¿Cómo ven los bebés? ¿Cuándo empiezan a ver?

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18 Ago. 2026
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Información principal sobre la visión de los bebés

El bebé ya puede ver al nacer, pero su visión es borrosa y funciona mejor a corta distancia, aproximadamente entre 20 y 30 cm.

Durante las primeras semanas, el bebé percibe mejor las formas grandes, los rostros y los objetos con mucho contraste. Su capacidad para distinguir los colores todavía es limitada.
Alrededor de los 2 o 3 meses, el bebé suele fijar mejor la mirada en los rostros y seguir con los ojos los objetos en movimiento.

Hacia los 4 meses, la percepción de los colores ya está mucho más desarrollada y el bebé empieza a distinguir una amplia variedad de colores y tonalidades.

Entre los 4 y los 6 meses, mejoran la percepción de la profundidad y la coordinación entre la visión y las manos, lo que le permite alcanzar objetos con mayor precisión.

Durante los primeros meses, el bebé reconoce visualmente cada vez mejor a sus padres y a otros cuidadores, aunque también utiliza la voz, el olor y otros estímulos para identificarlos.

El estrabismo persistente, una pupila blanca, los movimientos involuntarios de los ojos o la dificultad para fijar la mirada y seguir objetos son signos que requieren evaluación médica.

¿Cómo ven los bebés?

La visión de los bebés no es tan nítida como la de los adultos. El recién nacido ya puede ver, pero su visión es bastante borrosa, especialmente cuando los objetos están lejos.

El sistema visual humano comienza a desarrollarse durante el embarazo. Al nacer, las principales estructuras anatómicas responsables de la visión ya están presentes, pero todavía son inmaduras en cuanto a su funcionamiento.

Los bebés deben aprender durante los primeros meses de vida a enfocar, mover los ojos con precisión y utilizarlos de forma coordinada. Además, necesitan aprender a utilizar la información que los ojos envían al cerebro para comprender el mundo que los rodea e interactuar adecuadamente con él.

La visión inicial de los bebés es muy borrosa. No ven muchos detalles y perciben mejor las formas grandes, los rostros, el movimiento y los objetos con mucho contraste. La capacidad para distinguir los colores todavía es limitada al nacer y mejora rápidamente durante los primeros meses.

El sistema visual, que comprende los ojos, el nervio óptico y el cerebro, se desarrolla rápidamente durante el primer año de vida, pero su maduración no termina a los 12 meses. La capacidad visual continúa mejorando durante los primeros años de la infancia.

Conocer los principales hitos del desarrollo de la visión del bebé es importante para asegurarse de que su hijo está viendo correctamente y para poder identificar precozmente posibles problemas.

Visión del bebé durante el embarazo

Excepto en situaciones en las que el abdomen de la embarazada está expuesto a una fuente de luz intensa, como puede ocurrir en un día de playa, prácticamente no hay iluminación dentro del útero.

Por este motivo, el bebé no necesita tener la visión completamente desarrollada en esta etapa de la vida. Prácticamente no hay nada que ver.

Los ojos del feto comienzan a desarrollarse durante las primeras semanas de gestación. A lo largo del embarazo, las diferentes estructuras oculares maduran y, durante el tercer trimestre, el bebé ya es capaz de abrir los ojos y responder a la luz que atraviesa la pared abdominal.

El hecho de que el bebé prácticamente no utilice los ojos no significa que esta etapa no sea fundamental para el desarrollo del sistema visual. Las enfermedades y complicaciones que se producen durante el embarazo pueden provocar alteraciones permanentes de la visión.

Una alimentación saludable de la madre durante el embarazo es importante para proporcionar al feto los nutrientes que necesita para desarrollar su sistema visual. Asimismo, un adecuado seguimiento prenatal ayuda a identificar precozmente enfermedades e infecciones durante el embarazo.

Evitar el consumo de alcohol, tabaco y medicamentos innecesarios también es fundamental para que el bebé nazca con una visión saludable.

Visión del bebé recién nacido

Poco después del parto, todavía durante la estancia en la maternidad, debe evaluarse el reflejo rojo de los ojos del recién nacido.

El examen es sencillo, rápido e indoloro y sirve para identificar alteraciones que impidan el paso normal de la luz a través del ojo. Un reflejo rojo anormal puede encontrarse en enfermedades importantes, como la catarata congénita y el retinoblastoma.

En España, la exploración física del recién nacido incluye la evaluación de los ojos y la prueba del reflejo rojo con un oftalmoscopio. En los países de América Latina, el momento y la organización de esta evaluación pueden variar según los protocolos sanitarios de cada país.

Aunque estos problemas oculares son poco frecuentes, deben detectarse y tratarse precozmente para reducir al mínimo su impacto sobre el desarrollo de la visión.

Al nacer, la visión del bebé es muy borrosa. Su capacidad para enfocar todavía está poco desarrollada y la percepción de los colores es limitada.

El recién nacido ve mejor los objetos situados aproximadamente a una distancia de entre 20 y 30 cm, que corresponde más o menos a la distancia entre su rostro y el de la madre o el padre durante la lactancia o mientras está siendo alimentado.

A pesar de estas limitaciones visuales, los estudios muestran que, pocos días después del nacimiento, los bebés ya son capaces de distinguir el rostro de su propia madre y tienden a mirarlo durante más tiempo que el rostro de una mujer desconocida.

En esta etapa, las características externas del rostro parecen desempeñar un papel importante en este reconocimiento. En experimentos en los que la madre y una desconocida utilizaban pañuelos que ocultaban o modificaban la línea del cabello y el contorno de la cabeza, desaparecía la preferencia por el rostro materno. Esto sugiere que los recién nacidos utilizan estas características visuales externas como parte de las señales que los ayudan a reconocer el rostro de su madre.

Sin embargo, en la vida cotidiana, el reconocimiento de la madre no depende exclusivamente de su aspecto. El bebé también utiliza otras señales, como la voz, el olor, el tacto y la forma de interacción.

Visión del bebé durante el primer mes de vida

Al nacer, las pupilas de los bebés son pequeñas, lo que limita la cantidad de luz que entra en los ojos.

Con el paso de las semanas, a medida que maduran la retina y sus conexiones con el cerebro, los bebés empiezan a percibir mejor los patrones y las franjas claras y oscuras. Las formas grandes y los objetos de alto contraste comienzan a llamar su atención.

La capacidad para enfocar objetos sigue estando limitada principalmente a distancias cortas, de aproximadamente 20 a 30 cm.

La percepción de los colores también se desarrolla progresivamente. Durante las primeras semanas, los contrastes intensos llaman más la atención. Con el paso de los meses, el bebé distingue cada vez mejor diferentes colores y tonalidades.

Para estimular la visión, mientras el bebé esté despierto se pueden utilizar juguetes, libros o tarjetas con formas sencillas, colores vivos y contrastes marcados, colocados a una distancia desde la que pueda observarlos cómodamente.

En esta etapa es relativamente frecuente que los ojos parezcan desalineados de vez en cuando. Uno de los ojos puede desviarse brevemente hacia dentro o hacia fuera y después regresar a su posición habitual.

Estos episodios deben hacerse progresivamente menos frecuentes durante los meses siguientes. Si uno de los ojos permanece desviado, si las desviaciones son muy frecuentes o si existe cualquier duda sobre la alineación de los ojos, consulte con el pediatra o el oftalmólogo.

Visión del bebé durante el segundo y tercer mes de vida

Durante esta etapa, la visión se desarrolla muy rápidamente. Los bebés empiezan a tener una visión más nítida, fijan mejor la mirada en los rostros, son capaces de seguir objetos en movimiento con los ojos y pueden dirigir la mirada hacia diferentes puntos sin tener que mover toda la cabeza.

Las desviaciones ocasionales de los ojos también se vuelven cada vez menos frecuentes. En general, los movimientos oculares aleatorios o el cruce ocasional de los ojos que pueden observarse en el recién nacido deberían estar desapareciendo hacia los 2 o 3 meses.

En esta etapa, el bebé también se vuelve más sensible a la luz. Para ayudarlo a establecer la diferencia entre el día y la noche, es conveniente mantener el ambiente iluminado de forma natural durante el día y reducir la iluminación por la noche. No es necesario dejar una luz encendida mientras duerme por motivos relacionados con el desarrollo de la visión.

Para estimular la visión, continúe mostrándole objetos de diferentes colores y formas. Cámbielos de posición para estimular al bebé a seguirlos con los ojos. Camine con el niño en brazos y hable mucho con él.

Cuando esté despierto y bajo la supervisión de un adulto, colóquelo boca abajo. El bebé levantará el cuello para mirar hacia delante. Esta práctica, conocida como tummy time o tiempo boca abajo, proporciona diferentes estímulos visuales y es importante para el desarrollo motor.

Atención: el bebé debe permanecer boca abajo únicamente cuando esté despierto y bajo supervisión. Para dormir, debe colocarse boca arriba, ya que dormir boca abajo aumenta el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante.

Estimule la visión del bebé con juguetes de colores vivos, contrastes marcados y diferentes formas.
Estimule la visión del bebé con juguetes de colores vivos, contrastes marcados y diferentes formas.

A medida que mejora la coordinación visual, los ojos del bebé empiezan a trabajar conjuntamente para enfocar y seguir un objeto en movimiento.

Alrededor de los 3 meses de edad, se espera que el bebé ya sea capaz de mantener contacto visual y seguir con los ojos un objeto en movimiento. Si esto no ocurre, consulte con el pediatra.

Visión del bebé entre el cuarto y el sexto mes de vida

Entre el cuarto y el sexto mes se produce un avance importante en la coordinación entre los ojos y las manos. El bebé empieza a utilizar mejor la información visual para intentar alcanzar y agarrar lo que está viendo.

La percepción de la profundidad también mejora, lo que le permite calcular cada vez mejor la distancia entre sus manos y los objetos.

La visión de los colores está mucho más desarrollada. Alrededor de los 4 meses, el bebé ya es capaz de responder a una amplia variedad de colores y tonalidades.

A esta edad también reconoce cada vez mejor los rostros familiares, incluso desde distancias mayores, y comienza a prestar atención a objetos y detalles que antes no llamaban su atención.

Hacia los 6 meses de edad ya se han producido avances importantes en los centros visuales del cerebro, lo que permite al niño ver más detalles y mover los ojos con mayor rapidez y precisión para seguir objetos en movimiento.

La visión ha mejorado considerablemente en comparación con el nacimiento, pero todavía no es equivalente a la de un adulto. El desarrollo de la agudeza visual continúa durante los primeros años de la infancia.

Las recomendaciones sobre las evaluaciones oftalmológicas rutinarias varían de un país a otro.

En España, el desarrollo visual se evalúa durante los controles pediátricos, utilizando diferentes procedimientos según la edad, como la inspección ocular, la evaluación del reflejo rojo y, más adelante, pruebas de agudeza visual. En los países de América Latina, el calendario y las pruebas utilizadas pueden variar según las recomendaciones sanitarias nacionales y la disponibilidad de los servicios.

Estas edades o calendarios de evaluación no significan que haya que esperar cuando existe alguna alteración. Los niños con signos de problemas visuales, factores de riesgo o anomalías identificadas por el pediatra deben ser remitidos antes para una evaluación oftalmológica.

Visión del bebé entre el séptimo y el duodécimo mes de vida

A esta edad, los bebés coordinan cada vez mejor los ojos con las manos. Muchos ya empiezan a gatear y, gracias a una mejor percepción de la profundidad, pueden agarrar objetos con facilidad y llevárselos a la boca.

También son más propensos a sufrir pequeños accidentes domésticos, incluido el riesgo de golpearse los ojos con algún objeto. Manténgase atento.

El color de los ojos también tiende a estabilizarse durante el primer año de vida, aunque en algunos niños todavía pueden producirse pequeños cambios posteriormente.

A los 12 meses, muchos bebés gatean, se apoyan en los muebles o intentan caminar.

Gatear proporciona oportunidades para que el niño practique la percepción de la profundidad y la coordinación entre la visión y los movimientos. Sin embargo, algunos niños prácticamente no gatean antes de empezar a caminar, lo que, de forma aislada, no significa que exista ningún problema visual o del desarrollo.

Evite que el bebé pase largos periodos frente al televisor, el teléfono móvil, la tableta u otras pantallas, aunque esté viendo vídeos considerados educativos.

A esta edad, la interacción directa con las personas y los objetos del entorno es mucho más importante para el desarrollo que el contenido presentado pasivamente en una pantalla. Los bebés aprenden mejor jugando, moviéndose, observando el entorno, escuchando a otras personas e interactuando con ellas.

Las videollamadas con familiares son diferentes del uso pasivo de pantallas, ya que permiten una interacción social en tiempo real.

A medida que el niño crece, también es importante equilibrar las actividades realizadas a corta distancia con los juegos y el tiempo al aire libre. El exceso de actividades que requieren mirar de cerca y pasar poco tiempo al aire libre se asocia con un mayor riesgo de desarrollar miopía.

Signos de problemas de visión en los bebés

La mayoría de los bebés comienzan la vida con ojos sanos y desarrollan las capacidades visuales esperadas sin dificultad.

Sin embargo, ocasionalmente pueden aparecer enfermedades oculares o alteraciones del desarrollo visual. Los padres deben estar atentos a los siguientes signos:

  • Sensibilidad excesiva a la luz: especialmente cuando se acompaña de lagrimeo, enrojecimiento o cambios en el aspecto del ojo, merece una evaluación.
  • Dificultad para establecer contacto visual o seguir objetos: alrededor de los 3 meses, el bebé normalmente ya es capaz de fijar la mirada y seguir un objeto en movimiento. Si esto no ocurre, es necesaria una evaluación.
  • Estrabismo constante o muy frecuente: durante los primeros meses pueden producirse desviaciones ocasionales, pero un ojo que permanece desviado o las desviaciones frecuentes después de los primeros meses deben ser evaluados.
  • Pupila blanca o reflejo blanco en las fotografías: este signo se denomina leucocoria y puede aparecer en enfermedades importantes, como la catarata congénita y el retinoblastoma. Si el reflejo blanco aparece repetidamente, especialmente si ocurre siempre en el mismo ojo, el niño debe ser evaluado rápidamente.
  • Nistagmo: consiste en movimientos involuntarios y repetitivos de los ojos, que pueden producirse de un lado a otro, de arriba abajo o de forma rotatoria. El nistagmo en un bebé debe ser evaluado por un oftalmólogo.
  • Lagrimeo persistente: puede deberse a una obstrucción del conducto lagrimal, pero también puede estar asociado a otros problemas oculares.
  • Secreciones o costras persistentes en los ojos: pueden ser signos de infección o inflamación.
  • Párpado caído: un párpado que cubre parte de la pupila puede interferir con el desarrollo de la visión.

Otros signos de alerta incluyen enrojecimiento ocular persistente, dolor, alteraciones en el tamaño o la forma de las pupilas y cualquier cambio importante en el comportamiento visual del niño.

También es importante consultar con un profesional sanitario si el bebé pierde alguna habilidad visual que ya había adquirido.

Cuanto antes se identifique y trate una alteración que pueda comprometer el desarrollo de la visión, mayor será la posibilidad de preservar la capacidad visual del niño.

Leucocoria
Leucocoria

Enfermedades oculares en niños prematuros

Los niños nacidos antes de las 37 semanas de gestación se consideran prematuros. Los bebés prematuros tienen un mayor riesgo de presentar algunas alteraciones visuales y, dependiendo de la edad gestacional, el peso al nacer y su evolución clínica, pueden necesitar un seguimiento oftalmológico específico.

La principal enfermedad ocular relacionada con la prematuridad es la retinopatía del prematuro (ROP).

Durante el desarrollo normal, los vasos sanguíneos de la retina crecen progresivamente hasta alcanzar las regiones más periféricas. Cuando el niño nace muy prematuramente, este proceso todavía no se ha completado.

En la retinopatía del prematuro se produce un desarrollo anormal de los vasos sanguíneos de la retina. En las formas más graves pueden aparecer tejido cicatricial, tracción y desprendimiento de retina, con riesgo de pérdida importante de visión o ceguera.

Cuanto menores sean la edad gestacional y el peso al nacer, mayor tiende a ser el riesgo de ROP. La inestabilidad clínica del recién nacido y una oxigenación inadecuada también pueden contribuir al desarrollo de la enfermedad.

Por este motivo, los bebés prematuros con muy bajo peso al nacer o baja edad gestacional, así como otros recién nacidos considerados de alto riesgo por el equipo neonatal, deben someterse a un programa específico de detección de la retinopatía del prematuro.

Esta evaluación no debe confundirse con la prueba del reflejo rojo. La detección precoz de la ROP requiere un examen de la retina realizado por un oftalmólogo con dilatación de las pupilas.

Además de la retinopatía del prematuro, los niños que han nacido prematuramente presentan un mayor riesgo de estrabismo, errores de refracción y otras alteraciones del desarrollo visual.

La presencia de nistagmo —movimientos involuntarios y repetitivos de los ojos— también requiere evaluación oftalmológica, ya que puede estar asociada a diferentes enfermedades de los ojos, las vías visuales o el sistema nervioso.


book Referencias bibliográficas


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