BOTULISMO – Causas, Síntomas y Tratamiento

El botulismo es una enfermedad potencialmente fatal que puede ser adquirida a través de alimentos contaminados.

botulismo

El botulismo es una enfermedad infrecuente, potencialmente mortal, resultante de la acción de una neurotoxina (toxina que ataca a las neuronas) elaborada por la bacteria Clostridium botulinum. La neurotoxina botulínica es uno de los venenos más letales que conocimos.

En este artículo vamos a abordar los siguientes puntos sobre el botulismo y la toxina botulínica:

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  • Qué es el botulismo.
  • Cuál es la bacteria responsable de la infección.
  • Qué es la toxina botulínica.
  • Cómo funciona la transmisión.
  • Cuáles son los síntomas.
  • Como se hace el diagnóstico.
  • Cuáles son las opciones de tratamiento.

Qué es el botulismo

El botulismo es una enfermedad infecciosa pero no contagiosa (no es transferible entre personas), causada por la acción de toxinas producidas por la bacteria Clostridium botulinum.

El botulismo es una enfermedad rara, pero puede ocurrir en cualquier parte del mundo. A pesar de ser inusual, es una enfermedad importante porque los pacientes infectados presentan alta mortalidad y deben iniciar el tratamiento rápidamente. El botulismo, por lo tanto, es una emergencia médica.

La enfermedad no es causada directamente por la bacteria, sino por las neurotoxinas producidas por ella. El botulismo es una enfermedad de instalación súbita, con implicación predominante neurológica, caracterizada por parálisis motora progresiva. El principal modo de transmisión es a través de alimentos mal conservados (vamos a explicar  a continuación).

Debido a la gravedad de la enfermedad y la posibilidad de múltiples casos resultantes de la ingestión de una única fuente de alimentos contaminados, reportar a un solo caso es suficiente para que se considere la existencia de un brote de botulismo.

Bacteria del botulismo – Clostridium botulinum

El Clostridium es un género de bacterias anaerobias (que no necesitan oxígeno para vivir) en forma de bastoncillos, cuya algunas especies pueden causar enfermedad, como en los casos:

Clostridium tetani – causadora del tétano (Lee: TÉTANO – Causas, Síntomas y Vacuna).
Clostridium botulinum – causadora del botulismo.
Clostridium perfringens – causadora da gangrena gaseosa.
Clostridium difficile – causadora de colitis pseudomembranosa.

El Clostridium botulinum es una bacteria que puede estar presente en cualquier lugar, pero es más fácilmente encontrada en el suelo, en sedimentos de lagos y mares, en los intestinos de peces y crustáceos, productos agrícolas, miel o en las superficies de hortalizas, frutas y otros alimentos.

El Clostridium botulinum se encuentra en el ambiente en forma de esporas, que son muy resistentes al calor y pueden sobrevivir a temperaturas de 100°C hasta por cinco o más horas. Las esporas solamente son destruidas por calentamientos mayores que 120°C, durante al menos 15 minutos. Cuando existan condiciones ambientales adecuadas, las esporas pueden germinar y convertirse en la forma vegetativa, que es la forma activa de la bacteria que puede multiplicarse y producir toxinas. Las mejores condiciones para la supervivencia del Clostridium botulinum son:

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– Poca exposición al oxígeno.
– Lugares de baja acidez.
– Temperatura entre 25 y 37°C. Sin embargo, algunas cepas pueden desarrollarse en temperaturas tan bajas como 4ºC.

Algunos alimentos, sobre todo en conserva, si no están correctamente manejados y almacenados, pueden llegar a ser un medio excelente para la proliferación del Clostridium botulinum.

Algunas cepas de esta bacteria producen enzimas que desnaturalizan y “pudren” la comida por ellas habitadas, dejándolas  con olor y aspecto desagradables. Sin embargo, existen cepas de Clostridium botulinum que pueden colonizar los alimentos sin provocar grandes cambios en su apariencia, siendo difícil sospechar que estén infectadas.

Toxina botulínica

El Clostridium es una bacteria que causa  enfermedades mediante la producción de toxinas. En el caso del Clostridium botulinum, la toxina es una neurotoxina que ataca a los nervios periféricos, impidiendo el funcionamiento normal de los mismos.

La neurotoxina botulínica producida por el Clostridium botulinum es uno de los venenos más potentes que conocimos. Simplemente como comparación, para que el cianuro sea letal en ratones, es necesaria una dosis de 10000 microgramos por kilogramo. Ya la toxina botulínica es capaz de matar con solamente 0,0003 microgramos por kilogramo.

Se conocen ocho tipos de toxinas botulínicas: A, B, C1, C2, D, E, F y G, de los cuales el tipo A, B y E son los más tóxicos a los seres humanos. Las formas F y G también pueden causar la enfermedad, pero es raro.

La toxina botulínica no tiene olor ni sabor, no siendo posible saber de antemano si el alimento ingerido está contaminado o no. Las toxinas, si ingeridas, causan enfermedad porque resisten al ácido del estómago y las enzimas naturales del proceso digestivo. Sin embargo, a diferencia de la bacteria, que puede resistir a las altas temperaturas en forma de esporas, la toxina suele ser inactiva cuando se expone a temperaturas superiores a 80°C durante al menos 10 minutos.

La toxina absorbida en el tracto gastrointestinal alcanza el torrente sanguíneo y viaja a los nervios, donde actúa bloqueando la acción de los neurotransmisores responsables de los movimientos musculares, resultando en parálisis flácida de los músculos.

La toxina botulínica pasó a ser utilizada en la Medicina en pacientes cuya parálisis controlada de algunos músculos era beneficiosa. Sin embargo, para ser administrada con seguridad, fue  necesario primero aislar y purificar la toxina para que esta pudiese sintetizarse. Luego vino la Botox®, la forma farmacéutica de la toxina botulínica A.

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Para obtener más informaciones sobre Botox® y sus usos en medicina y en estética, lee: BOTOX – Uso Cosmético y Terapéutico.

Transmisión del botulismo

Básicamente hay tres formas de adquirirse botulismo: botulismo alimentario, botulismo por heridas, botulismo intestinal (también llamado botulismo infantil).

Botulismo por heridas

Esta forma de transmisión se produce a través de la contaminación de heridas con Clostridium botulinum proveniente del ambiente, generalmente en el suelo. Las principales puertas de entrada son úlceras de los miembros, lesiones traumáticas o incluso heridas quirúrgicas. El botulismo también puede ser transmitido mediante el uso de drogas inyectables, como la heroína o medicamentos inhalables, como la cocaína.

Botulismo alimentario

Se produce cuando el paciente come alimentos contaminados con la toxina botulínica. Esta contaminación se produce generalmente con alimentos almacenados incorrectamente. Los más implicados son: conservas de verduras artesanales, como palmito y encurtidos; productos cárnicos cocidos, curados y ahumados de forma artesanal, como chorizo, jamón y carnes en conservas; pescados, ahumados, salados y fermentados; quesos y miel artesanales. El botulismo también puede ocurrir en alimentos enlatados industrializados.

Botulismo intestinal (botulismo infantil)

Generalmente ocurre en niños de edad  entre 1 semana y 1 año (mayoría de los casos entre 3 y 26 semanas) y resulta de la ingestión de esporas de Clostridium botulinum presentes en alimentos o en el suelo.

Esta forma es común en la miel, que es un alimento que está a menudo contaminado con  el Clostridium botulinum. Sin embargo, la gran cantidad de azúcar de la miel impide la transformación de esporas a forma vegetativa, no habiendo, por lo tanto, producción de toxinas. Después de la ingestión, al llegar a los intestinos, las esporas encuentran un medio más propicio para mantenerse activas, pasando a multiplicarse y producir toxinas.

Los niños pequeños no tienen una flora de bacterias en el intestino capaz de protegerlos contra la invasión del Clostridium botulinum, permitiendo que el mismo se establezca fácilmente y pase a producir toxinas directamente en el intestino.

Esta forma no afecta generalmente a los adultos sanos porque las esporas son incapaces de fijarse a los intestinos. Sin embargo, los adultos con enfermedades de los intestinos también pueden adquirir este tipo de botulismo. Los factores de riesgo tienden a ser: cirugías intestinales, enfermedad de Crohn o el uso de antibióticos durante largos periodos, lo que provoca la eliminación de la flora intestinal natural.

Síntomas del botulismo

El período de incubación del botulismo varía según la forma de transmisión. En el botulismo alimentario, como las enzimas ya vienen listas de los alimentos, el período de incubación es generalmente corto, en la mayoría de los casos entre 12 y 36 horas, pero puede variar entre 2h hasta 10 días, dependiendo de la cantidad de toxinas presentes. En el botulismo por heridas, el tiempo promedio de incubación es de 7 días, pero puede variar de 4 a 21 días. En el botulismo infantil no tenemos informaciones exactas sobre el período de incubación, ya que a menudo es difícil de identificar cuando se ingirieron las esporas. En general, este período es más largo que en la forma de alimento, ya que las esporas ingeridas primero deben adjuntarse al intestino, para luego pasar a la forma vegetativa y, solamente después, iniciar la producción de neurotoxinas.

a. Síntomas del botulismo alimentario

El botulismo es una enfermedad de aparición súbita y progresiva, caracterizada por síntomas gastrointestinales y neurológicos.

Los síntomas gastrointestinales suelen aparecer en el inicio del cuadro, pero esto no es obligatorio. Los síntomas más comunes son: náuseas, vómitos, diarrea y dolor abdominal.

Las manifestaciones neurológicas suelen ser lo más importante, caracterizadas por una parálisis muscular que inicialmente afecta a los nervios craneales y evoluciona para el resto del cuerpo. El cuadro es parecido al síndrome de Guillain Barre; la diferencia es que el botulismo se inicia en la cabeza y progresa de forma descendente, mientras que en el GB la parálisis muscular comienza en las piernas y va subiendo (Lee: SÍNDROME DE GUILLAIN-BARRÉ – Síntomas y Tratamiento).

Los síntomas neurológicos del botulismo comienzan generalmente con visión borrosa o visión doble, parálisis de párpados, dilatación de las pupilas y limitación de los movimientos de los ojos.

A partir de los ojos, la enfermedad comienza a alcanzar también el resto de la cabeza, comprometiendo el habla, la capacidad de tragar y los movimientos de la lengua. El siguiente paso es el acometimiento de los músculos del cuello, impidiendo el paciente de sostener el peso de la cabeza.

Cuando llega al torso, la parálisis puede comprometer el funcionamiento de los músculos del diafragma, responsables de la respiración, llevando el paciente a la insuficiencia respiratoria aguda y necesidad de ventilación mecánica (respirador artificial).

Junto con el torso, la parálisis generalmente afecta también los brazos y después el abdomen y los miembros inferiores, llevando el paciente a una tetraplejía flácida (parálisis flácida de los 4 miembros). Sequedad en la boca, parálisis de los intestinos, hipotensión y retención urinaria son también síntomas comunes.

Como la neurotoxina ataca solamente a los  nervios musculares, no existe comprometimiento de la sensibilidad, es decir, el paciente siente todo y no puede mover los músculos. También no hay ceguera y la persona permanece consciente todo el tiempo.

Los síntomas del botulismo generalmente progresan en una o dos semanas, estabilizándose  durante dos semanas más antes de comenzar una fase de lenta recuperación, que generalmente dura hasta 3 meses. En los casos más severos, la recuperación completa puede llevar hasta un año.

La severidad del cuadro depende de la cantidad y del tipo de toxina ingerida (A y B tienden a ser más agresivas). La severidad del botulismo puede variar desde un cuadro ligero, con síntomas intestinales y un mínimo acometimiento de los nervios craneales, hasta una enfermedad fulminante, con muerte en tan solo 24 horas. La parálisis respiratoria ocurre en un 30 a 50% de los casos. Las hospitalizaciones son por lo menos 1 mes, sin embargo, puede haber pacientes que necesiten ser hospitalizados por hasta 3 meses.

b. Síntomas del botulismo por heridas

El cuadro clínico del botulismo por heridas es prácticamente igual al botulismo alimentario, excepto por el período de incubación más largo y la ausencia de síntomas gastrointestinales. También puede ocurrir fiebre, pero generalmente es debida a la infección de la herida y no por acción directa de las toxinas.

c. Síntomas del botulismo infantil (botulismo intestinal)

El botulismo infantil ataca preferentemente a los bebés y se manifiesta generalmente con estreñimiento e irritabilidad, que evolucionan para signos neurológicos tales como dificultad de controlar los movimientos de la cabeza, succión débil, atragantamiento, llanto débil, postración y parálisis bilaterales, que pueden causar paros respiratorios.

La severidad del botulismo infantil también es variable y puede haber casos leves caracterizados solamente por dificultad alimentar y discreta debilidad muscular, incluso casos graves con muerte súbita del niño.

Diagnóstico del botulismo

El diagnóstico de botulismo se realiza, habitualmente, con el aislamiento de las toxinas en las heces o en la sangre. También es posible la búsqueda de la propia bacteria Clostridium botulinum en las heces. En los casos de botulismo por heridas, no tiene ningún sentido el examen de heces, siendo necesario buscar por la bacteria en la herida o en la sangre.

Mientras más precoz sea la recolección de material, mayor será la oportunidad de encontrar toxinas o bacterias presentes.

Por cuestiones de salud pública también es importante investigar la toxina o esporas en alimentos recién ingeridos por el paciente, especialmente los más vulnerables, como miel, alimentos en conservas, pescados en lata mal mantenidos, etc. En los últimos años, en todo el mundo, hubo casos de botulismo causados por quesos, sardinas enlatadas, pimiento, palmito en conserva, mortadela, queso de soja, productos del cerdo, aceitunas en conserva y jiló.

Tratamiento del botulismo

Todo paciente con sospecha de botulismo debe ser inmediatamente admitido en el hospital para monitoreo de la función respiratoria.

Hay un antídoto para la toxina botulínica denominado suero antibotulínico (SAB). Este tratamiento, sin embargo, solamente actúa contra las toxinas que circulan en la sangre, es decir, contra aquellas que no han se fijado todavía en los nervios. Así, cuanto más temprano iniciarse  el suero antibotulínico, mayor será su eficacia. Antibióticos, como la penicilina, pueden ser utilizados en casos de botulismo por heridas, ayudando a eliminar cualquier bacteria que esté reproduciéndose  dentro de las lesiones. En pacientes alérgicos a la penicilina, el Metronidazol es una opción.

En general, la mayoría de los pacientes que recibe atención médica y cuidados respiratorios tempranos presenta una recuperación completa o casi completa, pudiendo  volver a ejercer cualquier tipo de actividad. Por otro lado, los pacientes con enfermedad grave y/o retraso en el inicio del tratamiento pueden permanecer con secuelas.

El botulismo no proporciona inmunización permanente. La misma persona puede tener botulismo más de una vez en la vida.

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