Información principal sobre la colelitiasis
Las piedras en la vesícula, también llamadas cálculos biliares, son formaciones sólidas que aparecen en el interior de la vesícula biliar. La presencia de uno o más cálculos recibe el nombre de colelitiasis.
La mayoría de las personas con cálculos en la vesícula no presenta síntomas y no necesita tratamiento inmediato.
Cuando aparecen síntomas, el más característico es el cólico biliar: un dolor intenso y continuo en la parte superior derecha o central del abdomen, que puede irradiarse hacia la espalda o el hombro derecho. El dolor aparece con frecuencia después de una comida, especialmente si es rica en grasas, pero también puede presentarse por la noche o sin una relación clara con la alimentación.
El dolor persistente, la fiebre, la ictericia, la orina oscura o los vómitos repetidos pueden indicar una complicación y requieren una evaluación médica rápida.
La ecografía abdominal es la principal prueba para identificar piedras en la vesícula.
Los cálculos que provocan síntomas suelen tratarse mediante una colecistectomía laparoscópica, una cirugía en la que se extirpa toda la vesícula.
La dieta puede reducir la frecuencia de las crisis, pero no disuelve los cálculos ya formados.
¿Qué es la vesícula biliar?
La vesícula biliar es una pequeña bolsa con forma de pera situada en el cuadrante superior derecho del abdomen, justo debajo del hígado. Almacena y concentra la bilis, un líquido de color amarillo verdoso producido continuamente por el hígado.
La bilis está compuesta principalmente por agua, sales biliares, colesterol, fosfolípidos, bilirrubina y electrolitos. Su función principal es ayudar en la digestión y absorción de las grasas presentes en los alimentos.
Colelitiasis es el nombre que recibe la presencia de piedras dentro de la vesícula biliar. En la mayoría de los casos, los cálculos permanecen asintomáticos y se descubren accidentalmente durante una ecografía realizada por otro motivo.
Cuando una piedra bloquea temporalmente la salida de la vesícula, puede aparecer un dolor intenso denominado cólico biliar. Si la obstrucción persiste, puede producirse una inflamación de la vesícula, cuadro conocido como colecistitis aguda.

¿Cuál es la función de la bilis?
La bilis es producida continuamente por el hígado y transportada a través de los conductos hepáticos.
Durante el ayuno, una parte importante de la bilis es desviada hacia la vesícula, donde queda almacenada y se concentra. Para concentrarla, la vesícula absorbe parte del agua presente en su composición.
Cuando comemos, especialmente alimentos que contienen grasa, el intestino libera sustancias que estimulan la contracción de la vesícula. La bilis es entonces expulsada a través del conducto cístico, alcanza el colédoco y llega al duodeno, la primera parte del intestino delgado.
La bilis no contiene enzimas digestivas. Su función principal es emulsionar las grasas, dividiéndolas en pequeñas gotas y facilitando la acción de las enzimas producidas por el páncreas. Las sales biliares también ayudan al intestino a absorber las grasas, el colesterol y las vitaminas liposolubles A, D, E y K.
Por lo tanto, aunque las secreciones del hígado y del páncreas llegan al intestino a través de vías próximas, la bilis y el jugo pancreático son sustancias diferentes que desempeñan funciones complementarias en la digestión.
¿Cómo se forman las piedras en la vesícula?
Las piedras aparecen cuando los componentes de la bilis dejan de mantenerse disueltos y comienzan a formar pequeños cristales. Con el tiempo, estos cristales pueden agruparse y aumentar de tamaño.
Los cálculos biliares pueden variar desde partículas similares a granos de arena hasta piedras de varios centímetros de diámetro. La vesícula puede contener un único cálculo grande, varias piedras pequeñas o una combinación de cálculos de diferentes tamaños.
Existen dos tipos principales de cálculos biliares:
Cálculos de colesterol
Son los más frecuentes. A pesar de su nombre, su formación no depende únicamente del nivel de colesterol en la sangre.
Estos cálculos pueden aparecer cuando existe un exceso de colesterol en la bilis, una cantidad insuficiente de sales biliares y fosfolípidos capaces de mantenerlo disuelto o dificultades para vaciar la vesícula.
Cuando la bilis permanece estancada durante mucho tiempo, los cristales de colesterol encuentran condiciones más favorables para agruparse y formar piedras.
Cálculos pigmentarios
Están formados principalmente por compuestos derivados de la bilirrubina, un pigmento producido durante la degradación de los glóbulos rojos.
Los cálculos pigmentarios son más frecuentes en personas con enfermedades que provocan la destrucción crónica de los glóbulos rojos, como la anemia de células falciformes y la esferocitosis hereditaria, y en pacientes con cirrosis o determinadas infecciones de las vías biliares.

¿Qué es el barro biliar?
El barro biliar, también llamado lodo biliar, es una mezcla de pequeños cristales, pigmentos y moco que se acumula dentro de la vesícula.
En la ecografía aparece como un material espeso o similar a la arena que se deposita en la parte inferior de la vesícula.
El barro biliar puede desaparecer espontáneamente, permanecer estable, reaparecer en diferentes momentos o evolucionar hacia la formación de cálculos biliares.
Es más frecuente durante el embarazo, después de una pérdida rápida de peso, en personas sometidas a ayuno prolongado o nutrición parenteral y tras el uso de algunos medicamentos, principalmente el antibiótico ceftriaxona.
En la mayoría de las personas, el barro biliar no provoca síntomas. Sin embargo, también puede bloquear los conductos y causar cólico biliar, colecistitis o pancreatitis, aunque todavía no existan piedras bien formadas.
Por lo tanto, no es correcto considerar que el barro biliar sea necesariamente una fase inmediatamente anterior a la formación de cálculos. Su evolución varía de una persona a otra.
Factores de riesgo de las piedras en la vesícula
La formación de cálculos biliares es el resultado de una combinación de factores genéticos, hormonales, metabólicos y relacionados con el funcionamiento de la vesícula.
Los principales factores que aumentan el riesgo son:
- Edad: la frecuencia de los cálculos aumenta progresivamente con la edad, aunque las personas jóvenes también pueden desarrollar piedras.
- Sexo femenino: las piedras son más frecuentes en las mujeres, especialmente durante los años reproductivos.
- Embarazo: los cambios hormonales de la gestación favorecen la saturación de la bilis con colesterol y reducen el vaciamiento de la vesícula.
- Medicamentos con estrógenos: algunos anticonceptivos hormonales y tratamientos hormonales sustitutivos pueden aumentar ligeramente el riesgo.
- Antecedentes familiares: tener familiares cercanos con cálculos biliares aumenta la probabilidad de desarrollar el problema.
- Obesidad: está relacionada con una mayor concentración de colesterol en la bilis y con una menor eficacia del vaciamiento de la vesícula.
- Pérdida rápida de peso: las dietas extremadamente restrictivas, los periodos prolongados de ayuno y el adelgazamiento acelerado aumentan el riesgo de barro y cálculos biliares.
- Cirugía bariátrica: la intensa pérdida de peso durante los primeros meses posteriores a la cirugía favorece la formación de cálculos.
- Diabetes mellitus: principalmente la diabetes tipo 2, está relacionada con la resistencia a la insulina y con alteraciones metabólicas que favorecen el exceso de colesterol en la bilis y un menor vaciamiento de la vesícula.
- Síndrome metabólico: reúne alteraciones como obesidad abdominal, resistencia a la insulina y niveles elevados de triglicéridos, que favorecen la formación de cálculos de colesterol.
- Cirrosis hepática: puede alterar la composición de la bilis y el funcionamiento de la vesícula, aumentando principalmente el riesgo de cálculos pigmentarios.
- Enfermedad de Crohn: especialmente cuando afecta al íleon, la parte final del intestino delgado.
- Cirugías con extirpación del íleon: pueden reducir la reabsorción de las sales biliares.
- Enfermedades que destruyen crónicamente los glóbulos rojos: como la anemia de células falciformes y la esferocitosis hereditaria.
- Ayuno prolongado o nutrición parenteral: reducen el número de contracciones de la vesícula y favorecen el estancamiento de la bilis.
- Medicamentos: la ceftriaxona y los fibratos pueden favorecer la formación de cálculos. Los agonistas del receptor de GLP-1, como la semaglutida y la liraglutida, también están asociados a un pequeño aumento del riesgo de enfermedades de la vesícula, especialmente cuando se utilizan dosis elevadas, durante periodos prolongados o cuando se produce una pérdida de peso acentuada.
Tener uno o más de estos factores no significa que la persona vaya a desarrollar necesariamente piedras. Los cálculos biliares también pueden aparecer en individuos jóvenes, delgados y sin factores de riesgo evidentes.
Síntomas de las piedras en la vesícula
La mayoría de las personas con piedras en la vesícula no presenta síntomas.
En estos casos, los cálculos permanecen dentro de la vesícula sin bloquear la salida de la bilis y suelen descubrirse accidentalmente durante una ecografía realizada para investigar otro problema.
Los síntomas aparecen principalmente cuando una piedra bloquea temporalmente el conducto cístico, el canal por el que la bilis sale de la vesícula.
El riesgo de obstrucción no depende únicamente del tamaño. Los cálculos pequeños pueden salir de la vesícula y desplazarse hacia los conductos biliares, provocando complicaciones como coledocolitiasis, colangitis o pancreatitis.
¿Cómo es el cólico biliar?
Cuando una piedra bloquea el conducto cístico, la vesícula continúa contrayéndose, pero no consigue expulsar adecuadamente la bilis. El aumento de la presión en su interior provoca el cólico biliar.
El dolor suele ser intenso y localizarse:
- En la parte superior derecha del abdomen, debajo de las costillas.
- En la región central y superior del abdomen, conocida como epigastrio.
El dolor puede irradiarse hacia la espalda, la zona situada entre los omóplatos o el hombro derecho. También pueden aparecer náuseas y vómitos.
A pesar del nombre «cólico», el dolor suele ser continuo durante la crisis y no un dolor que aparece y desaparece cada pocos minutos.
En general, el dolor aumenta progresivamente, permanece intenso durante algún tiempo y después disminuye cuando la piedra deja de obstruir la salida de la vesícula. Una crisis típica suele durar entre 30 minutos y varias horas.
El cólico puede aparecer después de una comida, especialmente si es abundante o rica en grasas, ya que estos alimentos provocan una contracción más intensa de la vesícula. Sin embargo, esta relación no es obligatoria.
Algunas personas presentan crisis durante la noche, varias horas después de haber comido o sin ninguna relación evidente con la alimentación.
Después de una primera crisis de cólico biliar, es frecuente que se produzcan nuevos episodios en el futuro.
¿La acidez, los gases y la indigestión son síntomas?
La acidez, los gases, la distensión abdominal, los eructos y la sensación de indigestión son muy frecuentes en la población general, incluso entre personas que no tienen piedras en la vesícula.
Estos síntomas no son específicos de la colelitiasis y, cuando aparecen de forma aislada, no permiten afirmar que la vesícula sea la causa.
El reflujo gastroesofágico, la gastritis, la dispepsia funcional, las intolerancias alimentarias y el síndrome del intestino irritable son algunas de las posibles causas de molestias digestivas inespecíficas.
Esta distinción es importante porque las piedras asintomáticas son muy frecuentes. Encontrar un cálculo en una ecografía no significa necesariamente que sea el responsable de cualquier dolor o molestia abdominal.
¿Cuándo se debe buscar atención médica?
Busque atención médica rápidamente si el dolor es intenso, dura varias horas o está acompañado de:
- Fiebre o escalofríos.
- Vómitos repetidos.
- Coloración amarillenta de la piel o los ojos.
- Orina oscura.
- Heces muy claras o blanquecinas.
- Dificultad para ingerir líquidos.
- Descenso de la presión arterial.
- Confusión mental.
- Decaimiento intenso.
Estos signos pueden indicar colecistitis, obstrucción de las vías biliares, colangitis o pancreatitis.
¿Cuáles son las complicaciones de las piedras en la vesícula?
Las principales complicaciones de las piedras en la vesícula son la colecistitis aguda, la coledocolitiasis, la colangitis y la pancreatitis biliar.
Colecistitis aguda
La colecistitis aguda es la inflamación de la vesícula biliar, generalmente provocada por la obstrucción persistente del conducto cístico por una piedra.
En el cólico biliar simple, la obstrucción es temporal. En la colecistitis, la piedra permanece impactada durante más tiempo, provocando distensión de la vesícula e irritación de su pared.
Inicialmente, la inflamación se debe principalmente a la obstrucción y a la acción irritante de la bilis concentrada. Las bacterias pueden participar en el proceso, especialmente en los casos más graves, pero la colecistitis no es necesariamente una infección bacteriana desde el principio.
A diferencia del cólico biliar simple, el dolor de la colecistitis no desaparece por completo al cabo de unas horas. Suele mantenerse intenso, generalmente durante más de seis horas, y puede estar acompañado de fiebre, náuseas y vómitos.
El dolor suele empeorar cuando el médico presiona la zona de la vesícula mientras el paciente inspira profundamente. Este hallazgo se denomina signo de Murphy.
Sin tratamiento, la colecistitis puede evolucionar con formación de pus, gangrena, perforación de la vesícula, absceso e infección generalizada.
Una pequeña proporción de los casos se produce sin la presencia de piedras, situación denominada colecistitis alitiásica. Este tipo suele aparecer en personas gravemente enfermas, ingresadas en unidades de cuidados intensivos, después de grandes cirugías, traumatismos, quemaduras extensas o periodos prolongados de ayuno.
Coledocolitiasis
Algunos cálculos son lo suficientemente pequeños como para salir de la vesícula, pero pueden permanecer en el interior de las vías biliares.
Cuando una o más piedras se encuentran en el colédoco, el conducto principal que transporta la bilis desde el hígado y la vesícula hasta el duodeno, el cuadro recibe el nombre de coledocolitiasis.
Algunas piedras permanecen móviles y pueden no causar una obstrucción completa. Cuando quedan impactadas o dificultan el paso de la bilis, pueden provocar dolor, ictericia, colangitis o pancreatitis.
Cuando existe una obstrucción únicamente del conducto cístico, la bilis producida por el hígado todavía puede llegar al intestino. Sin embargo, cuando una piedra obstruye el colédoco, queda bloqueada la principal vía de drenaje de la bilis.

La obstrucción puede causar:
- Dolor abdominal.
- Ictericia, caracterizada por la coloración amarillenta de la piel y los ojos.
- Orina oscura.
- Heces claras.
- Picor generalizado.
- Elevación de las enzimas hepáticas y de la bilirrubina en los análisis de sangre.
La bilirrubina es uno de los componentes de la bilis. Cuando el paso de la bilis está obstruido, la bilirrubina puede acumularse en la sangre y en los tejidos, provocando ictericia.
Colangitis
Cuando la bilis retenida dentro de los conductos se contamina con bacterias, aparece la colangitis, una infección de las vías biliares.
Los síntomas más característicos son dolor abdominal, fiebre e ictericia. Sin embargo, no todos los pacientes presentan los tres síntomas al mismo tiempo.
La colangitis es una situación potencialmente grave, ya que las bacterias pueden alcanzar el torrente sanguíneo y provocar sepsis, descenso de la presión arterial, confusión mental y fallo de órganos.
El tratamiento suele incluir antibióticos y la desobstrucción de las vías biliares. En los casos moderados o graves, el drenaje debe realizarse precozmente, generalmente mediante una colangiopancreatografía retrógrada endoscópica, conocida por la sigla CPRE.
Pancreatitis por cálculos biliares
El conducto pancreático y el colédoco desembocan en el intestino en regiones muy próximas.
Una piedra que sale de la vesícula puede quedar temporalmente atrapada en la zona de salida de estos conductos e impedir el drenaje de las secreciones pancreáticas. Esta obstrucción puede desencadenar una pancreatitis aguda.
La piedra no siempre permanece impactada. En muchos casos, pasa al intestino antes de que el paciente se someta a las pruebas, pero la pancreatitis ya se ha desencadenado.
La pancreatitis biliar suele provocar un dolor intenso en la parte superior del abdomen, que frecuentemente se irradia hacia la espalda, además de náuseas y vómitos.
¿Cómo se realiza el diagnóstico?
La prueba inicial para diagnosticar las enfermedades de la vesícula y de las vías biliares es la ecografía abdominal.
La ecografía permite identificar la mayoría de las piedras localizadas dentro de la vesícula. También puede mostrar barro biliar, engrosamiento de la pared de la vesícula, líquido a su alrededor y dilatación de las vías biliares.
En los pacientes con dolor abdominal, no basta con identificar la presencia de cálculos: también es necesario evaluar si realmente explican los síntomas.
Las piedras en la vesícula son frecuentes y pueden descubrirse accidentalmente en personas cuyo dolor tiene otra causa, como gastritis, reflujo, úlcera, pancreatitis o enfermedades intestinales. El cólico biliar y la colecistitis presentan patrones clínicos característicos; por este motivo, el diagnóstico debe considerar conjuntamente los síntomas, la exploración física, los análisis de sangre y los hallazgos de la ecografía.
Análisis de sangre
En los pacientes con síntomas pueden solicitarse análisis de sangre, como:
- Hemograma.
- Proteína C reactiva.
- Bilirrubina.
- Fosfatasa alcalina.
- Gamma-glutamiltransferasa, conocida como GGT.
- Transaminasas: AST (TGO/GOT) y ALT (TGP/GPT).
- Lipasa o amilasa.
En el cólico biliar sin complicaciones, los análisis de sangre pueden permanecer normales.
La elevación de los leucocitos y de la proteína C reactiva puede indicar inflamación o infección. Las alteraciones de la bilirrubina, la fosfatasa alcalina, la GGT, la AST (TGO/GOT) y la ALT (TGP/GPT) pueden indicar una obstrucción de las vías biliares. La elevación de la lipasa sugiere pancreatitis.
Otras pruebas de imagen
La tomografía computarizada puede identificar inflamación, perforación, abscesos y otras complicaciones. Sin embargo, algunos cálculos, especialmente los formados por colesterol, pueden no aparecer en la tomografía.
Cuando existe sospecha de una piedra en el colédoco, pueden solicitarse una colangiorresonancia magnética o una ecografía endoscópica.
La colangiorresonancia es una técnica de resonancia magnética que produce imágenes detalladas de los conductos biliares y pancreáticos sin necesidad de introducir un aparato en su interior.
La ecografía endoscópica combina la endoscopia y la ecografía y permite examinar las vías biliares desde el duodeno. Es especialmente útil para detectar cálculos pequeños en el colédoco que pueden pasar inadvertidos en la ecografía abdominal.
La gammagrafía hepatobiliar puede utilizarse cuando existe una fuerte sospecha de colecistitis, pero la ecografía no ha permitido aclarar el diagnóstico.
CPRE
La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE) es un procedimiento que combina endoscopia y radiografía para acceder a las vías biliares y pancreáticas. Se introduce por la boca un endoscopio flexible y se avanza hasta el duodeno, donde desembocan el colédoco y el conducto pancreático. A través del endoscopio, el médico inyecta un medio de contraste en los conductos y observa su recorrido mediante imágenes de rayos X.
Además de permitir la visualización de las vías biliares, la CPRE permite realizar tratamientos durante el mismo procedimiento, como ampliar la abertura por la que el colédoco desemboca en el duodeno, retirar cálculos, drenar la bilis o colocar una prótesis para mantener abierto el conducto.
Como es un procedimiento invasivo y puede provocar complicaciones, principalmente pancreatitis, hemorragia, infección y perforación, la CPRE no suele utilizarse únicamente para confirmar el diagnóstico cuando pruebas menos invasivas, como la colangiorresonancia o la ecografía endoscópica, pueden proporcionar la misma información.
La CPRE se reserva principalmente para pacientes con una alta probabilidad de coledocolitiasis o cuando ya existe la necesidad de retirar una piedra y desobstruir las vías biliares.
Tratamiento
El tratamiento depende de la presencia de síntomas, de la localización de las piedras y de la existencia de complicaciones.
Durante una crisis de cólico biliar, el tratamiento inicial suele incluir analgésicos y, cuando es necesario, medicamentos para las náuseas y los vómitos. La elección depende de las condiciones clínicas y de las contraindicaciones de cada paciente.
Los antibióticos no se utilizan de forma rutinaria en el cólico biliar sin signos de infección. El dolor que no mejora después de varias horas, la fiebre, los escalofríos, la ictericia o los vómitos persistentes requieren una evaluación urgente para descartar colecistitis, colangitis, coledocolitiasis o pancreatitis.
¿Las piedras en la vesícula sin síntomas requieren cirugía?
En la mayoría de los casos, no.
Cuando una piedra se descubre accidentalmente y la persona nunca ha presentado cólico biliar ni complicaciones, la conducta habitual consiste únicamente en observar.
La mayoría de los cálculos asintomáticos permanece silenciosa durante muchos años. Como el riesgo de complicaciones es relativamente bajo, someter a todas estas personas a una cirugía preventiva provocaría más riesgos que beneficios.
El paciente no necesita realizarse ecografías repetidas a intervalos cortos únicamente para controlar el tamaño o el número de las piedras, excepto cuando existe alguna alteración específica que también deba vigilarse.
La cirugía preventiva puede considerarse en situaciones seleccionadas relacionadas con un mayor riesgo de cáncer de vesícula o de complicaciones, como:
- Cálculos muy grandes, generalmente de más de 3 cm.
- Pólipos de la vesícula con características sospechosas o un tamaño relevante.
- Alteraciones importantes o calcificación de la pared de la vesícula.
- Vesícula completamente ocupada por cálculos, lo que impide evaluar adecuadamente su pared.
- Otras condiciones clínicas especiales evaluadas por el cirujano.
Estas situaciones deben analizarse individualmente. El tamaño de la piedra, por sí solo, no siempre es suficiente para indicar la cirugía.
¿Cuándo está indicada la cirugía?
La colecistectomía suele estar indicada cuando los cálculos provocan:
- Cólicos biliares típicos.
- Crisis recurrentes de dolor.
- Colecistitis aguda.
- Coledocolitiasis.
- Colangitis.
- Pancreatitis biliar.
- Otras complicaciones relacionadas con la vesícula.
Incluso en los pacientes sintomáticos, es importante confirmar que el dolor presenta características compatibles con una enfermedad biliar. Extirpar la vesícula de una persona cuyo dolor está provocado por gastritis, reflujo o dispepsia funcional puede no resolver los síntomas.
Cirugía de la vesícula
La colecistectomía es la cirugía mediante la cual se extirpa la vesícula biliar.
La operación elimina toda la vesícula junto con las piedras que contiene. Retirar únicamente los cálculos no resolvería el problema, ya que la vesícula seguiría presentando las condiciones que permitieron su formación y tenderían a aparecer nuevas piedras.
En la mayoría de los casos, la cirugía se realiza mediante laparoscopia, a través de pequeñas incisiones en el abdomen. Por estas incisiones se introducen una cámara e instrumentos quirúrgicos que permiten extirpar la vesícula sin necesidad de realizar una gran incisión.
La colecistectomía abierta puede ser necesaria en situaciones específicas, como una inflamación intensa, alteraciones anatómicas, adherencias provocadas por cirugías anteriores o cuando no es posible completar el procedimiento laparoscópico de forma segura.
La conversión de una cirugía laparoscópica en una cirugía abierta no significa necesariamente que se haya producido un error. En determinadas situaciones, este cambio es la forma más segura de completar la operación.
En la colecistitis aguda, la cirugía suele realizarse de forma precoz, preferentemente durante el mismo ingreso hospitalario, en cuanto las condiciones clínicas y quirúrgicas lo permitan.
En los pacientes con colecistitis aguda que no reúnen las condiciones clínicas necesarias para someterse a una cirugía, pueden emplearse medidas temporales o alternativas, como tratamiento médico y drenaje de la vesícula por vía percutánea o endoscópica.
¿Cómo se tratan las piedras en el colédoco?
Cuando existen piedras en el colédoco, la desobstrucción puede realizarse mediante una CPRE. En este procedimiento endoscópico, el médico accede a la desembocadura de la vía biliar en el duodeno, amplía la abertura y retira el cálculo.
En algunos hospitales, los cálculos del colédoco también pueden retirarse durante la propia cirugía laparoscópica mediante una exploración quirúrgica de las vías biliares.
Después de retirar las piedras del colédoco, suele estar indicada la colecistectomía para reducir el riesgo de nuevos episodios. La cirugía puede realizarse durante el mismo ingreso hospitalario, pero no necesariamente durante el mismo procedimiento que la CPRE.
Los pacientes con colangitis necesitan antibióticos y, principalmente en los casos moderados o graves, un drenaje precoz de las vías biliares.
Tratamiento de la pancreatitis biliar
En la pancreatitis biliar leve, la colecistectomía suele realizarse durante el mismo ingreso hospitalario, después de que el paciente haya presentado una mejoría clínica.
Esta conducta reduce el riesgo de una nueva pancreatitis o de otra complicación biliar después del alta.
En los casos graves, especialmente cuando existe necrosis o acumulaciones de líquido alrededor del páncreas, puede ser necesario posponer la cirugía hasta que la inflamación y las complicaciones estén controladas.
La CPRE no es necesaria para todos los pacientes con pancreatitis biliar. Suele estar indicada cuando existe una colangitis asociada o signos de que persiste la obstrucción del colédoco.
Tratamiento no quirúrgico
El tratamiento no quirúrgico tiene una función limitada y no constituye una alternativa equivalente a la colecistectomía para la mayoría de los pacientes sintomáticos.
El ácido ursodesoxicólico, también llamado ursodiol, puede disolver algunos cálculos pequeños, no calcificados y formados principalmente por colesterol.
Para que el tratamiento tenga alguna posibilidad de funcionar, la vesícula debe continuar contrayéndose adecuadamente y los conductos no pueden estar obstruidos.
Incluso en pacientes cuidadosamente seleccionados, el tratamiento puede tardar meses o años, no consigue disolver todos los cálculos y presenta una elevada tasa de recurrencia después de suspenderlo.
Por estos motivos, el ácido ursodesoxicólico suele reservarse para situaciones excepcionales, principalmente cuando el paciente no puede ser operado o rechaza la cirugía y presenta cálculos con características favorables para este tratamiento.
La litotricia por ondas de choque, similar a la utilizada para algunos cálculos renales, se emplea muy raramente. Fragmenta las piedras, pero no elimina las condiciones que permitieron su formación, motivo por el cual las recurrencias son frecuentes.
Una situación particular se produce con la ceftriaxona: los cálculos y el barro biliar asociados a este antibiótico generalmente desaparecen después de suspenderlo. La cirugía no suele ser necesaria cuando el paciente no presenta síntomas persistentes ni complicaciones.
¿Qué se debe comer cuando se tienen piedras en la vesícula?
Ningún alimento, infusión, suplemento o dieta puede disolver una piedra ya formada en la vesícula.
Sin embargo, las comidas abundantes o ricas en grasas estimulan una contracción más intensa de la vesícula y pueden desencadenar cólicos en algunas personas.
Mientras espera la evaluación médica o la cirugía, el paciente que presenta crisis puede intentar:
- Hacer comidas más pequeñas y distribuidas a lo largo del día.
- Reducir los alimentos fritos.
- Evitar grandes cantidades de grasa en una sola comida.
- Reducir las carnes muy grasas, los embutidos y las salsas cremosas.
- Dar prioridad a las verduras, las hortalizas, las frutas y los cereales integrales.
- Elegir fuentes de proteínas con menor contenido de grasa.
- Identificar qué alimentos desencadenan los síntomas, ya que la tolerancia varía de una persona a otra.
No es necesario eliminar completamente todas las grasas de la alimentación. Pequeñas cantidades de grasas insaturadas forman parte de una dieta equilibrada.
Las dietas extremadamente restrictivas, el ayuno prolongado y la pérdida rápida de peso pueden aumentar el riesgo de formación de nuevos cálculos.
Los cambios en la alimentación pueden reducir la frecuencia de las crisis, pero no sustituyen a la cirugía cuando está indicada.
¿Es posible vivir normalmente sin la vesícula?
Sí. La vesícula almacena y concentra la bilis, pero no la produce.
Después de su extirpación, el hígado continúa produciendo bilis con normalidad. La diferencia es que, en lugar de quedar almacenada en la vesícula y liberarse en mayor cantidad durante las comidas, la bilis pasa continuamente por los conductos hasta el intestino.
La mayoría de las personas vuelve a llevar una alimentación y una vida normales tras recuperarse de la cirugía.
Durante las primeras semanas, las comidas muy grasas pueden causar molestias abdominales, gases o heces más blandas. Estos síntomas suelen mejorar a medida que el aparato digestivo se adapta.
Una pequeña proporción de los pacientes presenta diarrea persistente debido al paso más continuo de ácidos biliares hacia el intestino. Este problema, denominado diarrea por ácidos biliares, puede investigarse y tratarse.
La extirpación de la vesícula no afecta a la fertilidad ni impide un futuro embarazo.
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Dudas de los lectores sobre este tema
Preguntas seleccionadas por el editor por su relevancia para este artículo.