, está indicada una evaluación médica, especialmente cuando el piercing se encuentra en el cartílago de la oreja o en la boca.

Si existe sospecha de infección, no retire la joya por su cuenta. En algunas situaciones, mantener temporalmente el piercing permite el drenaje de la secreción; en otras, puede ser necesario retirarlo. Esta decisión debe tomarse después de una evaluación médica.

¿Cómo cuidar el piercing durante la cicatrización?

Algunos cuidados ayudan a reducir la irritación y el riesgo de infecciones:

  • Lávese bien las manos antes de tocar el piercing.
  • Limpie suavemente la zona con una solución salina estéril, como suero fisiológico al 0,9 %.
  • No gire, rote ni mueva la joya durante la limpieza.
  • Evite aplicar alcohol, agua oxigenada, yodo u otros productos irritantes sobre la herida.
  • No aplique pomadas antibióticas ni con corticoides por su cuenta.
  • Evite el roce constante de la ropa y los traumatismos en la zona.
  • Durante la cicatrización, evite sumergir el piercing en piscinas, bañeras, lagos, el mar u otras aguas potencialmente contaminadas.
  • No cambie la joya demasiado pronto simplemente porque la piel parezca haber cicatrizado.

El piercing cicatriza de fuera hacia dentro. Por este motivo, puede parecer completamente curado en la superficie mientras los tejidos más profundos todavía permanecen frágiles.

Piercing en la oreja

Los piercings que atraviesan el cartílago de la oreja presentan un mayor riesgo de complicaciones que los realizados únicamente en el lóbulo.

El cartílago prácticamente no posee vascularización propia y depende de los tejidos que lo recubren para recibir oxígeno, nutrientes y células del sistema inmunitario. Por este motivo, una infección en esta región puede ser más difícil de controlar y provocar lesiones importantes.

Las infecciones superficiales de la piel alrededor del piercing pueden provocar celulitis infecciosa, generalmente causada por bacterias como Staphylococcus aureus y estreptococos.

En los piercings que atraviesan el cartílago existe además el riesgo de pericondritis, una infección de los tejidos que rodean el cartílago de la oreja. En estos casos, la bacteria Pseudomonas aeruginosa tiene especial importancia.

Infección del cartílago de la oreja causada por un piercing.
Infección del cartílago de la oreja causada por un piercing.

La pericondritis suele provocar dolor, enrojecimiento e hinchazón en la parte cartilaginosa de la oreja, generalmente respetando el lóbulo. Si se forma un absceso o se compromete la circulación sanguínea del cartílago, puede producirse destrucción del tejido y una deformidad permanente de la oreja.

Por este motivo, el dolor intenso, el enrojecimiento, la hinchazón o la secreción en un piercing localizado en el cartílago deben ser evaluados lo antes posible por un médico.

El tratamiento depende de la gravedad y puede incluir antibióticos y, cuando existe una acumulación de pus, drenaje. La necesidad de retirar o mantener temporalmente el piercing también depende de la evaluación médica.

Inflamación del cartílago de la oreja después de un piercing. El enrojecimiento, el dolor y la hinchazón de la región cartilaginosa pueden indicar pericondritis, una complicación infecciosa que requiere evaluación médica y posiblemente tratamiento antibiótico.
Inflamación del cartílago de la oreja después de un piercing. El enrojecimiento, el dolor y la hinchazón de la región cartilaginosa pueden indicar pericondritis, una complicación infecciosa que requiere evaluación médica y posiblemente tratamiento antibiótico.

Otro cuidado importante es evitar el uso de pistolas perforadoras en el cartílago. Además de producir un mayor traumatismo local, muchos dispositivos de este tipo no pueden esterilizarse adecuadamente.

Piercing en la lengua y en la boca

La lengua es otra zona que merece especial atención. A diferencia del cartílago, está extremadamente vascularizada y se encuentra en una región naturalmente colonizada por una gran cantidad de bacterias.

Las infecciones graves después de un piercing en la lengua son poco frecuentes, pero pueden ocurrir. En casos excepcionales, las bacterias pueden llegar al torrente sanguíneo y provocar infecciones a distancia, como la endocarditis infecciosa.

También se han descrito casos de absceso cerebral después de un piercing en la lengua. En uno de ellos, se diagnosticó un absceso en el cerebelo cuatro semanas después de la colocación del piercing, que se había complicado con una infección local. Por las características del caso y la ausencia de otra fuente de infección, los autores consideraron que el piercing era el origen más probable de las bacterias que llegaron al cerebro.

Durante las primeras horas o días, la hinchazón de la lengua también puede ser importante. El aumento progresivo del volumen de la lengua asociado a dificultad para respirar o tragar es una situación de urgencia.

Sin embargo, en los piercings orales, los problemas más frecuentes son causados por el contacto repetido de la joya con los dientes y las encías. Las infecciones graves son mucho menos frecuentes.

Entre las posibles complicaciones se encuentran:

  • Inflamación y retracción de las encías.
  • Acumulación de placa bacteriana sobre la parte de la joya que permanece dentro de la boca y en los dientes próximos al piercing.
  • Desgaste, astillamiento o fractura de los dientes.
  • Sangrado.
  • Aumento de la salivación.
  • Lesiones en la lengua y las mucosas.
  • Interferencia con la masticación y la deglución.
  • Alteraciones del habla.
  • Aspiración o ingestión accidental de la joya.

Algunas de estas complicaciones pueden provocar daños permanentes en los dientes o las encías.

Durante la cicatrización de un piercing oral, es especialmente importante mantener una buena higiene bucal y evitar jugar con la joya o golpearla contra los dientes.

¿Cuánto tarda en cicatrizar un piercing?

El tiempo necesario para la cicatrización completa varía según la ubicación del piercing, la técnica utilizada, el material y el tamaño de la joya, los cuidados posteriores al procedimiento y las características individuales de cicatrización.

Como referencia, los tiempos aproximados son:

  • Lengua y parte interna de la boca: de 3 a 6 semanas.
  • Lóbulo de la oreja, ceja y labio: alrededor de 6 a 8 semanas.
  • Cartílago de la oreja: de 2 a 12 meses (generalmente, más de 6 meses).
  • Nariz (aleta nasal): de 2 a 8 meses.
  • Pezón: de 6 a 12 meses.
  • Piercings genitales: desde algunas semanas hasta varios meses, dependiendo de la ubicación exacta.
  • Ombligo: generalmente varios meses, pudiendo llegar a unos 9 meses o más.

Estos plazos son solo estimaciones. La irritación constante, los traumatismos, las infecciones, el tabaquismo y otros factores pueden prolongar la cicatrización.

Queloides

Otra posible complicación de los piercings es la formación de cicatrices anormales, principalmente cicatrices hipertróficas y queloides.

El queloide aparece cuando el tejido cicatricial crece de forma excesiva y sobrepasa los límites de la herida original. Puede aumentar progresivamente de tamaño, volverse voluminoso y provocar picazón, dolor o una alteración estética importante.

Queloide en la oreja.
Queloide en la oreja.

No todas las «bolitas» que aparecen alrededor de un piercing son queloides. Los pequeños nódulos pueden corresponder a irritación local, tejido de granulación, una cicatriz hipertrófica o incluso una pequeña infección.

La distinción es importante porque el tratamiento de estas afecciones es diferente.

Nódulos inflamatorios alrededor de piercings en el cartílago de la oreja. Los traumatismos, la presión o el movimiento repetido de la joya pueden provocar enrojecimiento, hinchazón y la formación de pequeñas «bolitas» durante la cicatrización, sin que esto signifique necesariamente que exista una infección.
Nódulos inflamatorios alrededor de piercings en el cartílago de la oreja. Los traumatismos, la presión o el movimiento repetido de la joya pueden provocar enrojecimiento, hinchazón y la formación de pequeñas «bolitas» durante la cicatrización, sin que esto signifique necesariamente que exista una infección.

Las personas que ya han desarrollado queloides después de otras heridas, cirugías o piercings presentan un mayor riesgo de desarrollar nuevas lesiones y deben tener en cuenta este riesgo antes de realizarse otra perforación.

Otras complicaciones

Otras complicaciones relacionadas con los piercings incluyen:

  • Dermatitis de contacto provocada por el metal de la joya, principalmente por el níquel.
  • Dolor persistente.
  • Sangrado.
  • Laceración o desgarro de la piel cuando la joya se engancha en la ropa u otros objetos.
  • Migración o rechazo del piercing, cuando la joya se va aproximando progresivamente a la superficie de la piel.
  • Incrustación de la joya en la piel debido a la hinchazón o a un tamaño inadecuado.
  • Aspiración o ingestión de la joya.
  • Infecciones de las encías y lesiones dentales en los piercings orales.
  • Parafimosis y otras complicaciones de los piercings genitales masculinos.
  • Transmisión de infecciones por la sangre cuando se reutilizan agujas o instrumentos contaminados o se esterilizan de forma inadecuada, como la hepatitis B, la hepatitis C o el VIH.

Para reducir el riesgo de alergia, debe darse preferencia a las joyas fabricadas con materiales biocompatibles. El titanio de grado implantable es una de las mejores opciones, especialmente para las personas sensibles al níquel. También pueden utilizarse acero de grado implantable y oro macizo de 14 quilates o más, siempre que sean adecuados para uso corporal; en el caso del oro, la aleación debe estar libre de níquel y cadmio.

¿Cómo reducir el riesgo de complicaciones?

Antes de colocarse un piercing, busque un establecimiento profesional que cumpla unas normas adecuadas de higiene y esterilización.

Las agujas deben ser estériles y de un solo uso, y los instrumentos reutilizables deben esterilizarse correctamente. El profesional debe lavarse las manos, utilizar guantes y preparar adecuadamente la piel antes de realizar la perforación.

La calidad y el tamaño de la joya también son importantes. Una pieza inadecuada puede ejercer una presión excesiva, quedar incrustada durante la hinchazón, provocar alergia o traumatizar repetidamente la zona.

Después del procedimiento, siga los cuidados de higiene durante todo el periodo de cicatrización y evite manipular innecesariamente el piercing.

Las complicaciones graves son poco frecuentes, pero pueden provocar infecciones importantes, pérdida de tejido, deformidades o lesiones permanentes.

Busque atención médica si presenta dolor o hinchazón progresivos, pus, fiebre, enrojecimiento que se extiende, sangrado importante, una joya incrustada o cualquier dificultad para respirar o tragar.

Si tiene antecedentes de queloides, consulte a un dermatólogo antes de colocarse un piercing.


book Referencias bibliográficas
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