El mieloma múltiple, la leucemia, el linfoma y el síndrome mielodisplásico son las principales causas de cáncer que acomete las células de defensa de la sangre, llamadas popularmente  glóbulos blancos (Lee: 14 SIGNOS Y SÍNTOMAS DEL CÁNCER).

En este artículo vamos a abordar únicamente el mieloma múltiple. Si estás buscando informaciones sobre los otros tipos de cánceres de la sangre, accede a los siguientes artículos:

El mieloma múltiple corresponde a un 1% de todos los cánceres y el 10% de cánceres de la sangre. Su incidencia es aproximadamente de 5 casos por cada 100.000 habitantes. El mieloma es una enfermedad típica de los ancianos, y solamente un 2% de los casos ocurren antes de la edad de 40 años y menos del 10% antes de los 50 años. El mieloma es dos veces más común en negros que en blancos.

QUÉ ES EL MIELOMA MÚLTIPLE

Lee los siguientes párrafos con calma porque tu comprensión es esencial para entender los síntomas y de los cambios de laboratorio de  la enfermedad.

El mieloma múltiple es un cáncer de una célula llamada  plasmocito, responsable de la producción de anticuerpos, también llamados inmunoglobulinas o gammaglobulina.

Siguiendo los mismos mecanismos de cualquier cáncer, en el mieloma las mutaciones genéticas hacen con que el cuerpo pierda el control de la producción de plasmocitos, que pasan a  multiplicarse indefinidamente. El resultado es una acumulación de células plasmáticas malignas en la médula ósea, órgano responsable de producir todas las células de la sangre y una consecuente producción excesiva de anticuerpos

Hay 5 tipos de anticuerpos:

– IgG → Inmunoglobulina o gammaglobulina G   .
– IgA → Inmunoglobulina o gammaglobulina A.
– IgM → Inmunoglobulina o gammaglobulina M.
– IgD → Inmunoglobulina o gammaglobulina D.
– IgE → Inmunoglobulina o gammaglobulina E.

Dependiendo del tipo de plasmocito que sufre la mutación maligna, tendremos a una superproducción del clone de uno de estos tipos de inmunoglobulina (anticuerpo). Por ejemplo, en el llamado mieloma IgG, tenemos la proliferación  de plasmocitos productores  del anticuerpo IgG, que lleva a la producción excesiva de clones de inmunoglobulina G.

El tipo más común de mieloma múltiple es secretor de IgG, seguido, en orden descendente, por los mielomas productores de IgA e IgM. Mielomas secretores de IgD o IgE son raros.

El mieloma secretor de IgM recibe el nombre de Macroglobulinemia de Waldenström y presenta algunos aspectos clínicos diferentes del mieloma múltiple. Vamos a hablar específicamente de Macroglobulinemia de Waldenström en un artículo separadamente que será escrito muy pronto.

Estos clones de anticuerpos producidos en el mieloma múltiple se denominan paraproteínas o proteínas M.  A través de pruebas de sangre se puede detectar estas paraproteínas (explico más adelante cómo se hace el diagnóstico). La existencia de proteínas M, es decir, de clones de anticuerpos, se denomina gammapatía monoclonal.

Por lo tanto, cuando se detecta un elevado número de anticuerpos en la sangre siendo todos ellos exactamente iguales, es decir, clones, estamos delante de una gammapatía monoclonal.

Es importante entender la diferencia entre anticuerpos monoclonales y policlonales. En casos de infecciones o procesos alérgicos también podemos tener elevación de los anticuerpos, sin embargo, no son todos un único clone, ya que son producidos por diferentes plasmocitos. En este caso tenemos una gammapatía policlonal, que es una respuesta normal del cuerpo a los procesos infecciosos.

Síntomas del Mieloma Múltiple

La médula ósea, responsable de la producción de células sanguíneas, está ubicada en  el interior de los huesos. Como una de las características del mieloma múltiple es la proliferación no regulada de los plasmocitos en la médula, una de las manifestaciones clínicas principales del mieloma es la lesión de los huesos.

El mieloma múltiple generalmente afecta a varios huesos diferentes en nuestro esqueleto, principalmente aquellos que tienen médula ósea en su interior. Los principales ejemplos son:

– Columna vertebral.
– Cráneo.
– Cadera.
– Costillas.
– Fémur (hueso del muslo).
– Húmero (hueso del brazo).

Las lesiones óseas causadas por el mieloma pueden presentarse como fracturas, que por veces surgen de forma espontánea o después de mínimos traumas. También son comunes cuadros semejantes a la osteoporosis o erosiones focales parecidas con las de metástasis de otros cánceres para huesos, conocidas como lesiones líticas. (Lee: OSTEOPOROSIS- Síntomas, Causas y Tratamiento).

Por lo tanto, como la lesión de los huesos es muy común, el síntoma principal del mieloma suele ser el dolor óseo. Cuando el hueso afectado es una o más vértebras de la columna vertebral, la vértebra puede colapsar y comprimir la  médula nerviosa (no se debe confundir con la médula ósea). Como resultado, además del dolor lumbar, el paciente puede también presentar debilidad y pérdida de sensibilidad en las extremidades inferiores.

La destrucción de los huesos provoca un aumento de la liberación de calcio para la  sangre, llevando a su elevación. El calcio alto en la sangre llamamos hipercalcemia. Los niveles de calcio sanguíneo por encima de 15 mg/dl l ponen la vida en riesgo y pueden cursar con síntomas tales como: vómitos, exceso de orina, cambios neurológicos, letargo y coma

El comprometimiento de los riñones que causa insuficiencia renal, es una de las principales manifestaciones del mieloma múltiple. La lesión renal se produce principalmente debido a la obstrucción o lesión de los túbulos renales por las inmunoglobulinas, por hipercalcemia o por invasión de los riñones por los plasmocitos malignos.

Otra complicación frecuente del mieloma múltiple es la anemia. Con la médula ósea completamente invadida por los plasmocitos, se produce una reducción gradual en la producción de otras cepas de células sanguíneas como los eritrocitos (glóbulos rojos), lo que lleva a la anemia (Lee: SÍNTOMAS DE ANEMIA). Siguiendo el mismo razonamiento, también podemos tener la caída de las concentraciones de plaquetas y leucocitos (glóbulos blancos).

Aunque hay una gran cantidad de anticuerpos circulantes, en la gammapatía monoclonal ellos son ineficaces contra las infecciones. El cuerpo pierde la habilidad de crear anticuerpos específicos contra cada invasor y mantiene la producción de solamente un clone de las inmunoglobulinas. Así, el paciente con mieloma múltiple es más susceptible a los procesos infecciosos.

Resumiendo, el cuadro clínico típico del mieloma es de un paciente con más de 65 años con dolor en los huesos, generalmente lumbar, asociado con un cuadro de anemia sin causa aparente,  pudiendo o no tener cambios en la función renal.

Diagnóstico del mieloma múltiple

Mediante análisis específicas de sangre u orina es posible identificar la presencia de los clones de anticuerpos. Esta búsqueda se realiza por una prueba llamada electroforesis de proteínas con inmunofijación.

Algunos marcadores de sangre generalmente están elevados en el mieloma múltiple, como VSG, LDH y Beta 2-microglobulina. Sin embargo, es importante señalar que estas pruebas de sangre son inespecíficas y pueden estar alteradas en varias otras enfermedades distintas del mieloma.

Las radiografías de cadera, columna vertebral, cráneo y tórax pueden detectar las lesiones del hueso del mieloma y tienden a ser parte del proceso de diagnóstico. La determinación de creatinina sanguínea  también es útil porque ayuda a identificar las lesiones de los riñones (Lee: CREATININA Y UREA).

Biopsia de médula ósea

Si las pruebas anteriores sugieren la existencia de mieloma, el paciente debe ser encaminado a un hematólogo para realizar biopsia de médula ósea, que es el examen que ofrece el diagnóstico definitivo del mieloma. Si en la biopsia se muestra que más del 10% de las células de la médula ósea está compuesto por plasmocitos, se confirma el diagnóstico del mieloma múltiple.

Tratamiento del mieloma múltiple

No existe cura para el mieloma múltiple. El tratamiento tiene como objetivo el alivio de los síntomas y aumento de la supervivencia.

Las opciones de tratamiento más utilizadas son:

La tasa de supervivencia es un promedio de 5 años para los casos detectados inicialmente y de 2 años para los casos más avanzados.

En algunos casos la producción de inmunoglobulinas es tan intensa que deja la sangre espesa, siendo necesario realizar sesiones de plasmaféresis para disminuir la concentración de células en el plasma.

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Médico especialista en Medicina Interna y Nefrología. Títulos reconocidos por el Colegio de Nefrología Portugués y la Sociedad Brasileña de Nefrología. Editor jefe del sitio web MD.Saúde desde 2008