VIDEO: Lo Qué Ocurre Cuando Bebemos Demasiado Alcohol

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Transcripción del video

Cuando tomamos cualquier bebida alcohólica, el alcohol ingerido se absorbe rápidamente en el estómago y en el intestino delgado.

El 20% de todo el alcohol absorbido entra directamente en el torrente sanguíneo. El otro 80% es nuevamente enviado al hígado para ser metabolizado.

El problema es que el hígado  solamente consigue metabolizar alrededor de 10 gramos de alcohol por hora, que es ligeramente menor que la cantidad de alcohol presente en una lata de cerveza o una copa de vino.

Por lo tanto, si tomamos en un corto espacio de tiempo el equivalente a 5 copas de vino, el hígado necesitará aproximadamente de 6 horas para desactivar todo este volumen.

Mientras que el alcohol consumido no es metabolizado por el hígado, él da vueltas por el cuerpo por el torrente sanguíneo. Cuanto mayor es la concentración de alcohol en la sangre, más efectos él tendrá en nuestro cerebro.

Imaginemos una situación ficticia:

Imagina que estás en una fiesta con amigos y empiezas a beber. Después de la primera copa de vino o lata de cerveza, tu concentración sanguínea de alcohol alcanza 0.02 a 0.04 g/dl.

Con este nivel te sientes relajado y con una sensación de bienestar. Con tan poco alcohol en la sangre, no hay ningún cambio brusco en tu comportamiento.

Poco tiempo después de la primera copa, decides tomar una segunda. Tu concentración sanguínea de alcohol es de 0.04 a 0.06 g/dl.

En este punto, ya empiezas a quedarte borracho, aunque no creas. Los únicos cambios que notas son un mayor sentido de bienestar, pérdida de timidez y una leve euforia. Sin embargo, ya existe una pequeña pero relevante afectación de tus habilidades motoras, tiempo de reacción y sentido de peligro.

Si estás en coche, vas a querer volver a casa manejando, porque crees que estás en perfectas condiciones. Pero de hecho, no estás. Lo más correcto es que un amigo que no haya bebido conduzca el coche.

Pero te has quedado en la fiesta y has decidido tomar otra dosis. La concentración sanguínea de alcohol ahora llega a 0.06 a 0.10 g/dl.

En esta fase, comienzas a notar los primeros signos de embriaguez, como una leve falta de equilibrio, una sensación agradable de cuerpo leve, cambios en el habla y una clara disminución del tiempo de reacción. También hay una reducción del juicio, del autocontrol y del razonamiento.

En esta etapa, la acción del alcohol en el cerebro inhibe la liberación de ADH, que es la hormona que controla la cantidad de agua eliminada en la orina por los riñones. Sin ADH, los riñones dejan de retener el agua y la producción de orina comienza a aumentar considerablemente.

En la cuarta dosis, tu concentración sanguínea de alcohol alcanza 0.10 a 0.13 g/dl.

Ya hay una significativa afectación  de tu coordinación motora y total pérdida de sentido común. Tu discurso es un poco arrastrado y ya tienes problemas para caminar en línea recta.

Es en esto momento que los amigos empiezan a decir que estás quedándote borracho.

La completa inhibición de ADH provoca a todo el tiempo ganas de ir al baño a orinar. En poco tiempo, habrás hecho pis en un volumen de agua superior aquél que ha sido ingerido con bebidas alcohólicas, dando inicio a un proceso de deshidratación.

Pero como es el viernes y no hay trabajo al día siguiente, bebes la quinta dosis. La concentración sanguínea de alcohol alcanza 0.13 a 0.16 g/dl.

Ahora hay un empeoramiento de la coordinación motora y una gran pérdida de equilibrio

La fase de euforia comienza a disminuir, y pasas a sentir un malestar. En estos niveles, el alcohol deja de tener acción estimulante y se convierte en un depresor del sistema nervioso.

Este es el momento en que comienzas a hablar tonterías.

El 75% de las personas que llegan a este nivel de alcohol en la sangre terminan experimentando cierto grado de resaca al día siguiente.

En la sexta dosis, la concentración sanguínea de alcohol alcanza 0.16 a 0.19 gr/d.

La euforia desapareció totalmente y empiezas a quedarte triste o agresivo. La sensación de malestar es grande y la náusea es común. Ahora tienes gran posibilidad de convertirte en aquel borracho pesado o inconveniente.

Partes para la séptima y lo octava dosis. La concentración sanguínea de alcohol alcanza 0.20 a 0.25 gr/dl.

Ya no puedes caminar sin casi caer, no puedes hablar y presentas una gran confusión. Vómitos son muy comunes en esta fase. Si tienes amigos sobrios, este es el momento que uno de ellos va a intervenir y te llevarás a casa.

Si sigues bebiendo, en la novena o décima dosis, la concentración sanguínea de alcohol ya es mayor de 0.25 a 0.30 g/dl.

En esta etapa puedes perder el conocimiento en cualquier momento y entrar en coma. Si vomitas mientras que estés inconsciente, puedes broncoaspirar tu propio vómito, y hay gran riesgo de progresar a una insuficiencia respiratoria e incluso la muerte.

Los síntomas de embriaguez durarán hasta que el hígado pueda neutralizar gran parte del alcohol circulante. Cuanto más has estado bebiendo, más tiempo llevarás para recuperarte completamente.

Al día siguiente es la hora de la resaca. Pero eso es un asunto para un próximo video.

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